Gloria y servidumbre de Internet

usuarios_esclavos_internet_07.jpgLa gran fuerza de atracción de Internet, y en particular de las imágenes (fotografías y vídeos) que ofrece la red, junto con un relativo anonimato de acceso, reclama una cierta prudencia que actúe como protección de la propia libertad. El dominio de sí es especialmente necesario en el mundo digital. Es un hecho comprobado que la red informática, que en sí es una herramienta magnífica, crea fácilmente adicción y, como las drogas, provoca dependencias psíquicas. En este caso, puede llegar a absorber al usuario de manera vertiginosa, y en cierto modo a hundirlo, aunque inadvertidamente: las personas se hacen prisioneras y desgraciadas al mismo tiempo. Más allá del prudente empleo de filtros y de determinadas medidas relativas a los lugares y los momentos elegidos para consultar Internet, es obvio que lo esencial en este ámbito es la «estructura» interior que hace al hombre maestro de sí mismo y la disposición que depende de una identidad personal bien afirmada. La actitud interior y las ayudas exteriores permiten estar prevenido y ser disciplinado, prudente y celoso de la propia salud psicológica y espiritual. Lo sensato es navegar en Internet con una meta concreta, en el ámbito del propio trabajo o de otro horizonte honrado: evitar la navegación sin rumbo, al capricho del viento, dispuestos a visitar cualquier «isla del tesoro» que se nos pueda presentar.
Internet, que da felizmente una voz a quienes no tienen medios, es también un ámbito de crecimiento en la templanza. A la hora de aportar algún mensaje en las redes sociales, por ejemplo, vale la pena preguntarse antes si de verdad uno tiene algo inteligente, útil o novedoso que decir… Todo está dicho, decía La Bruyère, y quizá uno llega demasiado tarde, pues los hombres existen desde hace más de siete mil años, y son hombres que piensan…
Entre varios aspectos de fondo, tres quizá son esenciales para el dominio del propio consumo de Internet.

  1. Primero, conocerse e imponerse algunas reglas de vida para sí mismo. Es bueno preguntarse: ¿qué me pide Dios?, ¿cuál es la lucha que necesito para vivir la castidad? No todas las personas reaccionan con igual sensibilidad a las solicitaciones de los sentidos. Se trata de dibujar el propio camino para la castidad y disfrutar así de la vida en Cristo.
  2. Después, saber cómo descansar. Es un punto importante, y admite respuestas variadas. Algunos necesitan hacer deporte, otros escuchan música, leen una novela, estudian, pasean. Es aconsejable descansar con los demás, aunque no siempre será fácil o posible.
  3. Finalmente, saber cómo desarrollar el intelecto. La ocupación de la mente y la aplicación del propio pensamiento alejan de la sensualidad.

Autor: G. Derville en Amor y desamor. La pureza liberadora:

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