Una conducta y una actitud afables ayudan mucho a quienes te tratan

cara sonrienteOtra gran obra de misericordia: la alegría. La alegría presta un inmenso servicio a los demás… y, por lo tanto, se trata de un hábito que podemos y debemos adquirir. Santo Tomás de Aquino sitúa a la alegría bajo el epígrafe general de la virtud cardinal de la justicia, aquella que nos dispone a dar a otros lo que les corresponde por deber o por obligación. Nosotros estamos obligados a ayudar —y no a poner obstáculos— en su camino hacia el cielo a quienes nos rodean en este mundo. Y no solo hemos de ayudar con nuestra limosna a los que padecen necesidad y con nuestro consejo a los que yerran: también debemos prestar ayuda a los que conocemos o tratamos con nuestra amabilidad, nuestra comprensión y nuestras maneras afables.
Una conducta y una actitud afables ayudan mucho a quienes te tratan. Si eres hosco, triste y huraño, la gente se sentirá incómoda y tú te sentirás aún más tentado de dejarte llevar por la tristeza. Pero, si eres alegre, infundirás ánimo en los demás, les invitarás a hacerte confidencias e incrementarás su esperanza de ser buenos servidores del Señor.
Si tu actitud ante la vida y ante todos los que te rodean es permanentemente pesimista, tal vez seas un caso grave de autocompasión: te dejas abatir por tus penas e infortunios. O quizá la envidia anula todos tus esfuerzos por ser alegre porque solo te fijas en las cosas buenas que tienen los demás y de las que tú careces. O tal vez seas víctima de tus emociones. Puede que tu temperamento tienda a la tristeza y que hayas tomado la postura de dejarte gobernar por él.

Propósito para este año de la misericordia: esforzarme por ser un poco más amablemente alegre

Los pequeños detalles de cortesía manifiestan el espíritu de Cristo a quienes los reciben

paisaje primavera.jpgSan Pablo aconseja sacrificar pequeños derechos por el bien de los demás. Llega incluso a desear hacerse siervo con el fin de salvar almas para Cristo: Porque siendo libre de todos, me hice siervo de todos para ganar a cuantos más pueda… Me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me he hecho todo para todos, para salvar de cualquier manera a algunos.

En tu caso, hacerte siervo implica la privación voluntaria de esos pequeños derechos que te resultan tan placenteros. Quizá signifique permanecer muy atento a las necesidades y deseos de los demás ahorrándoles esfuerzos, aliviando sus cargas, infundiéndoles coraje y nuevas esperanzas, ofreciéndoles aliento con un apretón de manos, o haciéndoles el favor que te piden en el momento más inoportuno. Seguir leyendo “Los pequeños detalles de cortesía manifiestan el espíritu de Cristo a quienes los reciben”

Piensa si no estarás llevando una vida demasiado fácil y demasiado cómoda

enamoradaA lo mejor has oído aquel chiste del mudo de nacimiento. Iban pasando los años y el muchacho no hablaba. Sus padres lo llevaban de médico en médico, sin resultado, hasta que finalmente dieron el caso por imposible. No encontraban ninguna causa fisiológica de aquel absoluto mutismo.

Cuando la criatura tenía ya treinta y cuatro años, un buen día su madre le puso el café para desayunar, y el chico, con toda naturalidad, se dirigió a ella diciendo:

-Mamá, te olvidaste el azúcar.

-Pero, hijo mío, ¿cómo es que puedes hablar y llevas treinta y cuatro años sin hacerlo?

-Es que hasta ahora todo había estado perfecto -respondió.

Piensa si no estarás llevando una vida demasiado fácil y demasiado cómoda. Platón aseguraba que el exceso de bienes materiales produce delicuescencia en el alma, y Schopenhauer decía que es como el agua salada, que cuanto más se bebe, más sed produce. Seguir leyendo “Piensa si no estarás llevando una vida demasiado fácil y demasiado cómoda”

El amor exige generosidad y sacrificio personal. Es el corazón y el alma de la religión

primavera.jpg

No busques la felicidad en tu propio interés, sino en la renuncia de ti mismo que predicó el Hijo de Dios para impulsarnos en el camino hacia la felicidad. «No penséis que he venido a traer la paz a la tierra. No he venido a traer la paz sino la espada». Ha venido a desatar la guerra contra el propio yo y las pasiones egoístas; a liberar a los hombres de la miseria a que los había conducido su egoísmo. El amor exige generosidad y sacrificio personal. Es el corazón y el alma de la religión. No se conforma con buenas palabras, sino que busca afirmarse mediante las obras. Si no practicas el sacrificio de ti mismo, solo te complaces a ti….  Seguir leyendo “El amor exige generosidad y sacrificio personal. Es el corazón y el alma de la religión”

