Amar es esencialmente entregarse a los demás

imagen-nino-felizEl amor es la clave de la tarea educativa, que se lleva a cabo fundamentalmente en la más tierna edad. La presencia de la madre y del padre es esencial. Sin caer en un determinismo barato, podemos afirmar que muchas situaciones personales se explican por ciertas ausencias infantiles. El niño pequeño ya percibe el amor, quiere poder amar y sentirse amado. Más tarde, alrededor de los siete años, su conciencia moral toma forma. Inconscientemente, el niño imita a sus padres, y aprende del pudor de los padres. Charles Péguy nos deja esta fórmula lapidaria, aunque exagerada: «Todo se fragua antes de que tengamos doce años». Es sabido que desde los dos a los ocho años, el niño goza de una sorprendente capacidad para percibir la realidad divina; es una edad en la que los padres se sienten ampliamente rebasados por la inhabitación de Dios en el alma de sus pequeños. Como si procedente de los frutos de un árbol, una savia nueva pudiera irrigar sus ramas e incluso fortalecer sus raíces, como si un río pudiese remontar hasta su nacimiento, lo mismo en el alma de los niños se da una sorprendente explosión de fe, de amor, de esperanza, y también de pureza. Cuando hablamos de Dios a un niño, percibimos que ese Dios que le anunciamos se ha revelado ya a su alma infantil, y que nos habla.
¿Qué espera un niño, si no es amor? Pues bien, toda persona debe aprender no solo a amar sino a ser amado, y para esto, es clave dejarse amar; si no nos cerramos al amor del otro, terminamos por darnos y por aceptar un don en una actitud esencial para la felicidad. En el discurso que san Juan Pablo II había preparado para su encuentro con los jóvenes al que tuve la suerte de participar en el Parque de los Príncipes de París (1980), les dijo: «Vosotros valéis también lo que vale vuestro corazón. Toda la historia de la humanidad es la historia de la necesidad de amar y de ser amado. Amar es, por tanto, esencialmente entregarse a los demás. Lejos de ser una inclinación instintiva, el amor es una decisión consciente de la voluntad de ir hacia los otros. Para poder amar en verdad, conviene desprenderse de todas las cosas y, sobre todo, de uno mismo, dar gratuitamente, amar hasta el fin. Esta desposesión de sí mismo –una obra de largo alcance– es agotadora y exaltante. Es fuente de equilibrio. Es el secreto de la felicidad». (G. Derville en “Amor y desamor”)

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4 comentarios en “Amar es esencialmente entregarse a los demás

