Tiene algo de misterioso el “abrirse” del alma


abrir-las-puertas-del-almaTiene algo de misterioso el “abrirse” del alma: 

“Se abre el alma a quien se quiere, al amigo íntimo, al hermano. Y se abre el alma, para recibir, cuando menos, interés, comprensión, afecto”. (Javier Echevarría en “Getsemaní”, pg. 72)

Dar consejo al que lo necesite. Una gran obra de misericordia. Pero para lograr un diálogo sincero, un importante elemento requerido y algo olvidado es la confianza total en el que escucha, y  que presupone en éste: total lealtad y discreción absoluta. Generalmente también es necesario un periodo más o menos largo de trato y conocimiento mutuo que puede ir creciendo escalonadamente. Conforme crece la intimidad en el trato y se percibe la sinceridad e interés en el que escucha es más fácil abrirse y pedir consejo. Por eso, otro elemento clave es la perseverancia en el trato, de una manera u otra (cartas, citas, paseos, llamadas…). Seguir leyendo “Tiene algo de misterioso el “abrirse” del alma”

Un tropiezo

vaartkapoen-una-estatua-un-policia-belga-trop-L-aTX_FPSerían cerca de las once de la mañana. Estaba con la azada en la mano desde las cinco, y ahora el cansancio se desparramaba por su cuerpo lo mismo que el sudor que lo deshidrataba dejándole huellitas de sal al secarse. Tenía sed y esperaba llegar cuando antes a su rancho para refrescarse bajo el chorro de agua de la bomba y beber después despacio y a sorbos lentos. Conocía los peligros del agua fresca para el que la bebe con ansia y con el cuerpo recalentado por las faenas del campo.

Decidió acortar el camino. En lugar de hacerlo por la pista que bordeaba un rastrojo viejo lleno de malezas, lo cortó derecho por entre el alto pastizal y la gramilla espesa. Con la azada al hombro, y arrastrando a medias sus viejas alpargatas, trataba de avanzar por entre el malezal donde el año anterior había tenido la huerta. Iba distraído de lo que hacía y concentrado en lo que le esperaba. Ni tiempo tuvo de darse cuenta, cuando sus pies tropezaron en un gran bulto que estaba escondido entre el pastizal. Seguir leyendo “Un tropiezo”

¿Piedra brillante o tierra fecunda? ¿Qué eres tú?

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El agua, en las piedras, moja pero no cala. Las piedras mojadas brillan, y, si son lisas, como los cantos rodados, reflejan el sol. Pero el mismo sol que se refleja en ellas las seca al poco tiempo, y vuelven a ser sólo piedras. Su brillo era el de la mentira, el de lo fugaz, el de lo que hoy es y mañana ya no es. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad.

   Con la tierra todo es distinto. Cuando se moja, es fea. Se forman charcos y no puedes pisar sin ensuciarte. Sin embargo, cuando se seca, no pierde el agua. La guarda en su interior y se deja fecundar en secreto. Luego surgen hierba, plantas, árboles y fruto. La tierra no miente; calla. Es distinto. Cayó en tierra buena y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.

   No quieras ser como las piedras. No te luzcas en manifestaciones externas de piedad fingida para brillar ante beaturrones. Sé como la tierra: guarda la Palabra en tu interior, recógete, no quieras brillar. Deja que Dios entre en ti, te rompa por dentro, y aflore Él (¡no tú!) en una vida santa.

Autor: José-Fernando Rey

Humildad y sencillez

1PapaMovilPaseoMe gusta este Papa, es muy sencillo y humilde. En este sentido me han emocionado especialmente algunos episodios de este último viaje a Sri Lanka y Filipinas. Claro que su maestro es Cristo mismo. Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas (Mt 11, 29; cfr. Surco, 261)… Un Dios hecho hombre que contemplamos en la humildad de Belén, en su trabajo manual en Nazaret, en la sencillez de su vida pública, y en la impresionante humildad de la Pasión y en el Sagrario… ¡Qué difícil es ese ocultarse y desaparecer!  Seguir leyendo “Humildad y sencillez”

Un cocktail fatal

soberbia-1La soberbia es un producto tóxico, en estado puro o en cocktail. Pero, en estado puro, es fácil de reconocer y se elimina con una buena dosis de humildad. En cocktail es más complicado.

El cocktail de soberbia más letal es el que la mezcla con religión. Sabe a piedad, huele a espiritualidad, tiene el color de la tolerancia… Pero es como beber nitroglicerina. Mata a quien lo bebe y a las personas de alrededor, quienes tienen por piadoso al intoxicado. Es el bebedizo de quienes rezan y lo saben todo. Jesús tuvo que vérselas con personas así: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.

El cóktail de soberbia y ateísmo es vomitivo, pero al vomitarse el ateísmo se vomita la soberbia. Sin embargo, con piedad como excipiente, la soberbia se asimila. El intoxicado, además de perderse, pierde a quienes lo siguen pensando que los lleva a Dios. La culpa es suya, por no preguntarle a qué dios los lleva. Si hubieran preguntado, habrían visto que el religioso soberbio todo lo sabe, todo lo juzga, todo lo critica. Él es dios.

Autor: Femando Rey

Paul Piff: ¿el dinero te hace malvado?

Es increíble lo que puede revelar un juego amañado de Monopolio. En esta entretenida pero aleccionadora charla, el psicólogo social Paul Piff comparte su investigación sobre cómo se comporta la gente cuando se siente rica.  Afirma que: “A medida que aumentan los niveles de riqueza de una persona, sus sentimientos de compasión y empatía bajan, y sus sentimientos de derecho, del merecimiento, y su ideología de auto-interés aumenta”. Pero aunque el problema de la desigualdad es un reto complejo y difícil, también hay buenas noticias. (Filmado en TEDxMarin).

Las “circunstancias externas”… y yo

sus ojos están con sus pensamientos 1897¡Cuántas veces, culpamos a las circunstancias externas de nuestras faltas y tristezas! «En mi casa no se puede vivir, en el trabajo me persiguen, los políticos me hacen perder los nervios, con este frío no hay quien pueda»… Es como si añorásemos una época dorada en la que todo esté a favor… Pero esa época dorada nunca llega. Entre tanto, seguimos pecando y continuamos tristes. ¡Qué culpa tenemos nosotros, pobrecitos!

Sin embargo, nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.

Imagina lo imposible: que llegase a tu vida esa “época dorada”. Y descubrirías que, aún entonces, sigues pecando y sigues triste. Ojalá que así te dieras cuenta de que tus enemigos no estaban fuera, sino dentro, y de que has perdido mucho tiempo culpando a las circunstancias.

La gran batalla de la vida debe librarse en el corazón. A un corazón limpio y amante de Dios se le puede hacer sufrir, pero hasta en el sufrimiento encuentra gozo y mantiene la paz. Sin embargo, el egoísta no estará satisfecho ni en el mismo Cielo… ¡Ánimo, deja de quejarte, y conviértete de una vez!