Un relato con las cuatro estaciones de Vivladi

Ya vimos la historia de la composición “claro de luna” de Beethoven. Hoy es diferente se trata de aprovechar la idea de las cuatro estaciones de Vivaldi, para contar un relato. Así despedimos julio.

Comprender a Dios

cristo de san juan de cruz, por DaliA Dios se le puede preguntar todo. Y puede ocurrir que Dios no tenga respuesta para algunas de nuestras preguntas. Y guarde silencio. Lewis, el autor de las Crónicas de Narnia, reflexionaba sobre ese silencio de Dios ante nuestras preguntas: “Cuando le planteo [ciertos] dilemas a Dios, no hallo contestación. […] Es como [si Dios] moviese la cabeza […] diciendo: «Cállate, hijo, que no entiendes.»”[1]
Sí, a Dios se le puede preguntar todo, pero la vida tiene sus misterios. Y es demasiado compleja para lograr todas las respuestas. A veces, además, erramos en el modo de formular las preguntas. Por ejemplo, ante el misterio del sufrimiento humano, en algunas ocasiones la pregunta adecuada quizá no sea “¿por qué?”, sino “¿por quién?”.
“Siempre recordaré —cuenta el filósofo José Ramón Ayllón— la pregunta de una conocida periodista, poco después de los atentados que conmocionaron al mundo en el año 2001: ¿Dónde estaba Dios el 11 de septiembre?” Su respuesta fue la única realmente a la medida del misterio del mal: “Dios está clavado en una Cruz, en agonía por ese atentado y por todas las barbaridades de la historia humana.”[2]
El escritor francés Alphonse Daudet, en “Cartas desde mi molino”, narra una historia conmovedora: Al hijo de rey de Francia, al Delfín, le había llegado la hora de morir. El pequeño no entiende que, siendo el Delfín, tenga que morir tan pronto. —“Que muera en mi lugar Beppo, mi fiel amigo. Le pagamos bien y, como otras veces, ocupará mi puesto”. —El capellán le dice que la muerte es personal e intransferible. Al fin, llorando y volviéndose hacia la pared, el niño exclama: —“Entonces, ser Delfín, no vale de nada.”
El sufrimiento tampoco es transferible. Pero sí se puede compartir. Dios pudo hacerlo y se atrevió.[3] Y lo sigue haciendo ahora. A veces nos falta comprender el sufrimiento de Dios, porque estamos demasiado ocupados lamentando el nuestro. ¿Quién consuela a Dios?

  • Los silencios de Dios
  • [1] C. S. Lewis. “Una pena en observación”, p 95. Ed. Anagrama, 6ª Edición, septiembre 1997
  • [2] José Ramón Ayllón.
  • [3] Cfr. C. S. Lewis. “Una pena en observación”, p 64. Ed. Anagrama, 6ª Edición, septiembre 1997

En un vasto paisaje helado, azotado por la ventisca, se desliza un trineo. Su único ocupante…

Trineo de perros 91 (Small)La gente busca la felicidad, pero recuerda “no bastan las buenas intenciones”. Te copio esta antigua anécdota:

En un vasto paisaje helado, azotado por la ventisca, se desliza un trineo. Su único ocupante viaja hacia el polo Norte. De su rostro, cubierto de agujas de hielo, destacan los ojos febriles clavados con ansia en el horizonte. Avanza el trineo con la prisa de quien pareciera llegara tarde. No permite que el tiro de perros se desvíe un ápice del septentrión; no les concede respiro a su esfuerzo, ni disminuye su velocidad. No se distrae el viajero en su valioso equipaje, que es todo lo que posee. Todo en él es una tensa voluntad de alcanzar pronto la meta. En llegar al polo Norte ha puesto lo mejor de sus energías, la más entrañable de sus esperanzas, el sentido final de su destino.
Solamente de trecho en trecho, nuestro viajero se detiene un instante para comprobar si la dirección es correcta y cuánta es la distancia que todavía le separa del Norte. Y aquí la sorpresa. Los instrumentos le demuestran, sin lugar a dudas, que la dirección resulta exacta, pero la distancia del Polo Norte es cada vez mayor. En vano verifica una y otra vez sus instrumentos: no están estropeados, no hay error en la medición, la dirección es buena, más la distancia en cada comprobación no cesa de aumentar. Pero nuestro perplejo viajero, entre el desaliento y la esperanza, fuerza más y más la velocidad, castiga sin piedad a sus perros y los lanza vertiginosamente entre la ventisca con la desesperación de quien pareciera que huye. Todo es inútil, no obstante, en cada sucesiva medición, pese a la fidelidad de la dirección, el polo Norte se aleja más y más….

