Lámpara es tu palabra para mis pasos

Martes, 25 febrero, 2014

biblia2Puede parecernos extraño el detalle que cuenta san Marcos acerca del ciego que le presentaron a Jesús: Le untó saliva en los ojos. Sin embargo, a quien haya leído los salmos le parecerá un gesto «muy lúcido», pues la saliva es signo de la palabra. Allí está escrito: Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor, luz en mis senderos (Sal 118, 105).

¿No es la palabra del guía la luz de los ojos del ciego? «Ten cuidado con el escalón… Gira ahora a la izquierda…» Así la Palabra de Dios es guía de quienes caminamos a ciegas buscando el Cielo.

Toma la Palabra de Dios cada mañana, y úntala en los ojos del alma, para que se abran y tengas fe. Empezarás a mirar como Dios: Veo hombres; me parecen árboles. Así nos ve Dios: como árboles. En ocasiones, como higueras a quienes pide higos fuera de tiempo. En otras, como árboles malos que deben ser sanados para dar frutos buenos.

Después, como al ciego, Jesús pondrá sus manos en tus ojos. Serán sus manos llagadas en la Cruz. Y quedarás curado, y verás todo con claridad. Es decir, lo verás a Él, la claridad misma.

Las “circunstancias externas”… y yo

Miércoles, 12 febrero, 2014

sus ojos están con sus pensamientos 1897¡Cuántas veces, culpamos a las circunstancias externas de nuestras faltas y tristezas! «En mi casa no se puede vivir, en el trabajo me persiguen, los políticos me hacen perder los nervios, con este frío no hay quien pueda»… Es como si añorásemos una época dorada en la que todo esté a favor… Pero esa época dorada nunca llega. Entre tanto, seguimos pecando y continuamos tristes. ¡Qué culpa tenemos nosotros, pobrecitos!

Sin embargo, nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.

Imagina lo imposible: que llegase a tu vida esa “época dorada”. Y descubrirías que, aún entonces, sigues pecando y sigues triste. Ojalá que así te dieras cuenta de que tus enemigos no estaban fuera, sino dentro, y de que has perdido mucho tiempo culpando a las circunstancias.

La gran batalla de la vida debe librarse en el corazón. A un corazón limpio y amante de Dios se le puede hacer sufrir, pero hasta en el sufrimiento encuentra gozo y mantiene la paz. Sin embargo, el egoísta no estará satisfecho ni en el mismo Cielo… ¡Ánimo, deja de quejarte, y conviértete de una vez!

La fuente… y también el recipiente

Jueves, 6 febrero, 2014

Early+morning+in+Norway+by+Wim+LasscheCuando uno se acerca a una fuente para tomar agua, debe ir provisto de un buen cántaro. Si todo lo que lleva es un dedal, tendrá que conformarse con unas gotas, aunque la fuente mane agua abundante y limpia.

No pudo hacer allí ningún milagro… Y se extrañó de su falta de fe.

El poder de Dios es infinito, como lo es su Amor. Pero, cuando el hombre se acerca a Dios, recibe siempre según su fe. No es lo mismo comulgar atropelladamente en una misa a la que uno llega tarde, y salir corriendo cuando la misa termina, que comulgar cuando uno ha esperado de rodillas el comienzo de la misa, ha asistido fervorosamente a la celebración, y ha permanecido en acción de gracias hasta -al menos- diez minutos después de finalizada la Eucaristía. Es la misma comunión, la misma fuente, pero el cántaro es distinto, y el fruto también.

Procura evitar siempre la rutina. Acércate a Dios cada día con ansias nuevas, con fe renovada y amor ardiente. De este modo, cada minuto de oración surtirá fruto en tu vida y renovará tu alma. Aprende en esto de la Virgen, cuya fe, más que cántaro, fue un océano.

Tranquilo, que no es molestia

Martes, 4 febrero, 2014

tranquilidad-21[1]Aunque se habla de la «falsa humildad» para referirse a la cobardía o apocamiento, no es la única forma falsa de virtud que encubre un pecado. Existe también una «falsa caridad» que, bajo forma de delicadeza, disimula la desidia y la reviste de consideración: «El sacerdote está muy ocupado, el pobre. No le voy a dar la lata confesándome ahora»… Me lo ha recordado el evangelio de hoy:

Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?

Y, por no molestar, Jairo se hubiese quedado sin hija. Menos mal que le importó poco dar trabajo al Hijo de Dios.

