Lo importante no es ser casto, sino luchar por serlo

imageEl empeño por la castidad tendrá que afrontar una serie de pruebas a lo largo de la vida. Podríamos decir que la castidad no es la virtud, sino que la virtud es el amor a la castidad: o también, que lo importante no es ser casto, sino luchar por serlo. Conjugar la debilidad personal y la podredumbre ambiental con las altas cimas a las que Dios nos llama exige valentía. Es virtud poco frecuente pero muy deseable, que ha de acompañar el alma en su constante crecimiento interior hasta el día de la muerte. Hay que estar dispuesto a mirar la realidad cara a cara. Ciertamente, como enseña el Catecismo, «la castidad tiene unas leyes de crecimiento; este pasa por grados marcados por la imperfección y, muy a menudo, por el pecado. El hombre virtuoso y casto se construye día tras día con sus opciones numerosas y libres».

Pero el ser humano nunca está solo en su lucha. Seguir leyendo “Lo importante no es ser casto, sino luchar por serlo”

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Solidaridad

The Swiss Alps - Brunnen, Morschach Alps, Switzerland by BesmirDesde un punto de vista cristiano, la mortificación solo es comprensible frente a la cruz de Cristo y desde una perspectiva apostólica: «Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1, 24). Es también un acto simbólico de solidaridad con los que sufren.

La mortificación debe ser prudente y humilde, y la dirección espiritual tiene el papel de moderarla. Es útil para conservar la pureza o para lograrla, como demuestra esta confesión del Cura de Ars: «No he sentido nunca las tentaciones de la carne. Si las hubiera sentido, hubiera utilizado la disciplina». La mortificación, siempre indisociable de esos ambiciosos horizontes misioneros que unen la tierra con el cielo, adquiere a veces características excepcionales. Tomás Moro, patrón de los políticos, practicaba la mortificación corporal. En la pluma de santa Teresa de Lisieux, un poema alegre, aparentemente ingenuo, que habla de las mortificaciones de las carmelitas, tiene como ritornelo: «El premio es el cielo». La joven religiosa recuerda París, la naturaleza, los alimentos de la mesa y los instrumentos de penitencia. Aquello formaba parte de su unión con Cristo para la evangelización del mundo… [31]. San Juan Pablo II también utilizaba las disciplinas, y lo hacía con especial intensidad en la víspera de las ordenaciones sacerdotales…[32]. Cuando un día los discípulos preguntaron a Jesús el motivo de no haber podido echar a un demonio, el Señor les respondió que solo era posible «por la oración y el ayuno» (Mc 9, 29): el grano de trigo debe morir para dar fruto (cf. Jn 12, 24).

La mortificación es parte integrante del aprendizaje del dominio de sí. Seguir leyendo “Solidaridad”

La mortificación no tiene sentido si no va unida a la cruz de Cristo como expresión del amor

Fog in morning hours in Elbe Sandstone Mountains, Saxony, Germany by Jens Böhme«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos» (Jn 15, 13). En el fondo, encontramos el modelo de nuestra elevación personal en la imitación de Cristo que, en su exaltación en la Cruz, manifiesta de modo supremo que Dios es Amor; todo bien superior exige renuncia, hasta el bien supremo que es el amor de Dios y del prójimo por Dios. De este modo, la repetición de actos virtuosos y de pequeños sacrificios fortalece la voluntad, del mismo modo que para ganar al tenis es indispensable el entrenamiento en el servicio, en el revés o en la volea.

La mortificación ayuda al dominio de sí, al éxtasis –salir de sí, pensar en Dios y en los demás, darse– y frena el repliegue en uno mismo que representa la falta de castidad. La mortificación no tiene sentido si no va unida a la cruz de Cristo como expresión del amor. Seguir leyendo “La mortificación no tiene sentido si no va unida a la cruz de Cristo como expresión del amor”

La mortificación es una forma de participación en la muerte de Cristo

Bluebell Heaven - Spring Bluebell Woods in the Morning Mist by Ceri JonesEl amor se manifiesta sobre todo en el sacrificio: el amor supremo es la entrega de la vida por el amigo, la entrega de Jesús en la cruz. Este es el fundamento de la mortificación. En esencia, es una forma de participación en la muerte de Cristo: «Nuestro hombre viejo fue crucificado con Él, para que fuera destruido el cuerpo del pecado, a fin de que ya nunca más sirvamos al pecado. […] Por lo tanto, que no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus concupiscencias» (Rm 6, 6-12), dice san Pablo a propósito de esta participación en la muerte y resurrección de Cristo que es el bautismo. La mortificación manifiesta y actualiza nuestra vida en Cristo, que comenzó con el bautismo.

