“Dame tu gracia, Señor, que yo te doy mis pequeñas mortificaciones”

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Tu lema para esta Cuaresma, me dices, es: “mortificación”. Pero, los componentes léxicos de “mortificación” son: mor, mortis (muerte), facere (hacer), más el sufijo -ción (acción y efecto); mortificarse significa la “acción o efecto de hacer morir”. Y morir solo tiene sentido si hay una vida más grande. Darse muerte voluntariamente en esta vida solo tiene sentido si con ello se merece una vida de gracia de Dios que ilumine y alegre nuestra vida, primero aquí en la tierra, y luego eternamente en el Cielo… Por eso, ¿qué te parece empezar esta Cuaresma con una muy contrita y buena confesión?

Mortificarse también significa negarse, por lo normal, en cosas pequeñas, intrascendentes, triviales quizá, pero que nos transforman profundamente. Las ocasiones se presentan a lo largo del día casi tan frecuentes como el latir del corazón o la respiración. Poner buena cara ante esas situaciones que nos sacan de quicio o que nos resultan molestas: una hermana fastidiosa, una abuela acelerada, un profesor aterrador o un adolescente, un jefe enfadado… Seguir leyendo ““Dame tu gracia, Señor, que yo te doy mis pequeñas mortificaciones””

Paradoja de la ceniza

llama y cenizasParadoja: la ceniza, que es el resultado de un fuego, se vierte sobre nosotros para apagar un fuego.

La ceniza es silencio: las llamas cesaron, cesó el crepitar de la leña, el calor de las brasas también se apagó, y queda la ceniza como testigo mudo de un… silencio.

Hoy, esa ceniza dice al hombre: «¡Silencio!».

Cuando hagas limosna… La limosna es el silencio del ego. Se apaga el egoísmo, deja de importar el yo, y el afán de apoderarse de todo y de todos, el deseo de controlarlo todo y a todos, da lugar a la generosidad, a la entrega y al despojo. He dejado de importar para mí mismo. Cuanto soy y cuanto tengo lo entrego a Dios y a los demás.

Cuando recéis… La oración es silencio del espíritu. Preocupaciones, urgencias, problemas personales, y todo el griterío que llena la mente del hombre se apaga al caer la ceniza, y en el silencio se escucha a Dios.

Cuando ayunéis… El ayuno es el silencio de la carne. Tantos placeres, tanta comida, tanta bebida, tanto recreo para los ojos, nos tiene abotargados. El ayuno hará callar todo ese alboroto de sensaciones, y nos hará sentir hambre de Dios.

De dentro afuera

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Como dice el papa Francisco, un cristiano, “un evangelizador, no debería tener permanentemente cara de funeral” (Evangelii gaudium, 10).

Así que ya lo sabes ¡Fuera las caras largas! Al menos hay que intentarlo, ¿no te parece?… Me dirás que la alegría no es, ni puede ser falsa… En efecto, la alegría para el cristiano no es una táctica, es algo más: es algo esencial y vital. ¿Y entonces? ¿Cómo recuperar la alegría? A veces, se trata tan solo de descansar un tiempo, hacer deporte o pasear, o cambiar de ocupación unos días… Pero la clave -siempre- está en recuperar nuestro espacio interior para Dios, recuperar ese Silencio interior que quizá con el ajetreo de la vida diaria habíamos perdido:

«Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso» (ibid, 3).

¡Se trata de despertar a Cristo que duerme en tu corazón! Lee una y otra vez el evangelio de hoy, imagina la escena de Jesús dormido en popa sobre el cabezal e ilusiónate con el poder de sus gestos, de sus palabras: acércate a él, llámalo, míralo, escúchalo y asómbrate. Seguir leyendo “De dentro afuera”

Dios está en el alma “como el amante en el amado”

