No seas gente. Sé amante, enamorado, apasionado y loco

enamoradaAunque san Lucas cuenta por miles (eran unos cinco mil hombres), hoy se cuentan por millones las almas que se acercan a recibir el Pan de vida. Sin embargo, nada hay en la Iglesia más íntimo, secreto y personal que la comunión. Nos hace a todos uno, pero en cada alma se vive una aventura jamás sucedida.

Escribo para quienes aman. Hay quien comulga en pecado, y hace con el Cuerpo de Cristo lo que hicieron quienes lo crucificaron. Hay quien comulga como el que come pan, y en su alma no sucede absolutamente nada, salvo la soledad de un Cristo recibido con frialdad. Hay quien comulga como quien deglute en una comida familiar, mirando hacia fuera, mientras el Dueño de la casa pasa inadvertido.

    Se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente… En las manos de los sacerdotes ha puesto Dios el Pan de vida. Pero, cuando ese Pan llega a ti, no seas gente. Sé amante, enamorado, apasionado y loco. Recibe con amor a quien en Amor viene. Convierte cada comunión en un momento irrepetible… Y, si puedes, comulga todos los días. ¿No se besan cada día quienes de verdad se aman?

Autor: José-Fernando Rey

La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico

14546_adoracion_eucaristica.jpgArrodillarse o inclinarse profundamente en señal de adoración al Señor expresa de una forma viva nuestra fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Hacer la genuflexión al pasar por delante del Sagrario. (Anécdota: en una iglesia entró un profesor con sus alumnos y al pasar por delante del sagrario todos iban haciendo su genuflexión, al verlo el párroco le comentó al profesor: “ese gesto es más pedagógico para los fieles que una encíclica sobre la eucaristía”).

El Sagrario (tabernáculo) surgió como un lugar para guardar dignamente la Eucaristía que iba a ser llevada a los enfermos y aquellos que no podían participar de la misa. Con el tiempo, la Iglesia fue tomando conciencia del sentido que tenía la adoración silenciosa del Señor presente bajo las especies eucarísticas en el Sagrario y fue situándose en un lugar específicamente digno de la iglesia; y se fue adornando y ennobleciendo para manifestar la verdad de la presencia real de Cristo. Recuerdas la escena: Aquella mujer que en casa de Simón el leproso, en Betania, unge con rico perfume la cabeza del Maestro, nos recuerda el deber de ser espléndidos en el culto de Dios. –Todo el lujo, la majestad y la belleza me parecen poco. –Y contra los que atacan la riqueza de vasos sagrados, ornamentos y retablos, se oye la alabanza de Jesús: “opus enim bonum operata est in me” –una buena obra ha hecho conmigo (Camino, 527). Los santos han sido siempre cuidadosos con el culto porque así manifiestan su cariño de enamorados. Los que se aman se obsequian con cosas de valor, para expresar así la medida de su amor: Los enamorados no se regalan trozos de hierro ni sacos de cemento, sino cosas preciosas: lo mejor que tienen: cuando ellos cambien, cambiaremos de parecer nosotros (san Josemaría). Seguir leyendo “La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico”

Si tu corazón está sediento de alegría, haz el bien a los demás

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Ya lo dijimos, la alegría se fundamenta sobre tres virtudes (esperanza, fortaleza y caridad fraterna).

La esperanza es la virtud que te hace mantener la mirada fija en el cielo, que es la meta de tu vida; una meta que estás seguro de poder alcanzar a través de los méritos, las promesas y la fidelidad de Jesucristo. Estás alegre porque lo que te aguarda es algo maravilloso. La esperanza es una virtud sobrenatural infundida en el bautismo, pero su eficacia depende de tu esfuerzo y de la repetición de actos. No puedes estar alegre si caes en los vicios que se oponen a la esperanza, como la desesperación, que consiste en rendirse ante la idea de que el cielo no se puede alcanzar y que los sufrimientos del infierno son inevitables. Santa Teresita del Niño Jesús solía decir: «Nunca podemos esperar demasiado de Dios, quien es a la vez misericordioso y omnipotente».
La mundanidad, que nos induce a disfrutar de cualquier placer posible aquí y ahora, conduce a la tristeza, ya que no existe placer en este mundo capaz de satisfacer plenamente el corazón del hombre. También conduce a la envidia, la avaricia, la impureza y a toda causa de tristeza.  Seguir leyendo “Si tu corazón está sediento de alegría, haz el bien a los demás”

¿Qué sería de ti si no fueras cada vez más niño?

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Tu triste experiencia cotidiana está llena de tropiezos y caídas. ¿Qué sería de ti si no fueras cada vez más niño? No quieras ser mayor. —Niño, y que, cuando tropieces, te levante la mano tu Padre-Dios. San Josemaría, Camino, 870

La SS. Trinidad o la tarjeta de visita de Dios

trinidad de la tierraDel Padre al Hijo, y del Hijo a mi alma… De mi alma al Hijo, y del Hijo al Padre… Así fluye el Espíritu, persona divina que une en Amor a dos personas divinas y a un pobre pecador que no ha hecho más méritos que el de ser inexplicablemente amado.

    Tomará de lo mío y os lo anunciará. Lo dice el Hijo, y lo dice para ti y para mí. La Santísima Trinidad no es un misterio de pizarra, ni una ecuación de enésimo grado para ser resuelta por cabezudos con cerebro pitagórico. La Santísima Trinidad, para ti y para mí, es nuestra familia, nuestro hogar y nuestro Amor. «Tres personas divinas y un solo Dios verdadero». Es verdad. Pero ésa es la tarjeta de visita que presenta Dios a los extraños. Para los hijos, la formulación es otra: Papá, Jesús, Amor… Ya está. Seguir leyendo “La SS. Trinidad o la tarjeta de visita de Dios”

Los golpes son necesarios para arrancar lo que sobra

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Los golpes son necesarios para arrancar lo que sobra del gran bloque de mármol. Así esculpe Dios en las almas la imagen de su Hijo. ¡Agradece al Señor esas delicadezas! San Josemaría. Via Crucis, 6

La castidad forma parte de la vocación humana

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Cada persona tiene una vocación específica que está llamada a descubrir y a construir durante toda su vida. Esta vocación es, al mismo tiempo, una llamada de Dios y una elección libre: se concreta con el tiempo. En parte, depende de nuestra magnanimidad. Hay circunstancias que es preciso saber captar, decisiones impulsivas, el gusto por el riesgo, o al contrario, la tendencia a evitar todo que lo podría complicarnos la existencia, aunque solo fuera un poco. Tejemos nuestro destino como la araña su tela, decía François Mauriac. La vida, de la cual somos en parte responsables, nos enseña quiénes somos y nos va forjando.

La vocación es una luz: abordar la existencia desde esta perspectiva da sentido a todas las situaciones. La vocación es también una fuerza para emprender, una palanca de apoyo. Otorga un motivo a la vida y proporciona gran seguridad: se sabe adónde se va. Esta certeza no tiene precio. (…)

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