No digas ‘cuídate’, es mejor: ‘yo te cuido’.

cuidarse.jpgMe ha hecho reflexionar este artículo de Pablo Cabellos Llorente, en Las Provincias: No digas ‘cuídate’, es mejor: ‘yo te cuido’.  Y no le falta razón:

“Cuídate”. Es una moda educada. Es una sugerencia amable por parte de quienes te quieren bien. Un detalle de buen decir. Pero es una trampa. ¿No sería más afectuoso decir yo te cuido, te cuidamos, te acompaño al médico, te quito tal faena porque yo te la trabajo mientras descansas un poco? Pero no: lo que se lleva es el “cuídate”. Cuidamos el medio ambiente, evitamos el calentamiento del planeta, atendemos a los animales y plantas, preservamos nuestra casa del viento sucio…, pero tú: cuídate. Tú mismo. Y nos quedamos mejor que bien, porque hemos practicado la cortesía al hablar o escribir a quien presuntamente queremos bien.

La palabra cuidar significa poner atención a algo o alguien y viene del latín cogitare = “pensar”. Por eso, es más correcto y verdadera muestra de cariño emplear el verbo “cuidar” en sentido transitivo y no reflexivo. El Papa Francisco, buen conocedor del lenguaje del corazón, un “experto en humanidad”, lo emplea bien cuando dice:

“Les quiero pedir un favor, caminemos juntos todos, cuidémonos los unos a los otros, cuídense entre ustedes, no se hagan daño, cuídense la vida, cuiden la familia, cuiden la naturaleza, cuiden a los niños, cuiden a los viejos, que no haya odio, que no haya pelea, dejen de lado la envidia, dialoguen entre ustedes, que este deseo de cuidarse vaya creciendo en el corazón y acérquense a Dios”. Papa Francisco

El Papa Francisco nos está recordando en este Año Santo este nobilísimo menester de cuidar a los demás, de cuidarnos unos a otros, porque de algún modo todos somos vulnerables e indigentes… Y recuerda que Al atardecer de la vida, escribió san Juan de la Cruz, se nos examinará del amor; se nos preguntará por el cuidado que hemos tenido con los demás. Por cierto, no se nos preguntará acerca de las veces que hemos dicho: “cuídate”.

La valentía de Cameron

En el mensaje de Navidad David Cameron –anglicano, es decir, de la Iglesia de Inglaterra-, tanto las afirmaciones como los reconocimientos que hace, podrían ser referidos, casi palabra por palabra, a la Iglesia Católica. Pero para decir algo así -que sería de justicia reconocer en el ámbito católico-, hace falta valentía. La ausencia de referencias religiosas en los mensajes navideños en los países de tradición católica, llama la atención. En fin, mucho miedo y… en consecuencia, mucha injusticia.

Más abajo copio el texto -en el vídeo también aparece-: Seguir leyendo “La valentía de Cameron”

Artículos sobre el SÍNODO DE LA FAMILIA 2015

Listado de algunos de los mejores artículos que he encontrado sobre el reciente Sínodo de la Familia:

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Chocas con el carácter de aquel o del otro…

Camino 20Chocas con el carácter de aquel o del otro… Necesariamente ha de ser así: no eres moneda de cinco duros que a todos gusta.
     Además, sin esos choques que se producen al tratar al prójimo, ¿cómo irías perdiendo las puntas, aristas y salientes —imperfecciones, defectos— de tu genio para adquirir la forma reglada, bruñida y reciamente suave de la caridad, de la perfección?
     Si tu carácter y los caracteres de quienes contigo conviven fueran dulzones y tiernos como merengues, no te santificarías.

Tal vez gravite en la redacción de este punto el recuerdo de don Elías Ger Puyuelo, profesor de Instituciones Canónicas en el Seminario de Zaragoza. San Josemaría tuvo siempre una alta estima por este sacerdote, prudente y gran conocedor de las almas, y don Elías también estimó mucho a su alumno. En un momento de contradicción para el futuro Autor de Camino, el profesor contó en plena clase esta «parábola»:

«Había una vez un comerciante que compraba canela en rama, y luego la pasaba por un molino de bolas muy bueno, que la convertía en polvo finísimo. Tenía un inconveniente, y es que cada vez que se estropeaba una de las bolas tenía que pedir ex professo el recambio a una fábrica de Alemania.

