La nube, la luz y la sombra…

 Propiamente hablando, decir que “una nube luminosa los cubrió con su sombra”, es algo contradictorio. Las nubes no son luminosas sino más bien grisáceas. Pero aun suponiendo que hubiera una nube luminosa ¿cómo puede “cubrir con su sombra” si emite luz?

Sin embargo… Todo lo absurda que nos parezca, la frase, en lenguaje bíblico, tiene muchísimo sentido. Veamos:

  • La nube es el signo de la presencia de Dios, de la gloria divina. Se nos dice que estuvieron envueltos en un ambiente divino.
  • La luz es signo de Cristo: Yo soy la luz del mundo. Por eso, quienes son iluminados por Cristo viven como hijos de la luz.
  • Y la sombra es signo de intimidad, del secreto de la vida espiritual. Es ese claro oscuro de la fe en el que germina el diálogo escondido con Dios.

Por todo esto, nuestro Tabor es la oración. Allí estamos en el Cielo, allí somos iluminados y alumbrados (dados a luz), y también allí permanecemos a oscuras y en la intimidad del Señor. ¡Qué fácil es rezar! Lo complicado es vivir. Orar es sencillo, es… volver al Tabor. Allí descubrimos un brillo suave y amoroso que baña en su Amor todo lo que toca. Seguir leyendo “La nube, la luz y la sombra…”

¡Oh cristalina fuente…!

cristo de san juan de la cruzCanción XII

¡Oh cristalina fuente,

si en esos tus semblantes plateados,

formases de repente

los ojos deseados,

que tengo en mis entrañas dibujados!

Dice que tiene dibujada en sus entrañas esa mirada, es decir que tiene, por la fe, infundidas esas verdades. Pero así como el dibujo no es perfecta pintura, así las noticias de la fe no le parece perfecto conocimiento. Su anhelo es alcanzar la clara visión y entonces como dice el Apóstol: cuando venga lo que es perfecto, se acabará lo que es en parte, es decir lo que es por la fe….

Pero sobre este dibujo de la fe hay otro dibujo de amor en el alma del amante que, cuando hay unión de amor, se puede decir que en verdad el Amado vive en el amante, y el amante en el Amado. Y de tal manera se transforman ambos por esta unión que se puede decir que cada uno es el otro, y ambos uno. La razón es porque la unión y transformación del amor da posesión de sí al otro y cada uno se deja y se cambia por el otro. Así también lo dijo el Apóstol: vivo yo, pero ya no yo, que es Cristo quien vive en mi. Pues aunque vivía él, ya no era vida suya sino de Cristo en él.

Fuente: Cántico espiritual de san Juan de la Cruz

Allí solo importarás Tú

cristo de san juan de la cruzCanción IV

¡Oh bosques y espesuras,  
plantadas por la mano del Amado,
 oh, prado de verduras,  
de flores esmaltado,  
decid si por vosotros ha pasado!

Oh, prado de verduras… Esta es un imagen del Cielo,  porque las cosas que hay en él siempre están con ese verdor inmarcesible, que ni mueren ni envejecen con el tiempo, y en ellas, como en frescas verduras, se recrean y deleitan los santos.

Ayer leíamos en el Evangelio de la Misa: Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será la mujer? Si uno los piensa despacio, Señor, en esa idea que tenían del Cielo los pobres saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, no es para menos que uno prefiera que para eso mejor que no hay resurrección... Se imaginarían a los siete hermanos peleándose y discutiendo en el Cielo por quién de ellos sería la pobre mujer… Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios… Gracias Señor porque el Cielo no es como una prolongación de la vida terrena, con sus frenesís y contingencias. Sí, el Cielo consistirá en mirarte, Dios mío, y quedar maravillado… Ya nada importará nada salvo Tú. Y advertiremos entonces que las bellezas y dulzuras de esta vida, no son sino espejos ajados donde tu luz con dificultad se reflejaba… Allí ya no importarán tanto ni las criaturas, ni el fútbol, ni las películas… Allí sólo importarás Tú: ¡Dios mío!

¿Adónde te escondiste, amado, y me dejaste con gemido?

cristo de san juan de la cruzCanción I

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.

