¿Por qué creer en Dios?

Jueves, 12 marzo, 2015

Aquí va este segundo vídeo de Fr. Robert Barron sobre la existencia de Dios. A ver que os parece:

San José, mi Padre y Señor

Lunes, 9 marzo, 2015

san-jose-y-jesusSan José, mi Padre y Señor, resulta una figura entrañable del Evangelio. En su vida destacan dos aspectos complementarios. Siendo inmenso el valor sobrenatural de su existencia, sin embargo, nunca dejó de ser una vida “sencilla, normal y ordinaria, hecha de años de trabajo siempre igual, de días humanamente monótonos, que se suceden los unos a los otros” (así lo sentía san Josemaría: “Lo he pensado muchas veces (…) y ésta es una de las razones que hace que sienta por él una devoción especial”).

Vamos a dedicar algunas entradas a san José, pero lo que nos interesa es descubrir la persona a través del personaje, trataremos de leer entre líneas para captar y comprender las “lecciones” que Dios nos quiere transmitir a través de su vida sencilla, descubrir esos destellos de misterio divino que esconde su vida.

De entrada -y siguiendo en esto a san Josemaría en su homilía en el taller de José-, podemos destacar tres rasgos de fondo, en los que –a través de la figura de José– está hablándonos Dios: Leer el resto de esta entrada »

El pasado 23 de enero, el Papa aprovechó el discurso de inauguración del año judicial del Tribunal de la Rota Romana para reflexionar sobre el contexto humano y cultural en el que se forma la intención matrimonial. Planteó como la falta de fe en un ambiente secularizado puede afectar a la “intención matrimonial”.

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Nos servimos de este comentario de Aceprensa sobre la Validez del consentimiento:

En su discurso al Tribunal de la Rota Romana con motivo del comienzo del año judicial, Francisco advirtió que en la sociedad actual –marcada por el relativismo y la provisionalidad– puede ser más frecuente que los cónyuges se casen sin la intención de hacer lo que hace la Iglesia. “El abandono de una perspectiva de fe lleva inexorablemente a una falsa comprensión del matrimonio, que acaba teniendo consecuencias en la maduración de la voluntad nupcial”. Leer el resto de esta entrada »

Enciende tu fe, se acerca la Navidad

Viernes, 19 diciembre, 2014

san_josemar_eda_2Se acerca la Navidad, y hemos de mantener vivo el deseo de contemplarle en su Humanidad, de conocer cada detalle de su vida desde que nace hasta que muere. Nada en la tierra puede compararse con los tesoros de gracia y de vida, que se esconden en su Humanidad, donde habita la plenitud de la divinidad corporalmente (Col 2,9). Por eso repetía con con una fuerza maravillosa san Josemaría:

Considera lo más hermoso y grande de la tierra…, lo que place al entendimiento y a las otras potencias…, y lo que es recreo de la carne y de los sentidos…
Y el mundo, y los otros mundos, que brillan en la noche: el Universo entero. —Y eso, junto con todas las locuras del corazón satisfechas…, nada vale, es nada y menos que nada, al lado de ¡este Dios mío! —¡tuyo!— tesoro infinito, margarita preciosísima, humillado, hecho esclavo, anonadado con forma de siervo en el portal donde quiso nacer, en el taller de José, en la Pasión y en la muerte ignominiosa… y en la locura de Amor de la Sagrada Eucaristía. (Camino 432)

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La “mirada filial” de la fe

Lunes, 17 noviembre, 2014

descarga (1)La acepción de la fe como conocimiento, esencial en la comprensión católica de esa virtud, ha de culminar en la adquisición de una “mirada filial“, fruto de una relación personal con Dios Padre en Cristo y bajo la acción del Espíritu Santo. La fe nos lleva así a acceder a un nuevo orden de conocimiento, el divino, que nos hace participar del conocimiento que Dios tiene de las cosas, y nos muestra en consecuencia el sentido profundo de las situaciones, el valor real de las cosas y de las circunstancias, llevándonos a juzgarlas como las juzgaría un hijo. Esa certeza que nos da la fe hace que miremos lo que nos rodea con una luz nueva, y que, permaneciendo todo igual, advirtamos que todo es distinto, porque todo es expresión del amor de Dios” (San Josemaría, en ECP, 144). Leer el resto de esta entrada »

Sunrise over the mountains - Karachay, Cherkess, RussiaSan Agustín sintetiza en estas tres dimensiones la vida de fe: credere Deo, credere Deum, credere in Deum»: “creer por Dios” o fiarnos de Dios (confiar en Él), “creer lo que Dios ha revelado” (tener por verdadera la doctrina que revela), y “creer hacia Dios” (dirigirnos hacia Él viviendo según lo que ha revelado). Veremos estos aspectos en estos días.

Empecemos por el aspecto de la fe como conocimiento de la verdad revelada (credere Deum: creer lo que Dios ha revelado): Dios es amor: el amor a Dios (y el amor a los demás por Dios) presupone el primer aspecto de la fe. Por eso dira san Josemaría: “Para la santidad, doctrina; para el apostolado, doctrina”: una doctrina que esté plenamente de acuerdo con el sentir de la Iglesia y que siga con toda fidelidad el Magisterio de Pedro. Leer el resto de esta entrada »

“Tendrán respeto a mi hijo”

Viernes, 21 marzo, 2014

385Siempre me detengo, -comenta J-Fernando Rey- cuando leo la parábola, en esa frase del buen padre: Tendrán respeto a mi hijo. ¡Pobre Dios!

Enviaste, Padre celestial, a tu Hijo al mundo. Tendrán respeto a mi hijo… Debería haber sucedido. Los hombres deberían haber caído de rodillas ante el Verbo encarnado. Tendrían que haber entregado sus vidas en las manos de tu Unigénito, y haberlo colmado de honores como sólo a Dios se debe honrar. Ante su mirada misericordiosa, deberían haber hecho penitencia de sus pecados, para encontrar el perdón.

Tendrán respeto a mi hijo… Sin embargo, mira, Padre celestial, lo que hicieron con tu Hijo: míralo despreciado en Belén y dado a luz entre animales, míralo humillado por sus parientes y vecinos en Nazaret, míralo abofeteado y escupido en el Sanedrín, míralo desollado a latigazos y coronado de espinas en el Pretorio, míralo clavado a la Cruz en el Calvario.

Tendrán respeto a mi hijo… Míralo hoy, abandonado en tantos sagrarios que pasan el día solos sin nadie que los visite. Mira, Padre bueno, el respeto que hemos tenido a tu Hijo.

Y tú, lector, haz un propósito tras leer estas líneas: acércate a la iglesia, y regálale, al menos, una hermosa genuflexión.

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