San_Tommaso_dAquino.jpgHoy la Iglesia celebra a Santo Tomás de Aquino. La muerte le sorprendió antes de que pudiera finalizar la que es, no obstante, la obra teológica más grande jamás escrita. La Suma Teológica contiene 512 cuestiones y 2.669 artículos que exponen de un modo racionalmente exigente el contenido de la fe católica. Las citas de la Escritura se cuentan por millares, y se recogen también multitud de referencias a los Padres de la Iglesia, especialmente a san Agustín. Tomás partía de la experiencia concreta, de las dudas que todos tenemos, y trataba de darle respuesta. En esta obra habla de la Trinidad y de la relación de las tres Personas en Dios, de la creación, de los ángeles, del pecado, de la gracia, de la encarnación del Verbo y la venida del Espíritu Santo, de los sacramentos… y quedó inconclusa, dejando por hacer el capítulo dedicado a la vida eterna.
Sorprende la capacidad de profundizar en el misterio de Dios que tiene Tomás de Aquino. Está persuadido de la presencia de Dios en el mundo, y de modo particular en el alma en gracia, donde inhabitan las Personas divinas. El cristiano está llamado a un diálogo amorosísimo e íntimo con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios está en el alma de los justos como el amante en el amado: Dios actúa en el corazón de los hombres enamorándolos de los bienes excelentes y del amor primero. ¿De los hombres? De ti y de mí. Seguir leyendo “Dios está en el alma “como el amante en el amado””

Tiene algo de misterioso el “abrirse” del alma


abrir-las-puertas-del-almaTiene algo de misterioso el “abrirse” del alma: 

“Se abre el alma a quien se quiere, al amigo íntimo, al hermano. Y se abre el alma, para recibir, cuando menos, interés, comprensión, afecto”. (Javier Echevarría en “Getsemaní”, pg. 72)

Dar consejo al que lo necesite. Una gran obra de misericordia. Pero para lograr un diálogo sincero, un importante elemento requerido y algo olvidado es la confianza total en el que escucha, y  que presupone en éste: total lealtad y discreción absoluta. Generalmente también es necesario un periodo más o menos largo de trato y conocimiento mutuo que puede ir creciendo escalonadamente. Conforme crece la intimidad en el trato y se percibe la sinceridad e interés en el que escucha es más fácil abrirse y pedir consejo. Por eso, otro elemento clave es la perseverancia en el trato, de una manera u otra (cartas, citas, paseos, llamadas…). Seguir leyendo “Tiene algo de misterioso el “abrirse” del alma”

Castidad: el hombre interior

Seguimos con el libro “Amor y desamor. La pureza liberadora” de Guillaume Derville. El autor continua su reflexión sobre el sentido profundo e interior de la castidad.

otoñoEl hombre es un ser de deseos que aspira a la felicidad. Los mandamientos marcan el camino que nos conduce a ese fin. La exacta comprensión de estos mandamientos permite ver en ellos, más que unas reglas arbitrarias, una exigencia de amor inscrita en el corazón del ser humano. Lo que Cristo proclama es una moral viva, ya que, como explica san Juan Pablo II, «el ethos [sentido moral] nos hace entrar en la profundidad de la norma en sí misma y simultáneamente descender al interior del hombre-sujeto de la moral. Para llegar hasta allí no basta quedarse “en la superficie” de las acciones humanas, es necesario penetrar en el interior» [9]. Así, continúa, «además del mandamiento “no cometerás adulterio”, el Decálogo tiene también otro mandamiento: “no desearás la mujer del… prójimo”. En el Sermón de la Montaña, Cristo vincula, en cierto sentido, el uno con el otro: “todo el que mira a una mujer para desearla ya ha cometido adulterio en su corazón”. No se trata tanto de distinguir el alcance de aquellos dos mandamientos del Decálogo, cuanto de poner de relieve la dimensión de la acción interior, a la que se refieren también las palabras: “no cometerás adulterio”» [10]. San Juan Pablo II revela que la casuística del Antiguo Testamento trataba de mantener la prohibición del adulterio, aunque abría la puerta a la posibilidad de escapatorias legales. Seguir leyendo “Castidad: el hombre interior”