Para que la conciencia acierte

paisajes-del-mundoOrden en los amores (parte 4)

La valoración sobre lo que hay que hacer, es decir, el juicio de la conciencia, depende mucho de los conocimientos morales que se tengan; es decir, 1) del conocimiento acerca de cuáles son los bienes y deberes; 2) de la medida y el orden en que hay que querer los distintos bienes; y 3) sobre cuál debe ser el orden de los amores.

Hay un conocimiento espontáneo de lo que es ordenado o desordenado, bueno o malo. En principio, la acción buena se nos presenta como bella y la mala como repugnante. Todos los hombres normales sienten aprobación por la persona que se sacrifica y cumple con su deber, y repugnancia ante actos como el asesinato, el robo o la mentira. Quizá no sabrían explicarlo, pero todos se dan cuenta espontáneamente de que es malo incumplir una promesa (faltar a un deber); robar (hacer daño a un bien del prójimo); emborracharse (faltar a la medida en que se quiere un bien) o ser egoísta… Pero esta aprobación o repugnancia depende mucho de que se capte intuitivamente el orden o el desorden de la acción. Es decir, depende de que efectivamente parezca feo el mal y bello el bien. Si las acciones están disfrazadas, el sentido moral natural puede equivocarse. Seguir leyendo “Para que la conciencia acierte”

El juicio de la conciencia

orgullo-y-prejuicio-1Esta entrada forma parte de “el orden de los amores” (parte 3)

Un padre de familia, o cualquier persona que tenga responsabilidad sobre otras personas, aunque esté en una situación extrema, no puede satisfacer su hambre sin pensar antes en el hambre de los que tiene a su cargo. Su hambre no es lo primero, por muy real y verdadera que sea.

  • Sentir hambre –el deseo de comer– puede ser una llamada de atención para que cubramos esa necesidad elemental, sin la cual no podemos sobrevivir. Pero no siempre hay que atender esa voz. No es necesario comer siempre que se siente hambre. Por muchos motivos prácticos, de higiene, de salud y de trabajo, es preferible, por ejemplo, llevar un sistema ordenado de comidas y comer a horas fijas. Tampoco es bueno dejarse llevar en la comida estrictamente por los gustos, porque la dieta debe ser equilibrada y esto exige una alimentación variada, donde lógicamente habrá cosas que gusten más y otras menos. Y no conviene comer hasta saciarse; es decir, hasta que no quede hambre; siempre se ha recomendado lo contrario: es buena medida para la salud levantarse de la mesa con un poco de apetito; de otro modo frecuentemente se come más de lo necesario y se engorda. La inteligencia tiene que poner condiciones a la voz del deseo. Tiene que establecer cuándo, cómo y en qué medida; tiene que conjugar la voz de los bienes y la de los deberes.

Somos limitados: nuestras fuerzas son limitadas y nuestro tiempo también es limitado. Son muchos los bienes que debemos adquirir y muchos los deberes que hemos de atender. No podemos hacerlo todo a la vez. Hay que poner medida y orden de prioridades, tanto en las grandes dedicaciones de tiempo y energía de nuestra vida, como en el reparto diario. Seguir leyendo “El juicio de la conciencia”

El deber cobra una fuerza enorme cuando se aprende a amarlo

48854f0fe6f7d66fba14d98a21dd3002.jpgYa vimos como los bienes generan deberes en la conciencia (es la voz de los bienes). Ahora nos queda ver la proposición contraria; es decir, que seguir la voz de los deberes es un bien que es muy bueno y deseable para el hombre.

  • Esto es evidente. Lo propio del hombre es escuchar la voz de los deberes, sentir los deberes, percibirlos. Es lo que da dignidad al ser humano y lo que le hace diferente de los animales. El hombre es tanto más digno y tanto más maduro, cuanto tiene más sentido del deber.
  • Para vivir moralmente, oyendo la voz de los deberes, se necesita mucha fuerza. Y parte de esa fuerza proviene de tener la convicción profunda de que ese modo de vivir es bueno y bello. La vida moral alcanza una gran altura cuando esta manera de vivir es firmemente deseada como un bien. Entonces es cuando se combinan en plenitud la voz de los deberes y la de los bienes.

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La moral es, en definitiva, saber dar a cada realidad el trato que merece.

Rothenfluh, Schwyz - SwitzerlandTodas las cosas que nos rodean nos imponen deberes. La moral es, en definitiva, saber dar a cada cosa el trato que merece. Ahora estudiaremos los deberes que tenemos respecto a las distintas cosas que nos rodean. Podemos situar los distintos seres que nos rodean en tres planos: Dios; los hombres, incluyendo en este punto la sociedad y su cultura; y la naturaleza en su conjunto. Cada una de estas realidades externas nos impone deberes. Vamos a procurar definirlos sirviéndonos de las fórmulas en que la moral cristiana ha sabido condensarlos. Los enunciaremos brevemente, porque dedicaremos después un capítulo a cada uno de ellos. Seguir leyendo “La moral es, en definitiva, saber dar a cada realidad el trato que merece.”

Del egoísmo al sentido del deber

sonidos-mar-conchaHasta que no se desarrolla la inteligencia, el hombre vive dominado por sus instintos, en busca de los bienes primarios. En la medida en que la inteligencia se desarrolla, comienza el conocimiento objetivo y comienza a notarse la llamada de las cosas: empieza la vida moral. Seguir leyendo “Del egoísmo al sentido del deber”