En Puerto la Cruz

Salgo para Puerto la Cruz. Estaré allí hasta el lunes, así que estará el blog unos días de “vacaciones”. Pero volvemos pronto! Gracias por vuestra fidelidad al blog. Hasta el lunes!

Tu Misa ¿es tu vida?

4f4707c45138784c236923f02c9.jpg__1440x600_q85_crop-smart_subsampling-2Hoy nuestro rato de oración lo dedicamos a la Santa Misa. Empezamos con estas preguntas:

Tu Misa ¿es tu vida? Tu vida ¿es una Misa que se prolonga todo el día?  ¿Te das cuenta de que eres cristiano en la medida en que vives del sacrificio eucarístico? Sí, porque se tata de ofrecer el sacrificio de Cristo total, el del Cristo místico, es decir: el sacrificio de Jesús y el tuyo…
Por eso la Misa es el centro de la vida cristiana, como Cristo es el centro del cristianismo… Cristianismo sin Cristo, es como una orquesta sin músicos… y sin música; es como permanecer en el mundo de las ideas; es como un amor sin presencia del amado; es como una amistad sin confidencias: cristiano sin Misa, es un sin sentido… Por eso, toda la razón de ser de nuestra vida, todo el sentido de nuestra existencia hemos de descubrirlo y actualizarlo en cada Misa…, cada vez que comulgamos

¿Quieres solucionar los problemas del mundo? Acércate a la Eucaristía. El mundo está mal, porque falta amor… Pero la Eucaristía que es puro amor, amor que se inmola, amor que se anonada, se derrama cada día sobre el altar como medicina que cura las heridas de este mundo.

¿Te das cuenta de que tras recibir la comunión si permaneces fiel a la gran transformación que se ha apoderado de tí, puedes vivir tu día como Cristo, ser Cristo…? Eso es comulgar y por eso podemos transformar nuestra vida diaria en apostolado; si hacemos de nuestro día una Misa prolongada.

Y no lo olvides, estamos en las manos de Dios… Esa es la gran ciencia: estar a fondo en las manos de Dios… ¡Confía!

Propósito: Entre todas mis obligaciones, saber encontrar tiempo para alimentar mi alma con la sagrada Comunión, con la Comunión diaria, si fuera posible… con la santa Misa.

Comprender a Dios

cristo de san juan de cruz, por DaliA Dios se le puede preguntar todo. Y puede ocurrir que Dios no tenga respuesta para algunas de nuestras preguntas. Y guarde silencio. Lewis, el autor de las Crónicas de Narnia, reflexionaba sobre ese silencio de Dios ante nuestras preguntas: “Cuando le planteo [ciertos] dilemas a Dios, no hallo contestación. […] Es como [si Dios] moviese la cabeza […] diciendo: «Cállate, hijo, que no entiendes.»”[1]
Sí, a Dios se le puede preguntar todo, pero la vida tiene sus misterios. Y es demasiado compleja para lograr todas las respuestas. A veces, además, erramos en el modo de formular las preguntas. Por ejemplo, ante el misterio del sufrimiento humano, en algunas ocasiones la pregunta adecuada quizá no sea “¿por qué?”, sino “¿por quién?”.
“Siempre recordaré —cuenta el filósofo José Ramón Ayllón— la pregunta de una conocida periodista, poco después de los atentados que conmocionaron al mundo en el año 2001: ¿Dónde estaba Dios el 11 de septiembre?” Su respuesta fue la única realmente a la medida del misterio del mal: “Dios está clavado en una Cruz, en agonía por ese atentado y por todas las barbaridades de la historia humana.”[2]
El escritor francés Alphonse Daudet, en “Cartas desde mi molino”, narra una historia conmovedora: Al hijo de rey de Francia, al Delfín, le había llegado la hora de morir. El pequeño no entiende que, siendo el Delfín, tenga que morir tan pronto. —“Que muera en mi lugar Beppo, mi fiel amigo. Le pagamos bien y, como otras veces, ocupará mi puesto”. —El capellán le dice que la muerte es personal e intransferible. Al fin, llorando y volviéndose hacia la pared, el niño exclama: —“Entonces, ser Delfín, no vale de nada.”
El sufrimiento tampoco es transferible. Pero sí se puede compartir. Dios pudo hacerlo y se atrevió.[3] Y lo sigue haciendo ahora. A veces nos falta comprender el sufrimiento de Dios, porque estamos demasiado ocupados lamentando el nuestro. ¿Quién consuela a Dios?

  • Los silencios de Dios
  • [1] C. S. Lewis. “Una pena en observación”, p 95. Ed. Anagrama, 6ª Edición, septiembre 1997
  • [2] José Ramón Ayllón.
  • [3] Cfr. C. S. Lewis. “Una pena en observación”, p 64. Ed. Anagrama, 6ª Edición, septiembre 1997

Nosotros, en Dios, somos lo permanente

“Si Dios habita en nuestra alma, todo lo demás, por importante que parezca, es accidental, transitorio; en cambio, nosotros, en Dios, somos lo permanente.” Amigos de Dios, 92. San Josemaría

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Mirad las aves del cielo

mirad las aves del cielo 2Mirad las aves del cielo; no siembran ni siegan, ni encierran en graneros… descuidadas del día de mañana. Mirad la hierba sobre el campo… que hoy es.