    Lo mismo puede decirse de los sacerdotes: estamos para que nos molesten. Un sacerdote a quien nadie molesta, a quien nadie da trabajo, a quien nadie le cuenta sus penas… es un sacerdote frustrado. Los fieles tenéis la santa obligación de molestarnos, cansarnos, y a ayudarnos a entregar la vida. Y, si no lo hacéis, no os servirá de excusa el no haber querido molestar. Dios mismo quiere que nos molestéis todo lo que podáis, siempre y cuando sea para que ejerzamos nuestro ministerio. Si es para que os ayudemos a hacer la quiniela… Mejor no molestéis. Estamos confesando.

Más, para el que más ama

Jueves, 30 enero, 2014

SwitzerlandHoy nos sorprende el Señor con otra de esas frases difíciles del Evangelio. Se trata de la famosa afirmación: 

Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

¿No es injusto? ¿No debería Dios quitar un poco al que tiene, para darle al que no tiene? ¿Qué significa esto?

Significa que no sucede con los bienes espirituales lo mismo que con los materiales. Los bienes materiales son escasos, y es justo distribuir. Pero los bienes espirituales son infinitos, y se encuentran al alcance de quien desee obtenerlos. Todos podemos crecer en Amor de Dios.

En los bienes materiales, quien tiene poco desea más, y quien tiene mucho se acaba aburriendo. Sin embargo, en lo tocante al Amor de Dios, quien poco lo ama pronto lo abandona (al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene) y quien lo ama mucho pide que se le dilate el corazón para amarlo más. Dios siempre lo concede: Al que tiene se le dará.

Dios por dentro.

Miércoles, 28 marzo, 2012

Preguntaban a un niño deficiente, de unos siete años:
- ¿Tú, te portas bien?
- Si ­responde el pequeño.
- ¿Y por qué te portas bien?
- Para ir al Cielo.
- ¿Y qué es el Cielo?
- El Cielo es Dios por dentro.
.***
“Dios por dentro”. El Cielo es sentirse rodeado del Amor, inmersos en el Amor, que es Dios.
El amor humano no es más que una pequeña chispa del Amor. Y, sin embargo, cambia la vida. ¡Qué será cuando todo el amor infinito divino se vuelque en nuestro pobre corazón!
Vivir nuestra vida de cada día en esa órbita del amor de Dios, saberse queridos hasta la locura por El, es un anticipo del Cielo. Y eso debe ser la vida de cada cristiano ­-mi vida- ya en la tierra.

Educación para el amor (en la familia)

Martes, 22 noviembre, 2011

Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos… Pues bien, hace ya tiempo, un conocido comentaba:

Yo sabía que a mi padre no le gustaba la verdura; por eso, siempre que mi madre la cocinaba, le hacía otro plato a mi padre. Pero él siempre decía “ponme a mí también verdura”. ¡¡Así era imposible que luego yo dijera que un tipo de comida no te gustaba!! Pero lo peor era que jamás supe qué le gustaba a mi madre y qué no le gustaba. Lo comía todo con una gran sonrisa ¡¡Era imposible quejarse con semejante ejemplo!!”

Y otro:

“Cuando estudiaba en el colegio, cuando llegaban los exámenes de evaluación, mi madre siempre nos preguntaba antes de irnos a dormir si teníamos examen al día siguiente. Si la respuesta era que “sí”, mi madre preguntaba “¿y a qué hora quieres que te levante?” ¡¡Jamás falló!! ¡¡Cualquiera se quedaba luego en la cama un rato más por tener sueño!!”

Y otro:

“Mis padres me enseñaron a comer, a vestirme, a andar, y ellos eran los que se levantaban cuando siendo pequeño me despertaba llorando, pero jamás me pidieron nada a cambio. Mis padres me enseñaron lo que es el auténtico amor con su constancia y su esfuerzo, sin contar a nadie sus sufrimientos, teniendo como recompensa la sonrisa de sus hijos y, gracias al esfuerzo por educarnos bien, un buen futuro. Bueno, esto ya dependía más de nosotros, pero a ellos les debimos nuestra preparación para el futuro”.

Es relativamente frecuente, escuchar decir a una persona joven desengañada por el “amor”: “ya nunca más amaré a nadie, así no sufriré”. Resulta muy triste oír decir esto a una persona que tiene toda una vida por delante. Sin embargo, siempre me he preguntado si verdaderamente lo que esa persona ha experimentado ha sido el amor auténtico o un sucedáneo de amor. Si fuera esto segundo, entonces estoy de acuerdo. Que nunca más vuelva a amar a una persona con un falso amor.

