Acerca de la “conversión”

Martes, 24 marzo, 2015

The Conversion of Saul, by CaravaggioEn el lenguaje teológico cristiano el término conversión (del latín convertere) expresa un proceso rico y múltiple que va desde la incredulidad a la fe; desde el estado de pecado al de reconciliación; desde el distanciamiento espiritual a un renovado fervor; etc. La historia del cristianismo está llena de ejemplos y relatos de conversión; el que describe san Agustín en sus Confesiones es un clásico.

La conversión significa, ante todo, “dar la espalda” al pecado para volverse de nuevo a Dios. El Evangelio desde el comienzo presenta la lucha contra el pecado como una exigencia indispensable para poder seguir al Maestro. Y, siguiendo la propia enseñanza del Señor, es inseparable de la fe en la misericordia paterna de Dios, y de la decisión de tomar voluntariamente la propia cruz. Supone, pues, un cambio de la mente y del corazón (metanoia), un abandono de las falsas seguridades personales y la aceptación del don divino que invita a seguir y a servir plenamente a Cristo con un amor fiel.

Por eso mismo, si es sincera, la conversión del cristiano como rechazo del pecado se traduce en manifestaciones externas: un cambio de actitudes y comportamientos.

¿Te animas?

A winter view of the American Falls and Goat Island at Sunset - Niagara Falls, New YorkSigo sin internet. Así que paciencia.

La Iglesia nos hace una propuesta de conversión en el tiempo de Cuaresma. Pero ¿por qué esa insistencia de la Iglesia en la conversión? Porque: 

“La semilla divina de la caridad, que Dios ha puesto en nuestras almas, aspira a crecer, a manifestarse en obras, a dar frutos que respondan en cada momento a lo que es agradable al Señor. Es indispensable por eso estar dispuestos a recomenzar, a reencontrar –en las nuevas situaciones de nuestra vida– la luz, el impulso de la primera conversión” (san Josemaría)

Ya estamos muy avanzados en este tiempo (V semana de Cuaresma): un tiempo de penitencia, de purificación, de conversión. Buen momento éste para hacer examen: ¿cómo va esta propuesta de conversión de hijos de Dios en nuestro caminar hacia la casa del Padre? Y sobre todo ¿Cómo saber si vamos bien en nuestro deseo de conversión? La respuesta la tienes en tu alegría. ¿Estás contento, a pesar de los pesares? ¿Sí? Entonces vas bien: Leer el resto de esta entrada »

El trato de José con Jesús y María

Miércoles, 18 marzo, 2015

san-jose-y-jesusTerminamos esta serie dedicada a san José con esta entrada a modo de conclusión: aprender del trato entrañable de José con Jesús y con María. “Para San José, la vida de Jesús fue un continuo descubrimiento de la propia vocación“. José se sorprende y admira -con María-, de todo lo que va ocurriendo en torno a Jesús desde su infancia. Dios le va revelando sus designios y él se esfuerza por entenderlos. La vocación de José, como la de cualquier cristiano, sólo puede vivirse y desarrollarse en la intimidad con Cristo. José amó a Jesús como un padre ama a su hijo, le trató dándole todo lo mejor que tenía. José, cuidando de aquel Niño, como le había sido ordenado, hizo de Jesús un artesano: le transmitió su oficio. Y lo mismo con María su esposa. San José nos lleva a Jesús y también nos lleva a María. Leer el resto de esta entrada »

“Para servir, servir”

Martes, 17 marzo, 2015

san-jose-y-jesusSeguimos meditando sobre la figura de san José, buscando lo que Dios nos quiere decir a través de su vida. 
Si no apartamos nuestra mirada del trabajo de José, descubriremos también que “no es el hombre de las soluciones fáciles y milagreras, sino de la perseverancia, del esfuerzo y –cuando hace falta– del ingenio“. La lección resulta evidente “para santificar la profesión, hace falta ante todo trabajar bien, con seriedad humana y sobrenatural“. Con esto se nos quiere decir dos cosas, muy bien resumidas en el lema: “para servir, servir”, en el que se aúnan profesionalidad y caridad: Leer el resto de esta entrada »

San José, mi Padre y Señor

Lunes, 9 marzo, 2015

san-jose-y-jesusSan José, mi Padre y Señor, resulta una figura entrañable del Evangelio. En su vida destacan dos aspectos complementarios. Siendo inmenso el valor sobrenatural de su existencia, sin embargo, nunca dejó de ser una vida “sencilla, normal y ordinaria, hecha de años de trabajo siempre igual, de días humanamente monótonos, que se suceden los unos a los otros” (así lo sentía san Josemaría: “Lo he pensado muchas veces (…) y ésta es una de las razones que hace que sienta por él una devoción especial”).

Vamos a dedicar algunas entradas a san José, pero lo que nos interesa es descubrir la persona a través del personaje, trataremos de leer entre líneas para captar y comprender las “lecciones” que Dios nos quiere transmitir a través de su vida sencilla, descubrir esos destellos de misterio divino que esconde su vida.

De entrada -y siguiendo en esto a san Josemaría en su homilía en el taller de José-, podemos destacar tres rasgos de fondo, en los que –a través de la figura de José– está hablándonos Dios: Leer el resto de esta entrada »

Venice,ItalyComunión de los santos. Un motivo para la lucha personal es la consideración del bien que se hace a los demás cuando combatimos, y el mal que también se obra cuando nos dejamos llevar por la tibieza y la desgana. El dogma de la Comunión de los Santos es una extraordinaria ayuda para seguir adelante, también si el camino se vuelve más empinado, pues, si padece un miembro, todos los miembros padecen con él; y, si un miembro es honrado, todos los otros a una se gozan (1 Co 12, 26). De ahí el valor que pueden tener si se ofrecen por los demás: la oración, ofrecer la aridez en el cumplimiento de las normas de piedad, el cansancio, el trabajo, el estudio, las pequeñas incomodidades de cada día, pueden convertirse en ocasión de ayuda para quienes se encuentran en dificultad en cualquier lugar del mundo: «Tendrás más facilidad para cumplir tu deber al pensar en la ayuda que te prestan tus hermanos y en la que dejas de prestarles, si no eres fiel» (Camino, n. 549).
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iglesiaPorque el Papa hace las veces de Cristo en la tierra: es su Vicario. Por que es para los cristianos la tangible presencia de Jesús, el «dulce Cristo en la tierra», como lo llamaba santa Catalina de Siena. Esto es lo que mueve a quererlo. Aprendamos a amarlo –con obras: oración y mortificación– de una manera particular. Este amor se manifiesta en determinados momentos: cuando realiza un viaje apostólico, en la enfermedad, cuando arrecian los ataques de los enemigos de la Iglesia, cuando por cualquier circunstancia nos encontramos más cerca de su persona.

El amor a la Iglesia se muestra también en el aprecio y en la oración por los Obispos y por los sacerdotes, en los que tanto confía el Señor y de quienes depende en buena parte la santidad de los fieles que les están encomendados: Leer el resto de esta entrada »

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