La existencia, en toda su imprevisibilidad, no es ningún caos, sino que está ordenada por la mano de Dios

Condiciones para que la audacia sea virtud

Se dan notables diferencias entre la actitud natural de los audaces y la virtud de la audacia como tal. La audacia temperamental puede desencadenar consecuencias desfavorables.

La audacia es virtud si va acompañada, entre otras, de estas disposiciones:

  • Valentía para soportar el peligro que entraña la vida, sin caer en la queja o en el resentimiento cuando se producen situaciones complicadas que entrañan más riesgos.
  • Aceptación del sufrimiento: sobrellevarlo, sin dejar que nos amilane ni nos conduzca a la rebeldía estéril.
  • Disposición a crecerse ante la dificultad y mantener la esperanza de mejorar precisamente a través de esa situación adversa.
  • Entender que «la existencia, en toda su imprevisibilidad, no es ningún caos, sino que está ordenada por la mano de Dios».
  • Saber que toda dificultad superada sirve para ser más fuerte.
  • Confianza en Dios: «Él me sostiene, es indestructible, aun cuando atraviese peligros, incluso la muerte».
  • Atreverse a escuchar y obedecer a Dios cuando solicita una decisión que transformará nuestra existencia por completo, como puede ser la entrega a Dios plena.

(F.F. Carvajal en Pasó haciendo el bien)

La primera audacia que debe ejercer quien es audaz es aceptarse a sí mismo

«No puedo dejar de acometer todo aquello que a mí me pareciere que cae bajo la jurisdicción de mis ejercicios; porque bien sé lo que es la valentía, que es una virtud que está puesta entre dos extremos viciosos, como son la cobardía y la temeridad». Miguel de Cervantes El Quijote, II, 17

Es audaz la persona que tiene el ánimo dispuesto para afrontar con esperanza y optimismo los riesgos que se presentan, con la confianza de poder vencerlos y superarlos.

Aunque es un rasgo que está relacionado con el carácter de la persona, la audacia es una gran virtud si se ejerce con realismo y sentido común; es decir, después de haber considerado el peligro y la dificultad, tal como reclama la virtud de la prudencia. Entonces se puede, y se debe, ser audaz en asuntos de la vida cotidiana: un giro en el negocio, la compra de una casa más amplia, un cambio de colegio para los hijos, marchar a trabajar a un nuevo país, etc. Seguir leyendo “La primera audacia que debe ejercer quien es audaz es aceptarse a sí mismo”

Lo importante es llegar a la «nueva patria» o «patria definitiva»

spainUna visión más alta de la «patria chica»

Existen actitudes contrarias y ajenas al sano amor a la patria: el «patrioterismo», que conlleva un desprecio hacia otros pueblos; y esa visión obcecada del propio pueblo que lleva a considerarlo el mejor de todos, sin ninguna objetividad.

Dos amigos visitaron las cataratas del Niágara; a uno de ellos se le veía emocionado contemplando aquella grandiosidad. Después de un silencio prolongado, el otro, sin más, dijo: «pues en mi pueblo hay un gallo que tiene una pata de palo». Esta enorme tontería es muestra de una visión tan pueblerina que nada tiene que ver con el amor a la patria chica.

Tradicionalmente se llama «nueva patria» o «patria definitiva» al Cielo, porque allí no hemos estado nunca y allí nos quedaremos para siempre. Lo importante es llegar: «nada podrá preocuparnos, si decidimos anclar el corazón en el deseo de la verdadera Patria: el Señor nos conducirá con su gracia, y empujará la barca con buen viento a tan claras riberas». [F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

La «madre patria»

En situaciones normales y en situaciones extremas

El amor a la patria es virtud natural cuando se plasma en actos concretos. Este afecto suele permanecer implícito o escondido, se mantiene guardado hasta el momento en que surge una circunstancia determinada que lo sitúa en primer plano. No solo cuando los equipos deportivos juegan en una competición importante; también cuando se está lejos, cuando se establecen comparaciones con las costumbres de otros países, o se cae en la cuenta del gran valor del arte y la cultura propios; entonces nos sentimos honrados por ello. Y lo mismo por los hechos gloriosos de los héroes nacionales. Seguir leyendo “La «madre patria»”

Es bueno, incluso muy bueno, el afecto a la «patria grande» y a la «patria chica»

Aprecio al propio país

Este vínculo, que es natural y social simultáneamente, reclama unos actos y un comportamiento propios y adecuados.

