Llegar a apreciar como bienes los verdaderos bienes, es lo más importante de la educación

-true-forgiveness_idjhbiYa hemos dicho que podemos escuchar en nuestro interior dos voces o llamadas. La de dentro o de los bienes y la de fuera o la de los deberes. En esta entrada veremos la llamada de los bienes.

Ya hace muchos siglos Aristóteles definió como bien aquello que es deseable por el hombre, aquello a lo que se siente inclinado, aquello que le apetece. Aristóteles definía el bien como «lo que todos apetecen o desean».

  • Como la naturaleza es sabia, el hombre sano, como todos los animales sanos, desea espontáneamente lo que le conviene: la comida, la bebida, etc. En principio, las cosas que desea son realmente bienes; aunque en algún caso puede equivocarse en la interpretación de lo que es bien o en la medida en que lo quiere. Esos impulsos se refuerzan por la satisfacción que produce alcanzar los bienes (placer) o por el daño que produce el verse privado de ellos (dolor). Las sucesivas experiencias de placer y dolor dan forma y educan el comportamiento instintivo. Por eso, se puede amaestrar a los animales con un sistema de premios y castigos.

El desarrollo de la inteligencia amplía enormemente la posibilidad de descubrir bienes, es decir, la posibilidad de descubrir cosas que convienen. Seguir leyendo “Llegar a apreciar como bienes los verdaderos bienes, es lo más importante de la educación”

Bienes y deberes

pensar en los demas.jpgTodo hombre llega a darse cuenta, en cuanto madura, de que no es el único ser sobre la tierra y de que hay otras necesidades, otras exigencias además de las suyas propias. Según esto, podríamos decir que la conducta humana se ve afectada por dos llamadas distintas de la naturaleza: una que viene principalmente de dentro y otra que le llega principalmente de fuera. Como la moral es sólo el arte de vivir bien, el arte de tener una conducta digna del hombre, interesa que nos detengamos un poco en analizar estas dos voces de la naturaleza.

  • A) La primera es la llamada que le hace su propio ser. El ser humano nunca deja de ser un ser necesitado. No puede dejar de tener hambre o sed; por eso no puede dejar de apetecer la comida o la bebida, y no puede dejar de buscarlas en su entorno; es decir: no puede dejar de mirar su entorno en relación a esas necesidades.
  • B) La segunda es la llamada que le dirigen las cosas que le rodean. En cuanto llega a conocerlas, se pone en su lugar y cae en la cuenta de que los demás seres también tienen necesidades y, en esa misma medida, derechos. Se da cuenta de que él es un ser más entre los seres; de que no puede guiarse sólo por lo que le apetece o le conviene a él; las demás cosas le imponen obligaciones.

La primera llamada es la de los bienes, la de las cosas que necesitamos y que nos atraen. La segunda es la de los deberes, la de las exigencias que nos imponen los seres y las realidades que nos rodean. Bienes y deberes son dos voces de la naturaleza que condicionan el comportamiento del hombre. Veamos brevemente en las dos siguientes entradas estas dos llamadas .

Lo propio del hombre es la libertad; y lo propio del animal es lo instintivo

castidad-libertadSeguimos con el libro de J. L. Lorda, Moral. El arte de vivir.

En el capítulo anterior hemos desarrollado la idea de que la moral es simplemente el arte de vivir como un hombre. Y hemos visto la importancia que tiene la libertad. Lo propio del hombre es ser libre.

  • Es la diferencia más clara con los animales. No le diferencia de los animales nada importante de su cuerpo: ni la dentadura, ni su habilidad para correr, ni su vista. En algunos aspectos está mejor dotado y en otros peor. Aventaja a muchos animales en que tiene manos, un instrumento fantástico; y un agudísimo sentido del equilibrio que le permite caminar erguido. En cambio, tiene peor olfato y vista, está menos dotado para la carrera y peor defendido en cuanto a uñas y dientes que la mayor parte de los mamíferos superiores.

Pero todo esto no es tan importante. Lo que verdaderamente le distingue es su libertad. El hombre es dueño de sí; hace lo que quiere; obra después de deliberar con su inteligencia; es dueño de sus actos; no está gobernado por sus instintos. Es verdad que puede dejarse llevar por los instintos y en algún momento ser dominado por ellos, como el que, ante una situación peligrosa, se deja llevar del pánico, pero ordinariamente se gobierna con la inteligencia y decide libremente su conducta. Seguir leyendo “Lo propio del hombre es la libertad; y lo propio del animal es lo instintivo”

La moral es como la “estética del espíritu”; el buen gusto en lo referente al comportamiento humano

1387054860774-paisajes-hermososSeguimos con la entrada de ayer.

