Para estar (y ser) alegres se requiere tener un corazón bueno

mekitamara_auto_auto_c1440_c600_q_shutterstock_219747211La alegría espontánea puede ser temperamental, depende de los estados de ánimo o simplemente del tiempo atmosférico. Pero esta sería una alegría puramente fisiológica, viene y se va. La que nace de la fe tiene poder sobre todo el sufrimiento y todo el dolor.

Para estar y ser alegres se requiere tener un corazón bueno. Siempre se puede encontrar el camino ancho que lleva a la cruz de Jesús: «quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría» (Papa Francisco). Es un manantial inagotable. (F. F. Carvajal, Pasó haciendo el bien)

En el sacramento de la misericordia “os daré una alegría que nadie os podrá quitar”

audrey-assad-1Si pudiéramos observar en su interior la situación de las personas que esperan delante del confesonario, veríamos a no pocos cargados con un fardo pesadísimo de faltas y pecados, de tibieza y mediocridad, que les pesa y agobia y entristece. Después, al salir del confesonario, los veríamos alegres, contentos, ligeros, libres, porque saben que han sido salvados: «cada confesonario es el lugar privilegiado y bendito desde el cual, canceladas las divisiones, nace nuevo e incontaminado un hombre reconciliado» (san Juan Pablo II). Se cumple aquí la promesa de Jesús: os daré una alegría que nadie os podrá quitar. Seguir leyendo “En el sacramento de la misericordia “os daré una alegría que nadie os podrá quitar””

No estés triste porque la alegría del Señor es tu fortaleza

alegria4No estéis tristes porque el gozo del Señor es vuestra fortaleza, manifestaron Esdras y Nehemías al pueblo. Los israelitas habían regresado de la cautividad y podían vivir de nuevo en la ciudad santa. Y Esdras, el escriba, les anima a dejar atrás la memoria de las penalidades que han sufrido y les señala cuál es la fuente de la alegría, les hace caer en la cuenta de una verdad esencial: el verdadero gozo procede sólo de Dios.

El gozo del Señor es eterno. Desde el comienzo de la revelación, la Sagrada Escritura manifiesta la alegría de Dios al crear el universo: y vio Dios que lo hecho era bueno.

A través de los profetas, el Señor anuncia a su pueblo tiempos de alegre prosperidad, cuando se encontraban todavía en cautiverio: de nuevo tomarás tus panderos y saltarás al corro de los que bailan alegres. De nuevo plantarás viñas en los montes de Samaría, y los que las plantan las vendimiarán… Vendrán y gritarán de júbilo en lo alto de Sión… Sus almas serán como huertos regados y nunca desfallecerán, repite la Escritura santa. Seguir leyendo “No estés triste porque la alegría del Señor es tu fortaleza”

Hemos sido creados para la alegría

creados para la alegria.jpgLa fuente de la alegría: Buscar a Dios, encontrar a Dios, es buen camino para hallar la alegría estable y verdadera. Es el camino. El Señor la concede siempre a quienes procuran vivir cerca de Él.

Hemos sido creados para la alegría que se encuentra en Dios mismo; por eso su ausencia provoca tantos desequilibrios y amarguras. Todos aspiramos a ella con energía irresistible, y jamás dejamos de desearla y de buscarla. Y es Dios la fuente de toda alegría verdadera y perdurable.

La alegría es una conquista diaria frente a la tristeza siempre amenazante, frente a la adversidad, las dificultades, los problemas, las incertidumbres y aparentes fracasos. «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría». Él es la fuente inagotable. (F. Fernandez Carvajal, Pasó haciendo el bien)

Todos necesitamos ternura

papa Francisco ternuraEl joven sacerdote de treinta años encuentra en la santa humanidad de Jesús el amor que es fuente de pureza. Basándose en las novedosas enseñanzas de Cristo referidas al cumplimiento perfecto de la ley (Mt 5, 27-30), san Josemaría llega a la conclusión de que únicamente la ternura divina colmará sus deseos. Y pide a Dios la virtud de la castidad como un don.

La liturgia de la Iglesia pone esta petición en boca del que va a proclamar el Evangelio durante la Misa: «Purifica mi corazón». Nadie puede decir que ha guardado puro su corazón (cf. Pr 20, 9). Como muestra el Nuevo Testamento en los primeros tiempos de la Iglesia, todos los hombres están necesitados de esta purificación: los judíos (cf. Hb 10, 22), los paganos (cf. Hch 15, 9) y los judeo-cristianos (cf. St 4, 8).

Todos, menos la Virgen María. Las gracias divinas nos llegan por sus manos y, por tanto, también la castidad. Pídele a ella, sin miedo, que te otorgue un amor que sea fuente de pureza!! (G. Derville, en “Amor y desamor”)

Dios concede la santa pureza cuando se pide con humildad

purezaLa castidad es un don de Dios que hemos de pedir. De hecho, la oración en sí es una apertura del corazón y en ese sentido, es ya un acto de pureza. «Ten piedad de mí, Dios mío, a la sombra de tus alas me refugio» (Sal 57 [56], 2); «a la sombra de tus alas escóndeme» (Sal 17 [16], 8). Dios liberó al pueblo hebreo del yugo egipcio «llevándolo sobre sus alas» (Ex 9, 4), es decir, de un modo extraordinario que sobrepasa las fuerzas humanas. Cristo mismo nos ha enseñado la necesidad y la eficacia de la oración de petición. Pues bien, «Dios concede la santa pureza cuando se pide con humildad». San Josemaría deduce esta afirmación de su experiencia personal, y la recoge en primer lugar en sus Apuntes íntimos: «Lo sé, lo he visto», insiste, citando las duras palabras de Cristo sobre el escándalo, y la necesidad de rechazar violentamente lo que podría inducir a otro a hacer el mal: «Mi pobre corazón está ansioso de ternura. Si oculus tuus scandalizat te… No, no es preciso tirarlo lejos: que no se puede vivir sin corazón. La santa pureza –lo sé, lo he visto– la das tú, Jesús, a quien la pida con humildad. Y esa ternura, que has puesto en el hombre, ¡cómo queda saciada, anegada, cuando el hombre te busca, por la ternura (que te llevó a la muerte) de tu divino Corazón!» (san Josemaría). Fuente: G. Derville, en “Amor y desamor”

La esperanza

esperanza del mañanaTodas las noches nos vamos a la cama sin ninguna garantía de despertar vivos, pero todavía tenemos planes para mañana. Esto es la esperamza