¿Qué sucedería si Dios no perdonara los pecados? La vida sería un «horror» de imposible convivencia

La benevolencia de Jesucristo

¿Qué sucedería si Dios no perdonara los pecados? La vida sería un «horror» de imposible convivencia.

El amor de Dios por los hombres «se ha hecho visible y tangible en toda la vida de Jesús. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona y ofrece gratuitamente. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes, llevan consigo el distintivo de la misericordia. En Él todo habla de misericordia. Nada en Él está falto de compasión». Seguir leyendo “¿Qué sucedería si Dios no perdonara los pecados? La vida sería un «horror» de imposible convivencia”

Negarse a perdonar es un acto malo y puede tener graves consecuencias

Conductas opuestas

Se opone a la benevolencia la negativa a conceder el perdón solicitado. Negarse a perdonar es un acto malo con graves consecuencias; especialmente para el que no perdona y, ciertamente, penoso para el que no es perdonado. La barrera que separa al ofendido del ofensor solo puede derribarse a través de la concordia entre ambos, y en este acto –por parte del ofendido– son necesarias la misericordia, la humildad, la benevolencia y, sobre todo, la caridad y la generosidad.

La reconciliación es imposible si el ofendido cultiva dentro de sí el odio, el rencor y el propósito de venganza. Estas actitudes, que pueden tener consecuencias trágicas, transforman la vida de las personas, porque esta clase de sentimientos tan intensos tienen un gran poder sobre la libertad de la persona que los padece y no los controla: son sentimientos que invaden y esclavizan. El impulso a la venganza no obedece a la razón; es decir, no procede de la reflexión, sino del orgullo. Seguir leyendo “Negarse a perdonar es un acto malo y puede tener graves consecuencias”

Cómo compaginar el rigor con la benevolencia

Rigor y benevolencia

Si sabemos reconocer que –a pesar de las apariencias– todas las personas son débiles, cometen errores y con facilidad se equivocan, tendremos más facilidad para tratar con benevolencia a los demás, con un corazón grande, una mirada buena que exprese un juicio bueno, positivo, nunca un juicio temerario. Alguien con aspecto de seguridad es, quizá, una persona enferma o preocupada, y si nos dejáramos llevar por la primera impresión, juzgando que es una persona «prepotente», que avasalla, y nuestro trato fuera frío y distanciado, habríamos cerrado la puerta para que se estableciera una relación cordial que podría proporcionar un gran bien a los dos.

Una actitud benevolente va unida a la sencillez y a la afabilidad, favorece las buenas relaciones, facilita la concordia, anima a las personas a responder con la misma moneda, que es la clemencia. Seguir leyendo “Cómo compaginar el rigor con la benevolencia”

Piensa bien y acertarás

Benevolentes en los juicios

Para un cristiano no tiene cabida el consejo o refrán que dice «piensa mal y acertarás». Es una mala costumbre que –a pesar de la experiencia popular– se debe evitar: por justicia y respeto, pensar bien es el primer paso; el segundo es considerar que siempre nos faltará información suficiente; el tercero es alcanzar un juicio benevolente sobre el otro.

En bastantes ocasiones todos hemos padecido a causa de interpretaciones erróneas, inexactas, por parte de otros; y seguramente nos hemos sorprendido de que hayan podido llegar a conclusiones tan erradas sobre nuestras intenciones y nuestros actos. Existe un margen de error muy grande entre nuestras apreciaciones y la realidad, entre esta y los verdaderos motivos que mueven a las personas. [F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

Dios no es neutral, está claramente de nuestra parte, nos mira con buenos ojos

«Su misericordia no es una idea abstracta, sino una realidad con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. Vale decir que se trata realmente de un amor “visceral”. Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón». Francisco, Bula Misericordiae vultus, n. 6

Desde la creación del mundo y del hombre, ya ofreció Dios el primer testimonio de su amor y de su sabiduría, y en el envío de su Hijo a este mundo Dios manifestó su benevolencia a toda la humanidad.

Ser benevolentes con otras personas significa ponerse de su parte, ver lo mejor que tienen los demás. Dios manifiesta su benevolencia en su relación con los hombres, por su misericordia. Seguir leyendo “Dios no es neutral, está claramente de nuestra parte, nos mira con buenos ojos”

La «audacia de Dios»

Al crear seres con inteligencia y libertad, Dios eligió ser audaz. Se arriesgó más aún al enviar a su Hijo al mundo, que se hizo hombre y asumió un destino en esta tierra: «Jesús nunca se protegió, sino que aceptó todo lo que le venía de la voluntad de poder y la falta de escrúpulos de los hombres».

A lo largo de su existencia terrena el Señor aceptó los acontecimientos que se presentaban ante Él, fuesen más o menos gratos; expuso la verdad con claridad, y la envidia de los hombres se le vino encima. Su valentía y audacia no se manifestaron con aparato ni de forma deslumbrante, fluyeron día a día con sencillez:pasó haciendo el bien.

Jesús ha señalado con su actuar que vivir es un riesgo alto. Solo la audacia y la generosidad permiten al hombre conseguir el remate feliz de su paso por la tierra. [F.F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

Sientes miedo? No pasa nada, lo importante es controlarlo

Superar el temor

A veces se identifica erróneamente la audacia con «no tener miedo». «El justo es alabado porque el temor no le aparta del bien, no por la falta completa de temor». La persona audaz no ignora la realidad, por el contrario, es consciente de que el riesgo al que se expone comporta un alto grado de incertidumbre. Ante lo desconocido el hombre –normalmente– siente miedo. No consiste, pues, en no sentir temor, sino en no dejar que el temor paralice o fuerce al mal o impida realizar el bien. Es audaz y valiente el que hace frente a la dificultad que le produce temor, no por ambición ni por miedo a ser tachado de cobarde, sino por amor al bien, es decir, por amor a Dios.

Quien se deja vencer por el miedo quizá tenga que reconocer –tiempo después– que su vida está discurriendo por un sendero equivocado y que se encuentra en esta situación: «he conocido cuál era mi camino, pero no lo he seguido». [F.F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]