Resulta que en toda vida, herida y bendición van juntas

luz y rocaSan Josemaría amaba recordar que «todos somos iguales, todos hijos de Adán y Eva, criaturas débiles, con virtudes y defectos». El ser humano es vulnerable: puede ser herido o dañado, física o moralmente. Ese aspecto se transforma fácilmente en fragilidad. El Papa Francisco ha señalado que muchas veces encontramos personas heridas por la vida. La «modernidad», en su falta de realismo y de humildad, no aceptaba ningún fracaso, ningún error; la «postmodernidad», a su vez, cae en el pesimismo: ante la finitud del hombre y su posible abismo interior, no llega a percibir la dependencia original y el fin sobrenatural de la criatura. La vulnerabilidad humana se ve reducida a una tremenda y definitiva fragilidad. Hoy como ayer, ambos modelos, el de la modernidad (potencia) y el de la post-modernidad (debilidad), ignoran que el hombre es un ser relacional, que recibe su vida de Dios: Dios nos mantiene en la existencia, y los demás contribuyen a forjar ese ser que hemos recibido de Él. La persona humana, en efecto, es esencialmente social y se realiza también gracias a sus relaciones con los demás. A lo largo de su vida, el hombre «no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás».

¿Por qué sonríe el niño recién nacido cuando descansa en brazos de su madre? El pequeño responde a la sonrisa materna, que le abre al mundo exterior. Virgilio se dirige a un recién nacido con ese famoso verso: «incipe, parve puer, risu cognoscere matrem» [17]. ¡Comienza, pequeño, por reconocer a tu madre en su sonrisa! El niño entra en un mundo desconocido, el universo del ser, que ignora todavía. Las preguntas fundamentales que lleva en sí son dos: ¿qué es lo que es? (pregunta sobre la verdad); y lo que es, ¿es hostil a mí o benevolente? (pregunta sobre el bien). Encuentra la respuesta en el modo con el cual su madre le sonríe y le acoge.
San Pablo ha confesado que se encontraba fuerte en su debilidad (cf. 2 Cor 12, 10). Hay un texto del Génesis que, en su misterio, encierra una gran riqueza. Es la lucha de Jacob con el ángel del Señor (cf. Gn 32, 22-30). En la soledad, Dios sale misteriosamente al encuentro de Jacob y transforma su personalidad. ¿Cómo? Mediante una herida asociada a una bendición. Jacob lucha para retener consigo a Dios. Dios le disloca el fémur. El misterio sobre el nombre de Dios y, por lo tanto, sobre su Ser más íntimo, permanece, pero Dios otorga su bendición. Resulta que en toda vida, herida y bendición van juntas. ¿Por qué separarlas? Podemos percibir su profunda unidad. Solo Dios es Dios y, a la vez, «la tradición espiritual de la Iglesia ha tomado de este relato el símbolo de la oración como un combate de fe y una victoria de la perseverancia». Victoria, porque al final Dios bendice a Jacob. (G. Derville en Amor y desamor))

Un comentario en “Resulta que en toda vida, herida y bendición van juntas

  1. No consigo entenderlo de todo…No se si.ante la oración profunda y la fe Dios se muestra a traves de las contradicciones. Por eso herida y bendición van juntas o al reves…..porqué solo se encuentra a Dios en el sufrimiento.? ? Rosa vuelve

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