Muchas veces, los agobios por falta de tiempo son más bien agobios por falta de orden

fortalezaLee Iacocca, aquel legendario empresario norteamericano que fue primer ejecutivo de la Ford y que años después lograría un espectacular reflotamiento en la Chrysler, explicaba así su experiencia de varias décadas al frente de grandes multinacionales:

«No puedo menos que asombrarme ante el gran número de personas que, al parecer, no son dueños de su agenda. A lo largo de estos años se me han acercado muchas veces altos ejecutivos de la empresa para confesarme con un mal disimulado orgullo: “Fíjese, el año pasado tuve tal acumulación de trabajo que no pude ni tomarme unas vacaciones”.

»Al escucharles, siempre pienso lo mismo. No me parece que eso deba ser en absoluto motivo de presunción. Tengo que contenerme para no contestarles: “¿Serás iluso? Pretendes hacerme creer que puedes asumir la responsabilidad de un proyecto de ochenta millones de dólares si eres incapaz de encontrar dos semanas al año para pasarlas con tu familia y descansar un poco?”.»

Imprimir un ritmo ordenado a la vida, ser dueños del propio tiempo y de la agenda, tener un claro orden de prioridades en lo que hemos de hacer…, son premisas básicas para la eficacia en cualquier trabajo.

-¿También para educar? Seguir leyendo “Muchas veces, los agobios por falta de tiempo son más bien agobios por falta de orden”

Cuando se vive de veras la caridad, no queda tiempo de buscarse a sí mismo

Platero-Flores1.JPGCuando se vive de veras la caridad, no queda tiempo de buscarse a sí mismo; no hay espacio para la soberbia; ¡no se nos ocurrirán más que ocasiones de servir! (Forja 683)

Pensad en las características de un asno, ahora que van quedando tan pocos. No en el burro viejo y terco, rencoroso, que se venga con una coz traicionera, sino en el pollino joven: las orejas estiradas como antenas, austero en la comida, duro en el trabajo, con el trote decidido y alegre. Hay cientos de animales más hermosos, más hábiles y más crueles. Pero Cristo se fijó en él, para presentarse como rey ante el pueblo que lo aclamaba. Porque Jesús no sabe qué hacer con la astucia calculadora, con la crueldad de corazones fríos, con la hermosura vistosa pero hueca. Nuestro Señor estima la alegría de un corazón mozo, el paso sencillo, la voz sin falsete, los ojos limpios, el oído atento a su palabra de cariño. Así reina en el alma.

Si dejamos que Cristo reine en nuestra alma, no nos convertiremos en dominadores, seremos servidores de todos los hombres. Servicio. ¡Cómo me gusta esta palabra! Servir a mi Rey y, por El, a todos los que han sido redimidos con su sangre. ¡Si los cristianos supiésemos servir! Vamos a confiar al Señor nuestra decisión de aprender a realizar esta tarea de servicio, porque sólo sirviendo podremos conocer y amar a Cristo, y darlo a conocer y lograr que otros más lo amen. (Es Cristo que pasa, 181-182)

 

La la pureza es «responder que sí a su Amor, con un cariño claro, ardiente y ordenado»

primavera.jpg

La castidad pertenece a la templanza. Esta virtud moral «modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar para seguir la pasión de su corazón» [CCE, 1809].

La unidad interior del hombre, su ser a la vez corporal y espiritual, se construye en sus intenciones a partir de su corazón. Así lo subraya el Antiguo Testamento aludiendo a la circuncisión del corazón, que es la fidelidad interior (cf. Dt 10, 16; Jr 4, 4). Ya el Génesis nos habla de los deseos, que Dios conoce, del corazón del hombre (8, 20). «La castidad –dice Juan Pablo II– consiste en vivir en el orden del corazón» [S. Juan Pablo II, Hombre y mujer los creó, 14-XI-1984, p. 669]. Seguir leyendo “La la pureza es «responder que sí a su Amor, con un cariño claro, ardiente y ordenado»”