Cuando Dios nos llame…

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Cuando Dios nos llame, no nos juzgará por las obras de los demás, sino por las nuestras. Tampoco va a pedirnos, ese día, un informe de ventas. No nos juzgará por el número de personas que nos hayan hecho caso, sino por el empeño que hayamos puesto en extender su Reino. Son dos cosas distintas.

   Al entrar en una casa, saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros. Cuando anuncies a Jesucristo, no andes demasiado pendiente de los frutos. Mira que el propio Señor, después de predicar incansablemente durante tres años, murió sin apenas discípulos. ¿Acaso fue culpa suya? Sabes que no. La culpa de nuestra falta de correspondencia a la gracia es toda nuestra.

   Tú anuncia generosamente a Jesucristo, aunque te devuelvan desplantes y humillaciones. Recuerda que el Señor no te preguntará si te han hecho caso. Tan sólo te preguntará si lo has anunciado. Y si, en lugar de presentarte ante Él con un informe de ventas, te presentas con una colección de bofetadas y escupitajos… ¡Bendito tú, siervo bueno y fiel, porque así se presentó el Señor ante su Padre!

Autor: José-Fernando Rey Ballesteros

Tu… siempre Tú… solo Tú

baatara gorge waterfall, lebanonCuando estás Tú, hasta la muerte es vida. Las dificultades, los sufrimientos, contigo, no matan: vivifican….

Y cuando Tú no estás, todo se hace vacío y muerte… La salud sin Ti, es un envejecer diario… El amor sin Ti, egoísmo del corazón… Placer sin Ti, veneno del alma… Trabajo sin Ti,  puro cansancio y desgastarse… Sueños sin Ti, pesadillas…. Muerte sin Ti, infierno.

Por eso, Señor, en dolor y en alegría, te busco y jamás permitas que me separe de Ti.

Lámpara es tu palabra para mis pasos

biblia2Puede parecernos extraño el detalle que cuenta san Marcos acerca del ciego que le presentaron a Jesús: Le untó saliva en los ojos. Sin embargo, a quien haya leído los salmos le parecerá un gesto «muy lúcido», pues la saliva es signo de la palabra. Allí está escrito: Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor, luz en mis senderos (Sal 118, 105).

¿No es la palabra del guía la luz de los ojos del ciego? «Ten cuidado con el escalón… Gira ahora a la izquierda…» Así la Palabra de Dios es guía de quienes caminamos a ciegas buscando el Cielo.

Toma la Palabra de Dios cada mañana, y úntala en los ojos del alma, para que se abran y tengas fe. Empezarás a mirar como Dios: Veo hombres; me parecen árboles. Así nos ve Dios: como árboles. En ocasiones, como higueras a quienes pide higos fuera de tiempo. En otras, como árboles malos que deben ser sanados para dar frutos buenos.

Después, como al ciego, Jesús pondrá sus manos en tus ojos. Serán sus manos llagadas en la Cruz. Y quedarás curado, y verás todo con claridad. Es decir, lo verás a Él, la claridad misma.

Contradicción

en ti confio padreMi Cristo, yo quisiera amarte como me amas, quisiera amarte una infinitud de lo que tú me amas, quisiera amarte más que a mis debilidades, ser más tuyo que del mundo, desearte a ti más …, estar contigo 24 horas, empaparme de ti a cada momento, mantenerme en oración continua, y estar a la altura de mi llamado y de quien me llama.

Pero no puedo, trato y trato para solo sentir la dulce angustia del que anhela la santidad, la amarga pero gratificante lucha del que quiere seguirte, la gran miseria que despliega el derroche de tu misericordia.

