El método de Catholic Voices: 1. En lugar de enfadarte, reformula

Seguimos con el libro de Austen Ivereigh: “Como defender la fe”.

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A raíz de los numerosísimos debates, entrevistas y discusiones que hemos mantenido en los platós, hemos individuado diez «principios», especialmente útiles cuando los ánimos se calientan. Tomados en su conjunto, refuerzan la «mentalidad» necesaria para este trabajo.

1. En lugar de enfadarte, reformula

Recordemos: en vez de pensar en los argumentos a los que te vas a enfrentar, ten en cuenta el (los) valor(es) a los que apelan. Busca la ética cristiana (a veces escondida) detrás del valor. ¿Qué otros valores (cristianos) ignora el amigo con el que discutes, o qué no tiene suficientemente en cuenta? ¿Cuáles son los marcos implicados? ¿Qué papel se atribuye a la Iglesia en este escenario, y cómo podemos escapar de él?
La reformulación cuenta una historia diferente a lo que hay fuera. Solo funciona si sustituyes una imagen falsa por una más auténtica. «Las falsas creencias pueden refutarse con argumentos», dijo el beato Cardenal John Henry Newman, «pero las verdaderas creencias las hacen desaparecer». Reformular equivale a prepararse bien. Se trata de dar luz, no de echar más leña al fuego (seguiremos)

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Dialogar: una virtud para convivir

un lugar para dialogar«El hombre es social porque habla; el hombre puede progresar, colaborar y ser ético porque habla. No hay un animal que hable, solo el hombre» [Leonardo Polo, Quién es el hombre, p. 154]. El hombre tiene, como don de Dios, la palabra. Un lenguaje para vivir en relación con los demás hombres y con todos los seres, con el universo: él pone nombre a todo lo que conoce… Otros factores expresivos –la actitud, los gestos, el énfasis, el tono, la mirada, la risa, la seriedad, la sonrisa…– que constituyen el lenguaje no verbal, modifican, acrecientan, desdibujan, transforman el valor y significado de las palabras dichas: los humanos contamos con múltiples recursos de comunicación.

La palabra es un gran don para relacionarnos fácilmente con los demás hombres… Hacer el bien con la palabra requiere el ejercicio de las mejores facultades que tenemos y de no pocas virtudes, que debemos adquirir y ejercer. [F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

¿Estamos desprendidos de las cosas materiales?

desprendimientoUnas sugerencias para saber si somos pobres de espíritu:

  • Si no perdemos la paz cuando nos falta algo que necesitamos: un coche algo mejor cuando el que tenemos ya no da más de sí.
  • Si, sobre todo en casa, no elegimos siempre lo mejor: el sillón más cómodo, la fruta más apetecible.
  • Si estamos vigilantes para que no se introduzcan costumbres que en el fondo tienen un sabor pagano.
  • Si evitamos hacer gastos desproporcionados aunque los paguen otros: la empresa, la familia, unos amigos…
  • Si no nos dejamos llevar por el brillo del lujo.
  • Si consideramos con alguna frecuencia que todo lo que poseemos es don de Dios, y que no somos dueños de las cosas, sino administradores. Un administrador no dispone por capricho de los bienes que administra.
  • Si examinamos alguna vez si tenemos un corazón de rico, aunque tengamos pocas cosas o sean de escasa calidad.
  • Si sabemos dar y prestar nuestros pequeños tesoros: tiempo, libros…
  • Si mantenemos una disposición estable de servir a los demás.
  • Si estamos desprendidos de la salud y del deporte, aunque nos parezca necesario, imprescindible.
  • Si al fracasar un buen plan sabemos reaccionar bien y sobrellevarlo con paz.
  • Si rechazamos siempre cualquier clase de envidia

[F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

El sentimiento de la propia importancia, se opone, en gran medida, a la «virtud» del humor.

Dios a David le perdonó su adulterio y asesinato; Jesús perdonó al jefe de los publicanos, que era un traidor y un codicioso; y perdonó al ladrón en la cruz. Pero hay algo que impide a Dios derramar su misericordia y que no puede soportar en ti: tu seriedad absoluta e inalterable, el hecho de que te sientas «alguien muy importante» [todos codiciamos ser “alguien”]. En esos momentos Dios parece sentirse impotente. Tu sentimiento de importancia es para él algo ridículo y absurdo. «El que se sienta en los cielos se sonríe» (Sal 2,4). Cuando te observes a la luz de la fe, verás que todas tus pretensiones de ser absolutamente serio y de conseguir reconocimiento a tu importancia son realmente ridículas. Seguir leyendo “El sentimiento de la propia importancia, se opone, en gran medida, a la «virtud» del humor.”

Hoy en la audiencia general Papa Francisco: “Colombia es un pueblo con esperanza”

Recuerda su viaje a Colombia:

¿Has pensado en los bienes que trae consigo la pobreza?

pobreza.jpgLos bienes de la pobreza. Son muchos los que han descubierto la grandeza de vivir cuando se han visto arruinados o en la carencia de lo más necesario: se les abren los ojos para contemplar los verdaderos bienes… La pobreza, el pasar por una crisis económica, nos lleva de la mano a la confianza en Dios y nos hacemos más humildes, valoramos más el cariño de los nuestros, agradecemos lo poco que tenemos y, cuando conseguimos un bien –quizá pequeño–, lo recibimos con una enorme alegría. [F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

María

Hoy celebramos el Dulce Nombre de María. Solo pronunciar su nombre, se puede sentir su cercanía, su amor de madre ¡Inténtalo! ¡No falla!

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