Hasta que un día se le gastaron todas las bolas y, cansado de tener que esperar a que llegaran de aquel país, se fue al lecho de un río, y tomó tres cantos rodados, duros como el pedernal, de tamaño más o menos parecido a las bolas originales. Los metió en el molino, y empezó a darles vueltas y vueltas… Al cabo de quince días, estaban pulidos y redondos como las bolas alemanas, y molían la canela perfectamente. (…)

De esta misma manera hace Dios Nuestro Señor con las almas a las que quiere. ¿Me entiendes, Escrivá?, concluyó don Elías». Seguir leyendo “Chocas con el carácter de aquel o del otro…”

La esperanza, es lo último que se pierde

esperanzaSegún el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la esperanza es el “estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos”. Se trata de un estado de ánimo que nos invita a la acción, nos da las fuerzas y ánimos suficientes para perseverar y seguir esforzandonos en lo que hacemos. Esta es la cara de la esperanza.

¿Pero que ocurre si tras un esperanzador esfuerzo, si tras un duro trabajo en pos de ese deseo, éste se aleja y aleja más y más, como el tren que parte sin demora y se empequeñece hasta perderse más allá de la línea del horizonte? Ocurre que llega la decepción, la desconfianza, la desesperación, la desilusión. Es la cruz de la esperanza.

Entonces, ¿Qué hacer? ¿Nos dejamos llevar por la esperanza o vivimos totalmente desesperanzados? Federico García Lorca, el poeta granadino, sentenció: “El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida”... Por eso, lo que nunca se debe hacer es dejar de lado la esperanza.

Lo que conviene y mucho es ser realistas a la hora de seleccionar nuestros sueños y objetivos. Ser optimistas y sensatos a la vez, a la hora de cimentar nuestras esperanzas y de valorar los medios que tenemos para logarlas; y así luego, trabajar con empeño para darles cumplimiento.
Y si a pesar de todo llegara el fracaso, si después de todo nuestro esfuerzo la esperanza que nos guió se esfuma, recuerda la siguiente cita de Ghandi: “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.” Si has hecho todo lo posible, si te has esforzado al máximo puedes estar tranquilo. Y recuerda que siempre “la esperanza es lo último que se pierde”.

La sonrisa…, sí, siempre la sonrisa!

1ª

La primera Discípula

paz interiorAyer fue la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz y hoy es Nuestra Señora de los Dolores; sí, ella sigue de cerca como buena discípula las huellas del Maestro.

Tu y yo también queremos ser sus discípulos, y teniendo en cuenta que el discípulo no es más que el maestro y que nuestro Maestro se sacrificó y ofreció este su sacrificio en expiación de unos pecados que no eran suyos, ¿no es razonable que nosotros aprendamos a sacrificarnos, y a ofrecer a Dios nuestros sacrificios por unos pecados que sí son nuestros? El sacrificio de nuestra pereza, de nuestra sensualidad, de nuestra comodonería; el sacrificio de nuestra inútil curiosidad cuando nos interesamos por lo que no nos importa; el de la imaginación, obligándola a que esté donde debe; el de los sentidos, impidiendo que estén derramados como ventanas abiertas a toda la algarabía de voces sin rostro que sofocan las llamadas del Espíritu Santo, el sacrificio de esos pequeños o grandes caprichos, que nos apartan de lo que se debe hacer para hacer lo que no se debe, simplemente porque nos gusta; el del amor propio, evitando las discusiones y las réplicas hirientes y sabiendo pasar por alto pequeñeces sin importancia; el del mal genio, y de la impaciencia, y de la susceptibilidad, y sonreír ante las contrariedades. Ésos son los sacrificios agradables a Dios, los que el Señor acoge con complacencia para unirlos al suyo, porque son la expresión de una buena voluntad que se traduce en obras, tal como san Agustín (citado por santo Tomás) escribió: «Sacrificio verdadero es todo aquello que se practica a fin de unirse santamente a Dios». [Fuente: El sacrificio del altar de Federico Suarez]

¡Bien! Empecemos… ¡Nuestra Señora de los Dolores ayuda a tus hijos!