Jesús nuestro Señor no se limitó a sufrir su pasión. La deseó. Es una idea poco extendida por culpa de la ignorancia de las Escrituras: algunos se imaginan que Jesús fue víctima de toda una serie de torturas que no deseaba. Pero el Catecismo enseña lo contrario: «Aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: “Nadie me quita la vida, sino que yo la doy libremente (Jn 10, 18). De aquí la soberana libertad del Hijo de Dios cuando Él mismo se encamina hacia la muerte». Con la mortificación, nos unimos al amor de Jesús por su Padre y su común amor por los hombres. Pascal escribió que Jesús «en su agonía sufre los tormentos que se da a sí mismo», y le atribuye estas palabras: «En mi agonía, yo pensaba en ti; he derramado por ti esas gotas de sangre».

Algunas veces, san Gregorio de Nisa llama a la virginidad «mortificación de la carne» o «mortificación del cuerpo». Seguir leyendo “La mortificación es una forma de participación en la muerte de Cristo”

Necesitamos de la mortificación para lograr el dominio de sí

deporte.jpgEl deporte es para muchas personas una gran ayuda en la formación de su equilibrio. Es sabido que disminuye el estrés, apacigua las tensiones interiores y hace más fácil el dominio de sí, especialmente para moderar las pasiones. Por ejemplo, sirve para aliviar el nerviosismo o la angustia profesional. Hay un período de la vida en el que es recomendable dedicarse a una práctica deportiva de modo habitual, por ejemplo una vez o dos a la semana. Algunas personas van más allá, hasta profesar un verdadero culto al deporte. Al margen de unas exageraciones que llegan a considerar la afición colectiva al fútbol como una «peste emocional», o de otros ejercicios físicos propensos a las patologías, el sentido del esfuerzo e incluso del dolor físico forma parte del aprendizaje que proporciona el deporte.
La vida cristiana se puede comparar con el deporte. Seguir leyendo “Necesitamos de la mortificación para lograr el dominio de sí”

Una cosa es sentir, y otra consentir… Lo que no conviene de ningún modo es dialogar

sentiry consentir.jpg¿Cómo discernir lo que es pecado de lo que no lo es? En este tema hay que saber distinguir el sentir del consentir. Por ejemplo, cuando se dilata la pupila del ojo, se puede ver sin haberlo buscado: ha sido provocado automáticamente por una bajada en la intensidad luminosa del ambiente. Lo mismo ocurre con otros movimientos fisiológicos y con determinadas sensaciones. No hay pecado sin consentimiento, y por eso, las reacciones fisiológicas no tienen que turbar el espíritu. Si son provocadas por la tentación no hay que perder la paz, sino al contrario, vivirlas como una prueba que da la ocasión de demostrar el amor que se tiene a Dios. «Una cosa es sentir, y otra consentir. La tentación se puede rechazar fácilmente, con la ayuda de Dios. Lo que no conviene de ningún modo es dialogar» [18].
La tentación nos recuerda que necesitamos la ayuda de Dios, que «no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas» (1 Cor 10, 13); y aún más, nos demuestra que en la flaqueza es donde somos fuertes (cf. 2 Cor 12, 10). Por eso, el nerviosismo, la cólera o la angustia que pueden acompañar a una tentación, en el caso de una persona que trata de vivir su fe cristiana coherentemente, no deben inquietar sobremanera: puede tratarse de purificaciones que Dios permite para que nos acerquemos más a Él. Seguir leyendo “Una cosa es sentir, y otra consentir… Lo que no conviene de ningún modo es dialogar”

Aunque la carne se vista de seda, carne se queda…

mirada turbia.jpgEl arte y su falsificación

Hay una pureza de la mirada que depende en primer lugar de la intención, pero que también está relacionada con lo que se ofrece a la vista. El auténtico arte, por la correspondencia de la belleza con la bondad, no ofende a la mirada y lleva a Dios. Entonces, la obra eleva al artista y le hace mejor. Existe una «desnudez casta» cuando el genio del artista sabe representar la nobleza del alma y del cuerpo. Es algo parecido a un buen vaso de vino: resulta excelente para todos, salvo para quien padece de alcoholismo. En definitiva, casi todo depende de la pureza de la mirada. «Omnia munda mundis»: «Todo es puro para los puros; en cambio, para los contaminados e incrédulos no existe nada puro», escribe san Pablo a Tito (Tt 1, 15). Seguir leyendo “Aunque la carne se vista de seda, carne se queda…”