La huella de su amor

El sábado pasado me invitaron unos familiares de Oviedo. Estuvimos comiendo, bebiendo, riendo y recordando juntos cosas de familia; en definitiva, nos lo pasamos muy bien.

Y es que a los cristianos nos gusta comer, beber y reír, como al que más. Por eso vivimos y disfrutamos de las cosas buenas de la vida sin ninguna mala conciencia, al revés, dando gracias a Dios por ello.

Por eso, hoy, al leer las bienaventuranzas, de las que Benedicto XVI afirma son como una biografía de Jesús,  he pensado que él disfrutó de las cosas buenas de la vida y también fue pobre, lloró y tuvo hambre y sed, y sufrió… Pero como un común denominador de ambas realidades, las vivió con un Amor infinito. Y he entendido mejor las bienaventuranzas.

Sí, disfrutar de las cosas buenas y agradables de la vida, es cierto, nos llenan y satisfacen, pero hasta cierto punto, no logran hacernos felices definitivamente. Sólo el amor nos hace felices en verdad. A mayor amor más dicha.

Por eso, los cristianos,  no es en el gozo ni el dolor donde encontramos la felicidad, sino en las huellas de amor que Jesucristo ha dejado impresas en las alegrías y los dolores de los hombres. Cuando disfrutamos, disfrutamos de lo bueno y de su Amor.  Cuando sufrimos, sufrimos por lo malo pero con su Amor. Porque en el momento de la Cruz está solo el amor de Jesús como fuente de consuelo y de paz. Y es en esa intimidad de amor con él, cuando se nos acerca ya algo de la bienaventuranza del Reino.

 

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La agencia tributaria del Cielo

Era una cuestión de impuestos: “¿Pagamos o no pagamos?”. Jesús les puso frente a un denario, la moneda del impuesto, y dijo: “¿De quién son esta imagen y esta inscripción?”. Le contestaron: “Del César”. “Pues dad al César lo que es del César”… cuestión resuelta. Lo que no quedó tan claro fue lo que siguió: y “Dad a Dios lo que es de Dios” . A la hora de pagar lo debido a Dios ¿Cuál será el tributo de Dios? Veamos, lo mandado, lo leíamos hace unos días, era:

Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón: es decir, el porcentaje aplicable es del 100%. Esto quiere decir que ningún amor humano debe estar al margen del Amor de Dios. Tus cuentas están en orden si cada vez que amas más a “los tuyos” amas también más a Dios.

Con toda tu alma ¿Guardas en tu alma alguna zona solo para “tus cosas” y allí no entra Dios? Lo siento, pero te conviene que un “inspector tributario” precinte ese local. Pero si el Amor de Dios reina en cada rincón de tu alma, quédate tranquilo, todo está en orden.

Con toda tu mente ¿Te distraes continuamente en la oración y la mente se va a “tus cosas”? Algo hay por ahí pendiente de entregar. Pero si, por el contrario, estando en “tus cosas” se escapa a Dios tu imaginación, tranquilo, todo está en orden.

Con todo tu ser… Tú ¿de qué vas por la vida? Si me dices que eres un buen chico que procura ir a a misa los domingos, algo falla. Si me dices que eres un hijo de Dios que procura con su vida dar gloria a Dios, puedo asegurarte que te va a salir a devolver tu declaración. Enhorabuena, porque te devolverán cien veces más en Amor y gloria eterna.

A mi no me tose nadie

BC7_Ma4CAAARUpeEn términos generales, podríamos decir que la gran carencia del cristiano de nuestros días es la vida interior.Y si hubiera que buscar sus causas, cabría decir que son la soberbia y las riquezas. El cristiano moderno lleno de sí mismo y repleto de cosas, se siente vacío de Dios. Y aunque intenta remediar ese vació con devociones externas, sabe que tendría que vaciarse por dentro, y eso es a lo que no está dispuesto. Quizás por eso la verdadera alegría está cada vez más ausente.

Les envió otro criado; a éste lo insultaron y lo descalabraron…los fariseos vieron que la parábola iba por ellos. Y por nosotros. Los fariseos eran personas religiosas pero, como nosotros, no soportaban que nadie les dijese lo que debían hacer. No te parece curioso que a muchos de los que les gusta la religión les disgusta la obediencia. Es como si dijeran: “Bueno, vale, haré lo que Dios quiere, pero yo me entiendo con Él. En realidad, Dios soy yo”.

Lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían… Y es que, Señor, en este mundo en el que todos saben muy bien lo que tienen que hacer, si algo no soportamos es que nos tosan.