¿Qué merito tengo? ¿Qué merito podré tener? Solo tu gracia me sostiene, y lo poco que tengo te lo entrego, te lo entrego como está. Un corazón herido, humillado, dividido, una voluntad anémica, un amor incompleto, una carne débil…, un espíritu  quebrantado y un alma necesitada de tu perdón, amor y misericordia y unos ojos que no pueden ver tu gracia por encima de mis debilidades. Seguir leyendo “Contradicción”

Dios nunca se queda dormido

luna nocheOtra anécdota para medita acerca de la Presencia de Dios, especialmente en las noches oscuras de la vida:

Una madre y su hija pequeña se preparaban una noche para acostarse. La niña sentía miedo de la oscuridad y estaba algo atemorizada. 
Cuando las luces se apagaron la niña al ver la luz de la luna por la ventana le dijo a su madre: – Mama ¿será la luna como la luz que Dios deja encendida en la noche?
La madre le contestó: -Si, hijita.
La niña volvió a preguntarle: -Y ¿apagara Dios su luz para dormir?
Esta vez la madre puso su mano sobre su cabecita y le dijo: -No, hija mía, Dios nunca se queda dormido.
Estas palabras despertaron la fe de su corazón infantil y dijo: – Pues si Dios esta despierto, entonces, ya no tengo miedo…

Muy bien, por la pequeña: ¡Eso es encontrar la confianza en una seguridad verdadera…!

La huellas en la arena

arenaLa anécdota es bien conocida, pero puede ayudar para meditar acerca de esa cercanía y presencia paterna de Dios en nuestras vidas. Nunca acabaremos de profundizar lo suficiente en el inmenso amor que Dios nos tiene:

Una noche un hombre tuvo un sueño. En él caminaba por la playa junto al Señor. En el cielo se veían reflejadas escenas de su vida. Ante cada escena veía en la arena dos pares de huellas: las de él y las del Señor.
Luego de que pasara ante él la última escena de su sueño, se volvió a mirar las huellas en la arena. Notó que en muchas ocasiones, a lo largo de su vida, sólo había un par de pisadas. Se dio cuenta de que había sucedido en los momentos más tristes y oscuros de su vida. Aquello lo turbó mucho, y le preguntó al Señor: «Señor, esto es porque yo en esos momentos te abandoné ¿verdad?».
El Señor le respondió: «No, hijo mio querido; si te fijas esas huellas están más hundidas que el resto… Es que en aquellos momentos tu estabas más cansado o ya no podías más, y entonces yo te llevaba en brazos».

Él siempre está con nosotros, aun cuando pensemos que le hemos abandonado o alejado, sus brazos siguen sosteniendo la esperanza de nuestro volver al camino que nos lleva al Cielo.

No se tú, pero yo quiero que Cristo reine en mi vida

tu caminoTres cruces, tres situaciones, un mismo destino: el Calvario. Dos ladrones cumplen condena; un Dios inocente carga con una la Cruz. Un condenado rechaza la salvación que pasa a su lado. Un Dios salvador promete el paraíso a quien le ruega se acuerde de él… Y tú, ¿quién eres? ¿con quién te identificas?

No queremos que él sea nuestro rey.

No se tú, pero yo quiero que Cristo reine en mi vida. Lo quiero porque he experimentado muchas veces que su reinado es ayuda y consuelo, fuerza y ternura. Lo quiero porque la sumisión a sus mandatos me ha liberado de muchas esclavitudes… He visto a tantas personas gritar en el secreto de su corazón: “quiero ser libre, quiero liberarme de Dios”, – ¡qué extraño! ¿cómo si uno pudiera “liberarse” de la libertad?-,… y luego, ¡qué pena Señor!, los he visto de hinojos ante el dinero, el sexo, el poder o ante la propia imagen. Pero, lo sé también, Señor, en ninguno de esos amos he encontrado amor. Sólo tristeza y muerte. Por eso, grito que ¡yo quiero servir a mi Rey! ¡Al Dios que me libra de mis enemigos! Y si tengo que convertir mi vida en ofrenda, deseo que sea Él quien la reciba, porque sé que solo en Él será una ofrenda de amor y de alegría.