¿Qué leer para mejorar la propia formación y cultura teológicas?

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Aprovechamos que empiezan las vacaciones de verano para proponer una  lista de lecturas -que no es exhaustiva- orientada a personas con formación universitaria (jóvenes profesionales, sacerdotes, etc.) que desean progresar en su formación cultural y doctrinal.

Ensayos breves

  • C. Cardona, Ética del quehacer educativo.
  • J. Daniélou, Dieu et nous (Dios y nosotros).
  • R. Knox, The Creed in Slow Motion (El credo a cámara lenta).
  • Llano, En busca de la trascendencia. Encontrar a Dios en el mundo actual.
  • J.L. Lorda, Para una idea cristiana del hombre.
  • J. Marías, La perspectiva cristiana.
  • J.H. Newman, The Idea of a University; Nine Discourses and Occasional Lectures and Essays (Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria).
  • J. Orlandis, La Iglesia católica en la segunda mitad del siglo XX.
  • J. Pieper, Defensa de la filosofía

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No me olvides que a veces hace falta tener al lado caras sonrientes

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No me olvides que a veces hace falta tener al lado caras sonrientes. Surco, 57.

Algunas disposiciones para participar en los medios de formación cristiana

miguel_angel_piedad_2La disposición básica es de apertura del corazón a la gracia divina (Lo primordial será ser y ayudar a cada persona a ser dócil a la gracia de Dios, y a llevar una vida coherente y alegre en el trabajo, en la familia, en la vida social.)). Al recibir los medios de formación, son importantes:

— la humildad, que lleva a reconocer en la verdad que uno no solo no lo sabe todo, sino que hay muchas cosas que no consigue vivir. “A veces, desearíamos ser los mejores en cualquier aspecto y a cualquier nivel. Y como no es posible, se origina un estado de desorientación y de ansiedad, o incluso de desánimo y de tedio”;

— el abandono en las manos de Dios. (Docilidad: ej. como e barro en manos del alfarero)

la rectitud de intención, que impide el “aprender solo para saber más”, sino que invita a aprender para amar más a Dios y a los demás. Se trata de incorporar en la propia vida lo que se va oyendo: Santiago invitará así a los cristianos: “Recibid con mansedumbre la palabra sembrada en vosotros, capaz de salvar vuestras almas. Pero tenéis que ponerla en práctica y no sólo escucharla engañándoos a vosotros mismos” (St 1, 21-22). Solo de este modo se crece en filiación divina: “Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la ponen por obra” (Lc 8,21); esto lleva a apuntar algunas ideas que más nos gusten y más puedan servirnos en nuestra vida cristiana; Seguir leyendo “Algunas disposiciones para participar en los medios de formación cristiana”

Formación cristiana

PiedadEl núcleo de la formación: Jesucristo

– Jesús forma a sus discípulos. Después de rezar, Jesucristo eligió a sus apóstoles (cfr. Lc 6, 12-16), y les fue formando poco a poco para su misión. “Jesús comenzó a hacer y enseñar” y continúa Lucas: “hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo”. También después de su Pasión, siguió enseñándoles durante cuarenta días “de lo referente al Reino de Dios” (Hch 1, 1-3). En otras palabras, durante su vida pública, y también después de su resurrección, Jesús preparó a sus discípulos para que pudieran seguir su obra de evangelización. La Iglesia  continúa esta obra de Cristo hasta el fin del mundo.  (Ej. fuego del cielo…; discutian de ser el primero…; lavar los pies, etc… forma sus corazones, sus creencias, su piedad… )

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Tú evita actuar movido por la venganza

venganzaEl deseo de venganza, que nace de la aversión y el resentimiento, es también enemigo de la caridad. Asimismo, la ira puede manifestarse en la intención de vengarse de quien la ha provocado.
Hay gente con una extraordinaria tendencia a no olvidar jamás una ofensa, sea esta real o imaginaria: incluso puede llegar a disfrutar con las ocasiones que de algún modo le ofrecen la posibilidad de desquitarse. Muchas de las situaciones desagradables que se producen en las relaciones humanas nacen de esta inclinación.
En el ser humano hay pocas señales más claras de la debilidad de carácter que la costumbre de intentar saldar cuentas con otro por cualquier error cometido. Al débil de carácter le encanta vengarse. Es incapaz de dejar el juicio y el castigo en manos de Dios y se dedica a maquinar constantemente el modo de hacer sufrir a quien le ha perjudicado. 

