Que tu corrección nazca siempre del amor y nunca del enfado

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Que tu corrección nazca siempre del amor y nunca del enfado. Muchas veces la gente censura a otros no por el error cometido, sino porque les molesta. En lugar de mostrarse disconformes con las faltas que condenan, disfrutan —al menos inconscientemente— volcando en alguien su mal genio. No corrijas jamás por enemistad o por soberbia. No está bien recordar a otros constantemente sus defectos, simplemente porque tú eres virtuoso. «No tienes consideración» suele interpretarse como «yo que siempre soy considerado». Una corrección que no brote de la caridad no puede estar justificada ante Dios.

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Test de amabilidad

imagesYa terminamos esta serie de entradas del libro El poder oculto de la amabilidad de L. G. Lovasik. Aquí os dejo con este test acerca de cómo es tu amabilidad. Está dividido en tres partes: pensamientos, palabras y obras amables. Al final viene una oración pidiendo se nos conceda la amabilidad.

PENSAMIENTOS AMABLES

  1. ¿Se niega mi corazón a perdonar a alguien que me ha ofendido?
  2. Cuando otros me hacen daño, ¿recuerdo cómo ha perdonado Dios mis pecados e intento perdonar con el mismo espíritu generoso?
  3. ¿He alimentado resentimiento hacia otros, aunque haya hecho un esfuerzo por perdonarlos?
  4. ¿Me ha llevado mi susceptibilidad a mostrarme antipático con los demás?
  5. ¿He creado un ambiente negativo dejándome llevar por mi mal humor y mi aspereza?
  6. ¿He dejado que se refleje en mi conducta la envidia que siento hacia otros?
  7. ¿Alimento deliberadamente pensamientos hostiles y vengativos hacia otros?
  8. ¿He atribuido motivos torcidos a los demás antes de haber podido confirmarlos?
  9. ¿Tiendo a mostrarme severo, descortés, frío o temerario en mis juicios?
  10. ¿Soy consciente del poderoso alcance que tiene mi ejemplo, capaz de influir en otros positiva o negativamente, incluso cuando no advierto dicha influencia?
  11. ¿Recuerdo con frecuencia las palabras que dedica Cristo a los actos de caridad: «Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeños, a mí me lo hicisteis»?
  12. ¿Le deseo al prójimo todo el bien que deseo para mí?
  13. ¿Vivo con el doble lema de «no hacer nunca daño a nadie y buscar la felicidad de los demás siempre que sea posible»?

PALABRAS AMABLES

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«Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo»

cielo.jpgLa recompensa que Dios nos concede mientras vivimos en este mundo no es sino un anticipo de la que nos tiene reservada al final de nuestra vida. El cielo es la recompensa plena y definitiva con la que Dios retribuye todo el bien que hemos hecho aquí en la tierra. Es una parte de la propia felicidad de Dios: una pequeña gota de su dicha, de la felicidad que mana de su Corazón. En este mundo la recompensa que obtiene el amor está hecha muchas veces de multitud de gotas amargas, como la ingratitud, la malicia, los motivos malentendidos y el maltrato que recibe la amabilidad. En la eternidad, sin embargo, el alma estará colmada de dulzura. Seguir leyendo “«Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo»”

Las pequeñas peleas causan buena parte de la infelicidad que existe en este mundo

evita las peleas.jpgUna pelea es una discusión acalorada con la que no se pretende esclarecer algo, sino reivindicarse o defenderse a uno mismo. Las pequeñas peleas causan buena parte de la infelicidad que existe en este mundo, especialmente en las familias. Si sabes cómo evitarlas, serás capaz de llevar felicidad allí donde estés.
Las siguientes sugerencias quizá te sirvan de ayuda:

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Al final de la tarde se nos examinará en la amabilidad

Senza nome-Duplicato-02.jpgTe juzgarán y ganarás mérito en el cielo según las obras de misericordia espirituales y corporales que hayas practicado por amor a Dios. El Día del Juicio, el Señor las empleará para distinguir a los elegidos de los malvados. «Entonces dirá el Rey a los que están a su derecha: “Venid, benditos de mi padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”». Los justos se quedarán sorprendidos, porque nunca han visto al Señor en tanta necesidad. Pero Él les dirá: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos, a mí me lo hicisteis». Después apartará de sí para siempre a los malvados, porque no le han amado a Él en la persona de sus hermanos. Por boca del mismo Jesús conocemos, pues, que nuestro destino dependerá de lo que le hayamos amado a Él en nuestros hermanos. Seguir leyendo “Al final de la tarde se nos examinará en la amabilidad”

Convierte a la Amabilidad en la regla de oro de tu vida

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Piensa en lo mucho que le debes tú a la amabilidad. Si echas la vista atrás, te asombrará el número de obras amables que te han hecho bien. El recuento es casi imposible. Las que recuerdas no son tantas como las que has olvidado: no por ingratitud, sino por las distracciones de la vida y las limitaciones de tu memoria. Son muchas las circunstancias en las que han sido amables contigo. Has sido el destinatario —para bien y para mal— de las obras amables de personas que no te esperabas. Te han dado la felicidad en medio de tus lágrimas. Todos y cada uno de estos actos de amabilidad te han aportado algún bien espiritual. Si no te han hecho mejor en ese momento, han preparado el camino para que lo seas, o han sembrado una semilla de futura bondad, dejando una huella cuyo poder nunca llegaste a sospechar. Una vez tras otra, la amabilidad ha puesto los cimientos para la obra de la gracia: en realidad, no ha sido sino una manifestación especial de la gracia. Seguir leyendo “Convierte a la Amabilidad en la regla de oro de tu vida”

«Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia»

alegria.jpgEl amor fraterno está íntimamente ligado al perdón de los pecados, que es una de las recompensas más sublimes de la caridad: «Ante todo, mantened entre vosotros una ferviente caridad, porque la caridad cubre la multitud de los pecados», dice san Pedro. La caridad juega un papel decisivo ante el tribunal de Dios. El sacramento de la Penitencia carece de eficacia si no hay amor en el corazón del penitente. Por otro lado, muchos pecados veniales se pueden expiar solo por amor, y buena parte de lo que reclama la justicia divina lo podemos satisfacer sin la confesión. Seguir leyendo “«Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia»”