El amor es una luz –en el fondo la única- que nos da la fuerza para vivir y actuar

abuela sonrienta

Un profesor universitario quiso que los alumnos de su clase de sociología se adentrasen en los suburbios de Boston para conseguir las historias de doscientos jóvenes. A los alumnos se les pidió que ofrecieran una evaluación del futuro de cada entrevistado. En todos los casos los estudiantes escribieron: «Sin la menor probabilidad».

Veinticinco años después, otro profesor de sociología dio casualmente con el estudio anterior y encargó a sus alumnos un seguimiento del proyecto, para ver qué había sucedido con aquellos chicos. Con la excepción de veinte individuos, que se habían mudado o habían muerto, los estudiantes descubrieron que 176 de los 180 restantes habían alcanzado éxitos superiores a la media como abogados, médicos y hombres de negocios. El profesor se quedó atónito y decidió continuar el estudio. Afortunadamente, todas aquellas personas vivían en la zona y fue posible preguntarles a cada una cómo explicaban su éxito. En todos los casos, la respuesta, muy sentida, fue: «Tuve una maestra».

La maestra aún vivía, y el profesor buscó a la todavía despierta anciana para preguntarle de qué fórmula mágica se había valido para salvar a aquellos chicos de la sordidez del suburbio y guiarlos hacia el éxito. —En realidad es muy simple —fue su respuesta—. Yo los amaba.

Fuente: “Chicken Soup for the Soul” por Jack Canfield and Mark Victor Hansen:  Love: The One Creative Force. Reproducido con autorización de Eric Butterworth. © 1992 Eric Butterworth.

La Madre Teresa de Calcuta solía decir:

Por dondequiera que vayas, difunde el amor: ante todo en tu propia casa. Brinda amor a tus hijos, a tu mujer o tu marido, al vecino de al lado… No dejes que nadie llegue jamás a ti sin que al irse se sienta mejor y más feliz. Sé la expresión viviente de la bondad de Dios; bondad en tu rostro, bondad en tus ojos, bondad en tu sonrisa, bondad en tu cálido saludo(Beata Madre Teresa de Calcuta).

Piensa si no estarás llevando una vida demasiado fácil y demasiado cómoda

enamoradaA lo mejor has oído aquel chiste del mudo de nacimiento. Iban pasando los años y el muchacho no hablaba. Sus padres lo llevaban de médico en médico, sin resultado, hasta que finalmente dieron el caso por imposible. No encontraban ninguna causa fisiológica de aquel absoluto mutismo.

Cuando la criatura tenía ya treinta y cuatro años, un buen día su madre le puso el café para desayunar, y el chico, con toda naturalidad, se dirigió a ella diciendo:

-Mamá, te olvidaste el azúcar.

-Pero, hijo mío, ¿cómo es que puedes hablar y llevas treinta y cuatro años sin hacerlo?

-Es que hasta ahora todo había estado perfecto -respondió.

Piensa si no estarás llevando una vida demasiado fácil y demasiado cómoda. Platón aseguraba que el exceso de bienes materiales produce delicuescencia en el alma, y Schopenhauer decía que es como el agua salada, que cuanto más se bebe, más sed produce. Seguir leyendo “Piensa si no estarás llevando una vida demasiado fácil y demasiado cómoda”

El orgullo del instante se le subió a la cabeza y…

diamante en marUna multitud le rodeaba. El orgullo del instante se le subió a la cabeza. Corrió a su camarote y cogió el diamante. Luego explicó a la gente que ese diamante constituía todos los ahorros de su vida, esto creó aún mayor tensión. Enseguida comenzó a hacer malabarismos con el diamante en la cubierta del barco. Estaba arriesgando más y más. En cierto momento lanzó el diamante muy alto en el aire y la muchedumbre se quedó sin aliento. Sabiendo lo que el diamante significaba, todos le rogaron que no lo hiciera otra vez. Impulsado por la excitación del momento, lanzó el diamante mucho más alto. La multitud de nuevo perdió el aliento y después respiró con alivio cuando recuperó el diamante. Teniendo una total confianza en sí mismo y en su habilidad, dijo a la multitud que lo lanzaría en el aire solo una vez más, pero esta vez subiría tanto que se perdería de vista por un momento. De nuevo le rogaron todos que no lo hiciera. Pero con la confianza de tantos años de experiencia, lanzó el diamante tan alto, tan alto que de hecho desapareció por un momento de la vista de todos. Entonces el diamante volvió a brillar al sol. En ese momento, el barco cabeceó y el diamante cayó al mar y se perdió para siempre.