El alma se queja de la ausencia de quien habiéndola herido con su amor ahora se esconde: ¿A dónde te escondiste?… Es como si le dijera: muéstrame el lugar donde estás escondido, pero al ser un lugar imposible pues según san Juan es el seno del Padre, es decir, en Dios mismo, el alma desalentada lanza este cariñoso reproche: como el ciervo huiste, habiéndome herido… salí tras ti, clamando, y eras ido.

En efecto, el alma ha quedado como muriendo de heridas de amor por él. Se trata de esas visitas fugaces de Dios al alma que despiertan el ansia de verle y disfrutarle, pero la dejan con el dolor de su brevedad. Son las denominadas heridas espirituales de amor, las cuales son sabrosísimas y deseables al alma; y aunque dejan el dolor de la ausencia, el alma estaría siempre muriendo por estas lanzadas de amor que la hacen salir de sí –salí tras ti, clamando-, y la disponen a entrar en Dios.

Fuente: Me envía un amigo este correo, dice que lo ha sacado del Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz. Seguiremos poniendo algunas otras entradas de este autor.

“Tu conversión es cosa mía; no temas” [B. Pascal]

rezar“Tu conversión es cosa mía; no temas” [B. Pascal] Sí, nuestra conversión es ante todo obra de Dios. El mismo lo ha dicho: “sin mí no podéis hacer nada” [Jn 15,5]. Dios hace en y a través nuestro muchas cosas buenas: “Dios hace cuanto quiere” [Sal 135,6] y “arroyo de agua es el corazón del rey en mano del Señor” [Prov 21,1]. Aquí radica la seguridad de nuestra esperanza: “fiel es el que os llama Dios… y que también lo cumplirá” [1 Tes 5,24].

Sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman”, incluso sus pecados llega a afirmar categóricamente san Agustín.  Y ¿Quiénes son los que aman a Dios? Lo explica muy bien san Pablo : 28 Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. 29 Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos; 30 y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos también justificó; y a los que justificó, a ésos también glorificó. Seguir leyendo ““Tu conversión es cosa mía; no temas” [B. Pascal]”

El trato de José con Jesús y María

san-jose-y-jesusTerminamos esta serie dedicada a san José con esta entrada a modo de conclusión: aprender del trato entrañable de José con Jesús y con María. “Para San José, la vida de Jesús fue un continuo descubrimiento de la propia vocación“. José se sorprende y admira -con María-, de todo lo que va ocurriendo en torno a Jesús desde su infancia. Dios le va revelando sus designios y él se esfuerza por entenderlos. La vocación de José, como la de cualquier cristiano, sólo puede vivirse y desarrollarse en la intimidad con Cristo. José amó a Jesús como un padre ama a su hijo, le trató dándole todo lo mejor que tenía. José, cuidando de aquel Niño, como le había sido ordenado, hizo de Jesús un artesano: le transmitió su oficio. Y lo mismo con María su esposa. San José nos lleva a Jesús y también nos lleva a María. Seguir leyendo “El trato de José con Jesús y María”

Revivir el Evangelio como un personaje más

7-sea-shells-sea-beach-sand-wallpaper.previewOtro propósito para este año en el blog es meditar un poco más el Evangelio. Jesús les interpretó en todas la Escrituras lo que se refería a Él (Lc 24, 27). Pedirle al Emanuel: Dios-con-nosotros, que nos ayude a ser más contemplativos este año y a descubrir luces nuevas en el Evangelio. “Cristo no vivió su vida para sí mismo, sino para nosotros, desde su Encarnación «por nosotros los hombres y por nuestra salvación» hasta su muerte «por nuestros pecados» y en su resurrección para nuestra justificación” (CCE, n. 519).

Todo lo que se contiene en los Evangelios ha sido escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre (Jn 20,31). Creer en Jesucristo es creer en su Amor por nosotros reflejado y escondido en cada uno de sus gestos, de sus palabras, de sus milagros… Pero para conocer bien a Jesús y experimentar ese Amor que nos salva es preciso contemplar las escenas como un personaje más (san Josemaría en Forja 8). Seguir leyendo “Revivir el Evangelio como un personaje más”