Acerca del espíritu de mortificación y penitencia

 

El espíritu de mortificación y penitencia es una actitud necesaria para el que quiera seguir a Cristo: Quién no cargue con su cruz y me siga, no es digno de mi (Mt 10,38). Concretado en lo diario, en lo pequeño: El que quiera venirse conmigo, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz de cada día y me siga (Lc 9,23). De tal modo que hagamos vida nuestra la vida y la muerte de Cristo: Morir por la mortificación y la penitencia, para que Cristo viva en nosotros por el Amor. Y seguir entonces los pasos de Cristo, con afán de corredimir a todas las almas. Dar la vida por los demás. Sólo así se vive la vida de Jesucristo y nos hacemos una misma cosa con El (Via Crucis, XIV). Seguir leyendo “Acerca del espíritu de mortificación y penitencia”

“Dejadas todas las cosas”: o la entrega incondicionada

El Amor de Dios a los hombres es incondicionado. (Algunos ejemplos: la forma en que se entrega la naturaleza, la vida… El ejemplo de Dios en la Historia de la salvación… el de Oseas y la prostituta… el de del pacto de Dios con Abrahán: unilateral).

Por eso, Nuestra respuesta no debe admitir tampoco condiciones: amor con amor se paga: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente: este es el mayor y primer mandamiento (Mt 22,37‑38). En efecto, Jesús no se satisface compartiendo: lo quiere todo (Camino, 155). No importa si poco o mucho, todo. (Ejemplo de maderas de diversa calidad en la hoguera del amor, al final todo es lo mismo: cenizas). Dios pide a algunas personas -explícitamente- una entrega total (Camino, n. 170:  ¡Qué claro el camino!… ¡Qué patentes los obstáculos!… ¡Qué buenas armas para vencerlos!… —Y, sin embargo, ¡cuántas desviaciones y cuántos tropiezos! ¿Verdad? —Es el hilillo sutil —cadena: cadena de hierro forjado—, que tú y yo conocemos, y que no quieres romper, la causa que te aparta del camino y que te hace tropezar y aun caer. —¿A qué esperas para cortarlo… y avanzar?), como ocurrió en el caso de los Apóstoles: venid conmigo, y yo os haré pescadores de hombres (Mc 2,17)… Y ellos bajando de la nave a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron (Lc 5,11). Y ante esa llamada, el que la escuche ha de contestar también explícitamente: Aquí estoy, porque me has llamado (1 Sam 3,6).

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Acerca de la humanidad santísima del Señor

san-jose-y-jesusY el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14). El Hijo de Dios se ha encarnado: Jesucristo…Verdadero Dios y verdadero hombre, trabajó con sus manos; sufrió y murió por nosotros en la Cruz… Por eso, la santidad es la plenitud de la filiación divina: Participamos de la gracia de Cristo (cfr. Jn 1,10). Y podemos Vivir su vida (cfr. Gal 2,20). Seguir leyendo “Acerca de la humanidad santísima del Señor”

Sobre la humildad de comenzar y recomenzar

La virtud de la humildad. Comenzar y recomenzar en la lucha personal. Optimismo.

Aquí te pongo algunos enlaces relacionados con este tema

Sobre el Amor “de” Dios: Deus caritas est

Aquí te copio algunas ideas y anécdotas sobre el Amor que Dios nos tiene y nuestra respuesta: amor con amor se paga.

Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3, 16). Señales abrumadoras del Amor de Dios a los hombres:

  • desde la Creación, Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección, hasta la Eucaristía y la Iglesia con sus sacramentos. Hijos de Dios por la incorporación a Cristo por el Bautismo. (Solo Dios es bueno)

San Juan lo enseña de modo constante: Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él (1 Jn 4, 16).

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La Fe

fe y esperanzaEsta larga entrada la extraemos de la voz La Fe en el Diccionario de san Josemaría.

  • 1. La virtud de la fe en la vida de san Josemaría.
  • 2. La referencia a la fe en los escritos de san Josemaría.
  • 3. La forma específica de la predicación de san Josemaría sobre la virtud de la fe.
  • 4. Consideración final.

El término “fe” posee un campo semántico muy amplio. En el lenguaje común, la realidad a la que se refiere puede ser muy diferente según se hable de “relación con Dios”, “enseñanza de la Iglesia”, “confianza en algo o en alguien” o “adhesión a unos contenidos no verificables empíricamente”. La palabra “fe” se utiliza además a veces como sinónimo de religión, creencia, ideal, etc. En el cristianismo, “vida de fe” es sinónimo de vida de oración y de coherencia de vida; el “fiel” se identifica con aquel que cree en Dios. Al igual de lo que sucede con la Revelación, también en la fe existe una dimensión objetiva, que se refiere a los contenidos o enseñanzas que se creen, y una dimensión subjetiva, que se refiere a la participación del sujeto que cree en Dios, fuente y causa de la fe. La “profesión de fe” indica bien una actitud existencial del creyente, bien el contenido dogmático de los artículos de la fe creída.

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La santificación del trabajo ordinario

El hombre ha sido creado ut operaretur et custodiret illum (Gn 2, 15), para que trabajara y cuidara la tierra encaminándola a su acabamiento y haciendo brillar las perfecciones de Dios en el mundo. El hombre encuentra así también su propia perfección y se acerca más a Dios. El trabajo es un gran bien del hombre, no un castigo. La obligación de trabajar no ha surgido como una secuela del pecado original, ni se reduce a un hallazgo de los tiempos modernos. Se trata de un medio necesario para que nos ganemos el sustento y recojamos frutos para la vida eterna (cfr. Jn 4, 36): el hombre nace para trabajar, como las aves para volar (Jb 5, 7; cfr. Amigos de Dios, 57). Seguir leyendo “La santificación del trabajo ordinario”