Necesitamos de la mortificación para lograr el dominio de sí

deporte.jpgEl deporte es para muchas personas una gran ayuda en la formación de su equilibrio. Es sabido que disminuye el estrés, apacigua las tensiones interiores y hace más fácil el dominio de sí, especialmente para moderar las pasiones. Por ejemplo, sirve para aliviar el nerviosismo o la angustia profesional. Hay un período de la vida en el que es recomendable dedicarse a una práctica deportiva de modo habitual, por ejemplo una vez o dos a la semana. Algunas personas van más allá, hasta profesar un verdadero culto al deporte. Al margen de unas exageraciones que llegan a considerar la afición colectiva al fútbol como una «peste emocional», o de otros ejercicios físicos propensos a las patologías, el sentido del esfuerzo e incluso del dolor físico forma parte del aprendizaje que proporciona el deporte.
La vida cristiana se puede comparar con el deporte. Seguir leyendo “Necesitamos de la mortificación para lograr el dominio de sí”

Una cosa es sentir, y otra consentir… Lo que no conviene de ningún modo es dialogar

sentiry consentir.jpg¿Cómo discernir lo que es pecado de lo que no lo es? En este tema hay que saber distinguir el sentir del consentir. Por ejemplo, cuando se dilata la pupila del ojo, se puede ver sin haberlo buscado: ha sido provocado automáticamente por una bajada en la intensidad luminosa del ambiente. Lo mismo ocurre con otros movimientos fisiológicos y con determinadas sensaciones. No hay pecado sin consentimiento, y por eso, las reacciones fisiológicas no tienen que turbar el espíritu. Si son provocadas por la tentación no hay que perder la paz, sino al contrario, vivirlas como una prueba que da la ocasión de demostrar el amor que se tiene a Dios. «Una cosa es sentir, y otra consentir. La tentación se puede rechazar fácilmente, con la ayuda de Dios. Lo que no conviene de ningún modo es dialogar» [18].
La tentación nos recuerda que necesitamos la ayuda de Dios, que «no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas» (1 Cor 10, 13); y aún más, nos demuestra que en la flaqueza es donde somos fuertes (cf. 2 Cor 12, 10). Por eso, el nerviosismo, la cólera o la angustia que pueden acompañar a una tentación, en el caso de una persona que trata de vivir su fe cristiana coherentemente, no deben inquietar sobremanera: puede tratarse de purificaciones que Dios permite para que nos acerquemos más a Él. Seguir leyendo “Una cosa es sentir, y otra consentir… Lo que no conviene de ningún modo es dialogar”

Aunque la carne se vista de seda, carne se queda…

mirada turbia.jpgEl arte y su falsificación

Hay una pureza de la mirada que depende en primer lugar de la intención, pero que también está relacionada con lo que se ofrece a la vista. El auténtico arte, por la correspondencia de la belleza con la bondad, no ofende a la mirada y lleva a Dios. Entonces, la obra eleva al artista y le hace mejor. Existe una «desnudez casta» cuando el genio del artista sabe representar la nobleza del alma y del cuerpo. Es algo parecido a un buen vaso de vino: resulta excelente para todos, salvo para quien padece de alcoholismo. En definitiva, casi todo depende de la pureza de la mirada. «Omnia munda mundis»: «Todo es puro para los puros; en cambio, para los contaminados e incrédulos no existe nada puro», escribe san Pablo a Tito (Tt 1, 15). Seguir leyendo “Aunque la carne se vista de seda, carne se queda…”

Qué es y qué no es la moral (y 2)

moral-arte-de-vivirAyer veíamos lo que no es la moral. Hoy terminamos esta entrada doble acerca de qué es la moral.

Lo que sí es la moral

En realidad, la moral no tiene nada que ver con todo eso que vimos ayer. O, para ser más precisos, tiene muy poco que ver. Tiene poco que ver con las opiniones, con los sistemas de normas, con las buenas intenciones y con los equilibrios de la convivencia. Tampoco es lo contrario; simplemente no es eso. Pero no nos vamos a entretener en ver por qué no es eso: nos llevaría muy lejos y serviría de poco. Basta con advertir al lector que aquí no tratamos de eso. Así ya está preparado para lo que va a venir, y no le sorprenderá tanto que, con las mismas palabras, se esté hablando de algo diferente.