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Reza tres Avemarías antes de acostarse, pidiendo precisamente el don de la pureza

tres avemarias de la nocheSan Juan Pablo II pone en evidencia el lazo que une la pureza y la piedad, virtud que nos sitúa en relación con Dios y con los demás, y subraya que «de la pureza brota esa belleza singular que impregna cada esfera de la convivencia recíproca de los hombres y permite expresar la sencillez y la profundidad, la cordialidad y la autenticidad irrepetible de la confianza personal». La piedad, fruto de la inhabitación del Espíritu Santo, daba autenticidad y plenitud de sentimientos a santa María en sus relaciones con los demás. En la Virgen Madre, que es paradigma de la pureza, maternidad y virginidad coinciden. Ruega por nosotros «ahora y en la hora de nuestra muerte». Los que imploran la gracia de la pureza pueden recurrir siempre a su mediación, especialmente en el momento de la tentación: «ahora». En la medida en que es nuestra Madre, nos comprende, y no nos avergüenza decirle lo que nos sucede y lo poco que somos. Siempre es nuestra abogada y, en la medida en que es Madre de Dios, es la omnipotencia suplicante. Todas las gracias pasan por la mediación de la Santísima Virgen, que es purísima, castísima, sin mancha, siempre virgen, como cantan las letanías del rosario. Por eso, muchos cristianos tienen la costumbre de rezar tres Avemarías antes de acostarse, pidiendo precisamente el don de la pureza. También la invocan confiadamente recitando el Acordaos por uno mismo y por los demás. (Fuente: G. Derville en Amor y desamor. La pureza liberadora).

María fue glorificada en su cuerpo

frutoEn la Asunción de María…, en cierto modo, la gracia que inunda su alma se extiende igualmente sobre su cuerpo. Se transforma en gloria, en una íntima unión de la Hija de Dios con Dios su Hijo. Una analogía puede permitirnos vislumbrar este misterio: tenemos la experiencia de la influencia en nuestra salud de los estados de ánimo, debidos por ejemplo a éxitos o fracasos. Es tal la unión del cuerpo y el alma que a veces nos permite, sin pasar indebidamente de un orden a otro, adivinar en un rostro una preocupación, como se puede leer la tristeza, o bien las huellas de una profunda alegría espiritual. Así, el cuerpo de la Virgen María entra en la gloria de Dios, y participa de la divinidad, incluida en la materialidad misma de su carne. Por su unión con Cristo, María se convierte en el canal de todas las gracias para nosotros. Es ya el cumplimiento escatológico de la Iglesia, y nos precede en el misterio de su plenitud de gracia. Imagen de la Iglesia, es la que «recibe dos alas del águila grande para volar al desierto» (Ap 12, 14); las alas simbolizan la protección divina, frecuentemente recordada en los Salmos: «A la sombra de tus alas me refugio» (Sal 57 [56], 2); en este caso, el desierto es la imagen del refugio en el Señor. A comienzos del siglo IV, san Epifanio será el primer Padre de la Iglesia en aplicar el capítulo 12 del Apocalipsis a María. El amor a Dios, escribe san Máximo, «ama siempre poner alas al intelecto» para unirlo a Dios. El Cura de Ars decía por experiencia que «cuando conservamos la inocencia nos sentimos transportados hacia arriba por el amor, como un pájaro por sus alas». (G. Derville, en Amor y desamor. La pureza liberadora)