La santificación del trabajo ordinario

El hombre ha sido creado ut operaretur et custodiret illum (Gn 2, 15), para que trabajara y cuidara la tierra encaminándola a su acabamiento y haciendo brillar las perfecciones de Dios en el mundo. El hombre encuentra así también su propia perfección y se acerca más a Dios. El trabajo es un gran bien del hombre, no un castigo. La obligación de trabajar no ha surgido como una secuela del pecado original, ni se reduce a un hallazgo de los tiempos modernos. Se trata de un medio necesario para que nos ganemos el sustento y recojamos frutos para la vida eterna (cfr. Jn 4, 36): el hombre nace para trabajar, como las aves para volar (Jb 5, 7; cfr. Amigos de Dios, 57). Seguir leyendo “La santificación del trabajo ordinario”