De dentro afuera

paisajes

Como dice el papa Francisco, un cristiano, “un evangelizador, no debería tener permanentemente cara de funeral” (Evangelii gaudium, 10).

Así que ya lo sabes ¡Fuera las caras largas! Al menos hay que intentarlo, ¿no te parece?… Me dirás que la alegría no es, ni puede ser falsa… En efecto, la alegría para el cristiano no es una táctica, es algo más: es algo esencial y vital. ¿Y entonces? ¿Cómo recuperar la alegría? A veces, se trata tan solo de descansar un tiempo, hacer deporte o pasear, o cambiar de ocupación unos días… Pero la clave -siempre- está en recuperar nuestro espacio interior para Dios, recuperar ese Silencio interior que quizá con el ajetreo de la vida diaria habíamos perdido:

«Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso» (ibid, 3).

¡Se trata de despertar a Cristo que duerme en tu corazón! Lee una y otra vez el evangelio de hoy, imagina la escena de Jesús dormido en popa sobre el cabezal e ilusiónate con el poder de sus gestos, de sus palabras: acércate a él, llámalo, míralo, escúchalo y asómbrate. Seguir leyendo “De dentro afuera”

Dios está en el alma “como el amante en el amado”

San_Tommaso_dAquino.jpgHoy la Iglesia celebra a Santo Tomás de Aquino. La muerte le sorprendió antes de que pudiera finalizar la que es, no obstante, la obra teológica más grande jamás escrita. La Suma Teológica contiene 512 cuestiones y 2.669 artículos que exponen de un modo racionalmente exigente el contenido de la fe católica. Las citas de la Escritura se cuentan por millares, y se recogen también multitud de referencias a los Padres de la Iglesia, especialmente a san Agustín. Tomás partía de la experiencia concreta, de las dudas que todos tenemos, y trataba de darle respuesta. En esta obra habla de la Trinidad y de la relación de las tres Personas en Dios, de la creación, de los ángeles, del pecado, de la gracia, de la encarnación del Verbo y la venida del Espíritu Santo, de los sacramentos… y quedó inconclusa, dejando por hacer el capítulo dedicado a la vida eterna.
Sorprende la capacidad de profundizar en el misterio de Dios que tiene Tomás de Aquino. Está persuadido de la presencia de Dios en el mundo, y de modo particular en el alma en gracia, donde inhabitan las Personas divinas. El cristiano está llamado a un diálogo amorosísimo e íntimo con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios está en el alma de los justos como el amante en el amado: Dios actúa en el corazón de los hombres enamorándolos de los bienes excelentes y del amor primero. ¿De los hombres? De ti y de mí. Seguir leyendo “Dios está en el alma “como el amante en el amado””

Tiene algo de misterioso el “abrirse” del alma


abrir-las-puertas-del-almaTiene algo de misterioso el “abrirse” del alma: 

“Se abre el alma a quien se quiere, al amigo íntimo, al hermano. Y se abre el alma, para recibir, cuando menos, interés, comprensión, afecto”. (Javier Echevarría en “Getsemaní”, pg. 72)

Dar consejo al que lo necesite. Una gran obra de misericordia. Pero para lograr un diálogo sincero, un importante elemento requerido y algo olvidado es la confianza total en el que escucha, y  que presupone en éste: total lealtad y discreción absoluta. Generalmente también es necesario un periodo más o menos largo de trato y conocimiento mutuo que puede ir creciendo escalonadamente. Conforme crece la intimidad en el trato y se percibe la sinceridad e interés en el que escucha es más fácil abrirse y pedir consejo. Por eso, otro elemento clave es la perseverancia en el trato, de una manera u otra (cartas, citas, paseos, llamadas…). Seguir leyendo “Tiene algo de misterioso el “abrirse” del alma”

Castidad: el hombre interior

Seguimos con el libro “Amor y desamor. La pureza liberadora” de Guillaume Derville. El autor continua su reflexión sobre el sentido profundo e interior de la castidad.

otoñoEl hombre es un ser de deseos que aspira a la felicidad. Los mandamientos marcan el camino que nos conduce a ese fin. La exacta comprensión de estos mandamientos permite ver en ellos, más que unas reglas arbitrarias, una exigencia de amor inscrita en el corazón del ser humano. Lo que Cristo proclama es una moral viva, ya que, como explica san Juan Pablo II, «el ethos [sentido moral] nos hace entrar en la profundidad de la norma en sí misma y simultáneamente descender al interior del hombre-sujeto de la moral. Para llegar hasta allí no basta quedarse “en la superficie” de las acciones humanas, es necesario penetrar en el interior» [9]. Así, continúa, «además del mandamiento “no cometerás adulterio”, el Decálogo tiene también otro mandamiento: “no desearás la mujer del… prójimo”. En el Sermón de la Montaña, Cristo vincula, en cierto sentido, el uno con el otro: “todo el que mira a una mujer para desearla ya ha cometido adulterio en su corazón”. No se trata tanto de distinguir el alcance de aquellos dos mandamientos del Decálogo, cuanto de poner de relieve la dimensión de la acción interior, a la que se refieren también las palabras: “no cometerás adulterio”» [10]. San Juan Pablo II revela que la casuística del Antiguo Testamento trataba de mantener la prohibición del adulterio, aunque abría la puerta a la posibilidad de escapatorias legales. Seguir leyendo “Castidad: el hombre interior”

Artículos sobre el SÍNODO DE LA FAMILIA 2015

Listado de algunos de los mejores artículos que he encontrado sobre el reciente Sínodo de la Familia:

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El relojero

maquinaria_rejog_muralesyvinilos_11964979__Monthly_LHace mucho tiempo en un pueblito perdido en la montaña, las necesidades de la gente eran satisfechas por las diferentes familias que con sus oficios heredados se preocupaban de solucionar todos los problemas. Cada día, el aguatero con su familia traía desde el río cercano toda el agua que el pueblito necesitaba. El cantero hacía lo mismo con respecto a las piedras y lajas necesarias para la construcción o reparación de las viviendas. El panadero se ocupaba con los suyos de amasar la harina y hornear el pan que se consumiría. Y así pasaba con el carnicero, el zapatero, el relojero. Cada uno se sentía útil y necesario al aportar lo suyo a las necesidades comunes. Nadie se sentía más que los otros, porque todos eran necesarios. Seguir leyendo “El relojero”