La caridad más que en dar está en comprender

8165966626_869faa23ed_b.jpg«Más que en “dar”, la caridad está en “comprender”. —Por eso busca una excusa para tu prójimo –las hay siempre–, si tienes el deber de juzgar». San Josemaría Escrivá Camino, n. 463

Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y que se compren de comer. Jesús les respondió: no hace falta que vayan. El Señor es así: comprende la situación de aquellos que se han apresurado a buscarle. Aunque se lo piden los discípulos, no deja que caminen desfallecidos en busca de alimentos. Sabe que están cansados, que hay niños entre ellos, que como son demasiados no habrá comida suficiente en las aldeas cercanas: dadles vosotros de comer, es su respuesta. Seguir leyendo “La caridad más que en dar está en comprender”

¿Qué sucedería si Dios no perdonara los pecados? La vida sería un «horror» de imposible convivencia

La benevolencia de Jesucristo

¿Qué sucedería si Dios no perdonara los pecados? La vida sería un «horror» de imposible convivencia.

El amor de Dios por los hombres «se ha hecho visible y tangible en toda la vida de Jesús. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona y ofrece gratuitamente. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes, llevan consigo el distintivo de la misericordia. En Él todo habla de misericordia. Nada en Él está falto de compasión». Seguir leyendo “¿Qué sucedería si Dios no perdonara los pecados? La vida sería un «horror» de imposible convivencia”

Lo importante es llegar a la «nueva patria» o «patria definitiva»

spainUna visión más alta de la «patria chica»

Existen actitudes contrarias y ajenas al sano amor a la patria: el «patrioterismo», que conlleva un desprecio hacia otros pueblos; y esa visión obcecada del propio pueblo que lleva a considerarlo el mejor de todos, sin ninguna objetividad.

Dos amigos visitaron las cataratas del Niágara; a uno de ellos se le veía emocionado contemplando aquella grandiosidad. Después de un silencio prolongado, el otro, sin más, dijo: «pues en mi pueblo hay un gallo que tiene una pata de palo». Esta enorme tontería es muestra de una visión tan pueblerina que nada tiene que ver con el amor a la patria chica.

Tradicionalmente se llama «nueva patria» o «patria definitiva» al Cielo, porque allí no hemos estado nunca y allí nos quedaremos para siempre. Lo importante es llegar: «nada podrá preocuparnos, si decidimos anclar el corazón en el deseo de la verdadera Patria: el Señor nos conducirá con su gracia, y empujará la barca con buen viento a tan claras riberas». [F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

«Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya» (Séneca)

a-winter-view-of-the-american-falls-and-goat-island-at-sunset-niagara-falls-new-york.jpg«Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya». Séneca Epístolas, 66, 26

Existen en la naturaleza del hombre unos lazos que le unen con la tierra y el lugar. El carácter social de la persona imprime un vínculo con la patria donde se ha nacido y en la que se han adquirido una lengua, una historia y muchas tradiciones, una cultura, unas costumbres. Estos bienes y valores proporcionan una visión del mundo que, con las diferencias propias de cada uno, unen entre sí a los hombres y las mujeres de un mismo país.

«Patria quiere decir tierra de los padres. Nación expresa idea de nacimiento y, por tanto, de filiación, de descendencia». De esta manera, el término patria se relaciona más con la herencia que los padres dejan a los hijos mientras que nación pone más de relieve la participación de los herederos en esa herencia recibida.

También Jesús tuvo estos sentimientos hacia el pueblo de Israel, al que perteneció, y hacia Nazaret, su pueblo, donde había crecido y trabajado.

La tierra, para los israelitas, ocupó un lugar importante en su fe y en su esperanza. El exilio no hizo sino avivar el aprecio de los judíos a su patria, que tanto añoraban: a orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión. Era la tierra prometida por Dios. Seguir leyendo “«Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya» (Séneca)”

Recuperar amistades

Captura de pantalla 2017-04-27 a las 3.41.04 p.m.Es posible recuperar amigos perdidos, amistades que se rompieron por alguna causa que, quizá, no era para tanto.

Las personas pueden cambiar, y, además, ¿qué sabemos nosotros de lo que ocurre en su corazón?

