La Fe

fe y esperanzaEsta larga entrada la extraemos de la voz La Fe en el Diccionario de san Josemaría.

  • 1. La virtud de la fe en la vida de san Josemaría.
  • 2. La referencia a la fe en los escritos de san Josemaría.
  • 3. La forma específica de la predicación de san Josemaría sobre la virtud de la fe.
  • 4. Consideración final.

El término “fe” posee un campo semántico muy amplio. En el lenguaje común, la realidad a la que se refiere puede ser muy diferente según se hable de “relación con Dios”, “enseñanza de la Iglesia”, “confianza en algo o en alguien” o “adhesión a unos contenidos no verificables empíricamente”. La palabra “fe” se utiliza además a veces como sinónimo de religión, creencia, ideal, etc. En el cristianismo, “vida de fe” es sinónimo de vida de oración y de coherencia de vida; el “fiel” se identifica con aquel que cree en Dios. Al igual de lo que sucede con la Revelación, también en la fe existe una dimensión objetiva, que se refiere a los contenidos o enseñanzas que se creen, y una dimensión subjetiva, que se refiere a la participación del sujeto que cree en Dios, fuente y causa de la fe. La “profesión de fe” indica bien una actitud existencial del creyente, bien el contenido dogmático de los artículos de la fe creída.

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La santificación del trabajo ordinario

El hombre ha sido creado ut operaretur et custodiret illum (Gn 2, 15), para que trabajara y cuidara la tierra encaminándola a su acabamiento y haciendo brillar las perfecciones de Dios en el mundo. El hombre encuentra así también su propia perfección y se acerca más a Dios. El trabajo es un gran bien del hombre, no un castigo. La obligación de trabajar no ha surgido como una secuela del pecado original, ni se reduce a un hallazgo de los tiempos modernos. Se trata de un medio necesario para que nos ganemos el sustento y recojamos frutos para la vida eterna (cfr. Jn 4, 36): el hombre nace para trabajar, como las aves para volar (Jb 5, 7; cfr. Amigos de Dios, 57). Seguir leyendo “La santificación del trabajo ordinario”

Los Novísimos

La Iglesia no puede omitir, sin grave mutilación de su mensaje esencial, una catequesis constante sobre lo que en el lenguaje tradicional se designa como los cuatros novísimos del hombre: muerte, juicio (particular y universal), infierno y cielo. En una cultura, que tiende a encerrar al hombre en su vicisitud terrena más o menos lograda, se pide a los Pastores de la Iglesia una catequesis que abra e ilumine con la certeza de la fe el más allá de la vida presente: más allá de las misteriosas puertas de la muerte se perfila una eternidad de alegría en la comunión con Dios o de pena por el alejamiento de Él” (Juan Pablo II, Exhort. ap. Reconciliatio et Paenitentia, 2-XII-1984, 26). La meditación de los novísimos ayuda a rectificar la marcha del caminar terreno, a aprovechar mejor el tiempo, a no permitir que nuestro corazón se apegue a nada de aquí abajo, a fomentar el horror al pecado y a hacer un apostolado constante. Seguir leyendo “Los Novísimos”

ESCATOLOGÍA-NOVÍSIMOS

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Estamos en noviembre, mes que la Iglesia  suele dedicar a los temas que trata esta entrada (cfr. Diccionario de san Josemaría) sobre la escatología y los novísimos o postrimerias. Aunque un poco largo aquí os lo dejo.

  1. Muerte.
  2. Vida eterna y vida terrena.
  3. Juicio y retribución (cielo, purgatorio, infierno).
  4. Retorno y reinado de Cristo.
  5. Resurrección de los muertos.

Para los hijos de Dios, la muerte es vida” (AD, 79). Esta frase de san Josemaría resume bien su concepción del destino final del hombre en cuanto individuo y en cuanto miembro de la familia de Dios. Si bien su enseñanza escatológica se halla plenamente inserta en la Tradición de la Iglesia, contiene acentos de especial interés: su modo positivo, amoroso y filial de comprender la muerte y el juicio divino; su percepción de la conexión sustancial entre la comunión transfiguradora con la Trinidad que experimenta el hombre en gracia, y la vida eterna; así como la ligazón entre el reinar de Cristo en la historia y su reinado al fin de los tiempos. A continuación trataremos estos puntos con mayor detenimiento.

  1. Muerte

“¿Has visto, en una tarde triste de otoño, caer las hojas muertas? Así caen cada día las almas en la eternidad: un día, la hoja caída serás tú” (C, 736). San Josemaríameditaba frecuentemente sobre la muerte, en cuanto realidad humana tan inexorable como el pasar del tiempo. La perspectiva de la muerte -tanto la suya como la de otras personas- le movía a la oración y a la acción. “Me hizo meditar aquella noticia: cincuenta y un millones de personas fallecen al año; noventa y siete al minuto (…): díselo también a otros” (S, 897). En parte, la consideración del tema fue provocada por su experiencia -tres de sus hermanas fallecieron siendo él muy pequeño- y por su intensa labor pastoral: entre sus escritos hay muchos relatos de sucesos ocurridos en torno al lecho de muerte: del gitano moribundo en un hospital en Madrid, que hace un bello acto de contrición (cfr. VC, III Estación); de una mujer que veía en su larga y penosa enfermedad la bendición de Dios (cfr. F, 1034); o de un doctor en Derecho y Filosofía, cuya brillante carrera quedaba truncada con la muerte en una sencilla pensión (cfr. S, 877). San Josemaría pudo constatar de primera mano actitudes muy divergentes ante la muerte, desde la alegría (incluso la serena impaciencia, cfr. S, 893) hasta el sobrecogimiento (cfr. C, 738) y la tristeza (cfr. S, 879).

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