Como ciudadanos de un país, estamos ligados a él por las leyes, los vínculos históricos y los afectivos.

Formamos parte de esa multitud a la que se llama en ocasiones «los ciudadanos de a pie». Hemos nacido en una ciudad o en un pueblo y, salvo que nos hayamos marchado pronto de allí, guardamos recuerdos de los primeros pasos, del primer colegio, de los amigos de la infancia. Y estos recuerdos, más o menos gratos, imprimen afectos que perduran: «cada uno de nosotros guarda en la memoria lugares cuyo recuerdo le hace mucho bien. Quien ha crecido entre los montes, o quien de niño se sentaba junto al arroyo a beber, o quien jugaba en una plaza de su barrio, cuando vuelve a esos lugares, se siente llamado a recuperar su propia identidad».

Con las vueltas de la vida cambiamos de lugar y, si se permanece en la misma ciudad, echamos raíces en ella, y así, sin ser este lugar la «patria chica», hace de algún modo sus veces, o la sustituye. Pero quedan siempre impresas en nuestra forma de ser aquellas circunstancias primeras, aunque sea imposible reconocer qué huella nos han dejado. El hecho de volver al pueblo despierta una multitud de sentimientos que es mezcla de recuerdos y de nostalgias. Seguir leyendo “Es bueno, incluso muy bueno, el afecto a la «patria grande» y a la «patria chica»”

«Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya» (Séneca)

a-winter-view-of-the-american-falls-and-goat-island-at-sunset-niagara-falls-new-york.jpg«Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya». Séneca Epístolas, 66, 26

Existen en la naturaleza del hombre unos lazos que le unen con la tierra y el lugar. El carácter social de la persona imprime un vínculo con la patria donde se ha nacido y en la que se han adquirido una lengua, una historia y muchas tradiciones, una cultura, unas costumbres. Estos bienes y valores proporcionan una visión del mundo que, con las diferencias propias de cada uno, unen entre sí a los hombres y las mujeres de un mismo país.

«Patria quiere decir tierra de los padres. Nación expresa idea de nacimiento y, por tanto, de filiación, de descendencia». De esta manera, el término patria se relaciona más con la herencia que los padres dejan a los hijos mientras que nación pone más de relieve la participación de los herederos en esa herencia recibida.

También Jesús tuvo estos sentimientos hacia el pueblo de Israel, al que perteneció, y hacia Nazaret, su pueblo, donde había crecido y trabajado.

La tierra, para los israelitas, ocupó un lugar importante en su fe y en su esperanza. El exilio no hizo sino avivar el aprecio de los judíos a su patria, que tanto añoraban: a orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión. Era la tierra prometida por Dios. Seguir leyendo “«Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya» (Séneca)”

Libertad interior

salvaheb9Existen numerosos obstáculos para ser libres por dentro, y la experiencia nos dice que tales barreras no son fáciles de conocer y reconocer para poder destruirlas.

Sin embargo, la libertad interior es una conquista necesaria a la que todo hombre aspira, en muchos casos sin saberlo, sin tener la conciencia clara de este deseo.

Contamos con testimonios de personas que, en las circunstancias más denigrantes, en ausencia absoluta de libertad material, han descubierto esa forma honda y plena de ser libres; la han alcanzado, precisamente, en esas circunstancias y, cuando más tarde han sido liberadas, declaran que, sin haber pasado por esas penalidades y haber sufrido la prisión o un secuestro, no habrían descubierto a Dios, jamás habrían logrado esa libertad honda y con ella la felicidad. Seguir leyendo “Libertad interior”