La castidad conyugal en una gracia


castidad conyugalLa castidad conyugal es una gracia.
En su comentario del capítulo 5 de la Epístola a los Efesios, especialmente del hecho de que los esposos se encuentran «sometidos los unos a los otros en el temor de Cristo» (Ef 5, 21), Juan Pablo II reconoce «una forma espiritualmente madura» de la fascinación recíproca «del hombre por la feminidad y de la mujer por la masculinidad». Añade que «la madurez espiritual de esta fascinación no es otra sino el fructificar del don del temor, uno de los siete dones del Espíritu Santo, del que ha hablado san Pablo en la Primera Carta a los Tesalonicenses (1 Tes 4, 4-7)». Así, «al exhortar a los cónyuges a que se sometan los unos a los otros “en el temor de Cristo” (Ef 5, 21), y al animarles luego al “respeto” en la relación conyugal, parece poner de relieve –conforme a la tradición paulina– a la castidad como una virtud y como don». La virtud y el don conducen a la auténtica libertad, por ser más fuertes que la concupiscencia
. (G. Derville en Amor y desamor. La pureza liberadora)

Easy Does It & Sister Moonshine Roger Hodgson composer songwriter (Supertramp co-founder)

Hace tiempo que no ponemos vídeos musicales en el blog. Aquí os dejo con este de Roger Hodgson: en un momento de la canción se dice “And if you know who you are, You are your own superstar” (Y si sabes quién eres, tú eres tu propia superestrella).

Procura ser conciliador en vez de conflictivo

no complificto si conciliadorLa caridad exige la unidad de pensamiento. San Pablo exhorta a los filipenses a tener un solo espíritu, es decir, a pensar del mismo modo y a amar las mismas cosas, con una única alma y un único sentimiento. «Colmad mi gozo», dice, «con vuestro mismo sentir, con vuestra misma caridad y concordia y con vuestros mismos anhelos». Olvidando las cadenas que le atan a su celda, san Pablo siente la preocupación de acabar con las disensiones que agitan a los cristianos y les recuerda que, siendo tantas las cosas que los unen, deben dejar a un lado lo que los divide. Han pasado veinte siglos de cristianismo y este urgente llamamiento no es hoy menos oportuno.
«Un solo corazón y una sola alma» fue el lema de los primeros discípulos de Cristo. La unidad les valió el reconocimiento de los paganos por su llamativo amor fraterno.
A la luz de esta exhortación, examina tu unidad de espíritu con el prójimo, sobre todo en lo que es lícito. Eres una persona conflictiva si discutes a menudo con los demás, si riñes con ellos y sueles encontrarles defectos.
No perturbes nunca la paz con tus tendencias egoístas y tu predisposición a discutir. Haz un esfuerzo por acostumbrarte a reconocer las cosas buenas de quienes trabajan contigo y de quienes tratas en tu vida social, en lugar de intentar egoístamente que todo gire alrededor de tus gustos y tus antipatías.
(L. G. Lovasik en El poder oculto de la amabilidad)

Pide a Dios la virtud de la pureza, para tí mismo y para los demás

lucha fuerza pedir.jpgLa vida es un gran río cuyas aguas no son tan puras ni tan tranquilas como los torrentes de paz del mundo nuevo, la Jerusalén celestial anunciada por Isaías (66, 12). Pascal pensaba sin duda en esta profecía cuando alude a los ríos de inmundicia que corren aquí abajo y nos pone en guardia contra las tres concupiscencias (cf. 1 Jn 2, 16): «Todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida. Libido sentiendi, libido sciendi, libido dominandi. Desgraciada la tierra de maldición que estos tres ríos de fuego abrasan, más que regar. Bienaventurados los que permanecen en estos tres ríos, no sumergidos, no arrastrados, sino inmóviles y firmes; no en pie, sino sentados en un asiento bajo y seguro, del que no se levantan antes de la luz sino después de haber reposado en paz; tienden la mano al que debe levantarles para hacerles permanecer en pie y firmes en los atrios de la santa Jerusalén, donde el orgullo ya no podrá combatirles y derribarles; y, sin embargo, lloran, no al ver que pasan todas las cosas perecederas que arrastran los torrentes, sino al recordar su querida patria, la Jerusalén celestial, de la que se acuerdan sin cesar a lo largo de su destierro».

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La confianza es una filosofía de vida que genera felicidad

desconfianzaLa verdadera caridad es incapaz de pensar mal, no solo porque está libre de toda malicia, sino porque no ama nada que sea malo. Si eres sincero y amable y no hay en ti falsedad, estarás dispuesto a ver en cualquiera a una persona honesta, buena y amable.
La confianza es una filosofía de vida mejor que la suspicacia, que se asemeja a un vigilante cuyo celo desmedido, además de ahuyentar a los ladrones, priva a su amo de reposo; y sigue siendo mejor aunque la caridad se vea a menudo engañada y decepcionada, y sufra muchas derrotas que una ligera sospecha podría haber evitado.
La sospecha nos hace infelices, mientras que la fe y la confianza alimentan la alegría. Incluso cuando te traicionan, a pesar del dolor causado por la decepción, eres más feliz que si te vieras obligado a admitir que has sospechado injustamente de otro. Si confías recogerás paz y felicidad.
Cuando la confianza está plenamente justificada, nos anima a obrar bien y nos inclina a hacernos merecedores de ella. Es una de las fuerzas vitales más educativas y sanadoras. La confianza que otros nos otorgan nos lleva a sentirnos estimulados y amados. Si queremos que los hombres sean mejores, debemos pensar mejor de ellos.

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El sufrimiento que lleva consigo la tentación es una purificación necesaria

humildadLa oración humilde nos enseña a ver con los ojos de Cristo, con la mirada humana y divina de Jesús. De este modo nuestra mirada se transforma y vemos las cosas en profundidad y de una manera más positiva. Santa Teresa de Lisieux escribía a su hermana: «¡Es tan blanca y tan hermosa la pureza…! ¡Dichosos los corazones puros, porque ellos verán a Dios…! Sí, le verán incluso en la tierra, donde nada es puro, pero donde todas las criaturas se vuelven límpidas cuando se las mira a través de la Faz del más bello y más blanco de los lirios… Celina, los corazones puros están a veces rodeados de espinas…, viven con frecuencia en tinieblas. Entonces esos lirios creen haber perdido su blancura, piensan que las espinas que los rodean han llegado a desgarrar su corola… ¿Entiendes, Celina…? Los lirios entre espinas son los predilectos de Jesús, ¡en medio de ellos encuentra Él sus delicias…! ¡Dichoso el que ha sido hallado digno de sufrir la tentación!».

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No eches a perder tus relaciones personales por culpa de sospechas ridículas

cara alegreLa mutua confianza es una de las manifestaciones más sublimes de la caridad. Si la primera cualidad del amor es el entendimiento mutuo, la cualidad principal de ese entendimiento es la confianza de unos en otros, porque la caridad se niega a pensar mal. Dice san Pablo: «La caridad es paciente, la caridad es amable… no se alegra por la injusticia…; todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta».
Ser suspicaz, por el contrario, consiste en suponer —sin fundamento suficiente, o bien fundándose en falsas conjeturas— la mala intención de determinada línea de conducta de otra persona. De alguna manera, el suspicaz da por hecho que todo el mundo debe ser considerado culpable mientras no se demuestre su inocencia. Y, lo que es aún peor, se siente siempre obligado a manifestar sus sospechas con la esperanza de que los demás las compartan.

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