Carácter · Punto 24

24 Tienes ambiciones:… de saber…, de acaudillar…, de ser audaz. 
Bueno. Bien. 
—Pero… por Cristo, 
por Amor.

Ilustra el clima de este punto el testimonio de un universitario de la Academia DYA, Fernando Alonso-Martínez:

«Nos hablaba de trabajo, de estudio, de Amor de Dios. De que era bueno que fuéramos ambiciosos, muy ambiciosos, mucho, pero… ¡por Cristo!, y dicho esto con mucha energía, casi como un grito enérgico, con esa forma peculiar de decir. Es curioso que casi no recuerdo otras palabras suyas con esa claridad, pero se quedaron grabadas ahí».

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Cambio de agujas: Mario Joseph, imán converso católico

Como imán, Mario Joseph conocía bien el Corán y las enseñanzas de la religión islámica. Fue el Corán, precisamente, lo que le llevó al conocimiento de Jesucristo y a la verdad de la fe católica. Pero su conversión no fue fácil y ha supuesto su persecución y otros grandes sufrimientos. ¿Cómo consiguió su intenso amor a la Iglesia, a la cruz y al cielo? Él mismo lo cuenta en este impactante testimonio de Cambio de agujas.

Castidad: el hombre interior

Seguimos con el libro “Amor y desamor. La pureza liberadora” de Guillaume Derville. El autor continua su reflexión sobre el sentido profundo e interior de la castidad.

otoñoEl hombre es un ser de deseos que aspira a la felicidad. Los mandamientos marcan el camino que nos conduce a ese fin. La exacta comprensión de estos mandamientos permite ver en ellos, más que unas reglas arbitrarias, una exigencia de amor inscrita en el corazón del ser humano. Lo que Cristo proclama es una moral viva, ya que, como explica san Juan Pablo II, «el ethos [sentido moral] nos hace entrar en la profundidad de la norma en sí misma y simultáneamente descender al interior del hombre-sujeto de la moral. Para llegar hasta allí no basta quedarse “en la superficie” de las acciones humanas, es necesario penetrar en el interior» [9]. Así, continúa, «además del mandamiento “no cometerás adulterio”, el Decálogo tiene también otro mandamiento: “no desearás la mujer del… prójimo”. En el Sermón de la Montaña, Cristo vincula, en cierto sentido, el uno con el otro: “todo el que mira a una mujer para desearla ya ha cometido adulterio en su corazón”. No se trata tanto de distinguir el alcance de aquellos dos mandamientos del Decálogo, cuanto de poner de relieve la dimensión de la acción interior, a la que se refieren también las palabras: “no cometerás adulterio”» [10]. San Juan Pablo II revela que la casuística del Antiguo Testamento trataba de mantener la prohibición del adulterio, aunque abría la puerta a la posibilidad de escapatorias legales. Seguir leyendo “Castidad: el hombre interior”

Un Padrenuestro dialogado

Muy sugerente y en clave de humor. Aquí va este padrenuestro dialogado:

Algo de material gráfico en torno al tema: la familia

familia cristianaMe pide un amigo material audio visual y algunos textos básicos sobre el tema de la familia. Así que, aquí va este posible esquema a seguir, por si a alguien más le sirve:

Artículos sobre el SÍNODO DE LA FAMILIA 2015

Listado de algunos de los mejores artículos que he encontrado sobre el reciente Sínodo de la Familia:

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Un cocktail fatal

soberbia-1La soberbia es un producto tóxico, en estado puro o en cocktail. Pero, en estado puro, es fácil de reconocer y se elimina con una buena dosis de humildad. En cocktail es más complicado.

El cocktail de soberbia más letal es el que la mezcla con religión. Sabe a piedad, huele a espiritualidad, tiene el color de la tolerancia… Pero es como beber nitroglicerina. Mata a quien lo bebe y a las personas de alrededor, quienes tienen por piadoso al intoxicado. Es el bebedizo de quienes rezan y lo saben todo. Jesús tuvo que vérselas con personas así: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.

El cóktail de soberbia y ateísmo es vomitivo, pero al vomitarse el ateísmo se vomita la soberbia. Sin embargo, con piedad como excipiente, la soberbia se asimila. El intoxicado, además de perderse, pierde a quienes lo siguen pensando que los lleva a Dios. La culpa es suya, por no preguntarle a qué dios los lleva. Si hubieran preguntado, habrían visto que el religioso soberbio todo lo sabe, todo lo juzga, todo lo critica. Él es dios.

Autor: Femando Rey