Aunque la carne se vista de seda, carne se queda…

mirada turbia.jpgEl arte y su falsificación

Hay una pureza de la mirada que depende en primer lugar de la intención, pero que también está relacionada con lo que se ofrece a la vista. El auténtico arte, por la correspondencia de la belleza con la bondad, no ofende a la mirada y lleva a Dios. Entonces, la obra eleva al artista y le hace mejor. Existe una «desnudez casta» cuando el genio del artista sabe representar la nobleza del alma y del cuerpo. Es algo parecido a un buen vaso de vino: resulta excelente para todos, salvo para quien padece de alcoholismo. En definitiva, casi todo depende de la pureza de la mirada. «Omnia munda mundis»: «Todo es puro para los puros; en cambio, para los contaminados e incrédulos no existe nada puro», escribe san Pablo a Tito (Tt 1, 15). Seguir leyendo “Aunque la carne se vista de seda, carne se queda…”

Gloria y servidumbre de Internet

usuarios_esclavos_internet_07.jpgLa gran fuerza de atracción de Internet, y en particular de las imágenes (fotografías y vídeos) que ofrece la red, junto con un relativo anonimato de acceso, reclama una cierta prudencia que actúe como protección de la propia libertad. El dominio de sí es especialmente necesario en el mundo digital. Es un hecho comprobado que la red informática, que en sí es una herramienta magnífica, crea fácilmente adicción y, como las drogas, provoca dependencias psíquicas. En este caso, puede llegar a absorber al usuario de manera vertiginosa, y en cierto modo a hundirlo, aunque inadvertidamente: las personas se hacen prisioneras y desgraciadas al mismo tiempo. Más allá del prudente empleo de filtros y de determinadas medidas relativas a los lugares y los momentos elegidos para consultar Internet, es obvio que lo esencial en este ámbito es la «estructura» interior que hace al hombre maestro de sí mismo y la disposición que depende de una identidad personal bien afirmada. La actitud interior y las ayudas exteriores permiten estar prevenido y ser disciplinado, prudente y celoso de la propia salud psicológica y espiritual. Lo sensato es navegar en Internet con una meta concreta, en el ámbito del propio trabajo o de otro horizonte honrado: evitar la navegación sin rumbo, al capricho del viento, dispuestos a visitar cualquier «isla del tesoro» que se nos pueda presentar.
Internet, que da felizmente una voz a quienes no tienen medios, es también un ámbito de crecimiento en la templanza. Seguir leyendo “Gloria y servidumbre de Internet”

Mirar con mirada limpia, noble y respetuosa, una mirada que no se apropia de lo que pertenece al otro y, en última instancia, a Dios

mirada-limpia2La vista es un don que permite admirar la belleza de la creación y de las obras humanas, pero la ventana de los ojos debe ser objeto de vigilancia. Evitar las ocasiones de pecar, huir de ellas si se presentan, es la actitud fundamental de lo que suele denominarse guardar la vista. Con evidente realismo, el Antiguo Testamento aconseja a los hombres: «No andes curioseando por las calles de la ciudad, ni vagabundees por sus lugares solitarios. Aparta tus ojos de una mujer hermosa, y no mires la belleza que no es tuya. Muchos se perdieron por la belleza de una mujer, de ella brota un amor que quema como fuego» (Si 9, 7-8). Cristo enseña que la mirada impura provoca el adulterio del corazón: «Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón. Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y tíralo» (Mt 5, 28-29). La vista enturbia con gran facilidad al alma, aunque no sea siempre de inmediato. ¿No afirma Pascal que la causa del amor es un «no sé qué» y que sus efectos son aterradores? Y para ilustrar su afirmación, añade: «Si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, hubiera cambiado toda la faz de la tierra».

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La esperanza de ser santos

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha engendrado de nuevo -mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos- a una esperanza viva (1 P 1, 3). “La esperanza es la virtud teologal por la que deseamos y esperamos de Dios la vida eterna como nuestra felicidad, confiando en las promesas de Cristo, y apoyándonos en la ayuda de la gracia del Espíritu Santo, para merecerlaperseverar hasta el fin de nuestra vida terrena(Compendio CIC, 387).

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“Una luz de arriba se derramó en mi pecho ya limpio”

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Cierta vez existió debajo de la tierra una caverna. Durante toda su existencia había permanecido en la oscuridad. Un día una voz llamó:
– “Sube y ven hacia la luz, ven a ver la luz del Sol”.
La caverna respondió:
– “No entiendo que quieres decirme; nada existe fuera de la oscuridad”.
Pero finalmente la caverna tuvo valor para subir y quedó sorprendida al ver la luz por todas partes. Entonces la caverna se dirigió al Sol y le dijo:
– “Ven ahora tú conmigo y conocerás la oscuridad.”
– “¿Qué es oscuridad?” preguntó curioso el Sol.
La caverna insistió: – “Ven conmigo y verás”.
Un día el Sol aceptó la invitación. Al entrar, la caverna dijo: – “Ahora verás mi oscuridad”.
– “¿Qué oscuridad?” preguntó curioso el Sol.
La caverna insistió: – “Ven conmigo y verás mi oscuridad”. Pero no había ninguna oscuridad.

El mensaje es sencillo: la oscuridad no es nada en sí misma; es la ausencia de luz. De igual modo, lo malo en nuestras vidas no tiene tanto poder como parece; porque no es más que la ausencia, vacío, de algo bueno que anhelamos… Por eso, cuando bajamos a los sótanos de nuestro miseria, no hemos de bajar solos, conviene bajar siempre con Jesucristo: el Señor de la Misericordia. Con Él, ya arrepentidos, nuestra oscuridad será transformada por la luz de su Perdón.

Un joven se encontraba en lucha consigo mismo; en un momento de conversión y duda dejo escrito el siguiente relato… Este joven llegaría a ser santo: Seguir leyendo ““Una luz de arriba se derramó en mi pecho ya limpio””

Cuando la fragilidad baila

Una obra de misericordia. Precioso:

Centrados (o descentrados)

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En el evangelio de la misa de hoy vemos como Jesús toma con él a los apóstoles para llevárselos a un lugar pacífico donde poder descansar: Venid conmigo a un lugar apartado, nos sugiere, hoy, también a nosotros el Señor.

El tiempo que nos ha tocado vivir es llamativamente ajetreado: la casa, el trabajo, los niños, las redes sociales, el móvil, Internet, las actividades varias… Incluso el modo de divertirse, con frecuencia, en vez de descansarnos, nos estresa más. Quizás hoy más que nunca, hemos de poner especial empeño en aprender a descansar. ¡Requiere cierta habilidad y maestría!

El modo de conseguirlo responde a una receta tan simple de enunciar como difícil de cumplir: estar centrados en la actividad.

Mucha gente se agobia por dar más importancia a lo que está por venir que a lo que tienen entre manos. Experimentan impotencia y angustia por no poder llegar a todo… y esto les lleva, con frecuencia, a la tristeza y a la búsqueda de compensaciones.

Otras veces se trata de personas perfeccionistas que tratan de compensar con mucha actividad una especie de melancolía o vacío que anida en el corazón; el cual, orgulloso e insatisfecho, se arroja en una montaña de faenas. 

Si te pasa algo de esto, atiende a las palabras de san Josemaría:

«¿Quieres de verdad ser santo? –Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces» (Camino 815).

Parece simple ¿verdad?. Cabría en un twit. ¿Te animas a vivirlo? Acudimos a la Señora para que nos ayude a cumplir hoy -o al menos ahora mismo-, este propósito tan bonito.