Vaticano lanza nueva web del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida

Amor conyugal y paternidad responsable

Goya Producciones, con el patrocinio del Consejo Pontificio para la Familia, presenta un documental sobre el amor conyugal y la paternidad responsable. En él muestran cómo los métodos naturales permiten vivir el amor, la sexualidad y la procreación según la naturaleza y la dignidad de la persona humana. Fuente

“Los Estados son libres de reservar el matrimonio únicamente a parejas heterosexuales”

tribula_ue-640x360Una noticia que se quiere ocultar. El Tribunal de Estrasburgo, considerado la corte de Derechos Humanos más importante del mundo, dictaminó por unanimidad que no existe el derecho al matrimonio homosexual, cerrando un debate que data de 2004, según publica Life Site News (Fuente). ¿Por qué un fallo de semejante tenor provisto por dicho tribunal Internacional de Derechos Humanos, con voto unánime y representativo de los 47 países europeos no trascendió en ningún lado? (Fuente).

En efecto, los 47 jueces, de los 47 países del Consejo de Europa, que integran el pleno del Tribunal de Estrasburgo, el tribunal de derechos humanos más importante del mundo ha dictado una sentencia sorprendente el pasado jueves 09 de junio. Por unanimidad, todos los 47 jueces, han aprobado la sentencia que establece que no existe el derecho al matrimonio homosexual. 

Sustentan su decisión en el artículo Nº. 12 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Dicho artículo equivale a los artículos de los tratados sobre derechos humanos firmados por México: Nº. 17 del Pacto de San José y al Nº. 23 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Ahí se establece que “…el hombre y la mujer tienen derecho a casarse y a fundar una familia…”. Si los legisladores hubiera querido decir que el matrimonio es también para hombres gays o mujeres lesbianas habría escrito: las personas tienen derecho a casarse y a fundar una familiaPero no es así. Específicamente quisieron preservar la institución natural del matrimonio.

También han dicho que el Convenio Europeo de Derechos Humanos consagra “el concepto tradicional del matrimonio, a saber, la unión de un hombre y de una mujer” y que no impone a los gobiernos la “obligación de abrir el matrimonio a las personas de mismo sexo” y añade: “gozan de un margen de apreciación para decidir acerca de la naturaleza exacta del estatuto otorgado por otros modos de reconocimiento jurídico”. En cuanto al principio de no discriminación, el Tribunal de Estrasburgo también afirma que no hay tal discriminación y dice que “…los Estados son libres de reservar el matrimonio únicamente a parejas heterosexuales…” (Fuente).

 

La castidad forma parte de la vocación humana

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Cada persona tiene una vocación específica que está llamada a descubrir y a construir durante toda su vida. Esta vocación es, al mismo tiempo, una llamada de Dios y una elección libre: se concreta con el tiempo. En parte, depende de nuestra magnanimidad. Hay circunstancias que es preciso saber captar, decisiones impulsivas, el gusto por el riesgo, o al contrario, la tendencia a evitar todo que lo podría complicarnos la existencia, aunque solo fuera un poco. Tejemos nuestro destino como la araña su tela, decía François Mauriac. La vida, de la cual somos en parte responsables, nos enseña quiénes somos y nos va forjando.

La vocación es una luz: abordar la existencia desde esta perspectiva da sentido a todas las situaciones. La vocación es también una fuerza para emprender, una palanca de apoyo. Otorga un motivo a la vida y proporciona gran seguridad: se sabe adónde se va. Esta certeza no tiene precio. (…)

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Una conducta y una actitud afables ayudan mucho a quienes te tratan

cara sonrienteOtra gran obra de misericordia: la alegría. La alegría presta un inmenso servicio a los demás… y, por lo tanto, se trata de un hábito que podemos y debemos adquirir. Santo Tomás de Aquino sitúa a la alegría bajo el epígrafe general de la virtud cardinal de la justicia, aquella que nos dispone a dar a otros lo que les corresponde por deber o por obligación. Nosotros estamos obligados a ayudar —y no a poner obstáculos— en su camino hacia el cielo a quienes nos rodean en este mundo. Y no solo hemos de ayudar con nuestra limosna a los que padecen necesidad y con nuestro consejo a los que yerran: también debemos prestar ayuda a los que conocemos o tratamos con nuestra amabilidad, nuestra comprensión y nuestras maneras afables.

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10 claves del noviazgo para la felicidad del matrimonio

Attractive coupleDesde hace unos años los estudios sociológicos destacan que cada vez se casan menos parejas, se tienen menos hijos y se divorcian más matrimonios. La mayoría de ellos hacen hincapié en la importancia de una buena relación de noviazgo para tartar de llegar a una convivencia futura que ofrezca las máximas garantías. El matrimonio siempre va a suponer un riesgo, pero si nos adentramos en él habiendo hecho bien los deberes, éste se minimiza.

El noviazgo es la etapa en la que encontramos a la persona amada para comprometernos de por vida, y con la que nos vamos a responsabilizar para sacar adelante nuestra familia. La empresa no parece fácil, pero con unas cuantas orientaciones quizás allanemos el camino de nuestras dudas:

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¿Por qué gritamos al enfadarnos?

Calma que antecede la tormentaUn día, un niño preguntó: ¿Por que la gente se grita cuando están enfadados? Los hombres pensaron un momento y uno dijo: Porque perdemos la calma, por eso gritamos… Volvió a preguntar el niño: Pero ¿por qué “gritar”, si la otra persona está cerca, a tu lado?. Y los hombres callaron… Fue su mamá quien le explicó: mira, hijo, cuando dos personas están enfadadas, sus corazones se alejan mucho. Para oírse a esa distancia deben gritarse y cuanto más enfadados estén, más fuerte tendrán que gritarse para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia y llega un día en que la distancia es tanta que ya no se pueden escuchar.
Entonces el niño dijo: Mama, cuando yo me enfade contigo no gritaré y así no se alejará mi corazón del tuyo, no diré nada que nos aleje. Ya no gritaré más, mamá.

Tras una discusión o un enfado, alcanzada ya la calma, que bueno es hacerse una llamada para decirse “te quiero”; o simplemente, al volverse a encontrar, esbozar una ligera sonrisa para decirse “lo siento”…