Ha terminado el Año de la misericordia y…

Hoy termina, 20 de noviembre y Solemnidad de Cristo Rey, el jubileo extraordinario de la misericordia y con él caduca el subtitulo del blog; así que tendrá que cambiar. Pensando en esto, vamos a procurar desde este blog, si os parece bien a los lectores, unirnos al deseo del Papa Francisco de llevar a cabo un mayor esfuerzo evangelizador, fomentando el empeño por transmitir siempre y en todas partes la alegría del Evangelio, con un profundo sentido de misión apostólica. No viene mal recordar lo que decía al respecto san Josemaría: el mejor modo de ser misionero con misión sin llamarse nunca misionero, es vivir santamente y con alegría.

¿Empezamos?

Los 5 remedios contra la tristeza, según los santos

Los santos, aquellos que han disfrutado de una especial amistad con Jesús, también han estado tristes. Por eso, es interesante conocer los remedios que dan para recuperar la alegría propia del cristiano.

Opus Dei - Los 5 remedios contra la tristeza

Cada uno de nosotros ha atravesado días tristes, días en los cuales no se logra superar una cierta pesadez interior que contamina el ánimo y dificulta las relaciones con los demás. ¿Existe algún truco para superar el malhumor y recuperar la sonrisa? Santo Tomás de Aquino propone cinco remedios de sorprendente eficacia contra la tristeza.

1. El primer remedio es concederse un placer. Es como si el famoso teólogo hubiese intuido ya hace siete siglos la idea, tan difundida hoy, de que el chocolate es antidepresivo. Quizá parezca una idea materialista, pero es evidente que una jornada llena de amarguras puede terminar bien con una buena cerveza. Que algo así sea contrario al Evangelio es difícilmente demostrable: sabemos que el Señor participaba con gusto en banquetes y fiestas, y tanto antes como después de la Resurrección disfrutó con gusto de las cosas bellas de la vida. Incluso un Salmo afirma que el vino alegra el corazón del hombre (aunque es preciso aclarar que la Biblia condena claramente las borracheras).

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Un poco de humor

humor

– ¿Ha visto usted como toca mi hijo el violín? ¿Qué le parece su ejecución?
– Hombre, ejecutarlo me parece excesivo, pero dos guantazos ya le daba…

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– ¿Qué tal? ¿Nervioso?
– Sí, un poco…
– ¿Es tu primera vez?
– No, ya había estado nervioso antes…

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– Mamá, ¿qué haces en frente de la computadora con los ojos cerrados?
– Nada, hijo, es que Windows me dijo que cerrara las pestañas…

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No vale la pena andar por la vida al son de lo que los demás piensen o digan de nosotros

Shrek y Gato_800Probablemente recuerdes esa graciosa historia de aquel labrador que, despatarrado y orondo en su burro, volvía del campo con el hijo, que caminaba detrás.
El primer vecino con quien se toparon afeó la conducta del labriego: —¿Qué? ¿Satisfecho? ¡Y al hijo que lo parta un rayo!
Apeose el padre y montó al hijo. Unos cien pasos darían cuando una mujer se encaró con ellos: —¡Cómo! ¿A pie el padre? ¡Vergüenza le debía dar al mozo!
Bajó éste abochornado, y amigablemente conversaban tras el jumento, cuando un guasón les tiró una indirecta: —¡Ojo, compadre, no tan deprisa que se les aspea el asno!
No sabiendo ya a qué carta quedarse, montaron ambos. Andaba cansino el burro el último trecho, y alguien les voceó de nuevo: —¡Se necesita ser bestias!; ¿no veis que el pobre animal va arrastrando el alma por el suelo?

En fin, ya solo les quedaba a los pobres cargar ambos con el burro. A parte de lo gracioso de la anécdota, podemos concluir que no vale la pena andar por la vida al son de lo que los demás piensen o digan de nosotros. Acabaríamos volviéndonos  locos o haciendo el ridículo. Y es que resulta imposible complacer a todos: no somos monedas de oro que a todos gustan.

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La misericordia de Dios y el buen humor

cropped-dad-daughter.jpgA David le perdonó su adulterio y asesinato. Y también perdonó y comió en casa de Zaqueo, jefe de los publicanos, que era un traidor y un codicioso. Y llamó a Mateo para ser Apóstol. Y perdonó al ladrón en la cruz… La lista es larga.

Pero hay algo que impide a Dios derramar su misericordia: tu seriedad absoluta e inalterable, el hecho de que te sientas “alguien muy importante” [todos codiciamos ser “alguien”]. En esos momentos es como si Dios fuera impotente: Dios resiste a los soberbios pero da su gracia a los humildes.

Convéncete, tu sentimiento de importancia es para él algo ridículo y absurdo. El que se sienta en los cielos se sonríe” (Sal 2,4). Cuando te observes a la luz de la fe, verás que todas tus pretensiones de ser absolutamente serio y de conseguir reconocimiento a tu importancia son realmente ridículas.

A ese sentimiento de la propia importancia, se opone, en gran medida, la “virtud” del humor. Y resulta ser muy necesaria para que crezca en nosotros la fe, como una visión del mundo a la luz adecuada y con las correspondientes proporciones.

Oración de SANTO TOMAS MORO (1477-1535) Seguir leyendo “La misericordia de Dios y el buen humor”

Navidad, mejor con la familia

Aunque la canción está en alemán, con los subtítulos se entiende muy bien: Navidad en familia, siempre es mejor que un funeral

Un Padrenuestro dialogado

Muy sugerente y en clave de humor. Aquí va este padrenuestro dialogado: