¿La religión debería ser un asunto privado, y la vida pública, un terreno neutral?

iglesia-estado-separacion-religion-y-politicaSeguimos con el libro Cómo defender la fe sin elevar la voz de Austen Ivereigh. Su primer Capítulo está dedicado a la Iglesia y la política. Comienza haciendo una serie de preguntas desafiantes, como las siguientes:

  • ¿Por qué la Iglesia se mete en política? ¿No debería hablar solo de religión?
  • ¿Por qué los obispos dicen a los católicos a quién deben votar?
  • ¿Por qué intentan ejercer algún tipo de control sobre los políticos católicos y les dicen qué tienen que hacer en cuestiones como el aborto o la eutanasia?
  • ¿Por qué la Iglesia no acepta las decisiones tomadas democráticamente, y quiere configurar la sociedad de acuerdo con sus principios?
  • Si es una Iglesia, ¿por qué actúa como si fuera un Estado? ¿Por qué el Vaticano tiene consideración de Estado, cuando ninguna otra religión goza de ese privilegio?

La ética de la autonomía, imperante en la cultura de Occidente, se opone frontalmente a que la religión tenga voz en la vida pública: la religión debería ser un asunto privado, y la vida pública, un terreno neutral.

Ninguna de las dos afirmaciones es cierta, pero son los presupuestos fundantes de lo que podríamos llamar mito fundacional del estado liberal. Seguir leyendo “¿La religión debería ser un asunto privado, y la vida pública, un terreno neutral?”

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Consolamos manifestando interés y cariño. A veces, con el silencio.

Aprender a consolar

Es difícil en ocasiones dar un poco de consuelo. Ante la realidad del dolor y de las penas de otro nos encontramos muchas veces faltos de recursos, inseguros y pobres en palabras.

Este relato ocurría en un hospital de Madrid. Llegaba un poco tarde, era su segunda noche de voluntario en una clínica de cuidados paliativos. Allí había pensado él que podría estudiar algo para los exámenes, además de acompañar a los enfermos. Aquellas horas de silencio durante la noche parecían propicias. No fue así la primera vez, pero no le importó. «Su enfermo», agitado, se despertaba con frecuencia, pero bastaba el calor de su mano y alguna palabra buena para que volviera la tranquilidad. La primera noche había pasado muy deprisa, y él se había marchado a casa cansado y contento. Seguir leyendo “Consolamos manifestando interés y cariño. A veces, con el silencio.”

Gran arte, el arte de consolar

cruz-y-amor«Cristo se acercó sobre todo al mundo del sufrimiento humano por el hecho de haber asumido este sufrimiento en sí mismo. Durante su actividad pública probó no solo la fatiga, la carencia a veces de una casa, la incomprensión incluso por parte de los más cercanos; pero sobre todo fue rodeado cada vez más cerrado por un círculo de hostilidad y se hicieron cada vez más palpables los preparativos para quitarlo de entre los vivos… El sufrimiento humano alcanza su cima en la pasión de Cristo». San Juan Pablo II Carta apostólica Salvifici doloris, nn. 16, 18

En el accidente el coche había quedado para el desguace. El perito lo había calificado de siniestro total: dos palabras muy duras, porque el vehículo era indispensable para su trabajo y carecía de medios para comprar otro. Su seguro era el llamado básico, nada.

El padre de familia estaba sereno, pero serio y preocupado, como era lógico. Lo reflejaba bien su cara tensa, una expresión que pocas veces habían visto sus hijos. En esta situación se le acercó su hijo pequeño y puso su mano sobre la de su padre, la apretó un poco y dijo con toda naturalidad y convencimiento: «papá, no te preocupes, ¡compraremos otro mejor!». Como es lógico, el niño no sabía nada del estado de la cuenta bancaria de su padre bajo mínimos, ni de las facturas sin pagar, etc. Pero aquellas palabras llenas de cariño valían mucho más que todos los coches del mundo. El padre siempre las llevó bien guardadas cerca de su corazón: papá, no te preocupes…También el consuelo puede llegar desde la inocencia y el cariño del chico más pequeño. Seguir leyendo “Gran arte, el arte de consolar”

Confiados sí, imprudentes no

paz-corazonConfiados y prudentes

La confianza es virtud que requiere reflexión y prudencia, y cuando se tiene incorporada se ejerce con naturalidad y sin dificultad. Permite ser libre sobre la base del conocimiento de las personas y de las circunstancias.

La prudencia permite actuar con oportunidad y con respeto: «la persona que insiste en tutear a todos, que se confía a cualquiera indiscriminadamente o se inmiscuye en asuntos de otros, fácilmente tropieza con la frialdad de los demás, al percibir síntomas de frivolidad y superficialidad en ella. La confianza no puede imponerse jamás, solamente puede inspirarse. Po ello, mantener las distancias respecto a la propia intimidad no es solamente útil entre compañeros de trabajo, también es necesaria, en otro grado, para la vida familiar. Algunas personas abruman con confidencias de índole privada, tratando de forzar la intimidad».

Quien valora su intimidad y reconoce que toda persona es sagrada, sabe que lo que guarda en su interior no es para todos, actúa con la confianza que corresponde en cada situación. [F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

La desconfianza es una forma amargada de vivir

audrey-assad-1-e1495653808714.jpg¿Desconfiar por método?

Es frecuente dar con personas que desconfían desde el principio de todos y de todo. Puede ser por temor, por inseguridad, por experiencias negativas que no han sabido superar.

Pero también desconfían personas que se han vuelto complicadas y suspicaces. Con una visión poco clara de la realidad interpretan negativamente lo que ven, lo que se les dice, y así llegan a conclusiones erradas y pesimistas. La convivencia se vuelve difícil: no se fían de nadie, todo lo que oyen lo ponen en tela de juicio, responden con evasivas, no se sabe lo que piensan; si alguien les hace un favor, creen que es por algún interés escondido; si un desconocido se dirige a ellas, imaginan que les va a hacer algún daño. Caminan por las calles y suponen amenazas en todas partes. Seguir leyendo “La desconfianza es una forma amargada de vivir”