Qué es y qué no es la moral (y 2)

moral-arte-de-vivirAyer veíamos lo que no es la moral. Hoy terminamos esta entrada doble acerca de qué es la moral.

Lo que sí es la moral

En realidad, la moral no tiene nada que ver con todo eso que vimos ayer. O, para ser más precisos, tiene muy poco que ver. Tiene poco que ver con las opiniones, con los sistemas de normas, con las buenas intenciones y con los equilibrios de la convivencia. Tampoco es lo contrario; simplemente no es eso. Pero no nos vamos a entretener en ver por qué no es eso: nos llevaría muy lejos y serviría de poco. Basta con advertir al lector que aquí no tratamos de eso. Así ya está preparado para lo que va a venir, y no le sorprenderá tanto que, con las mismas palabras, se esté hablando de algo diferente.

Si hubiera que dar una definición sencilla de lo que es la moral, de lo que esta palabra significaba cuando se inventó, se podría decir que moral es el arte de vivir. Sin más. Seguir leyendo “Qué es y qué no es la moral (y 2)”

Qué es y qué no es la moral (1)

moral-arte-de-vivirSiguiendo un consejo de Isabel, una de nuestras habituales comentaristas del blog, voy a empezar una serie de entradas sobre el libro de Juan Luis Lorda, “La moral. El Arte de vivir”. Espero que os resulte tan interesante como a mí. Ah! Y gracias a Isabel por su sugerencia!

Lo que no es la moral

Primero vamos a ver lo que no es la moral y en una segunda entrada lo que sí es la moral. Empecemos

Hablamos continuamente de moral: en familia, con los amigos, en el café, en la prensa, en el parlamento… A todos nos interesa, porque a todos nos afecta. Todos tenemos algo que decir. Por eso es difícil y, a la vez, fácil hablar de moral. Como todos tenemos algo que decir, es fácil ponerse a hablar, pero es difícil conseguir que los demás nos escuchen y estén de acuerdo. En ningún tema se discute tanto: las opiniones se enfrentan y se superponen sin que parezca posible componerlas. Por eso, crece la sensación de que la moral es el tema más opinable de todos; el tema donde cada uno puede y debe tener su propia opinión; el tema donde ninguna opinión puede imponerse. A primera vista, el único acuerdo posible parece éste: que todo es opinable y que en este terreno no hay nada seguro. Seguir leyendo “Qué es y qué no es la moral (1)”

“Tenía un amor a Dios gigantesco, arrollador…”

Dentro de unos días se celebrarán misas por la fiesta de san Josemaría en torno al 265 de junio y me ha parecido muy interesante como el beato Álvaro del Portillo, que convivió con san Josemaría muchos años, cuenta en este vídeo cuál era la virtud más característica de san Josemaría: un amor a Dios gigantesco, arrollador…

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Una sonrisa puede hacer mucho bien

sonrisa

La sonrisa es uno de los mejores medios de que dispone la naturaleza para hacer felices a los demás. Entre los rasgos más atractivos del carácter de alguien está esa sonrisa cálida y sincera que nace de dentro. Las obras dicen más que las palabras, y lo que dice la sonrisa es: «Me gustas. Me haces feliz. Me alegro de verte». Si no tienes ganas de sonreír, aun así sonríe: oblígate a sonreír…
Una sonrisa cuesta poco y hace mucho. Enriquece a quienes la reciben y a ti no te hace más pobre. Aporta felicidad al hogar y fomenta la benevolencia entre los hombres. Es descanso para el fatigado, luz para el abatido, un rayo de sol para el triste y el mejor remedio de la naturaleza contra las preocupaciones.

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Trata de desarrollar el sentido del humor

Una ayuda casi indispensable para la alegría consiste en desarrollar el sentido del humor, que no significa ser ingenioso, contar historias divertidas y hacer reír a la gente: es la capacidad adquirida de descubrir los contrastes y las incoherencias de la vida, especialmente de la nuestra, y reírnos de ellos.
Sin sentido del humor, la falta de muchas comodidades materiales puede ser para ti un motivo de constante pesadumbre. El sentido del humor, sin embargo, evitará que te tomes demasiado en serio este mundo pasajero: te darás cuenta de lo absurdo de estar triste si se tiene la certeza de que el destino del alma es disfrutar algún día de las riquezas del cielo; y te ayudará a impregnar tus conversaciones de ese espíritu positivo frente a las incongruencias de tu propia vida, de modo que también los demás sean capaces de sonreír cuando sienten deseos de llorar

La actividad alimenta la alegría

alegriaEstar activo es uno de los modos más eficaces de no perder el ánimo ni el buen humor. En la actividad hay algo de intrínsecamente humilde: cuando estás haciendo algo, entras en contacto con la realidad. No es que tus problemas desaparezcan como por ensalmo, pero, al revés que las palabras, los sueños y los buenos propósitos, pone las bases para resolverlos. Mientras actúas, tu esperanza es ilimitada y queda muy poco espacio para el pesimismo.
No obstante, cuando emprendas una actividad mira las cosas con una perspectiva a largo plazo: eso te ayudará a conservar el ánimo. Tendemos a ser muy impacientes. Queremos soluciones fáciles e inmediatas; y, si no las vemos cerca, nos desalentamos. La naturaleza se toma su tiempo y tú formas parte de la naturaleza. No puedes forzar las cosas. Cultiva un respeto por el tiempo y por el papel esencial que desempeña en toda actividad humana. (Fuente: El poder oculto de la amabilidad de L. G. Lovasik)

Las tres virtudes de la alegría auténtica: la esperanza, la fortaleza y la caridad fraterna

alegria y tristeza interaccionHay tres virtudes importantes que nos convierten en personas alegres en el auténtico sentido de la palabra: la esperanza, la fortaleza y la caridad fraterna.

Por eso, cultivar la alegría no quiere decir que no te inspiran compasión las penas de los demás, ni que haya que evitar a la gente que sufre, ni manifestar con tu actitud que no vas a permitir que te incordien con sus desgracias… No hace falta expresar la alegría con sonrisas, carcajadas, bromas ni conversaciones frívolas. La persona alegre, ante una pena puedes adoptar un semblante serio y dar muestras de compasión, sin dejar de manifestar al mismo tiempo su alegría fundada en los sólidos motivos para la esperanza, la fortaleza y la paciencia que Dios concede a quienes les pide que sufran. No se trata de evitar afrontar los hechos que causan su dolor, ni de inventar razones poco realistas para que no se entristezcan los demás, ni de tomarse a la ligera el sufrimiento de los demás.

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