La ciencia de la Cruz

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Es el Señor quien lo ha dicho:

El Hijo del hombre tiene que padecer mucho… El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo.

No te lleves a engaño. Esto es lo que hay. Esto es lo que se nos dice. El camino que empezamos en Cuaresma es sendero de “muerte”, de “negación”… pero que conduce a la Vida, a la Afirmación, si permanecemoss unidos a Cristo.

Así que no te extrañe, si en los días que vienen asoman el sufrimiento, el ansia, el hambre y la sed, el aislamiento, la desilusión o la angustia… ¡Vaya panorama! –dices-. Bueno, ya te avisé. Esas serán las señales seguras de que estas en el Camino correcto. Eres libre de venir o no. Esto es solo para “el que quiera” irse con Él. No vamos solos, Cristo nos anima y nos consuela. Pero, eso sí, si vienes, no te quejes ¿de acuerdo?.

Así aprenderemos la “ciencia de la Cruz”: la de quienes mueren y sonríen. Sonríen, no porque mueren, sino porque, en medio de esa muerte, aman y se saben amados ¿Te vienes?

“Dame tu gracia, Señor, que yo te doy mis pequeñas mortificaciones”

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Tu lema para esta Cuaresma, me dices, es: “mortificación”. Pero, los componentes léxicos de “mortificación” son: mor, mortis (muerte), facere (hacer), más el sufijo -ción (acción y efecto); mortificarse significa la “acción o efecto de hacer morir”. Y morir solo tiene sentido si hay una vida más grande. Darse muerte voluntariamente en esta vida solo tiene sentido si con ello se merece una vida de gracia de Dios que ilumine y alegre nuestra vida, primero aquí en la tierra, y luego eternamente en el Cielo… Por eso, ¿qué te parece empezar esta Cuaresma con una muy contrita y buena confesión?

Mortificarse también significa negarse, por lo normal, en cosas pequeñas, intrascendentes, triviales quizá, pero que nos transforman profundamente. Las ocasiones se presentan a lo largo del día casi tan frecuentes como el latir del corazón o la respiración. Poner buena cara ante esas situaciones que nos sacan de quicio o que nos resultan molestas: una hermana fastidiosa, una abuela acelerada, un profesor aterrador o un adolescente, un jefe enfadado… Seguir leyendo ““Dame tu gracia, Señor, que yo te doy mis pequeñas mortificaciones””

Centrados (o descentrados)

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En el evangelio de la misa de hoy vemos como Jesús toma con él a los apóstoles para llevárselos a un lugar pacífico donde poder descansar: Venid conmigo a un lugar apartado, nos sugiere, hoy, también a nosotros el Señor.

El tiempo que nos ha tocado vivir es llamativamente ajetreado: la casa, el trabajo, los niños, las redes sociales, el móvil, Internet, las actividades varias… Incluso el modo de divertirse, con frecuencia, en vez de descansarnos, nos estresa más. Quizás hoy más que nunca, hemos de poner especial empeño en aprender a descansar. ¡Requiere cierta habilidad y maestría!

El modo de conseguirlo responde a una receta tan simple de enunciar como difícil de cumplir: estar centrados en la actividad.

Mucha gente se agobia por dar más importancia a lo que está por venir que a lo que tienen entre manos. Experimentan impotencia y angustia por no poder llegar a todo… y esto les lleva, con frecuencia, a la tristeza y a la búsqueda de compensaciones.

Otras veces se trata de personas perfeccionistas que tratan de compensar con mucha actividad una especie de melancolía o vacío que anida en el corazón; el cual, orgulloso e insatisfecho, se arroja en una montaña de faenas. 

Si te pasa algo de esto, atiende a las palabras de san Josemaría:

«¿Quieres de verdad ser santo? –Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces» (Camino 815).

Parece simple ¿verdad?. Cabría en un twit. ¿Te animas a vivirlo? Acudimos a la Señora para que nos ayude a cumplir hoy -o al menos ahora mismo-, este propósito tan bonito.

¿Hasta cuándo piensas caminar por la cuerda floja?

sus ojos están con sus pensamientos 1897El evangelio de hoy nos muestra hasta dónde puede llegar la torpeza humana. Refiere cómo Herodes hizo ajusticiar a Juan Bautista a causa de una fanfarronada. Y lo peor del asunto es que le tenía aprecio. Llegó incluso a considerarle amigo suyo. Pero la bebida, la bravuconería y la atracción por el baile de la bella hija de Herodías pudieron con ese mínimo de nobleza que latía en su corazón y se lo llevó todo por delante. Seguir leyendo “¿Hasta cuándo piensas caminar por la cuerda floja?”