  1. Hoy me voy a fijar en algunos detalles y muestras de caridad:

    -Solo la caridad puede llevar la duda a la mejor parte (SAN AGUSTÍN,Sermón 1).
    -Nunca hables mal de tu hermano, aunque tengas sobrados motivos. -Ve primero al Sagrario, y luego ve al Sacerdote, tu padre, y desahoga también tu pena con él. Y con nadie más (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ,Camino, n. 444).
    -Es ciertamente mas fácil enfadarse que tener paciencia, amenazar a un niño más que persuadirlo; diría incluso que es más cómodo para nuestra impaciencia y nuestro orgullo castigar a los que nos resisten que corregirlos, soportándolos con firmeza y bondad […]. Las enfermedades del alma exigen ser tratadas con un cuidado tan grande como las del cuerpo. No hay nada más peligroso que un remedio dado a despropósito y contratiempo. Un médico prudente espera a que el enfermo esté en condiciones de soportar el remedio y para ello acecha el momento favorable (SAN JUAN BOSCO, Carta 2395. Epistolario, vol. 4 pp. 201-205).
    -Empieza por tener paz en ti mismo, y así podrás dar paz a los demás (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, vol. I, p. 254).
    -La caridad no se practica sólo con el dinero. Podéis visitar a un enfermo, hacerle un rato de compañía, prestarle algún servicio, arreglarle la cama, prepararle los remedios, consolarle en sus penas, leerle algún libro piadoso (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la limosna).
    -Es menester endulzar la ira que nuestro hermano haya concebido contra nosotros -aun sin motivo-, como si fuese nuestra (CASIANO, Colaciones, 16, 7).
    -No tengas enemigos. Ten solamente amigos: amigos… de la derecha -si te hicieron o quisieron hacerte bien- y… de la izquierda -si te han perjudicado o intentaron perjudicarte- (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, n. 838).
    -Quien ha dicho que no debes airarte contra tu hermano, ha dicho también que no debes menospreciar su tristeza, viendo indiferente su aflicción (CASIANO, Colaciones, 16, 6).
    -Cuando oigas hablar mal, suspende el juicio, si puedes hacerlo con justicia; si no, excusa la intención del acusado; si ni aún esto pudieres, muestra compasión de él, y muda la conversación, teniendo presente y recordando a los demás que los que no caen en faltas deben esta gracia a Dios solo; procura hacer con suavidad que el maldiciente entre en sí, y di alguna otra cosa buena de la persona ofendida, si la sabes (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, 3, 29).
    -La caridad es la mejor medicina de todas las enfermedades, pero en particular de ésta (de la murmuración) (SAN FRANCISCO DE SALES,Introd. a la vida devota, 3, 28).
    -Quien lleva vida libre de crímenes y delitos, labra su propio bien; si además pone a salvo su honor practica una obra de misericordia con el prójimo, pues si la buena vida es personalmente necesaria, el buen nombre lo es para los demás (SAN AGUSTÍN, Del bien de la viudez, 12).
    -[…] aprenderemos también a descubrir tantas virtudes en los que nos rodean -nos dan lecciones de trabajo, de abnegación, de alegría…-, y no nos detendremos demasiado en sus defectos; solo cuando resulte imprescindible, para ayudarles con la corrección fraterna (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Amigos de Dios, 20).
    -Ama todavía poco a su prójimo el que no comparte con él, cuando se encuentra en necesidad, aun las cosas que tiene como necesarias (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 20 sobre los Evang.).
    -Muchas veces la paciencia fingida provoca más ira que los insultos verbales, y un silencio malicioso es peor que las palabras desabridas (CASIANO, Colaciones, 16, 18).
    -No queramos juzgar. -Cada uno ve las cosas desde su punto de vista… y con su entendimiento, bien limitado casi siempre, y oscuros o nebulosos, con tinieblas de apasionamiento sus ojos, muchas veces. Además, lo mismo que la de esos pintores modernistas, es la visión de ciertas personas tan subjetiva y tan enfermiza, que trazan unos rasgos arbitrarios asegurándonos que son nuestro retrato, nuestra conducta… -¡Qué poco valen los juicios de los hombres! -No juzguéis sin tamizar vuestro juicio en la oración (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, n. 451).
    -Aunque vierais algo malo, no juzguéis al instante a vuestro prójimo, sino más bien excusadle en vuestro interior. Excusad la intención, si no podéis excusar la acción. Pensad que lo habrá hecho por ignorancia, o por sorpresa, o por desgracia. Si la cosa es tan clara que no podéis disimularla, aun entonces procurad creerlo así, y decid para vuestros adentros: la tentación habrá sido muy fuerte (SAN BERNARDO, Sermón sobre el Cantar de los Cantares, 40).
    -Hemos de portarnos como hijos de Dios con los hijos de Dios: el nuestro ha de ser un amor sacrificado, diario, hecho de mil detalles de comprensión, de sacrificio silencioso, de entrega que no se nota (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Es Cristo que pasa, 36).
    -Pues no solo es malo injuriar a las claras, sino hacerlo a lo disimulado y encubierto. Nuestro Juez, en su examen imparcial, escudriñará no tanto las modalidades exteriores de la injuria, cuanto lo esencial de ella (CASIANO, Colaciones, 16, 18).
    -¡Qué insensatez también creernos a veces muy pacientes porque no respondemos verbalmente a las provocaciones que se nos hacen! Y, no obstante, por un silencio lacerante, un movimiento, un gesto sombrío, una sonrisa maliciosa, nos burlamos de nuestros hermanos tácitamente y les excitamos mucho más a la ira con esa máscara impasible de lo que podrían hacerlo furiosas invectivas (CASIANO, Colaciones 16, 18).
    -Los peores son, sin duda alguna, los que de boca aman y con el corazón destrozan (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, 1.c., p. 220).
    -Si entre los que te rodean hay alguno que te parece despreciable, obrarás sabia y prudentemente si en vez de publicar y censurar sus defectos te fijas en las buenas cualidades naturales y sobrenaturales de que Dios le ha dotado, y que le hacen digno de respeto y honor (J. PECCI -León XIII-,Práctica de la humildad, 37).
    -La caridad no se demuestra solamente con la limosna, sino sobre todo con el hecho de comunicar a los demás las enseñanzas divinas y prodigarles cuidados corporales (SAN MÁXIMO, Sobre la caridad, centuria 1, 1).

    Y como conclusión: -Quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta (Santa Teresa de Jesús)

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