“Tenía un amor a Dios gigantesco, arrollador…”

Dentro de unos días se celebrarán misas por la fiesta de san Josemaría en torno al 265 de junio y me ha parecido muy interesante como el beato Álvaro del Portillo, que convivió con san Josemaría muchos años, cuenta en este vídeo cuál era la virtud más característica de san Josemaría: un amor a Dios gigantesco, arrollador…

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Una sonrisa puede hacer mucho bien

sonrisa

La sonrisa es uno de los mejores medios de que dispone la naturaleza para hacer felices a los demás. Entre los rasgos más atractivos del carácter de alguien está esa sonrisa cálida y sincera que nace de dentro. Las obras dicen más que las palabras, y lo que dice la sonrisa es: «Me gustas. Me haces feliz. Me alegro de verte». Si no tienes ganas de sonreír, aun así sonríe: oblígate a sonreír…
Una sonrisa cuesta poco y hace mucho. Enriquece a quienes la reciben y a ti no te hace más pobre. Aporta felicidad al hogar y fomenta la benevolencia entre los hombres. Es descanso para el fatigado, luz para el abatido, un rayo de sol para el triste y el mejor remedio de la naturaleza contra las preocupaciones.

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Trata de desarrollar el sentido del humor

Una ayuda casi indispensable para la alegría consiste en desarrollar el sentido del humor, que no significa ser ingenioso, contar historias divertidas y hacer reír a la gente: es la capacidad adquirida de descubrir los contrastes y las incoherencias de la vida, especialmente de la nuestra, y reírnos de ellos.
Sin sentido del humor, la falta de muchas comodidades materiales puede ser para ti un motivo de constante pesadumbre. El sentido del humor, sin embargo, evitará que te tomes demasiado en serio este mundo pasajero: te darás cuenta de lo absurdo de estar triste si se tiene la certeza de que el destino del alma es disfrutar algún día de las riquezas del cielo; y te ayudará a impregnar tus conversaciones de ese espíritu positivo frente a las incongruencias de tu propia vida, de modo que también los demás sean capaces de sonreír cuando sienten deseos de llorar

La actividad alimenta la alegría

alegriaEstar activo es uno de los modos más eficaces de no perder el ánimo ni el buen humor. En la actividad hay algo de intrínsecamente humilde: cuando estás haciendo algo, entras en contacto con la realidad. No es que tus problemas desaparezcan como por ensalmo, pero, al revés que las palabras, los sueños y los buenos propósitos, pone las bases para resolverlos. Mientras actúas, tu esperanza es ilimitada y queda muy poco espacio para el pesimismo.
No obstante, cuando emprendas una actividad mira las cosas con una perspectiva a largo plazo: eso te ayudará a conservar el ánimo. Tendemos a ser muy impacientes. Queremos soluciones fáciles e inmediatas; y, si no las vemos cerca, nos desalentamos. La naturaleza se toma su tiempo y tú formas parte de la naturaleza. No puedes forzar las cosas. Cultiva un respeto por el tiempo y por el papel esencial que desempeña en toda actividad humana. (Fuente: El poder oculto de la amabilidad de L. G. Lovasik)

Las tres virtudes de la alegría auténtica: la esperanza, la fortaleza y la caridad fraterna

alegria y tristeza interaccionHay tres virtudes importantes que nos convierten en personas alegres en el auténtico sentido de la palabra: la esperanza, la fortaleza y la caridad fraterna.

Por eso, cultivar la alegría no quiere decir que no te inspiran compasión las penas de los demás, ni que haya que evitar a la gente que sufre, ni manifestar con tu actitud que no vas a permitir que te incordien con sus desgracias… No hace falta expresar la alegría con sonrisas, carcajadas, bromas ni conversaciones frívolas. La persona alegre, ante una pena puedes adoptar un semblante serio y dar muestras de compasión, sin dejar de manifestar al mismo tiempo su alegría fundada en los sólidos motivos para la esperanza, la fortaleza y la paciencia que Dios concede a quienes les pide que sufran. No se trata de evitar afrontar los hechos que causan su dolor, ni de inventar razones poco realistas para que no se entristezcan los demás, ni de tomarse a la ligera el sufrimiento de los demás.

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Los pequeños detalles de cortesía manifiestan el espíritu de Cristo a quienes los reciben

paisaje primavera.jpgSan Pablo aconseja sacrificar pequeños derechos por el bien de los demás. Llega incluso a desear hacerse siervo con el fin de salvar almas para Cristo: Porque siendo libre de todos, me hice siervo de todos para ganar a cuantos más pueda… Me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me he hecho todo para todos, para salvar de cualquier manera a algunos.

En tu caso, hacerte siervo implica la privación voluntaria de esos pequeños derechos que te resultan tan placenteros. Quizá signifique permanecer muy atento a las necesidades y deseos de los demás ahorrándoles esfuerzos, aliviando sus cargas, infundiéndoles coraje y nuevas esperanzas, ofreciéndoles aliento con un apretón de manos, o haciéndoles el favor que te piden en el momento más inoportuno. Seguir leyendo “Los pequeños detalles de cortesía manifiestan el espíritu de Cristo a quienes los reciben”

Tu amabilidad se ha de reflejar también en tu manera de conversar

la mirada que escucha.jpgLa cortesía se hace patente en la manera de conversar. No sabes escuchar si en cualquier conversación lo único que te importa es llevar la voz cantante y no manifiestas ningún interés por nada de lo que dicen los demás; si te sientes incómodo mientras hablan los otros y te dedicas a pensar en lo que vas a decir tú en cuanto tengas ocasión; si subestimas la verdad o el valor de lo que se dice, metiendo siempre baza con algo más importante y rematando lo que cuentan de un modo más conveniente; si interrumpes para poder hablar, y evidencias así tu orgullo y tu vanidad; o si eres incapaz de guardar silencio mientras otros intentan mantener una conversación.

Sabes escuchar si prestas atención a los demás con seriedad e interés porque consideras que no eres omnisciente, y que siempre tienes algo que aprender: solo los tontos están tan metidos en sí mismos y en sus propias ideas que se aburren de oír a otros. Seguir leyendo “Tu amabilidad se ha de reflejar también en tu manera de conversar”