De dentro afuera

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Como dice el papa Francisco, un cristiano, “un evangelizador, no debería tener permanentemente cara de funeral” (Evangelii gaudium, 10).

Así que ya lo sabes ¡Fuera las caras largas! Al menos hay que intentarlo, ¿no te parece?… Me dirás que la alegría no es, ni puede ser falsa… En efecto, la alegría para el cristiano no es una táctica, es algo más: es algo esencial y vital. ¿Y entonces? ¿Cómo recuperar la alegría? A veces, se trata tan solo de descansar un tiempo, hacer deporte o pasear, o cambiar de ocupación unos días… Pero la clave -siempre- está en recuperar nuestro espacio interior para Dios, recuperar ese Silencio interior que quizá con el ajetreo de la vida diaria habíamos perdido:

«Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso» (ibid, 3).

¡Se trata de despertar a Cristo que duerme en tu corazón! Lee una y otra vez el evangelio de hoy, imagina la escena de Jesús dormido en popa sobre el cabezal e ilusiónate con el poder de sus gestos, de sus palabras: acércate a él, llámalo, míralo, escúchalo y asómbrate. Seguir leyendo “De dentro afuera”

Dios está en el alma “como el amante en el amado”

San_Tommaso_dAquino.jpgHoy la Iglesia celebra a Santo Tomás de Aquino. La muerte le sorprendió antes de que pudiera finalizar la que es, no obstante, la obra teológica más grande jamás escrita. La Suma Teológica contiene 512 cuestiones y 2.669 artículos que exponen de un modo racionalmente exigente el contenido de la fe católica. Las citas de la Escritura se cuentan por millares, y se recogen también multitud de referencias a los Padres de la Iglesia, especialmente a san Agustín. Tomás partía de la experiencia concreta, de las dudas que todos tenemos, y trataba de darle respuesta. En esta obra habla de la Trinidad y de la relación de las tres Personas en Dios, de la creación, de los ángeles, del pecado, de la gracia, de la encarnación del Verbo y la venida del Espíritu Santo, de los sacramentos… y quedó inconclusa, dejando por hacer el capítulo dedicado a la vida eterna.
Sorprende la capacidad de profundizar en el misterio de Dios que tiene Tomás de Aquino. Está persuadido de la presencia de Dios en el mundo, y de modo particular en el alma en gracia, donde inhabitan las Personas divinas. El cristiano está llamado a un diálogo amorosísimo e íntimo con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios está en el alma de los justos como el amante en el amado: Dios actúa en el corazón de los hombres enamorándolos de los bienes excelentes y del amor primero. ¿De los hombres? De ti y de mí. Seguir leyendo “Dios está en el alma “como el amante en el amado””

No me gusta leer el Evangelio desde el patio de butacas

escenario luz.jpgNo me gusta leer el Evangelio desde el patio de butacas, porque se pierden muchos detalles y, sobre todo, se echa en falta un personaje sin el cual resulta difícil entender los relatos: ese personaje soy yo. Cristo ha venido al Mundo, entre otras cosas, para rescatarme a mí, y eso me convierte en un personaje inexcusable de cada relato evangélico… 

Así la cosas, lo siento pero tenemos -cada uno- que subir al escenario. Una vez allí, no te confundas. Hay que llegar al fondo de cada escena. 

La escena del evangelio de la misa de hoy es dura: Ya sabes, los parientes -su madre también- le llaman para que salga a recibirles a fuera… Su respuesta impresiona: “el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre”…

Un poco antes se nos cuenta algo acerca de ese viaje de los parientes de Jesús y de su Madre: los primos del Señor, arguyendo que Jesús estaba fuera de sus cabales, iban en su busca para sacarlo de la circulación de la vida pública en la que se había metido… ¡Ahora entiendo! Avisaron a María, cuyo consentimiento era necesario para llevar a cabo el siniestro plan, y la Madre de Jesús, sabiendo que lo harían de todos modos, decidió acompañarlos para estar cerca de su Hijo en aquellos momentos de dolor que se avecinaban… ¡Cómo tuvo que sufrir la Inmaculada durante aquel infortunado viaje! ¡Cuántas infamias, cuántos desprecios tuvo que soportar de aquellos sus parientes mientras se acercaban! Y, una vez llegados allí, ¡Cómo palpitaría su Corazón Inmaculado!

La respuesta de Jesús hizo brotar en el pecho de María un suspiro de alivio; el Señor conocía el motivo de la visita y no iba a salir al encuentro de sus parientes. Por otro lado, en aquellas palabras se escondía un mensaje en clave para su Madre: “ellos no son mi familia, porque no cumplen la Voluntad de Dios. Tú, Madre mía, sí lo eres“… Esta escena tiene un buen final para María. Y ¿para ti? Y ¿para mi?…