¿Qué le ocurre, al protagonista de tan dramático viaje? Si nos distanciáramos lo necesario para poder ver desde lo alto aquella situación, descubriríamos que aquel vasto paisaje helado por cuyo interior viaja este diminuto trineo, no es más que un inmenso témpano de hielo, un colosal iceberg, que se desplaza hacia el Sur a mucha mayor velocidad de la que nuestro pobre viajero corre hacia el Norte. La meta del viaje y los ideales de su equipaje eran nobles. Su esfuerzo, admirable. Pero la base sobre la que se sustentaba toda la aventura era tan radicalmente errada que le conducía con fatalidad al polo opuesto. El deseo y búsqueda bien intencionada de la felicidad, de llegar al Polo Norte, no basta para alcanzarla; los planteamientos de fondo, la visión del hombre, del mundo y de Dios, la base sobre la que sustentar este proyecto es tanto o más importante.

Y me rejuvenece como un águila…

descarga (1)Salmo 103

Bendeciré al Señor con toda mi alma;
bendeciré con todo mi ser su santo nombre.
Bendeciré al Señor con toda mi alma;
no olvidaré ninguno de sus beneficios.
Él es quien perdona todas mis maldades,
quien sana todas mis enfermedades,
quien libra mi vida del sepulcro,
quien me colma de amor y ternura,
quien me satisface con todo lo mejor
y me rejuvenece como un águila….

Se cuenta, no se hasta que punto sea cierto, que el águila real es el ave que posee la mayor longevidad en su especie.  Puede llega a vivir 70 años. Pero para llegar a esa edad, a los 40 debe tomar una seria y difícil decisión, porque sus uñas están apretadas y flexibles y no consigue tomar a sus presas, de las cuales se alimenta. Su pico largo y puntiagudo se curva, apuntando contra el pecho. Sus alas están envejecidas y pesadas y sus plumas gruesas; volar se hace ya tan difícil! Por tanto, el águila tiene solamente dos alternativas: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación que durará unos meses.

Este proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y quedarse ahí, en un nido cercano a un paredón, en donde no tenga la necesidad de volar. Después de encontrar ese lugar, el águila comienza a golpear su pico en la pared hasta conseguir arrancarlo; luego debe esperar el crecimiento de uno nuevo con el que desprenderá una a una de sus uñas. Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, empieza a desplumar sus plumas viejas. Finalmente, después de un tiempo sale para su vuelo de renovación y a vivir 30 años más.

La vida cristiana es un constante comenzar y recomenzar, un renovarse cada día. (Es Cristo que pasa, 114)

El diamante (y el alma)

descargaMañana salgo y estaré unos días (hasta el 6 de agosto) de Campamento con unos 100 muchachos cerca de Barkisimeto. No sé cómo estarán allí las cosas de internet. Ya sabéis que procuraré poner alguna cosa en el blog cada día si es posible.

