«Deber»

Sunrise over the mountains - Karachay, Cherkess, Russia Antes y primero de todo, ha de quedar clara y aceptarse esta premisa, (…) que es algo propio del hombre el deber; en otras palabras, de que en su hacer y comportamiento no todo es objetivamente recto y bueno.

Resultaría absurdo intentar persuadir a un puerco de que debiera genuinamente actuar y comportarse «como un puerco». Pero, bien mirado, no son tan absurdas las brutales palabras contenidas en este verso de Gottfried Benn: «Corona de la creación: el puerco, el hombre.» No lo es tanto porque algo parecido pueda decirse… con pavorosa pertinencia. Ello demuestra que el hombre debe realizar lo cabalmente humano en su vida concreta, es decir que, por cuanto existe, «debe» algo.

(…) «El fuego hace necesariamente lo verdadero y justo, mas no el hombre cuando obra el bien.» Estas palabras de Anselmo de Cantorbery en su Diálogo sobre la verdad encierran una doble enseñanza: por un lado afirman que el hombre es libre (de obrar el bien), y por otro que, independientemente de él mismo y sin que nadie le haya venido a pedir su opinión, «hombre» denota algo especial. Contra esto último se dirigen los tiros del existencialísmo en todas sus formas (…); tal es precisamente el sentido de la célebre frase de Sartre: «¡No hay naturaleza humana!» Quien no reconozca que el hombre «es» homo sapiens de manera por completo distinta de como el agua «es» H2O; que a diferencia de ésta, el hombre debe llegar a ser lo que es (lo cual, por tanto, no «es» ya eo ipso); que mientras que todos los demás seres del mundo resulta posible hablar en indicativo, en simples oraciones enunciativas, del hombre, si se pretende alcanzar su esencia propia, sólo puede hablarse en imperativo….quien no vea esto y no quiera admitirlo encontrará, por supuesto, injustificable y disparatada la pura mención de la palabra «deber», así como cualquier doctrina que haga referencia expresa a ese concepto, sea la doctrina sobre la virtud u otra parecida.

Autor: Josef Pieper, en Antologia

“Virtud”: ¿palabra muerta?

Colorful Dawn by Boris FrkovicEn la Academia Francesa Paul Valéry -hace ya más de medio siglo- disertaba sobre la virtud. El académico lanzó, entre otras, esta frase lapidaria: «La virtud, señores, la palabra virtud, ha muerto.» Hemos conseguido, añadía, que ese vocablo «se encuentre ya únicamente en el catecismo, los sainetes, la Academia y la opereta». Semejante diagnóstico es a todas luces correcto, mas no tiene por qué causamos demasiada extrañeza. Por una parte, se trata aquí de un fenómeno enteramente natural, del destino común de todas las «grandes palabras». Por otra, ¿qué razón hay para que en un mundo descristianizado no entren en vigor ciertas leyes diabólicas del lenguaje que ridiculizan «idiomáticamente» el bien a los ojos del hombre? Por fin, y sobre todo, no debemos olvidar  prescindiendo de la posibilidad que acabamos de citar y que ha de tomarse bien en serio que la moral cristiana escrita y enseñada no siempre ha facilitado al hombre de la calle la comprensión del sentido genuino del concepto «virtud», así como de su realidad.

Virtud no significa «honradez» y «derechura» de un aislado hacer o permitir. Significa que el hombre es como debe ser, tanto desde el punto de vista sobrenatural como natural. (Se dan aquí dos peligrosas posibilidades de pervertir en el seno mismo de la conciencia cristiana el concepto de virtud: primeramente el moralismo, que aísla e independiza el hacer, o sea la «ejecución», el «ejercicio», de la existencia activa del hombre activo; y en segundo lugar el supranaturalísmo, que desvalora cuanto hay de naturalmente bueno en la vida, en lo vital, y empequeñece la rectitud y honestidad naturales.) Seguir leyendo ““Virtud”: ¿palabra muerta?”

«Virtud»: la realización del proyecto divino encarnado en la criatura.

Plitvice Lakes National ParkTambién vamos a ir poniendo algunos artículos publicados de Josef Pieper a modo de Antología de textos. Empezamos por su concepción de la virtud como realización del hombre cabal.

El postrer gran maestro de la cristiandad occidental aún no dividida, Tomás de Aquino, definía la virtud humana como ultimum potentiae, es decir, «lo sumo de lo que uno puede ser». Esta lacónica sentencia, inmediatamente clara, no se presta a ninguno de los diversos y bien conocidos equívocos con los que suele jugar nuestra imaginación a propósito de la palabra «virtud»; ni tampoco vale la pena que nos extendamos al respecto. Nos parece muy interesante, en cambio, precisar algunos elementos conceptuales encerrados  y aun algo escondidos a primera vista  en esa definición. Seguir leyendo “«Virtud»: la realización del proyecto divino encarnado en la criatura.”