Los lirios del campo y las aves del cielo [3]

avesContinuamos con este escrito sobre la alegría de Soren Kierkegaard:

«Pero —dirás— el lirio y el pájaro no tienen mayores dificultades en ser todo eso». Respuesta: no me vengas con ningún «pero», sino aprende del lirio y del pájaro a serte completamente actual a ti mismo en ese estar al día, con lo que tú también serás la alegría. Mas, bien entendido, ningún «pero»; se trata de una cosa seria, de que tú debes aprender alegría de ellos. Mucho menos todavía has de darte importancia explotando la sencillez del lirio y del pájaro con unos cuantos chistes —quizá para sentirte— a propósito de un día de mañana particular, como diciendo: ¡bah!, para el lirio y el pájaro no hay dificultades, pues realmente no tienen ningún mañana con que atormentarse, «pero el hombre, ¡el hombre que no sólo tiene la preocupación por el día de mañana, ¿qué comerá?, sino también por el día de ayer, con respecto a lo que comió… y todavía no está pagado!». No, déjate de chistes que groseramente malbaratan la enseñanza. Es mejor que aprendas, que al menos empieces a aprender la lección del lirio y del pájaro. No creo que nadie nos venga ahora a interrumpir, opinando seriamente que todo aquello de lo que se alegran el lirio y el pájaro no significa un comino para la alegría. ¿Acaso no será tampoco ningún motivo de alegría el que hayas nacido, que existas, que consigas «hoy» lo necesario para subsistir; que hayas nacido hombre; que veas —¡medítalo!—, que puedas ver, oír, oler, gustar, tocar? ¿Que el sol brille para ti, y que por ti, cuando el sol se cansa, aparezca la luna y se enciendan las estrellas? ¿Que llegue el invierno y toda la naturaleza se enmascare y extranjerice juguetonamente, divirtiéndote? ¿Que llegue la primavera y con ella los pájaros en bandadas innumerables, para alegrarte; y que la hierba germine y el bosque crezca y haya bodas en él, y todo esto para alegrarte? ¿Que llegue el otoño y los pájaros emigren, no para hacerse encarecidos, de ninguna manera, sino para que tú no te aburras de ellos; y que el bosque oculte todos sus atavíos para la próxima vez, para poder alegrarte la próxima vez? ¿Acaso no es todo esto ningún motivo de alegría? i Cómo me gustaría replicar!, pero por respeto al lirio y al pájaro no me atrevo a hacerlo, y por eso en vez de afirmar que todo eso no es ningún motivo de alegría, prefiero decir: si todo eso es algo de que no hay que alegrarse, entonces no hay nada de qué alegrarse. Y ahora piensa que el lirio y el pájaro son la alegría misma, y, sin embargo —entendido de la mejor manera—, no tienen de seguro tanto como tú, ni muchísimo menos, de qué alegrarse; que por añadidura tienes al lirio y al pájaro para alegrarte. Por lo tanto, aprende del lirio y aprende del pájaro, que son maestros: existen, están al día, y son la alegría. ¿Acaso no eres capaz de alegrarte con el lirio y el pájaro que son la misma alegría? ¿No puedes alegrarte de verlos, de suerte que voluntarioso aprendas su lección? Si no eres capaz de esto, habrá que decir como el maestro del niño: «Aptitudes no le faltan, y aparte de eso la cosa es tan fácil que no es cuestión de falta de aptitudes; tiene que ser otra cosa, quizá una especie de indisposición que no hemos de juzgar de repente con demasiado rigor y tratarla como si fuera mala gana o incluso terquedad».

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Los lirios del campo y las aves de cielo [2]

Continuamos con este magnífico texto de Soren Kierkegaard sobre la Alegría

mirad las aves del cielo 2Incluso reuniendo todas las condiciones, es probable que tampoco lográramos estar absolutamente alegres, Y ¿no es verdad, profundos maestros de la alegría, que eso tiene que ser inevitablemente así? Ya que, aun reunidas todas las condiciones, si se recurre a ellas, es imposible llegar a estar más alegre que lo que ellas suponen o alegrarse de una manera que no sea condicionada. Es evidente que las condiciones y lo condicionado se corresponden mutuamente. Por eso, absolutamente alegre sólo puede llegarlo a ser quien es la alegría misma, y sólo permaneciendo absolutamente alegre se torna uno la misma alegría.

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¡Cómo sería la mirada alegre de María!