Aquí os dejo con esta antigua anécdota:

 

Una multitud le rodeaba. El orgullo del instante se le subió a la cabeza. Corrió a su camarote y cogió el diamante. Luego explicó a la gente que ese diamante constituía todos los ahorros de su vida, para así crear mayor impresión. Enseguida comenzó a hacer malabarismos con el diamante en la cubierta del barco. Estaba arriesgando más y más. En cierto momento lanzó el diamante muy alto en el aire y la muchedumbre se quedó sin aliento. Sabiendo lo que el diamante significaba, todos le rogaron que no lo hiciera otra vez. Impulsado por la excitación del momento, lanzó el diamante mucho más alto. La multitud de nuevo perdió el aliento y después respiró con alivio cuando recuperó el diamante. Teniendo una total confianza en sí mismo y en su habilidad, dijo a la multitud que lo lanzaría en el aire solo una vez más, pero esta vez subiría tanto que se perdería de vista por un momento. De nuevo le rogaron todos que no lo hiciera. Pero con la confianza de tantos años de experiencia, lanzó el diamante tan alto, tan alto que de hecho desapareció por un momento de la vista de todos. Entonces el diamante volvió a brillar al sol. En ese momento, el barco cabeceó y el diamante cayó al mar y se perdió para siempre.

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Nuestra alma en gracia es más valiosa que todas los tesoros y piedras preciosas del mundo. Igual que el hombre del cuento, algunos de nosotros hicimos o seguimos haciendo malabarismos con nuestras almas. Confiamos en nosotros mismos y en nuestra capacidad, y en el hecho de que nos hemos salido con la nuestra todas las veces anteriores. Con frecuencia hay personas alrededor que nos ruegan que dejemos de correr riesgos, porque reconocen el valor de nuestra alma en gracia. Pero seguimos jugando con ella una vez más… sin saber cuando el barco finalmente cabeceará y perderemos nuestra oportunidad para siempre.

Un atardecer llegaste a mi

Me he encontrado con este antiguo escrito. Aunque es un poco melancólico aquí va:

Entró como tantas tardes lo había hecho en la paz de aquella iglesia, donde sus ojos llorosos empezaron a recorrer de nuevo con la mirada aquel crucifijo que parecía hablarle y seguía escuchando aquellas palabras que se le clavaban en el corazón: Nadie te ha querido como yo, nadie te ha ofrecido tanto amor, nadie te ha enseñado de la vida más que yo, nadie mi amor busco tu amor con tanto amor… Sí, se decidió finalmente y le dijo que sí, se entregaría a Él definitivamente. Seguir leyendo “Un atardecer llegaste a mi”

El maestro y el pájaro enjaulado

Ave-descendiendo-en-la-puesta-del-sol-hermoso

Paseaban el maestro y su discípulo por la ciudad y se detuvieron ante una tienda cuyo escaparate estaba repleto de jaulas con pájaros multicolores.
 Tras contemplar unos instantes las aves el maestro preguntó:
– ¿Quién ama más a los pájaros: el que los tiene en una jaula, los cuida, les da de comer, impide que le ocurra ningún mal, o el que los deja en libertad?
El discípulo respondió sin titubear:
– El que los deja en libertad…
Sonrió el maestro y dijo:
– Pero en libertad se han de buscar el alimento y están expuestos a mil y un peligros…
–  -apuntó el discípulo- Pero así son ellos mismos. Existen para ser libres…
Guardó silencio el maestro y luego añadió:
– Lo mismo a hecho Dios con nosotros. Podía tenernos controlados. Procurar que no nos falte nada. Librarnos de todos los peligros. Impedir que sufriéramos… Pero nos ha hecho libres. Hemos de espabilarnos para vivir. Estamos expuestos al sufrimientos y somos capaces de hacer el mal. Y no aceptamos que eso lo ha hecho precisamente porque nos ama… Somos raros los hombres…
Y siguieron paseando por la ciudad…

Hoy en día es la libertad uno de los valores más defendidos y mejor considerados. Parece como si aquellos otros valores clásicos del honor, la honestidad, el heroismo, el servicio o la generosidad, hubieran quedado olvidados  en nuestros días… La libertad sigue estando en primera línea. La historia de arriba intenta dar una explicación acerca del fin de la libertad del hombre: es una participación, un chispazo del Amor de Dios que reverbera  en nuestra alma.