Si hubiera que dar una definición sencilla de lo que es la moral, de lo que esta palabra significaba cuando se inventó, se podría decir que moral es el arte de vivir. Sin más. Seguir leyendo “Qué es y qué no es la moral (y 2)”

Gloria y servidumbre de Internet

usuarios_esclavos_internet_07.jpgLa gran fuerza de atracción de Internet, y en particular de las imágenes (fotografías y vídeos) que ofrece la red, junto con un relativo anonimato de acceso, reclama una cierta prudencia que actúe como protección de la propia libertad. El dominio de sí es especialmente necesario en el mundo digital. Es un hecho comprobado que la red informática, que en sí es una herramienta magnífica, crea fácilmente adicción y, como las drogas, provoca dependencias psíquicas. En este caso, puede llegar a absorber al usuario de manera vertiginosa, y en cierto modo a hundirlo, aunque inadvertidamente: las personas se hacen prisioneras y desgraciadas al mismo tiempo. Más allá del prudente empleo de filtros y de determinadas medidas relativas a los lugares y los momentos elegidos para consultar Internet, es obvio que lo esencial en este ámbito es la «estructura» interior que hace al hombre maestro de sí mismo y la disposición que depende de una identidad personal bien afirmada. La actitud interior y las ayudas exteriores permiten estar prevenido y ser disciplinado, prudente y celoso de la propia salud psicológica y espiritual. Lo sensato es navegar en Internet con una meta concreta, en el ámbito del propio trabajo o de otro horizonte honrado: evitar la navegación sin rumbo, al capricho del viento, dispuestos a visitar cualquier «isla del tesoro» que se nos pueda presentar.
Internet, que da felizmente una voz a quienes no tienen medios, es también un ámbito de crecimiento en la templanza. Seguir leyendo “Gloria y servidumbre de Internet”

Mirar con mirada limpia, noble y respetuosa, una mirada que no se apropia de lo que pertenece al otro y, en última instancia, a Dios

mirada-limpia2La vista es un don que permite admirar la belleza de la creación y de las obras humanas, pero la ventana de los ojos debe ser objeto de vigilancia. Evitar las ocasiones de pecar, huir de ellas si se presentan, es la actitud fundamental de lo que suele denominarse guardar la vista. Con evidente realismo, el Antiguo Testamento aconseja a los hombres: «No andes curioseando por las calles de la ciudad, ni vagabundees por sus lugares solitarios. Aparta tus ojos de una mujer hermosa, y no mires la belleza que no es tuya. Muchos se perdieron por la belleza de una mujer, de ella brota un amor que quema como fuego» (Si 9, 7-8). Cristo enseña que la mirada impura provoca el adulterio del corazón: «Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón. Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y tíralo» (Mt 5, 28-29). La vista enturbia con gran facilidad al alma, aunque no sea siempre de inmediato. ¿No afirma Pascal que la causa del amor es un «no sé qué» y que sus efectos son aterradores? Y para ilustrar su afirmación, añade: «Si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, hubiera cambiado toda la faz de la tierra».

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«… ni palabras torpes, ni conversaciones vanas o tonterías, que no convienen»

Frases-Para-Hacer-Reir-A-Una-Mujer.jpgCuando el profeta Jeremías se lamenta de la decadencia moral, no solo de los judíos sino de todos los pueblos, nos da una imagen que quedará como la personificación de la muerte como guadaña: «Pues la muerte ha subido por nuestras ventanas, ha entrado en nuestros palacios, para aniquilar a los niños en la calle, a los jóvenes en las plazas» (9, 20). Cesáreo de Arlés, comentando este pasaje a propósito de la pureza, dice que los ojos y los oídos son las ventanas del alma. Imágenes y palabras afectan indudablemente a nuestro espíritu y a nuestra conducta.

¡Las palabras! Huir de la ocasión de pecado es cortar radicalmente las conversaciones inconvenientes. Seguir leyendo “«… ni palabras torpes, ni conversaciones vanas o tonterías, que no convienen»”