Como habréis visto estos días de mayo he ido poniendo alguna breve reflexión dedicada a la Virgen María. Aquí os dejo con esta que nos habla de su mirada alegre:

¡Cómo sería la mirada alegre de Jesús!: la misma que brillaría en los ojos de su Madre, que no puede contener su alegría –«Magnificat anima mea Dominum!» –y su alma glorifica al Señor, desde que lo lleva dentro de sí y a su lado.
¡Oh, Madre!: que sea la nuestra, como la tuya, la alegría de estar con El y de tenerlo.[Surco 95]

No se trata tanto de lo que tenemos, sino de cuanto podemos darnos

Hoy os traigo esta sugerente historia acerca de los fines y los medios en la vida. Quizás venga bien aquí recordar esta idea de Albert Einsten: “En mi opinión son características de nuestra época la perfección de medios y la confusión de fines”. En efecto, no pocas veces buscamos los medios como si fueran fines. Y es que no se trata tanto de los medios -de lo que tenemos-, sino de para qué los tenemos. En definitiva, se trata de descubrir en qué medida estamos dispuestos a darnos a los demás:

Mirad las aves del cielo

mirad las aves del cielo 2Mirad las aves del cielo; no siembran ni siegan, ni encierran en graneros… descuidadas del día de mañana. Mirad la hierba sobre el campo… que hoy es.

Aquí voy a poner este fragmento de Soren Kierkegaard, de su obra Los lirios del campo y las aves del cielo. Como es un poco largo lo dividiré en varias partes. Que lo disfrutéis:

“Haz esto y aprenderás: Contemplemos, pues, al lirio y al pájaro, que son los maestros alegres. Sí, «los maestros alegres», puesto que no dejarás de saber que la alegría es comunicativa; y por esta razón no hay nadie que aleccione mejor en la alegría que quien es alegre. El maestro en la alegría no tiene en realidad otra cosa que hacer que estar alegre, o mejor, ser alegría. Su enseñanza es deficiente, por mucho que se esfuerce por comunicar la alegría, si él mismo no está alegre. Y así tampoco hay nada más fácil que dar lecciones de alegría, ¡ay!, sólo se necesita estar siempre alegre de verdad. Pero ese «¡ay!» quiere indicar que en definitiva no es cosa fácil, que en realidad no es tan fácil estar siempre alegre. En cambio, si se está, nada hay más cierto que la facilidad de enseñar en la alegría.

Pero allá, fuera, junto al lirio y al pájaro, o allá fuera donde el lirio y el pájaro dan lecciones de alegría, allí siempre hay alegría. Y estos maestros nunca se encuentran en la perplejidad frecuente de un maestro humano, que lo que ha de enseñar lo tiene escrito en un papel o muerto de risa en los estantes de su biblioteca, en una palabra, en cualquier lugar y no siempre a mano; no, allí donde el lirio y el pájaro dan lecciones de alegría, allí siempre hay alegría: el lirio y el pájaro la tienen en sí mismos. ¡Qué alegría cuando despunta el día y el pájaro se despierta temprano a la alegría mañanera! ¡Qué alegría, aunque de tono diferente, cuando se aproxima la noche y el pájaro gozoso se apresura a recogerse en su nido! Y ¡qué alegría todo el largo día del verano! Y cuando el pájaro —que no canta meramente al trabajar, como pueda hacerlo un alegre trabajador, sino que su esencial tarea es el canto— se pone gozosamente a cantar, ¡qué alegría! Y cuando también empieza a cantar el vecino de al lado, y luego el de enfrente, y luego todos los pájaros a coro, ¡qué alegría!, ¡qué nueva alegría! Y cuando al final todo parece como un mar sonoro que bate el bosque y el valle, el cielo y la tierra con sus ecos, un mar sonoro en medio del cual se sobresalta ahora de alegría el pájaro que dio el tono, ¡qué alegría!, ¡qué alegría! Y así es la vida entera del pájaro; siempre y en todo encuentra algo, o mejor dicho: bastante, de que alegrarse; no desperdicia ni un solo momento, y daría por perdidos todos los momentos en que no estuviera alegre. Seguir leyendo “Mirad las aves del cielo”

Sobre las “personas honorables” y los “introspectivos” o escrupulosos

31Existen dos tipos de personas a los que la esperanza produce poca o casi ninguna esperanza. Estos son los que podríamos llamar las “personas honorables” y los “introspectivos”. Paso a describirlos brevemente

Las “personas honorables” o satisfechas de sí mismas son en palabras de Ch. Péguy “las que carecen de defectos. No están heridas. Su piel moral, siempre intacta, les dota de un cuero y de una coraza sin defecto. No presentan en ningún lugar esa abertura que hace una herida atroz…, una cicatriz siempre mal cerrada. No presentan en ningún lugar esa entrada a la gracia que es esencialmente el pecado. Como no carecen de nada, nada puede dárseles. La misma caridad de Dios no venda al que no tiene heridas. Porque un hombre estaba caído en tierra le levantó el samaritano… Las personas honorables no son permeables a la gracia” [Péguy]. Seguir leyendo “Sobre las “personas honorables” y los “introspectivos” o escrupulosos”

Resumen sobre la alegría pascual

curriculoHe ido poniendo estos días algunas entradas sobre la alegría pascual y las voy a agrupar en una entrada a modo de resumen. Muchas ideas están sacadas del libro ¿Por qué la alegría? del Pius-Aimone Reggio, O.P.