Huir de las ocasiones peligrosas

huir.jpgEl valor consiste en mirar la realidad de frente y sin miedo, tal como es, no como querríamos que fuera. Un aspecto esencial en la lucha por la pureza es el conocimiento de las propias limitaciones, de la debilidad de la carne y de la fuerza de los instintos. El sentido común aconseja evitar, en la medida de lo posible, las ocasiones (lugares, personas, situaciones) propicias a las tentaciones, del mismo modo que se evita caminar al borde de un precipicio. Según los médicos, las personas sujetas a síncopes vagales –es decir a perder fácilmente el conocimiento, porque son impresionables o por una baja tensión arterial–, saben que en cuanto notan los síntomas de un desvanecimiento, tienen que huir de la causa sin tratar de enfrentarse a ella, pues difícilmente podrán vencer a su naturaleza. Lo mismo sucede en el terreno de la pureza: es mejor huir de las ocasiones que afrontarlas. La debilidad se hace fortaleza huyendo de la tentación, decía san Josemaría.
La experiencia enseña que hay que saber estar en guardia y desconfiar de uno mismo para evitar sorpresas desagradables, es decir, tratar de evitar habitualmente las ocasiones de pecar cuando son previsibles: por ejemplo, algo tan sencillo y complicado como no ver solo la televisión si se es demasiado curioso (cada uno tiene que conocerse) o no compartir la misma habitación cuando no se está casado. Lo contrario sería como encender una cerilla junto a un bidón de gasolina.
Es significativa y ciertamente muy personal esta anécdota sobre la austeridad y prudencia del cardenal Jorge Mario Bergoglio, futuro Papa Francisco: «Me confió que hacía ya muchos años, en la víspera de la Virgen de la Merced, estaba viendo televisión con otras personas, hasta que salió un programa inconveniente. En ese momento le hizo la promesa a la Virgen de no ver más televisión, porque no quería ponerse en ocasión de ofender a Dios. Había cumplido la promesa, y solo veía alguna noticia cuando sus colaboradores le decían que se trataba de una cosa importante. Prefería enterarse de la actualidad por los diarios».
Tener la valentía de huir: es un consejo tan válido ayer como hoy. En el siglo V, por ejemplo, san Cesáreo de Arlés (470-542) afirmaba que muchos hombres que no evitaban cierta familiaridad con mujeres ajenas a la familia «fueron vencidos cuando creían vencer»; compara con el martirio la lucha contra el deseo carnal, y comenta en los siguientes términos la huida de José para escapar de una mujer impúdica (cf. Gn 39, 12): «Contra el asalto del deseo, huye si quieres obtener la victoria, y no te avergüences de huir si deseas ganar la palma de la castidad». En un tono que tiene el mérito de la claridad y del sentido de un prudente consejo espiritual, el obispo de Arlés termina con una exhortación que no ha perdido actualidad: «Que nadie se deje engañar por una falsa seguridad, que nadie presuma peligrosamente de sus fuerzas, sino que escuche las palabras del apóstol: “Huid de la fornicación” (1 Cor 6, 18). […] ¡Algunos piensan cohabitar con mujeres y conseguir el triunfo de la castidad! Ignoran que son doblemente culpables ante Dios poniéndose ellos mismos en peligro y mostrando a los demás el ejemplo de una familiaridad viciosa. […] Que todos se esfuercen para evitar la familiaridad y los encuentros secretos, no solo con las mujeres de los demás, sino incluso con sus sirvientas y con su hija, la pupila o la sirvienta del vecino, pues cuanto más baja sea la posición de la mujer, más fácil será la caída». Cesáreo se expresa en el lenguaje de la época que choca a nuestra sensibilidad moderna, pero no es difícil aplicar estas últimas palabras a las personas que en nuestros días abusan de quienes les están subordinados profesionalmente. (G. Derville en Amor y desamor)

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3 comentarios en “Huir de las ocasiones peligrosas

  1. En relación con este tema, un libro muy interesante y orientativo: La Trampa Rota, de Miguel Ángel Fuentes. Ediciones del Verbo Encarnado. 2008. Espectacular para conocer cómo salir de las adiciones de diferente naturaleza: sexo, alcohol, juego, video juegos, pornografía,… Una luz en el tunel de la desesperación y un manual de consejo y ayuda. Me lo recomendó un sacerdote trapense. Desde mi punto de vista, no tiene desperdicio y puede ser de gran ayuda para cualquiera. Incluso para aquellos que pensamos que podemos con todo y que la copla no va con nosotros,… “Yo pecador me confieso a Dios”.
    Se puede descargar libremente en pdf. Un salvavidas en la confusión y laxa tolerancia de los tiempos actuales. El elixir para fortalecer el “no”, acompañado claro, con las dosis apropiadas de oración y la visita constante al Sacramento de la Conciliación.

  2. Hola a todos…A mi me parece que no es para tanto,al final te acostumbras y pasa a ser nornal y no le das importancia.Es como cuando no comes helados porque engorda ,luego comes uno, y ves que no pasa nada.El tiempo de ir con la censura lla pasó. lo que ves a menudo no te atrae.pasas ya por aburrimiento. Adios

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