Atea británica revela su sorprendente descubrimiento de Dios

En “Night’s Bright Darkness” Sally Read cuenta cómo su vida cambió en tan solo nueve meses.

Cuando el plan de Dios parece no tener sentido…

Impresionante testimonio de fe y esperanza. Vale la pena verlo completo:

Hace varios años queríamos filmar este testimonio. Estábamos al punto de empezar a filmar con Ursula, la persona que cuenta su historia, cuando sucedió el accidente. Considerando las circunstancias tan difíciles en este entonces, tuvimos que esperar unos años más para poder filmar con ella. El sufrimiento que Ursula y su familia han experimentado en esos últimos años es más que muchas familias experimentan durante toda la vida. Lo que hace el testimonio de Ursula tan especial es que a pesar del sufrimiento y dolor, sigue fiel. Y las cruces y el sufrimiento han aumentado su fe. Es un ejemplo excelente de confianza en el Señor, incluso cuando Su plan no tiene mucho sentido.

Aviso a los “navegantes” del blog

photoNo os sorprenda si durante algunos días se retrasa la publicación de vuestros comentarios y sugerencias. Estos meses de verano estaré atendiendo diversas actividades, un poco de aquí para allá, y el lugares donde a veces no hay internet. Por eso, aunque las entradas del blog sí irán saliendo diariamente –porque están ya programadas-, no os extrañe que los comentarios se retrasen un poquito.

Muchas gracias a todos los que de algún modo colaboráis y enriquecéis el blog con vuestras aportaciones!! 

“Tenía un amor a Dios gigantesco, arrollador…”

Dentro de unos días se celebrarán misas por la fiesta de san Josemaría en torno al 265 de junio y me ha parecido muy interesante como el beato Álvaro del Portillo, que convivió con san Josemaría muchos años, cuenta en este vídeo cuál era la virtud más característica de san Josemaría: un amor a Dios gigantesco, arrollador…

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Para decidir justamente debes estar bien dispuesto hacia el otro

desconfianza

Pecas de juicio temerario cuando, sin una razón suficiente, ves algo negativo en el carácter de otro. Un juicio temerario no es lo mismo que la sospecha, esto es, la tendencia que tiene nuestra mente a hacernos creer que probablemente existe en el otro algo moralmente indeseable, aunque aún no nos atrevamos a emitir una opinión concluyente al respecto.
Juzgar temerariamente es un pecado contra la justicia. Todos tenemos derecho a conservar la buena estima de que gozamos mientras no existan obras indiscutiblemente maliciosas que nos priven de ella.  hacia el prójimo, ya que lo condenas sin escucharle ni conocer las razones y motivos que le llevan a obrar. Cuando juzgando temerariamente cometemos una grave injusticia con el prójimo; el pecado es grave si la “materia” que se atribuye es grave y tiene advertencia de su falta.
La caridad y la honradez son cualidades necesarias de todo buen juicio. Pero es altamente improbable que juzguemos rectamente. En la vida los resortes que nos mueven a actuar suelen escapar a nuestro control y permanecen ocultos por nuestra soberbia. El momento en el que alguien te inspira antipatía —es decir, un sentimiento inexplicable de desagrado o rechazo— es el más peligroso para formarte una justa opinión de él, de su carácter o de sus actos. Cualquier juicio que emitas en ese instante será inevitablemente injusto. Para decidir justamente debes estar bien dispuesto hacia el otro. El mal humor, el estado de ánimo y los sentimientos pasajeros influirán en tus juicios. Lo que hoy ves desde determinado ángulo, mañana lo analizarás desde otro, y puede que ambos sean muy diferentes del de ayer. (Autor: L. G. Lovasik en “El poder oculto de la amabilidad”)

En vez de fijarte en lo malo, acostúmbrate a pensar en lo bueno y foméntalo

piensa bienYa dijimos ayer que la crítica evidencia, con frecuencia, el propio fracaso, porque si no hubiéramos fracasado, muy probablemente no hubiera surgido la crítica sobre aquello o la murmuración contra los superiores. Hoy consideramos la conveniencia de recordar nuestros propios defectos antes de tirar la piedra contra los demás; y del esfuerzo de pensar bien para “acertar sobrenaturalmente”: Seguir leyendo “En vez de fijarte en lo malo, acostúmbrate a pensar en lo bueno y foméntalo”

Una conducta y una actitud afables ayudan mucho a quienes te tratan

cara sonrienteOtra gran obra de misericordia: la alegría. La alegría presta un inmenso servicio a los demás… y, por lo tanto, se trata de un hábito que podemos y debemos adquirir. Santo Tomás de Aquino sitúa a la alegría bajo el epígrafe general de la virtud cardinal de la justicia, aquella que nos dispone a dar a otros lo que les corresponde por deber o por obligación. Nosotros estamos obligados a ayudar —y no a poner obstáculos— en su camino hacia el cielo a quienes nos rodean en este mundo. Y no solo hemos de ayudar con nuestra limosna a los que padecen necesidad y con nuestro consejo a los que yerran: también debemos prestar ayuda a los que conocemos o tratamos con nuestra amabilidad, nuestra comprensión y nuestras maneras afables.

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