Aquí voy a poner este fragmento de Soren Kierkegaard, de su obra Los lirios del campo y las aves del cielo. Como es un poco largo lo dividiré en varias partes. Que lo disfrutéis:

“Haz esto y aprenderás: Contemplemos, pues, al lirio y al pájaro, que son los maestros alegres. Sí, «los maestros alegres», puesto que no dejarás de saber que la alegría es comunicativa; y por esta razón no hay nadie que aleccione mejor en la alegría que quien es alegre. El maestro en la alegría no tiene en realidad otra cosa que hacer que estar alegre, o mejor, ser alegría. Su enseñanza es deficiente, por mucho que se esfuerce por comunicar la alegría, si él mismo no está alegre. Y así tampoco hay nada más fácil que dar lecciones de alegría, ¡ay!, sólo se necesita estar siempre alegre de verdad. Pero ese «¡ay!» quiere indicar que en definitiva no es cosa fácil, que en realidad no es tan fácil estar siempre alegre. En cambio, si se está, nada hay más cierto que la facilidad de enseñar en la alegría.

Pero allá, fuera, junto al lirio y al pájaro, o allá fuera donde el lirio y el pájaro dan lecciones de alegría, allí siempre hay alegría. Y estos maestros nunca se encuentran en la perplejidad frecuente de un maestro humano, que lo que ha de enseñar lo tiene escrito en un papel o muerto de risa en los estantes de su biblioteca, en una palabra, en cualquier lugar y no siempre a mano; no, allí donde el lirio y el pájaro dan lecciones de alegría, allí siempre hay alegría: el lirio y el pájaro la tienen en sí mismos. ¡Qué alegría cuando despunta el día y el pájaro se despierta temprano a la alegría mañanera! ¡Qué alegría, aunque de tono diferente, cuando se aproxima la noche y el pájaro gozoso se apresura a recogerse en su nido! Y ¡qué alegría todo el largo día del verano! Y cuando el pájaro —que no canta meramente al trabajar, como pueda hacerlo un alegre trabajador, sino que su esencial tarea es el canto— se pone gozosamente a cantar, ¡qué alegría! Y cuando también empieza a cantar el vecino de al lado, y luego el de enfrente, y luego todos los pájaros a coro, ¡qué alegría!, ¡qué nueva alegría! Y cuando al final todo parece como un mar sonoro que bate el bosque y el valle, el cielo y la tierra con sus ecos, un mar sonoro en medio del cual se sobresalta ahora de alegría el pájaro que dio el tono, ¡qué alegría!, ¡qué alegría! Y así es la vida entera del pájaro; siempre y en todo encuentra algo, o mejor dicho: bastante, de que alegrarse; no desperdicia ni un solo momento, y daría por perdidos todos los momentos en que no estuviera alegre. Seguir leyendo “Mirad las aves del cielo”

El hombre hecho cenizas

Con ocasión del pasado 70 aniversario de la liberación de Auschwitz, el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto, Fernando García de Cortázar, galardonado con el Premio Nacional de Historia, escribió este magnifico artículo, del que extraigo este párrafo: “La distinción entre vidas con valor y vidas sin valor, entre existencias dignas y existencias superfluas, nunca podría haberse formulado sin la quiebra anterior de un orden inspirado en los principios del cristianismo… 

Polvo - P

Según Adorno, nadie podría escribir un poema después de Auschwitz. Y, sin embargo, Paul Celan, un rumano educado en la cultura alemana por decisión de una familia que perecería en el exterminio, escribió uno de los mejores poemas de la posguerra, dedicándolo, precisamente, a aquella atrocidad. Celan creyó que solo el lenguaje poético podría ayudar a penetrar en las inmediaciones del mal, en los arrabales de la injusticia absoluta, en la vecindad del hondo corazón de las tinieblas. Porque solo a través de la intuición y la metáfora, solo mediante la intensidad de una imagen lírica, podríamos llegar a comprender el lugar del crimen. Ningún lector de la poesía europea de nuestro tiempo ha logrado escapar a la conmoción del Todesfugge, aquellos versos oscuros, reiterativos como golpes de aldaba en la historia de Occidente: «Cavamos tumbas en el aire, allí no hay estrechez». En efecto. Hacia un cielo humillado, hacia un cielo sombrío, se alzaron las vidas humanas reducidas a ceniza. Como pétalos de sombra, como puñados de polvo, como páginas devastadas, las cenizas que un día habían sido cuerpo del hombre, residencia del espíritu, elevaban su fragilidad dispersa hacia las nubes pálidas y sucias, hacia las nubes anchas del aterido cielo de Polonia“.

Pinchar en el enlace para leer el artículo completo de Fernando García de Cortázar – El hombre hecho cenizas