Estar alegres y rechazar la tristeza constituye un deber

Captura de pantalla 2017-04-03 a las 12.44.56 p.m..pngUna triple obligación… Estar alegres y rechazar la tristeza constituye un deber. Primero, hacia Dios, porque existe y ha querido que existamos, nos ama con locura y nos ha concedido multitud de bienes y dones, la mayoría desconocidos para nosotros. También nos ha rodeado de una naturaleza magnífica de la que disfrutamos. Permanecer en la tristeza ante estos tesoros recibidos significa ingratitud, incluso desprecio: “guardaos de entristecer al Espíritu Santo de Dios, en el que habéis sido sellados para el día de la redención”. Dios ama nuestra alegría y no es amigo de las tristezas, por eso el reino de los cielos es la felicidad sin fin. Seguir leyendo “Estar alegres y rechazar la tristeza constituye un deber”

De la envidia a la tristeza solo hay un paso

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De la envidia a la tristeza solo hay un paso… Un camino tortuoso y plagado de espinas es la envidia. Quien se interna por un sendero así tiene asegurada la infelicidad. La inquina por el bien ajeno provoca sentimientos malignos que arrastran al rencor. El corazón rencoroso nunca está alegre; le invade una tristeza que a veces se convierte en rabia, otras veces, en autocompasión malsana y puede conducir a la venganza. (F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

Hay placeres que llevan al hastío y a la tristeza

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Hay placeres que llevan al vacío… Satisfacen por el momento, son a veces incluso de larga duración; pero conducen al hastío y a la tristeza. Es así porque los humanos estamos hechos para fines más grandes, para afrontar retos, superar dificultades: cuando nos enfangamos en placeres insanos, se cierran esos horizontes y abren paso a la tristeza y el cansancio de vivir.

Existen placeres saludables en los que hallamos valiosos beneficios que ayudan a vivir. (F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

El juicio de la conciencia

orgullo-y-prejuicio-1Esta entrada forma parte de “el orden de los amores” (parte 3)

Un padre de familia, o cualquier persona que tenga responsabilidad sobre otras personas, aunque esté en una situación extrema, no puede satisfacer su hambre sin pensar antes en el hambre de los que tiene a su cargo. Su hambre no es lo primero, por muy real y verdadera que sea.

  • Sentir hambre –el deseo de comer– puede ser una llamada de atención para que cubramos esa necesidad elemental, sin la cual no podemos sobrevivir. Pero no siempre hay que atender esa voz. No es necesario comer siempre que se siente hambre. Por muchos motivos prácticos, de higiene, de salud y de trabajo, es preferible, por ejemplo, llevar un sistema ordenado de comidas y comer a horas fijas. Tampoco es bueno dejarse llevar en la comida estrictamente por los gustos, porque la dieta debe ser equilibrada y esto exige una alimentación variada, donde lógicamente habrá cosas que gusten más y otras menos. Y no conviene comer hasta saciarse; es decir, hasta que no quede hambre; siempre se ha recomendado lo contrario: es buena medida para la salud levantarse de la mesa con un poco de apetito; de otro modo frecuentemente se come más de lo necesario y se engorda. La inteligencia tiene que poner condiciones a la voz del deseo. Tiene que establecer cuándo, cómo y en qué medida; tiene que conjugar la voz de los bienes y la de los deberes.

Somos limitados: nuestras fuerzas son limitadas y nuestro tiempo también es limitado. Son muchos los bienes que debemos adquirir y muchos los deberes que hemos de atender. No podemos hacerlo todo a la vez. Hay que poner medida y orden de prioridades, tanto en las grandes dedicaciones de tiempo y energía de nuestra vida, como en el reparto diario. Seguir leyendo “El juicio de la conciencia”

Ser motivo de alegría para los demás: ser luz y no cruz

alegria la necesitamos todosCuando Dios hizo el mundo, la Creación entera fue una fiesta, una fiesta grande. De modo particular se puso de manifiesto cuando creó al hombre a imagen y semejanza suya. Salió muy bien de sus manos. Vio Dios que era muy bueno. Hay un gozo contenido en la expresión con que concluye este relato: y vio Dios que era muy bueno cuanto había hecho. Nuestros primeros padres gozaban de cuanto existía y exultaban en amor, alabanza y gratitud a Dios. No conocían la tristeza; ni siquiera podían hablar de ella.

Pero llegó el primer pecado, y con él algo perturbador cayó sobre el corazón del hombre. Fue una verdadera catástrofe para él y para la Creación. La pesadumbre vino a sustituir a una luminosa alegría, y la tristeza se infiltró en lo más íntimo de las cosas. Seguir leyendo “Ser motivo de alegría para los demás: ser luz y no cruz”

La sonrisa no es una expresión inocua, sino la verdad de nuestro corazón

G4462770244761[1]Hay sonrisas que matan… Mordaz, irónica, burlona, cínica, punzante, insolente, necia, improcedente, despectiva, morbosa… Son tantos los valores y significados de la sonrisa que los adjetivos que marcan la malignidad de una sonrisa se pueden multiplicar.

Se ha afirmado que existen tantos modos de sonreír como personas. Conviene reconocer cuál es el propio modo de sonreír; pero, sobre todo, es oportuno matizar bien la intención: todos sabemos que la sonrisa mala hiere. Dañar con la sonrisa está al alcance de todos. La sonrisa que se elige contiene un mensaje casi siempre muy claro, y quien recibe el efecto lo reconoce en el acto, sabe cuál es la actitud de la persona que tiene enfrente, se siente bien o se ve despreciado y se prepara para defenderse de lo que puede venir después.

No se trata de ir derramando sonrisas bondadosas por todas partes, sino de hacer el bien, aliviar el dolor y no causarlo, animar y abrir horizontes, manifestar aprecio y no desprecio.

Nuestros actos y gestos nacen del interior, proceden del corazón, manifestó Jesús a los fariseos que acusaban a los discípulos por comer con manos impuras. La sonrisa no es una expresión inocua, sino la verdad de nuestro corazón.

Es bueno reír y sonreír…

orgullo-y-prejuicio-1.jpgReír y sonreír

Nos dice la Escritura misma que hay un tiempo para reír. El escritor sagrado sugiere que no es oportuna la risa a destiempo. Reír es sano, es bueno. Sin embargo, todos sabemos que a veces reír no es bueno, que es mejor callar, ni siquiera sonreír. Porque los significados de la risa son innumerables. Aunque en un primer momento asociemos risa con felicidad y alegría, son tantos sus significados y valores y tan diferentes como las situaciones que la provocan. Fácilmente nos damos cuenta, la risa es un arma arrojadiza, puede herir, entristecer y amargar a alguien. El motivo de la risa ha de ser noble y el momento, oportuno: sería poco amable reírse de una persona que se cae y puede haberse hecho daño. Asimismo, conviene evitar las carcajadas fuertes y destempladas. Seguir leyendo “Es bueno reír y sonreír…”