Piedad, doctrina y apostolado

La piedra de toqueLa piedad es una virtud, parte potencial de la justicia, que lleva a tributar el culto debido a aquellos de quienes somos deudores, pues son principio de nuestro ser y gobierno: Dios, los padres, la patria o la Iglesia (cfr. S.Th., Il-ll, q. 101). A todos ellos les debemos, en efecto, el homenaje de nuestro amor, respeto y sumisión. 

La piedad también es uno de los siete dones del Espíritu Santo que crea en el cristiano una disposición permanente para ser dócil a esas inspiraciones divinas que le ayudan a entender y a vivir amorosamente la realidad de que Dios es nuestro Padre y de que todos los hombres somos hijos del mismo Padre (cfr. CCE, n. 1830)

San Josemaría entendió muy bien que la piedad, especialmente cuando se refiere a Dios, es una virtud de alcance universal: “es una actitud profunda del alma, que acaba por informar la existencia entera: está presente en todos los pensamientos, en todos los deseos, en todos los afectos” (AD, 146). En otro lugar dice algo parecido presentando la piedad como una “mentalidad” (AD, 144). Con el término “mentalidad” parece referirse a lo que podríamos llamar la estructura mental de una persona, a sus características intelectuales, a su modo de pensar, de ver, de juzgar, de sentir el mundo y las cosas. La piedad, pues, tal como la concibe san Josemaría, es algo permanente, estable, arraigado en el alma y que, por lo mismo, afecta a toda la persona. Seguir leyendo “Piedad, doctrina y apostolado”

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Algunas ideas sobre la formación doctrinal

miguel_angel_piedad_2Formación y transformación. Docilidad como el barro en manos del alfarero. Quitar lo que sobra: escultura el Moisés de Miguel Angel; en efecto, así se forman los santos “a golpes“. San Pablo dice que sufre como con dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros. Es el Espíritu santo el que hace la labor de identificarnos con Cristo: alter, ipse Christo. Libertad personal: .

Piedad doctrinal: Doctrina de teólogos y piedad de niños. Para la santidad y para el apostolado necesitamos doctrina. La vocación personal (revelada por Dios singularmente) es un ejemplo claro de como la verdad revelada ha de ser parte de nuestra intimidad e identidad personal.

La Teología como conocimiento contemplativo. Dios está en el alma como el amante en el amado (su libro el crucifijo). Se cuenta que en cierta ocasión Tomás preguntaba, preocupado al Señor en su oración ante un crucifijo, si cuanto había escrito sobre los misterios de la fe cristiana era correcto. Y el Crucifijo respondió: “Tu has hablado bien de mí, Tomás. ¿Cuál será tu recompensa?”. Y la respuesta que Tomás dio fue: “¡Nada más que a Ti, Señor!”. Tanto Santo Tomás como san Buenaventura ven la Teología como una forma de conocer y amar a Dios. Otro aporte interesante en este sentido es san Clemente de Alejandría en su relación entre fe y razón y teoría y praxis.Terminamos con esta interesante anécdota:

La humildad del sabio. Se aprende más de rodillas ante el sagrario que en un curso de teología (sabia sencillez).

Los libros sapiencialesEn el Antiguo Testamento, la sabiduría primero busca el éxito por la técnica o habilidad para hacer cosas. Después quiere triunfar en la vida es formativa intelectualmente, pero al final se abre al Amor: triunfa en la vida el que ha amado… Porque además El amor es más fuerte que la muerte.

Otros artículos sobre formación:

Sabia sencillez

mansedumbre“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla”.

Se aprende más de rodillas, en media hora, con la mirada fija en el Crucifijo y el corazón contrito y sobrecogido, que en cinco años estudiando Teología. Hay que estudiar, hay que formarse… ¡Desde luego! Pero todo cuanto estudies se te desvelará en esa media hora. Sin ella, te creerás que sabes algo. Después de ella, sabrás que todo lo que has aprendido es una centella incrustada en el sol.

Se avanza más en el camino abriéndose de brazos ante el Señor, en un¡Si no soy nada!“, que en todos los propósitos que muchas veces culminan nuestros ratos de oración. Hay que hacer propósitos… ¡Desde luego! Pero no te creas con fuerzas para cumplirlos. Arrodíllate y transforma tus promesas en plegarias.

Se ama más al prójimo cuando uno se sabe pecador, el más pecador de los hombres, que cuando se acerca uno a los demás con mil consejos en la boca. Hay que aconsejar… ¡Bueno, no siempre! Pero, ante las faltas de los demás, recuerda tu pecado y sé comprensivo… ¡por la cuenta que te trae!

Así que no lo olvides, ya lo sabes: sólo de rodillas recibirás el Amor. Para recibir lo más grande hay que hacerse muy pequeño. Cree, y cree como los niños, como la Virgen, quien, hablando por experiencia propia, pudo alabar a ese Dios que “enaltece a los humildes.