La fe necesaria para casarse

Trbiunal-Rota-Papa-Francisco.jpgCopio este magnífico estudio del blog de mi amigo don Joan Carreras:

Desde hace años, el tema de la fe necesaria para casarse está bajo estudio y todavía no hay un pronunciamiento magisterial definitivo. Suelen recordarse las palabras de Benedicto XVI con las que abrió su corazón a los sacerdotes de la Diócesis de Aosta, que le escuchaban, durante un encuentro con ellos el 25 de julio de 2005 (1): él pensaba que la fe debía ser un elemento fundamental, cuya carencia comportase la nulidad del matrimonio, pero después de haber hecho estudiar el tema a las Conferencias Episcopales y a diversos especialistas llegó a la conclusión de que se trata de una cuestión muy delicada y que convenía profundizar todavía más. En 2014 la situación era parecida, puesto que el nº 48 de la Relatio finalis del Sínodo extraordinario del mes de octubre se proponía lo siguiente: “Debería considerarse la posibilidad de dar relevancia al papel de la fe de los esposos en orden a la validez del matrimonio“.

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Tiene algo de misterioso el “abrirse” del alma


abrir-las-puertas-del-almaTiene algo de misterioso el “abrirse” del alma: 

“Se abre el alma a quien se quiere, al amigo íntimo, al hermano. Y se abre el alma, para recibir, cuando menos, interés, comprensión, afecto”. (Javier Echevarría en “Getsemaní”, pg. 72)

Dar consejo al que lo necesite. Una gran obra de misericordia. Pero para lograr un diálogo sincero, un importante elemento requerido y algo olvidado es la confianza total en el que escucha, y  que presupone en éste: total lealtad y discreción absoluta. Generalmente también es necesario un periodo más o menos largo de trato y conocimiento mutuo que puede ir creciendo escalonadamente. Conforme crece la intimidad en el trato y se percibe la sinceridad e interés en el que escucha es más fácil abrirse y pedir consejo. Por eso, otro elemento clave es la perseverancia en el trato, de una manera u otra (cartas, citas, paseos, llamadas…). Seguir leyendo “Tiene algo de misterioso el “abrirse” del alma”

Carácter · Punto 24

24 Tienes ambiciones:… de saber…, de acaudillar…, de ser audaz. 
Bueno. Bien. 
—Pero… por Cristo, 
por Amor.

Ilustra el clima de este punto el testimonio de un universitario de la Academia DYA, Fernando Alonso-Martínez:

«Nos hablaba de trabajo, de estudio, de Amor de Dios. De que era bueno que fuéramos ambiciosos, muy ambiciosos, mucho, pero… ¡por Cristo!, y dicho esto con mucha energía, casi como un grito enérgico, con esa forma peculiar de decir. Es curioso que casi no recuerdo otras palabras suyas con esa claridad, pero se quedaron grabadas ahí».

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Un Padrenuestro dialogado

Muy sugerente y en clave de humor. Aquí va este padrenuestro dialogado:

La esperanza (y su relación con la fe)

fe y esperanzaAquí os dejo con este profundo relato de Mamerto Menapace, en el que nos plantea la interesante relación de la esperanza con la fe.

La desesperación no es un camino sin salida. El camino sin salida es el del desanimado. El de aquél que ha perdido el coraje de seguir peleando porque la experiencia le ha lastimado la esperanza. El desanimado ha perdido el sentido de la lucha. Tal vez peor: la fuerza para luchar. Es entonces cuando es necesario hacerlo crecer hasta la desesperación, suscitándole la bronca. La bronca sembrada sobre el desánimo hace nacer la desesperación.

Y la desesperación superada, eso es la esperanza. Seguir leyendo “La esperanza (y su relación con la fe)”

La historia de los dos burritos (o ser fiel, para servir a los demás)

Vuelvo a tener que atender otra convivencia, pero esta vez tengo internet cerca, así que aquí os dejo con esta adaptación del cuento “los dos burritos” de Mamerto Menapace, osb

los dos burritos

Erase una vez una madre que estaba muy apesadumbrada, porque sus dos hijos se habían desviado del camino en que ella los había educado. Mal aconsejados por sus maestros (…), habían abandonado la fe católica (…), y además se estaban entregando a una vida licenciosa desbarrancándose cada día más por la pendiente del vicio.

Y bien. Esta madre fue un día a desahogar su congoja con un santo eremita (…). Fue así que … se encontró con el santo monje en su ermita, y le abrió el corazón contándole toda su congoja. Su esposo había muerto cuando sus hijos eran aún pequeños, y ella había tenido que dedicar toda la vida a su cuidado. Había puesto todo su empeño en recordarles permanentemente la figura del padre ausente, a fin de que los pequeños tuvieran una imagen que imitar y una motivación para seguir su ejemplo. Pero, hete aquí, que ahora, ya adolescentes, se habían dejado influir por las doctrinas de malos maestros… Y ella sentía que todo el esfuerzo de su vida se estaba inutilizando. ¿Qué hacer? Retirar a sus hijos de la escuela, era exponerlos a que … terminaran por sumergirse aún más en los vicios por dedicarse al ocio y vagancia…

Lo peor de la situación era que ella misma ya no sabía qué actitud tomar respecto a sus convicciones religiosas y personales. Porque si éstas no habían servido para mantener a sus propios hijos en la buena senda, quizá fueran indicio de que estaba equivocada también ella. En fin, al dolor se sumaba la duda y el desconcierto no sabiendo qué sentido podría tener ya el continuar siendo fiel al recuerdo de su esposo difunto. Seguir leyendo “La historia de los dos burritos (o ser fiel, para servir a los demás)”

Ante la muerte “que no tiemble vuestro corazón”

Bueno, ya estamos de vuelta. Aquí os dejo -este 2 de noviembre-, con un comentario del blog de José-Fernando Rey:

JES_S_CRUZ_DE_CRISTO_CON_FONDO_ROJO_Y_AMARILLO_Jesus_Cross890CEpicuro, que no era ningún Padre de la Iglesia, decía que la muerte no debe preocuparnos; mientras estamos aquí, ella no está, y, cuando llega, somos nosotros quienes nos hemos ido. Como sofisma, o como ejercicio de ingenio, la frase puede pasar. Pero lo cierto es que lo malo de la muerte no es tanto la propia muerte como el temblor que produce. Antes de llegar, se deja sentir, porque el corazón tiembla a la vista de esa puerta oscura hacia… ¿Hacia qué? He ahí el temblor.

Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos el camino?

No conozco otro consuelo para el temblor que produce la muerte que estas palabras del Señor. Para el cristiano, Cristo no es sólo la Vida; Él es también la muerte. El Crucifijo se ha quedado en esa puerta oscura, y la ilumina con una claridad amorosa. Es su muerte, no la mía, la que cruzaré, si en vida me mantengo unido a Él. Y, a través de esa misma muerte suya, llevado sobre sus hombros entraré en la Vida.