Vivir en la verdad (1)

Captura de pantalla 2017-04-21 a las 9.10.42 a.m..pngEmpezamos un nuevo capítulo: “5. El horizonte de la libertad”, del libro de J.L. Lorda: Moral. El arte de vivir. Por su extensión, lo dividiremos en cuatro post (el número que aparece entre paréntesis)

En el hombre hay una libertad que se ve y otra que no se ve.

  1. La más sencilla de describir es, lógicamente, la que se ve. Decimos que es libre la persona que hace lo que quiere sin que nadie le obligue o se lo impida. Es libre el que puede ir y venir, vivir donde le parezca; opinar, viajar, reunirse y distribuir su vida como se le antoje. A esto le llamamos libertad, pero es sólo una parte de la libertad: la parte que se ve. La más importante es la otra, la que no se ve.
  2. La que no se ve es la libertad interior, la de nuestra conciencia. Sus obstáculos no están fuera sino dentro. Es libre interiormente el que se puede guiar por la luz de su conciencia, el que no tiene obstáculos interiores que se lo impidan.

Los obstáculos interiores de la libertad son la ignorancia y la debilidad.

  1. El que no sabe lo que tiene que hacer, sólo tiene la libertad de equivocarse, pero no la de acertar.
  2. Y el que es débil, se deja arrebatar la libertad por el desorden de sus sentimientos o por la coacción externa del qué dirán.

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Humor femenino

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Hay placeres que llevan al hastío y a la tristeza

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Hay placeres que llevan al vacío… Satisfacen por el momento, son a veces incluso de larga duración; pero conducen al hastío y a la tristeza. Es así porque los humanos estamos hechos para fines más grandes, para afrontar retos, superar dificultades: cuando nos enfangamos en placeres insanos, se cierran esos horizontes y abren paso a la tristeza y el cansancio de vivir.

Existen placeres saludables en los que hallamos valiosos beneficios que ayudan a vivir. (F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

La alegría del hogar es el recurso imprescindible para afrontar el dolor y la contrariedad

featimg-after-birthLa alegría familiar se construye, no surge por sí sola. Y los materiales de esta construcción smúltiples, como ocurre con todo edificio.

«Al pensar en los hogares cristianos, me gusta imaginarlos luminosos y alegres, como fue el de la Sagrada Familia… Esa es la gran luz que ilumina nuestras vidas y que, entre las dificultades y miserias personales, nos impulsa a proseguir adelante animosos. Cada hogar cristiano debería ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se percibiera un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida» (san Josemaría).

Cuando los padres son buenos, el clima que se respira en la casa permite el crecimiento saludable de los hijos: aprenden sin darse cuenta un estilo de vida positivo y optimista. Seguir leyendo “La alegría del hogar es el recurso imprescindible para afrontar el dolor y la contrariedad”

Hay tristezas que son, sencillamente, absurdas

Captura de pantalla 2017-04-03 a las 12.18.40 p.m..pngHay tristezas que son, sencillamente, absurdas…. Las que proceden de la vanidad, del orgullo, no tienen fundamento real. Por estos senderos crecen malas hierbas, enredos virtuales que nada tienen que ver con la verdad.

Porque la vanidad, el amor propio y el orgullo crean fantasías acerca de uno mismo y de los demás. Quien se cree mejor que nadie se equivoca, y esto a pesar de que es bueno pensar bien de nosotros mismos, reconocer que hacemos bien muchas cosas, que somos muy valiosos para esto o para aquello, porque esto no es vanidad. El error empieza con las comparaciones y con los juicios peyorativos sobre los demás. Seguir leyendo “Hay tristezas que son, sencillamente, absurdas”

La persecución (humor)