¿En qué consiste el auténtico amor? ¿Es un sentimiento? ¿Consiste en un sentirse bien? ¿Siempre se está a gusto con la persona amada? Leer el resto de esta entrada »

Contrasta las prisas de los apóstoles con la actitud del Señor: Al atardecer se acercaron sus discípulos y le dijeron: El lugar es desierto y ya ha pasado la hora; despide a la gente para que vayan a las aldeas a comprarse alimentos. Pero Jesús les dijo: No, no tienen necesidad de irse. (Mt 14, 15-16). El Señor quiere estar con nosotros, no quiere despedirnos, quiere que nos quedemos con Él, y hace el milagro: inventa la eucaristía. Y es que no son buenas las prisas para las cosas del amor, el amor sabe esperar.

Y es que la Eucaristía es cosa de Amor: es la presencia amorosa de un Dios que se entrega por nosotros: “Considerad la experiencia, tan humana, de la despedida de dos personas que se quieren. Desearían estar siempre juntas, pero el deber -el que sea- les obliga a alejarse. Su afán sería continuar sin separarse, y no pueden. El amor del hombre, que por grande que sea es limitado, recurre a un símbolo: los que se despiden se cambian un recuerdo, quizá una fotografía, con una dedicatoria tan encendida, que sorprende que no arda la cartulina. No logran hacer más porque el poder de las criaturas no llega tan lejos como su querer. Lo que nosotros no podemos, lo puede el Señor. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, no deja un símbolo, sino la realidad: se queda El mismo. (Es Cristo que pasa, 83).

Se lee en el Cantar de los Cantares el sobresalto que le causa al alma la cercanía del Señor: ¡La voz de mi amado! Helo aquí que ya viene, saltando por los montes, brincando por los collados. Semejante es mi amado a una gacela, o un joven cervatillo. Vedle ya que se para detrás de nuestra cerca, mira por las ventanas, atisba por las celosías. (Ct 2,8-9). Ha sido frecuente ver en esas ventanas o celosías a las que se refiere el Cantar, una imagen de la Eucaristía. Es como Dios se asomase desde el cielo y por medio de las celosías o ventanas formadas por un mosaico de los miles de sagrarios del mundo, nos buscara. Sí, es la imagen de un Dios enamorado que nos busca y nos espera, e inventa la Eucaristía para poder llegar hasta nosotros.

“No te olvides del Señor, tu Dios, (…) que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres” Estas palabras parecen estar escritas para los hombres-niños. No negaremos la importancia de los poderosos y grandes medios humanos, pero en lo referente a la salvación nada pueden hacer. No existe poder en toda la tierra capaz de vencer a la muerte y asaltar el Cielo. Efectivamente, en lo referente a la salvación, somos como niños pequeños que han de ser alimentados y limpiados, solo cuando aprendemos a abandonarnos indefensos puede alimentarnos el mismo Dios y cambiarnos los pañales en el sacramento del Perdón.

“Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”. Solo el hombre-niño entiende estas palabras que la Iglesia hace suyas cuando afirma que faltar a misa un domingo constituye un pecado mortal, es decir se nos priva del alimento necesario para la Vida Eterna. El hombre-autónomo no las puede entender porque en el fondo piensa que puede salvarse a sí mismo… Cualquier bebé sabe instintivamente que si no se abraza a los pechos de su madre morirá. Y cualquier cristiano sabe que Dios alimenta a sus pequeños, porque Salvación y Eucaristía son, exactamente, lo mismo.

¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta Pascua! (Lc 22,15) El hombre-niño también sabe que Jesús desea llegar a su corazón, que ansía la celebración de la eucaristía… Al parecer una de las principales necesidades del hombre es la necesidad de sentirse amado y aceptado. Pues bien, Juan Pablo II nos recuerda que el acto de comulgar, no es tanto que tú lo recibas a él, sino que él te recibe a ti. Te das cuenta: “Él te recibe”… ¿Existe mejor modo de expresar que Él nos acepta y nos ama?… Celso, un filósofo pagano del año 178 para burlarse de los cristianos, a los que consideraba unos locos, decía: “Creen que Dios se transformó en uno de ellos y que pueden fundirse con él en el banquete eucarístico”. Pero no somos los cristianos los que estamos locos, es en realidad Dios mismo quien parece haberse vuelto loco. ¿Acaso no es la eucaristía una manifestación de la locura de Cristo, del loco amor que nos tiene…, del amor que te tiene? Por eso, es muy importante que creas en este Amor, que creas que Él ansía llegar a ti en la eucaristía. Y que al igual que una madre buena sufre “el tormento de la espera” del hijo que no llega, así pero infinitamente más, todo un Dios, sufre por ti cuando no te llegas bien preparado algún domingo. Cuando descubrimos esto, entonces ya no podemos vivir sin la eucaristía.

Madre Mía que nunca deje de prepararme para poder comulgar bien el Pan Nuestro de cada día.

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