El saber moral es difícil y delicado. Aunque es un saber difícil, hay modos de orientarse sobre lo que es bueno o malo. Vamos a verlo brevemente a continuación.

La naturaleza responde bien a lo que le conviene y responde mal a lo que no le conviene. Es lógico y puede servir para detectar lo que es bueno y lo que es malo. Esto sucede en todos los campos, aunque no de la misma manera. El que come un alimento que no le conviene, lo notará; incluso lo podremos percibir externamente: veremos su mala cara, sus espasmos o quizás le veremos revolcarse por el suelo. Las equivocaciones o los aciertos en el plano físico se notan físicamente: nos sentimos mal o bien según el alimento sea apropiado o no.

El campo de la moral es un poco distinto. Los errores y los aciertos en el uso de la libertad no se pueden sentir físicamente; pero se perciben de alguna manera. Por eso decimos que uno se siente bien cuando obra bien y que se siente mal cuando obra mal. Seguir leyendo “La moral es como la “estética del espíritu”; el buen gusto en lo referente al comportamiento humano”

La moral, como toda arte, requiere conocimientos y destrezas

senza-nome-duplicato-02La moral es ciertamente un arte. Lo que sucede en este terreno no es distinto de lo que sucede en otros. Si no hay base teórica, no es posible orientar bien la práctica. Y si no hay práctica, tampoco es posible hacer las cosas bien. Nadie es capaz de tocar bien el piano con sólo tener el deseo intenso de tocarlo. Ni se llega a pintar un buen retrato sólo por haber leído muchas biografías de Velázquez. Hace falta teoría y práctica: conocimientos teóricos y técnicos, experiencia y hábitos o destrezas.

Nadie es capaz de vivir bien con sólo desearlo. Hace falta, primero tener claro en qué consiste vivir bien, y después adquirir los hábitos necesarios para llevar a la práctica ese conocimiento. La buena intención de tocar el piano no es suficiente para llegar a ser un maestro y la buena intención de ser bueno o de no hacer daño a nadie tampoco es suficiente para ser efectivamente bueno y no hacer realmente daño a nadie. Seguir leyendo “La moral, como toda arte, requiere conocimientos y destrezas”

La virtud es el orden del amor

Conjugar bienes y deberes

hot-mr-darcy-gets-wet.jpgHemos dicho que la conducta humana queda condicionada por bienes y deberes. Bienes son las cosas que deseamos porque nos parecen convenientes o nos atraen instintivamente; deberes son las obligaciones que nos imponen las cosas que nos rodean. Ahora trataremos de estudiar un poco qué es lo que tiene prioridad: es decir, qué tenemos que amar antes. Esto es tan importante como difícil. Saber poner orden en la conducta es una gran cosa. San Agustín define la virtud simplemente como «el orden del amor» (De Civitate Dei, XV, 22).

Bienes y deberes no son dos voces opuestas como puede parecer en un primer momento, sino que se combinan: atender a los deberes es un bien, y atender a los bienes es un deber. Esto ayuda a situarse. Vamos a estudiarlo brevemente. Primero veremos lo más fácil: que es un deber oír la voz de los bienes (A); Luego veremos lo contrario: que oír la voz de los deberes es un bien (B). Seguir leyendo “La virtud es el orden del amor”

Qué es y qué no es la moral (y 2)

moral-arte-de-vivirAyer veíamos lo que no es la moral. Hoy terminamos esta entrada doble acerca de qué es la moral.

Lo que sí es la moral

En realidad, la moral no tiene nada que ver con todo eso que vimos ayer. O, para ser más precisos, tiene muy poco que ver. Tiene poco que ver con las opiniones, con los sistemas de normas, con las buenas intenciones y con los equilibrios de la convivencia. Tampoco es lo contrario; simplemente no es eso. Pero no nos vamos a entretener en ver por qué no es eso: nos llevaría muy lejos y serviría de poco. Basta con advertir al lector que aquí no tratamos de eso. Así ya está preparado para lo que va a venir, y no le sorprenderá tanto que, con las mismas palabras, se esté hablando de algo diferente.

Si hubiera que dar una definición sencilla de lo que es la moral, de lo que esta palabra significaba cuando se inventó, se podría decir que moral es el arte de vivir. Sin más. Seguir leyendo “Qué es y qué no es la moral (y 2)”