Los 5 remedios contra la tristeza, según los santos

Los santos, aquellos que han disfrutado de una especial amistad con Jesús, también han estado tristes. Por eso, es interesante conocer los remedios que dan para recuperar la alegría propia del cristiano.

Opus Dei - Los 5 remedios contra la tristeza

Cada uno de nosotros ha atravesado días tristes, días en los cuales no se logra superar una cierta pesadez interior que contamina el ánimo y dificulta las relaciones con los demás. ¿Existe algún truco para superar el malhumor y recuperar la sonrisa? Santo Tomás de Aquino propone cinco remedios de sorprendente eficacia contra la tristeza.

1. El primer remedio es concederse un placer. Es como si el famoso teólogo hubiese intuido ya hace siete siglos la idea, tan difundida hoy, de que el chocolate es antidepresivo. Quizá parezca una idea materialista, pero es evidente que una jornada llena de amarguras puede terminar bien con una buena cerveza. Que algo así sea contrario al Evangelio es difícilmente demostrable: sabemos que el Señor participaba con gusto en banquetes y fiestas, y tanto antes como después de la Resurrección disfrutó con gusto de las cosas bellas de la vida. Incluso un Salmo afirma que el vino alegra el corazón del hombre (aunque es preciso aclarar que la Biblia condena claramente las borracheras).

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La renuncia a uno mismo es fuente de paz y felicidad

paisaje primaveral.jpgLa paz que ofrece el mundo está basada en la capitulación ante nuestras pasiones; la que ofrece Jesús se basa en la victoria sobre ellas. La primera es una fuente de infelicidad; la segunda es fuente de auténtico gozo. El Señor ha dicho: «Quien encuentre su vida, la perderá; pero quien pierda por mí su vida la encontrará»24. Quien se busca a sí mismo, y no a Dios, encuentra la infelicidad y la muerte.
«Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga» dice Cristo. No te pide que ames el sacrificio por el sacrificio. Basta con que lo ames por amor a Dios. … 
Si buscas la felicidad, tienes que estar dispuesto a recorrer el camino de la renuncia. …  Seguir leyendo “La renuncia a uno mismo es fuente de paz y felicidad”

No le has maltratado físicamente. Pero le has ignorado tantas veces; le has mirado con indiferencia, como a un extraño.—¿Te parece poco?

indiferenciaNo le has maltratado físicamente… Pero le has ignorado tantas veces; le has mirado con indiferencia, como a un extraño. —¿Te parece poco? Surco, 245.

Que el miedo no cierre tus puertas, no te pierdas su vida

“El club de los ojos verdes”. a Fundación vida ha titulado así este corto conmovedor, que ya corre por la red a velocidad de vértigo.

Al terminar de verlo me han venido a la memoria unas palabras de San Juan Pablo II:

Una reflexión especial quisiera tener para vosotras, mujeres que habéis recurrido al aborto.(…) El Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la reconciliación. Os daréis cuenta de que nada está perdido, y podréis pedir perdón también a vuestro hijo que ahora vive en el Señor.
(Enc. Evangelium vitae)

Una de las grandes deficiencias de la sociedad actual se expresa en la dificultad de perdonar

perdonar, pasar página

Una de las grandes deficiencias de la sociedad actual se expresa en la dificultad de perdonar. Personas singulares y naciones enteras vuelven una vez y otra sobre los agravios recibidos, chapotean en esos recuerdos como en un charco lleno de inmundicia, y no quieren esforzarse por olvidarlos y perdonar. Otra —y muy clara— es la enseñanza de Nuestro Señor, que compendia la historia de la clemencia divina con la humanidad en estas palabras: bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. (Mons. Javier Echevarría, abril 2016)

El poder oculto de la amabilidad

Senza nome-True Color-02La amabilidad es el atajo que devuelve a Dios las almas extraviadas: «La amabilidad ha convertido más pecadores que el celo, la elocuencia o la sabiduría; y, de estas tres cosas, ninguna ha convertido a nadie si no ha sido con amabilidad» (Faber. Conferencias espirituales, p. 23).

Cuantas veces nuestro propio arrepentimiento empezó gracias a un acto de amabilidad. Puede que casi todos los comienzos de conversión se deban a ese sentimiento conmovedor que brota ante una muestra de amabilidad de la que nos sentimos indignos.

Por eso cada vez que eres amable, lo sepas o no, alientas los esfuerzos de otros por ser buenos. Animar amablemente a los demás a seguir adelante en su empeño es crucial, porque el desaliento es lo que más se resiste a la gracia. Cuantos proyectos, cuantos propósitos que buscaban dar gloria de Dios han fracasado por falta de una mirada amable, de unas palabras que infundiera ilusión, de una sonrisa que aprobara ese empeño.

Quizá, Señor, no préstamos a los demás la ayuda que necesitan porque estamos demasiado ocupados en nuestras cosas; porque no estamos atentos a los demás; y no lo quiero pensar porque la envidia nos lleva a mirarlos con desapego y juicio crítico.

Propósitos: tener más detalles con los demás; prodigar más palabras amables; mejorar el tono de voz para manifestar mi comprensión hacia ese corazón que sufre; con frecuencia lo que más cura es un gesto de humanidad.

Señor, que las personas que hablen conmigo reciban aliento necesario para emprender con valentía aquello que estaba a punto de abandonar a causa del desánimo. Ese aliento puede ser el primer eslabón de una nueva cadena que obtenga la perseverancia final.

La solicitud es la amabilidad que se adelanta

amabilidadLa solicitud nos lleva a atender un deseo o satisfacer una necesidad antes de que nadie nos lo pida. Se trata de adelantarse a su petición, de captar lo que necesita y satisfacer amablemente su silenciosa petición. Por eso, la solicitud es un acto de caridad aún más hermoso que la simple disposición a servir al otro.

La solicitud es una lucha constante por obrar bien por iniciativa propia. Es una manifestación fascinante de la caridad. Hay algo divino en la solicitud. De hecho, la mayoría de los bienes que recibimos de Dios, nos los concede sin habérselos pedido.

La solicitud es causa de una alegría y felicidad mucho mayor que la mera disposición a servir. Cuanto más puro es un gesto amor, más abundantes son sus beneficios naturales y sobrenaturales. De algún modo, cuanto más damos, más recibimos.

Mantén los ojos abiertos para descubrir que es lo que necesitan los demás. Procura quitar los obstáculos de su camino; ocúpate en sorprenderle agradablemente; permanece dispuesto a hacer algún recado sin aguardar a que te lo pidan. Esta amabilidad aimoita el amor solicito de Dios.