La cruz no solo es una prueba de amor, es también el triunfo del amor

cruz-y-amorEn la cruz se destruye el templo verdadero que es el Cuerpo de Cristo, pero ese Cuerpo está llamado a la resurrección. La cruz no solo es una prueba de amor, es también el triunfo del amor. ¿Cómo se habla de exaltación de la santa Cruz? Poco antes de su profecía sobre la atracción de los hombres hacia Él, Cristo oye la voz del Padre, que exalta la aceptación de la muerte por parte del Hijo. En respuesta al abandono filial a la voluntad del Padre y por tanto a la aceptación de la muerte («“¿Padre, líbrame de esta hora?”. ¡Pero si para esto he venido a esta hora! Padre, ¡glorifica tu Nombre!»), Jesús oye la voz del cielo: «¡Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré!» (Jn 12, 27-28). Más tarde, Jesús rogará a su Padre: «Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique» (Jn 17, 1). Asocia de nuevo a su propia muerte su gloria y la del Padre.

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Te vuelves puro, no por ti mismo, sino por Él, que viene a habitar en ti

purezaEl diálogo de Cristo con la samaritana sobrepasa y trasciende la rivalidad entre los dos templos, el de Jerusalén y el del monte Garizim. En efecto, Jesús explica que «llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre». Anteriormente, cuando Cristo expulsó a los vendedores del Templo (cf. Jn 2, 13-22), respondió a una pregunta de los judíos: «Destruid este Templo y en tres días lo levantaré». Juan explica que Jesús «se refería al Templo de su cuerpo» y que los discípulos lo recordaron después de la resurrección. El mismo episodio que fortaleció la fe de los discípulos serviría como causa de la condena del Señor. En efecto, Juan termina diciendo que al volver a su memoria este diálogo «creyeron en la Escritura y en las palabras que había pronunciado Jesús» (Jn 2, 22), mientras que cuando Jesús compareció ante el Sanedrín, su profecía fue interpretada en sentido contrario, partiendo de una cita falseada: «Nosotros le hemos oído decir: “Yo destruiré este Templo hecho por mano de hombre, y en tres días edificaré otro no hecho por mano de hombre”» (Mc 14, 58). Jesús hablaba del Templo de su Cuerpo, del Templo escatológico, de la Iglesia. La tipología del templo presenta un punto de encuentro entre culto y castidad. La idolatría es contraria a la adoración en espíritu y en verdad, no respeta el verdadero templo de Dios que puede ser cada persona, lo mismo que la falta de castidad deteriora su plena unidad, su armonía interior. Cuando el cuerpo y el alma están sometidos a la razón, la persona se convierte en morada de Dios. Y dice san Agustín: «Te vuelves puro, no por ti mismo, sino por el que viene a habitar en ti». (G. Derville en Amor y desamor. La pureza liberadora)

Las siguientes sugerencias te ayudarán a mostrar consideración hacia los demás

amabilidad-juzgarAprender a ser considerado es una de las grandes lecciones que nos ofrece la vida: 
 
—Plantéate algunas preguntas personales.

  • Ponte en el lugar de la otra persona. Si fueras ella ¿cómo verías la situación? ¿Cómo la juzgarías? ¿Cómo te sentirías si lo que estás escuchando en este momento sobre otro lo dijeran de ti? ¿Qué te gustaría que los demás dijeran y pensaran de ti? 
  • Ponte en el lugar de la madre de esa persona, o de algún otro de sus seres queridos. ¿Qué opinión tendría del asunto? ¿Qué desearía? ¿Qué haría?
  • Piensa en Dios. ¿Qué puesto ocupa esa persona a sus ojos? ¿Cuál es su punto de vista respecto a ella? ¿Qué es lo que Dios le pide? ¿Qué te pide a ti aquí y ahora?
  • Responder con sinceridad a preguntas como estas te llevará a ser honesto en cualquier circunstancia. No tardarás en descubrir lo que tienes que pensar y decir, puesto que debes amar y tratar a todo el mundo como a ti mismo. Son preguntas que pondrán de manifiesto lo egoísta que eres, aun sin quererlo, y lo precipitados y superficiales que pueden ser tus juicios.

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El misterio de la generación eterna del Verbo es fuente del sentido de la virginidad

purezaDurante el encuentro con la samaritana, Cristo se acomoda al rumbo que ella da a la conversación. La mujer se queda impresionada porque Jesús conoce su vida; «veo que tú eres un profeta», dice. Aborda luego el tema esencial del culto, una cuestión que precisamente enfrentaba a los judíos con los samaritanos. Jesús vence esa división haciendo una referencia al culto «en espíritu y en verdad». Se podrían leer esas palabras como si llevasen mayúsculas –«en el Espíritu y en la Verdad»–, pues glorificamos al Padre en el Espíritu Santo y en Cristo. 

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El arquetipo de la virginidad está en Dios

pureza2.jpgGregorio Nacianceno no duda en afirmar que «la primera virgen es la Trinidad Inmaculada». Al estar la virginidad íntimamente unida a lo divino, es coherente, según Gregorio de Nisa, que Jesús nazca de una Madre Virgen: «Pienso que la razón por la que Nuestro Señor Jesucristo, fuente de la incorrupción, no vino a este mundo a través de la obra de las bodas, es esta: para mostrar este gran misterio por el modo de su humanización (“enanthropeseos”, literalmente: el hecho de hacerse humano, humanizarse), es decir, para mostrar que solo la pureza es capaz de acoger la manifestación y venida de Dios». El arquetipo de la virginidad está en Dios: la virginidad originaria de Adán y Eva en el paraíso terrenal, refleja en la creación la virginidad de Dios. El amor de Dios por los hombres se expresa así, no solo por la encarnación sino también por la virginidad que Dios concede a quien Él quiere.

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Esfuérzate por ser más generoso con los demás

generosidad.jpgLa humildad exige generosidad. Quien es noble y santo está pendiente de los demás y de buscar su bien. San Pablo insiste en esta otra cualidad de la caridad: buscar «no el propio interés, sino el de los demás». Puesto que la caridad empieza por uno mismo, perseguir el bien propio no es algo condenable, pero no hay que detenerse ahí. El recto amor a uno mismo es la regla del amor fraterno, ya que se nos manda amar al prójimo como a nosotros mismos. Lo que merece censura es el interés exclusivo en uno mismo. 
«Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús», dice san Pablo. El objetivo de que nuestros sentimientos se parezcan a los de Cristo es, además de una noble ambición, un privilegio extraordinario. Si piensas en los «sentimientos de Cristo» hacia ti —cómo en toda circunstancia de tu vida vela por tu interés cuando podría dejar que la justicia siguiera su curso—, estarás más dispuesto a comportarte con humildad de espíritu en tu trato con el prójimo.

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Aspira a pensar,sentir y obrar como lo haría el mismo Jesús

humildadLa voluntad del Padre encuentra la cumbre de su cumplimiento en la Cruz. San Pablo lo indica cuando nos invita a tener los mismos sentimientos de Cristo, «obediente hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2, 8). Para un cristiano, cualquier virtud –incluida la castidad– es inseparable de esta aspiración a pensar, a meditar, a hacer proyectos que se adecúen a los del mismo Jesús. El verbo griego «froneo» que emplea san Pablo (Flp 2, 5) y que nosotros traducimos por la idea de «compartir los sentimientos», recuerda el vínculo que, en un mismo Cuerpo, une a Cristo Cabeza con nosotros, sus miembros. A la intención personal se añade la condición misma de ese deseo de unión de los sentimientos.

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