Beethoven: historia de la sonata Claro de Luna

La alegría de un papá por el aprobado en matemáticas de su hijo

Esto es para que los hijos vean la alegría que dan a los papás cuando sacan buenas notas y aprueban todo. Así que ánimo muchachos!!

¡Ánimo!


confesion5Hace pocos días leíamos cómo, ante un paralítico, Jesús exclamaba: ¡Ánimo, hijo! Tus pecados están perdonados (Mt 9, 2). La misma exclamación brotaba pocos días después de los labios del Señor ante la enferma sanada al contacto con su manto: ¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado.

   Ya entendéis que son cosas de la traducción, y que Jesús no pretendía, con ese grito, insuflar moral en Alberto Contador para que ganase el Tour de Francia. Ese ¡Ánimo! significa «¡Alégrate!».

   Y, en verdad, hay que decirlo. Porque, muchas veces, los hombres recibimos grandes regalos de Cielo y nos marchamos como si tal cosa. Hay personas que se confiesan, obtienen el perdón de todas sus culpas y la liberación de las penas eternas, y salen del confesonario como saldrían de la caja del supermercado. Ni una emoción, ni una sonrisa, ni una sensación de gratitud. ¡Están tan acostumbrados!

   Valorad mucho el sacramento de la Penitencia. Considerad que, cada vez que recibís la absolución, quedan vencidos el pecado, el Infierno y la muerte. Recibid el perdón con fervor, y salid del confesonario gozosos e ilusionados. Cumplid la penitencia con alegría, y llenad el corazón con deseos de santidad. La vida comienza tras cada absolución. ¡Ánimo!

Autor: José-Fernado Rey Ballesteros

Los lirios del campo y las aves del cielo [3]

avesContinuamos con este escrito sobre la alegría de Soren Kierkegaard:

«Pero —dirás— el lirio y el pájaro no tienen mayores dificultades en ser todo eso». Respuesta: no me vengas con ningún «pero», sino aprende del lirio y del pájaro a serte completamente actual a ti mismo en ese estar al día, con lo que tú también serás la alegría. Mas, bien entendido, ningún «pero»; se trata de una cosa seria, de que tú debes aprender alegría de ellos. Mucho menos todavía has de darte importancia explotando la sencillez del lirio y del pájaro con unos cuantos chistes —quizá para sentirte— a propósito de un día de mañana particular, como diciendo: ¡bah!, para el lirio y el pájaro no hay dificultades, pues realmente no tienen ningún mañana con que atormentarse, «pero el hombre, ¡el hombre que no sólo tiene la preocupación por el día de mañana, ¿qué comerá?, sino también por el día de ayer, con respecto a lo que comió… y todavía no está pagado!». No, déjate de chistes que groseramente malbaratan la enseñanza. Es mejor que aprendas, que al menos empieces a aprender la lección del lirio y del pájaro. No creo que nadie nos venga ahora a interrumpir, opinando seriamente que todo aquello de lo que se alegran el lirio y el pájaro no significa un comino para la alegría. ¿Acaso no será tampoco ningún motivo de alegría el que hayas nacido, que existas, que consigas «hoy» lo necesario para subsistir; que hayas nacido hombre; que veas —¡medítalo!—, que puedas ver, oír, oler, gustar, tocar? ¿Que el sol brille para ti, y que por ti, cuando el sol se cansa, aparezca la luna y se enciendan las estrellas? ¿Que llegue el invierno y toda la naturaleza se enmascare y extranjerice juguetonamente, divirtiéndote? ¿Que llegue la primavera y con ella los pájaros en bandadas innumerables, para alegrarte; y que la hierba germine y el bosque crezca y haya bodas en él, y todo esto para alegrarte? ¿Que llegue el otoño y los pájaros emigren, no para hacerse encarecidos, de ninguna manera, sino para que tú no te aburras de ellos; y que el bosque oculte todos sus atavíos para la próxima vez, para poder alegrarte la próxima vez? ¿Acaso no es todo esto ningún motivo de alegría? i Cómo me gustaría replicar!, pero por respeto al lirio y al pájaro no me atrevo a hacerlo, y por eso en vez de afirmar que todo eso no es ningún motivo de alegría, prefiero decir: si todo eso es algo de que no hay que alegrarse, entonces no hay nada de qué alegrarse. Y ahora piensa que el lirio y el pájaro son la alegría misma, y, sin embargo —entendido de la mejor manera—, no tienen de seguro tanto como tú, ni muchísimo menos, de qué alegrarse; que por añadidura tienes al lirio y al pájaro para alegrarte. Por lo tanto, aprende del lirio y aprende del pájaro, que son maestros: existen, están al día, y son la alegría. ¿Acaso no eres capaz de alegrarte con el lirio y el pájaro que son la misma alegría? ¿No puedes alegrarte de verlos, de suerte que voluntarioso aprendas su lección? Si no eres capaz de esto, habrá que decir como el maestro del niño: «Aptitudes no le faltan, y aparte de eso la cosa es tan fácil que no es cuestión de falta de aptitudes; tiene que ser otra cosa, quizá una especie de indisposición que no hemos de juzgar de repente con demasiado rigor y tratarla como si fuera mala gana o incluso terquedad».

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Los lirios del campo y las aves de cielo [2]

Continuamos con este magnífico texto de Soren Kierkegaard sobre la Alegría

mirad las aves del cielo 2Incluso reuniendo todas las condiciones, es probable que tampoco lográramos estar absolutamente alegres, Y ¿no es verdad, profundos maestros de la alegría, que eso tiene que ser inevitablemente así? Ya que, aun reunidas todas las condiciones, si se recurre a ellas, es imposible llegar a estar más alegre que lo que ellas suponen o alegrarse de una manera que no sea condicionada. Es evidente que las condiciones y lo condicionado se corresponden mutuamente. Por eso, absolutamente alegre sólo puede llegarlo a ser quien es la alegría misma, y sólo permaneciendo absolutamente alegre se torna uno la misma alegría.

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¡Cómo sería la mirada alegre de María!


Como habréis visto estos días de mayo he ido poniendo alguna breve reflexión dedicada a la Virgen María. Aquí os dejo con esta que nos habla de su mirada alegre:

¡Cómo sería la mirada alegre de Jesús!: la misma que brillaría en los ojos de su Madre, que no puede contener su alegría –«Magnificat anima mea Dominum!» –y su alma glorifica al Señor, desde que lo lleva dentro de sí y a su lado.
¡Oh, Madre!: que sea la nuestra, como la tuya, la alegría de estar con El y de tenerlo.[Surco 95]

No se trata tanto de lo que tenemos, sino de cuanto podemos darnos

Hoy os traigo esta sugerente historia acerca de los fines y los medios en la vida. Quizás venga bien aquí recordar esta idea de Albert Einsten: “En mi opinión son características de nuestra época la perfección de medios y la confusión de fines”. En efecto, no pocas veces buscamos los medios como si fueran fines. Y es que no se trata tanto de los medios -de lo que tenemos-, sino de para qué los tenemos. En definitiva, se trata de descubrir en qué medida estamos dispuestos a darnos a los demás: