Quien hace la crítica está admitiendo su falta de capacidad o su fracaso personal

expresionSi hubiera en tu corazón auténtica caridad, te alegraría ver lo bueno que hay en el prójimo y pensar bien de él. … Algunos creen que descubrir defectos es señal cierta de sabiduría, pero nada requiere tan poca inteligencia. No hay cosa más fácil que criticar… El que critica suele ser incapaz de actuar como piensa que otros deberían hacerlo: olvida que la murmuración y la crítica, al igual que la caridad, deben empezar por la propia casa, es decir, por uno mismo. Su ignorancia va acompañada de la soberbia, y de cualquier cosa relacionada con la envidia o los celos, porque quien hace la crítica está admitiendo su falta de capacidad o su fracaso personales.

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Acerca del esfuerzo por dominar la inquietud que nos arrastra hacia “fuera”

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Pensemos en el descanso. “Quien va mucho al cine pierde el buen gusto a ese gran espectáculo: ya no lo comprende. Entonces debe preguntarse qué quiere y elegir, dejar a un lado la excitación superficial de la película para tener la capacidad de percibir lo más valioso, o para recobrarla quizá, o quedarse con aquella y convencerse a sí mismo de que es el arte apropiado para la época; que necesita relajarse; que por la tarde, después de la fatiga del día, no se puede hacer ya el esfuerzo que requiere el teatro, y así sucesivamente… Quien constantemente está con gente y habla y discute, pierde la capacidad de estar consigo mismo y , con ello, todo lo que sólo ahí se manifiesta. Una vez más se trata de elegir. Y costará alguna superación dominar la inquietud que nos arrastra hacia fuera.

En esta vida, que solo dura unos pocos años tan veloces, el hombre que quiera extraer lo precioso que pueda contener ha de saber que se trata sólo de que renuncie a lo menor para poder tener lo mayor” (Romano Guardini)

Deberían temblarme las manos…

trinidad de la tierraDeberían temblarme las manos al escribirlo, pero creo que sobreestimamos a Dios. Me diréis que es imposible, que Dios es el no-va-más y no hay riesgo de sobreestimarlo. Y yo os responderé –aunque deberían temblarme las manos al escribirlo- que no sólo es posible, sino que sucede. Sobreestimamos a Dios cuando pensamos que nada le afecta, que no se emociona, que no llora, que está por encima del bien y del mal, o que no podemos hacerle daño porque para eso es Dios y no hay quien le haga sangrar.

    Para nuestra sorpresa, Dios ha decidido encarnarse, y en el Hijo se ha revestido de un corazón humano. La omnipotencia divina se ha arrodillado hasta volverse tan frágil como nuestros corazones, a los que una sola mirada puede hacer añicos. Y, siendo perfecto hombre, su corazón es perfectamente frágil. ¡Felicitadme! He encontrado la oveja que se me había perdido. Ya ves: todo le afecta, se emociona, llora… Y sangra. Deberían temblarme las manos al escribirlo: le hemos roto, con nuestros pecados, el corazón a Dios. Contrapartida: también podemos hacerle reír. ¡Y cómo se ríe! Ese Sagrado Corazón de Jesús es Dios derretido en Amor, mendigo del amor de los hombres.(Autor: José-Fernando Rey B)

Ninguna obra prospera si no hay por encima de ella una responsabilidad

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Pensemos en el mundo del trabajo. “Alguien emprende una empresa, empieza un trabajo, algo que sea propio de su profesión. Supongamos el mejor caso, esto es, que esté en su auténtica vocación, que pueda hacer aquello para lo que está dotado, y que lo haga a gusto. Ante todo, tiene gozo por la cosa y pone en juego todas sus fuerzas.

Quizá ya sería necesario que alguien le dijera que ha de mantenerse en la medida de lo posible sin exagerar nada. Y ocurre que, al cabo de poco tiempo se hunde la tensión, y tanto más rápidamente cuanto más violenta fue la puesta en marcha, pero las tareas continúan. ¿Qué será de ellas, si sólo “el gozo de vivir”, el gusto del trabajo, la alegría del éxito, es lo que las sostiene? Entonces se empieza por tener indiferencia, pronto repugnancia y finalmente todo se deshace.

Ninguna obra prospera si no hay por encima de ella una responsabilidad a partir de la cual el hombre hace su trabajo con fidelidad y autosuperación”. (Romano Guardini)

Pensemos en el matrimonio ¿Por qué tantos matrimonios se vuelven mudos y vacíos?

fidelidadPensemos en el matrimonio ¿Por qué tantos matrimonios se vuelven mudos y vacíos? Porque en cada uno de los dos domina la idea básica de que se trata de la felicidad, o sea, piensan que cada uno de los dos se puede satisfacer consumiendo simplemente su propia vida.

En realidad, el auténtico matrimonio es estar unidos en la existencia; es ayuda y fidelidad. Matrimonio significa “que el uno lleve las cargas del otro”, como dice san Pablo (Gal 6,2). Así que sobre él debe velar una responsabilidad nacida del espíritu. Una vez y otra debe el uno aceptar al otro como es; debe renunciar a lo que no puede ser. Debe prescindir de las embusteras imágenes de cine que destruyen la realidad del matrimonio y saber que tras el encuentro mutuo del primer amor es cuando empieza la tarea verdadera. Que el auténtico matrimonio, pues, solo puede existir por autodisciplina y superación. Entonces se hace auténtico, capaz de generar vida y entregar vida al mundo”.(Autor Romano Guardini)

Para que dure una amistad debe haber una vigilancia sobre ella; algo que la resguarde


vigilancia“Pensemos en una amistad.
Se han conocido dos personas y se han agradado. Han descubierto comunidades de opinión y de gusto, la simpatía se ha desarrollado y cada uno confía en el otro. Piensan que su vínculo es seguro y viven sin más preocupación. Pero, como es obvio, existen entre ellos diferencias que poco a poco van cobrando vigencia. Surgen malentendidos, enojos, tensiones. Pero ninguno de ellos busca la base donde residen realmente, esto es, en la propia seguridad de sí mismos y en la propia dejadez, y al cabo de poco empiezan a ponerse nerviosos mutuamente. Desaparece la tranquila confianza y poco apoco se deshace todo.

Para que dure una amistad debe haber una vigilancia sobre ella; algo que la resguarde. Cada cual debe dar lugar al otro para que sea precisamente el que es; cada cual debe hacerse consciente de sus propias faltas y ver las del otro con ojos de amistad. Quererlo, … contra la suspicacia, la pereza, la estrechez de la propia naturaleza, implica también ascetismo.” (Autor: Romano Guardini)

Dios ama al que da con alegría y sin aspavientos

dar con alegría

Dios ama al que da con alegría, con la espontaneidad que nace de un corazón enamorado, sin los aspavientos de quien se entrega como si prestara un favor. San Josemaría, Amigos de Dios, 140.