Igual que el hombre del cuento, cuantas veces hemos hecho y seguimos haciendo malabarismos con nuestras almas. Confiamos presuntuosamente en nosotros mismos y en nuestra capacidad, y en el hecho de que nos hemos salido con la nuestra todas las veces anteriores. Con frecuencia hay personas alrededor que nos ruegan que dejemos de correr riesgos, porque reconocen el valor de nuestra alma. Pero seguimos jugando con ella una vez más… sin saber cuando el barco finalmente cabeceará y perderemos nuestra oportunidad… 

¿Por qué no aprovechar este Año de la Misericordia para hacer el propósito de ser más humildes y evitar las ocasiones de poner nuestra alma en riesgo innecesario? 

Fuente: el diamante

No le has maltratado físicamente. Pero le has ignorado tantas veces; le has mirado con indiferencia, como a un extraño.—¿Te parece poco?

indiferenciaNo le has maltratado físicamente… Pero le has ignorado tantas veces; le has mirado con indiferencia, como a un extraño. —¿Te parece poco? Surco, 245.

Que el miedo no cierre tus puertas, no te pierdas su vida

“El club de los ojos verdes”. a Fundación vida ha titulado así este corto conmovedor, que ya corre por la red a velocidad de vértigo.

Al terminar de verlo me han venido a la memoria unas palabras de San Juan Pablo II:

Una reflexión especial quisiera tener para vosotras, mujeres que habéis recurrido al aborto.(…) El Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la reconciliación. Os daréis cuenta de que nada está perdido, y podréis pedir perdón también a vuestro hijo que ahora vive en el Señor.
(Enc. Evangelium vitae)

De una en una

AF431.jpgUn hombre paseaba al atardecer por una playa. Mientras caminaba diviso a otro hombre a lo lejos. Al acercarse noto que aquel hombre se agachaba constantemente, recogía algo y lo arrojaba al agua. Una y otra vez lanzaba cosas al mar. Se acerco más y vio que aquel hombre recogía estrellas de mar que se habían quedado en la playa y, una por una las iba devolviendo al agua. Extrañado le dijo: Buenas noches. Me pregunto que esta haciendo. Aquel hombre le contestó: Devuelvo estas estrellas de mar al océano. Ve, en este momento, la marea esta baja y todas estas estrellas quedaron en la costa. Si no las echo nuevamente al mar, se morirán aquí por falta de

Esbozando una sonrisa, el otro le respondió: Pero ha de haber miles de estrellas de mar en esta playa. Es imposible agarrarlas a todas. Son demasiadas. Además, seguramente esto pasa en cientos de playas a lo largo de toda esta costa ¿No se da cuenta de que no cambia

Entonces aquel hombre, hizo un nuevo esfuerzo y se agachó, levantó otra estrella de mar para arrojarla al mar y le respondió: ¡Para esta si cambió algo!

Piensa… ¿No habrá alguien a quien yo…? Y adelante.

No vale la pena andar por la vida al son de lo que los demás piensen o digan de nosotros

Shrek y Gato_800Probablemente recuerdes esa graciosa historia de aquel labrador que, despatarrado y orondo en su burro, volvía del campo con el hijo, que caminaba detrás.
El primer vecino con quien se toparon afeó la conducta del labriego: —¿Qué? ¿Satisfecho? ¡Y al hijo que lo parta un rayo!
Apeose el padre y montó al hijo. Unos cien pasos darían cuando una mujer se encaró con ellos: —¡Cómo! ¿A pie el padre? ¡Vergüenza le debía dar al mozo!
Bajó éste abochornado, y amigablemente conversaban tras el jumento, cuando un guasón les tiró una indirecta: —¡Ojo, compadre, no tan deprisa que se les aspea el asno!
No sabiendo ya a qué carta quedarse, montaron ambos. Andaba cansino el burro el último trecho, y alguien les voceó de nuevo: —¡Se necesita ser bestias!; ¿no veis que el pobre animal va arrastrando el alma por el suelo?

En fin, ya solo les quedaba a los pobres cargar ambos con el burro. A parte de lo gracioso de la anécdota, podemos concluir que no vale la pena andar por la vida al son de lo que los demás piensen o digan de nosotros. Acabaríamos volviéndonos  locos o haciendo el ridículo. Y es que resulta imposible complacer a todos: no somos monedas de oro que a todos gustan.

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