¡Oh cristalina fuente…!

cristo de san juan de la cruzCanción XII

¡Oh cristalina fuente,

si en esos tus semblantes plateados,

formases de repente

los ojos deseados,

que tengo en mis entrañas dibujados!

Dice que tiene dibujada en sus entrañas esa mirada, es decir que tiene, por la fe, infundidas esas verdades. Pero así como el dibujo no es perfecta pintura, así las noticias de la fe no le parece perfecto conocimiento. Su anhelo es alcanzar la clara visión y entonces como dice el Apóstol: cuando venga lo que es perfecto, se acabará lo que es en parte, es decir lo que es por la fe….

Pero sobre este dibujo de la fe hay otro dibujo de amor en el alma del amante que, cuando hay unión de amor, se puede decir que en verdad el Amado vive en el amante, y el amante en el Amado. Y de tal manera se transforman ambos por esta unión que se puede decir que cada uno es el otro, y ambos uno. La razón es porque la unión y transformación del amor da posesión de sí al otro y cada uno se deja y se cambia por el otro. Así también lo dijo el Apóstol: vivo yo, pero ya no yo, que es Cristo quien vive en mi. Pues aunque vivía él, ya no era vida suya sino de Cristo en él.

Fuente: Cántico espiritual de san Juan de la Cruz

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¡Ay, quien podrá sanarme!

cristo de san juan de la cruzCanción VI

¡Ay, quien podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero,
no quieras enviarme
de hoy ya más mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.

No quiere el alma ya más mensajeros, sino que quiere la presencia del Amado. Es como si el alma le rogara: “Entrégate ya de vero, dándote todo al todo de mi alma… Yo a ti todo quiero, y ellos –los mensajeros- no me saben ni pueden decir bien de ti, porque ninguna cosa de la tierra ni del cielo puede dar al alma la noticia que ella desea tener de ti, y así no saben decirme lo que quiero. En lugar pues de estos mensajeros, seas Tú el mensajero y los mensajes

Hace tiempo vi la película francesa Cyrano de Bergerac. En una escena Cyrano le escribe cartas de amor a Roxana; cartas que dicen cosas como estas: “Esta carta de amor que yo mismo he escrito y reescrito cien veces, hasta quedar colocando mi alma al lado del papel, será la mensajera de mi amor más fiel, estoy en vuestras manos, este pliego es mi voz, esta tinta es mi sangre, esta carta soy yo...” Es el lenguaje del amor humano, que de algún modo es pálido reflejo del Amor divino. Un amor que le llevará a la muerte e inventar la Eucaristía, sacramento de un Dios que nos ama con locura.

Dios está cerca nosotros… Esta presencia amorosa de Dios puede ser reconocida en el interior de nuestro corazón, como decía Agustín con una expresión muy conocida: «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti»… Y así estoy yo, Señor, pero sé también que una palabra tuya, bastará para sanarme!… En otra carta Cyrano le dice a Roxana: “Más allá de este mundo vulgar y mentiroso, existe un país que da al corazón reposo, lejos del mundo amargo, violento y arrogante, hay un país donde el amor es importante…”. Amen.

Buscando mis amores

cristo de san juan de la cruzCanción III

Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas,
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras

Buscando mis amores, es decir, a su Amor. Se da a entender que para encontrar a Dios no bastan solo las bellas palabras o los buenos sentimientos, ni tampoco la ayuda de otros, sino que se hace necesario también poner cada uno de su parte obras,. Pues como se suele decir: “Obras son amores y no buenas -o bellas- razones”. Y es que más valora Dios una obra de la propia persona que muchas que otras hagan por ella.

El Señor nos animaba así al decir: buscad y encontrareis, llamad y se os abrirá, pedid y se os dará… Busquemos, pues, a Dios haciendo obras por Él, cosas que nos cuesten por amor a Él: mortificar algunos de nuestros gustos, levantarse en punto, perder algún consuelo o querer inútil por Él… Porque hasta que no salgamos a buscarle, por muchas voces que demos, no le encontraremos, porque así le buscaba la Esposa en el Cantar de los Cantares y no lo halló hasta que salió a buscarle.

Fuente: san Juan de la Cruz, en el Cántico espiritual.

¿Adónde te escondiste, amado, y me dejaste con gemido?

cristo de san juan de la cruzCanción I

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.

El alma se queja de la ausencia de quien habiéndola herido con su amor ahora se esconde: ¿A dónde te escondiste?… Es como si le dijera: muéstrame el lugar donde estás escondido, pero al ser un lugar imposible pues según san Juan es el seno del Padre, es decir, en Dios mismo, el alma desalentada lanza este cariñoso reproche: como el ciervo huiste, habiéndome herido… salí tras ti, clamando, y eras ido.

En efecto, el alma ha quedado como muriendo de heridas de amor por él. Se trata de esas visitas fugaces de Dios al alma que despiertan el ansia de verle y disfrutarle, pero la dejan con el dolor de su brevedad. Son las denominadas heridas espirituales de amor, las cuales son sabrosísimas y deseables al alma; y aunque dejan el dolor de la ausencia, el alma estaría siempre muriendo por estas lanzadas de amor que la hacen salir de sí –salí tras ti, clamando-, y la disponen a entrar en Dios.

Fuente: Me envía un amigo este correo, dice que lo ha sacado del Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz. Seguiremos poniendo algunas otras entradas de este autor.