San Bernardo, para recomponer lazos rotos o que están a punto de romperse, aconseja: «cuando veas algo malo en tu amigo, no quieras juzgarlo al instante; por el contrario procura excusarle en tu corazón; excusa la intención, piensa que lo ha hecho por ignorancia, por sorpresa o por desgracia. Si el error es tan claro que no puedes disimularlo, piensa que la tentación habrá sido muy fuerte».

Conservar amigos es gran virtud, y mayor aún la de restablecer amistades que se han debilitado o roto.

El Señor nos quiere como somos, también con nuestros defectos, y para cambiarnos cuenta con la gracia y con el tiempo. Ante los defectos de nuestros amigos no debe faltar nunca la caridad, que mueve a la comprensión y a la ayuda.

La sencillez permite dejar a un lado los posibles agravios que no eran intencionados.

El sendero de la tristeza esconde muchas trampas

La tristeza se opone a la alegría y a la felicidad. Aunque en ocasiones reclama sus derechos, ella es uno de los enemigos del hombre.

El sendero de la tristeza esconde muchas trampas. Conviene reconocer que no es buen camino. Al fin, este sentimiento aísla, empequeñece, nubla la visión de la realidad. Impide las buenas relaciones con los demás y las hace superficiales, porque al triste no le interesan de verdad los otros, bastante tiene con lo suyo, dice.

La Sagrada Escritura insiste en la necesidad de rechazar la tristeza: anímate y alegra tu corazón y echa lejos de ti la congoja, porque a muchos mató la tristeza; y no hay utilidad en ella.

«Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero, si los hombres las sienten demasiado (tristes), se vuelven bestias; vuestra merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas de Rocinante, y avive y despierte, y muéstrese como los caballeros andantes. ¿Qué diablos es esto? ¿Qué decaimiento es este? ¿Estamos aquí o en Francia?». Estas son las razones de Sancho; desde su sabiduría increpa a don Quijote, que cabalga ensimismado porque los encantadores han convertido a Dulcinea en una aldeana.

La tristeza desmedida es una enfermedad del alma. Santo Tomás proporciona tres consejos para desechar la tristeza: bañarse, rezar y hablar con los amigos. La experiencia nos dice que el filósofo tiene razón. Y el conocimiento nos manifiesta también que la dedicación plena a una tarea en la que se activan nuestras mejores facultades es beneficiosa, levanta el ánimo y nos hace florecer. Los artistas pueden certificar que esto es así.

Hace años, en algunos trenes aparecía este aviso: «Es peligroso asomarse al exterior». No es conveniente sacar la cabeza por la ventanilla de un tren. Algo así ocurre con la tristeza: es peligroso asomarse, no es bueno acunarse en la tristeza, dejar que se apodere de nuestro interior, alimentarla. Debemos reaccionar contra la tristeza utilizando todos los medios posibles, sin dejar uno.

«Siempre que el hombre equivoca su ruta, busca el amor y se detiene en el placer, busca el placer y se encuentra el vacío. (…) Mientras la tristeza resulte al corazón inhóspita, hay un cable tendido hasta Dios. Existe, sin embargo, otra tristeza, que es la peor, la que más víctimas causa, esa tristeza tibia que promete una secreta dulzura a quien se decida a cultivarla». (F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

La alegría del hogar es el recurso imprescindible para afrontar el dolor y la contrariedad

featimg-after-birthLa alegría familiar se construye, no surge por sí sola. Y los materiales de esta construcción smúltiples, como ocurre con todo edificio.

«Al pensar en los hogares cristianos, me gusta imaginarlos luminosos y alegres, como fue el de la Sagrada Familia… Esa es la gran luz que ilumina nuestras vidas y que, entre las dificultades y miserias personales, nos impulsa a proseguir adelante animosos. Cada hogar cristiano debería ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se percibiera un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida» (san Josemaría).

Cuando los padres son buenos, el clima que se respira en la casa permite el crecimiento saludable de los hijos: aprenden sin darse cuenta un estilo de vida positivo y optimista. Seguir leyendo “La alegría del hogar es el recurso imprescindible para afrontar el dolor y la contrariedad”