La desconfianza es una forma amargada de vivir

audrey-assad-1-e1495653808714.jpg¿Desconfiar por método?

Es frecuente dar con personas que desconfían desde el principio de todos y de todo. Puede ser por temor, por inseguridad, por experiencias negativas que no han sabido superar.

Pero también desconfían personas que se han vuelto complicadas y suspicaces. Con una visión poco clara de la realidad interpretan negativamente lo que ven, lo que se les dice, y así llegan a conclusiones erradas y pesimistas. La convivencia se vuelve difícil: no se fían de nadie, todo lo que oyen lo ponen en tela de juicio, responden con evasivas, no se sabe lo que piensan; si alguien les hace un favor, creen que es por algún interés escondido; si un desconocido se dirige a ellas, imaginan que les va a hacer algún daño. Caminan por las calles y suponen amenazas en todas partes. Seguir leyendo “La desconfianza es una forma amargada de vivir”

Poder decir de alguien que es de fiar, es un gran elogio

Ser fiables

Una buena virtud que se hace notar entre otras muchas es la de ser gentes de fiar, ser personas en las que se puede confiar, que inspiran confianza y responden bien cuando se deposita en ellas. Decir de una persona que es fiable es un gran elogio.

Y son de fiar las personas a las que se puede acudir cuando estamos apurados, tenemos problemas, necesitamos ayuda o queremos desahogarnos. Y estamos seguros de haber acertado cuando acogen, escuchan, nos dicen la verdad, responden, actúan en favor nuestro.

Por su parte, los discípulos acudían a Él confiadamente al tratarle y para preguntar lo que no comprendían.

Una característica de los santos es la confianza en el Señor, pues sabían que nunca falla: «¿Qué más queremos que tener al lado un buen amigo que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones como hacen los del mundo?». «Fiad de su bondad, que nunca falló a sus amigos». [F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

¿En quién podemos confiar?

Confiar en las personas

¿En quién podemos confiar? Una pregunta que, quizá, traiga a la memoria alguna vez deslealtades, decepciones más o menos lejanas.

Poner la confianza en alguien es un paso decisivo en muchos asuntos. En algunas ocasiones, un riesgo, un paso aventurado; a veces, un error. En otras es lo necesario y propio para salir adelante en las adversidades.

Hay personas de las que estamos seguros. Confiamos en ellas porque sabemos que van a recibir nuestra palabra y la van a guardar; comprenderán nuestro problema y nos ayudarán. Son gentes predecibles, leales, auténticas, fieles, honradas, discretas, sinceras, veraces. Mantienen un conjunto de virtudes humanas importantes para convivir. Seguir leyendo “¿En quién podemos confiar?”

Bendito el que pone su confianza en el Señor, pues no defraudará su fe. [Jeremías 17, 5]

Todo hombre necesita apoyos, refugios donde acogerse. Para perseverar en medio de las pruebas y esperar llegar a la meta, hay que tener confianza. Pero ¿en quién puede confiar?

Confiar en los demás es virtud necesaria en la vida familiar, profesional, social. Los padres han de aprender a confiar en los hijos, los hijos en sus padres, los jefes en sus subalternos, los dueños en sus empleados, aunque alguna vez engañen o mientan. La confianza engendra confianza.

El 16 de octubre de 1978, el cardenal Wojtyła aparecía como nuevo Pontífice ante miles de personas reunidas en la plaza de San Pedro. «He sentido miedo al recibir esta designación», dijo emocionado. Enseguida añadió que ponía toda su confianza en la Santísima Madre de Jesús. Seguir leyendo “Bendito el que pone su confianza en el Señor, pues no defraudará su fe. [Jeremías 17, 5]”

Importan más las personas, las ideas van y vienen

Comprensivos con las ideas opuestas

Es sencillo admitir a las personas afines con quienes nos compenetramos; sin embargo, es más difícil llegar a comprender a los que piensan y opinan de forma contraria. La virtud de la comprensión reclama este ejercicio de flexibilidad y de respeto: sin necesidad de admitir esas ideas opuestas a las propias, es posible acoger a la persona, entender por qué piensa así y cómo llegó a tales conclusiones; es posible comprender sus razones aunque no se compartan sus ideas.

La convivencia pacífica requiere esta actitud abierta; si falla, las diferencias se pueden convertir en causa de enemistad y de conflicto. Valen más las personas, las ideas van y vienen. Importan más el afecto y la cordialidad que los pensamientos. «Aprendí poco a poco a escuchar y a crear un espacio en el que el otro no solamente es libre para hablar, sino capaz de tener una visión clara de sí mismo. Y a comprender; a no aplicar ningún esquema previo, a acoger a la persona partiendo de ella misma, que siempre es algo único». Seguir leyendo “Importan más las personas, las ideas van y vienen”

Comprender es, en muchas ocasiones, la fórmula perfecta para aliviar el sufrimiento

Gran obra de misericordia

Probablemente, solo nos damos cuenta del alcance de la comprensión cuando esta llega a nosotros por parte de alguien que de verdad se hace cargo de lo que nos ocurre. Así podemos entender cómo es de grande el bien que hacemos cuando comprendemos a otra persona. Es conveniente ejercer comprensión, porque no hacerlo, dejar a alguien incomprendido por falta de atención y cariño, es abandonarle, dejarle solo con su preocupación o inquietud. Comprender es una gran obra de misericordia y de caridad. Es, en muchas ocasiones, la fórmula perfecta para aliviar el sufrimiento.

Comprender, buen modo de servir

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Entender es una cosa, comprender es otra muy distinta.

Disposiciones para comprender

imagesEntender es una cosa, comprender es otra distinta. Comprender con respeto a los demás no es solo un ejercicio de la inteligencia que atiende y razona. Se requieren otros factores que capten el fondo de la otra persona, su estado y situación: acogida, aceptación, interés por ella, querer hacerse cargo de lo que le ocurre y necesita.

Cuando estas disposiciones son estables y se actúa así habitualmente, la persona posee la virtud: es comprensiva.

Atención, escucha, apertura, interés, reflexión son los actos que requiere la buena comprensión del otro. Y todo ello se puede resumir en generosidad: un salir de uno mismo para acoger al otro. Cuando encontramos a alguien así, entendemos que se puede contar con esta persona si necesitamos ayuda. Seguir leyendo “Entender es una cosa, comprender es otra muy distinta.”