La moral es también el arte de conjugar bienes y deberes, de poner cada cosa en su sitio, de poner orden en los amores

Platero-Flores1Ya hemos hablado de la voz de lo bienes, ahora terminamos esta parte hablando de la voz de los deberes, esa otra voz que nos dirige la naturaleza; es la voz que nos llega de las cosas que nos rodean. La inteligencia descubre que no estamos solos en el mundo, que hay otros seres además de nosotros. Y nos permite ponernos en la situación de los otros seres y caer en la cuenta de que también tienen necesidades como nosotros.

  • Es una comparación elemental e inevitable. El objeto que mejor conocemos en el mundo somos nosotros mismos. Es lo primero que conocemos y lo que mejor conocemos. Por eso utilizamos nuestra experiencia para entender a las demás cosas y las comprendemos desde nuestra experiencia personal. Entonces, por un razonamiento elemental, que surge en cuanto tenemos uso de razón, deducimos que lo que es bueno para nosotros debe ser bueno para las demás cosas y al contrario: que lo que es malo para nosotros, debe ser malo para los demás.

Los animales que no tienen inteligencia, sólo sienten la voz de sus instintos, pero los hombres oímos también las voces de los seres que nos rodean. Esto distingue nuestra conducta del comportamiento animal: es propio del hombre sentirse obligado por esas voces. Precisamente porque estamos dotados de inteligencia, las oímos. La inteligencia rompe el cerco de la psicología instintiva. Por la misma razón por la que llegamos a conocer cómo son las cosas, nos sentimos obligados a tratarlas con respeto. Descubrimos que no existen sólo en relación a nuestras necesidades, sino que existen por sí mismas y tienen también necesidades. Seguir leyendo “La moral es también el arte de conjugar bienes y deberes, de poner cada cosa en su sitio, de poner orden en los amores”

Llegar a apreciar como bienes los verdaderos bienes, es lo más importante de la educación

-true-forgiveness_idjhbiYa hemos dicho que podemos escuchar en nuestro interior dos voces o llamadas. La de dentro o de los bienes y la de fuera o la de los deberes. En esta entrada veremos la llamada de los bienes.

Ya hace muchos siglos Aristóteles definió como bien aquello que es deseable por el hombre, aquello a lo que se siente inclinado, aquello que le apetece. Aristóteles definía el bien como «lo que todos apetecen o desean».

  • Como la naturaleza es sabia, el hombre sano, como todos los animales sanos, desea espontáneamente lo que le conviene: la comida, la bebida, etc. En principio, las cosas que desea son realmente bienes; aunque en algún caso puede equivocarse en la interpretación de lo que es bien o en la medida en que lo quiere. Esos impulsos se refuerzan por la satisfacción que produce alcanzar los bienes (placer) o por el daño que produce el verse privado de ellos (dolor). Las sucesivas experiencias de placer y dolor dan forma y educan el comportamiento instintivo. Por eso, se puede amaestrar a los animales con un sistema de premios y castigos.

El desarrollo de la inteligencia amplía enormemente la posibilidad de descubrir bienes, es decir, la posibilidad de descubrir cosas que convienen. Seguir leyendo “Llegar a apreciar como bienes los verdaderos bienes, es lo más importante de la educación”

Bienes y deberes

pensar en los demas.jpgTodo hombre llega a darse cuenta, en cuanto madura, de que no es el único ser sobre la tierra y de que hay otras necesidades, otras exigencias además de las suyas propias. Según esto, podríamos decir que la conducta humana se ve afectada por dos llamadas distintas de la naturaleza: una que viene principalmente de dentro y otra que le llega principalmente de fuera. Como la moral es sólo el arte de vivir bien, el arte de tener una conducta digna del hombre, interesa que nos detengamos un poco en analizar estas dos voces de la naturaleza.

  • A) La primera es la llamada que le hace su propio ser. El ser humano nunca deja de ser un ser necesitado. No puede dejar de tener hambre o sed; por eso no puede dejar de apetecer la comida o la bebida, y no puede dejar de buscarlas en su entorno; es decir: no puede dejar de mirar su entorno en relación a esas necesidades.
  • B) La segunda es la llamada que le dirigen las cosas que le rodean. En cuanto llega a conocerlas, se pone en su lugar y cae en la cuenta de que los demás seres también tienen necesidades y, en esa misma medida, derechos. Se da cuenta de que él es un ser más entre los seres; de que no puede guiarse sólo por lo que le apetece o le conviene a él; las demás cosas le imponen obligaciones.

La primera llamada es la de los bienes, la de las cosas que necesitamos y que nos atraen. La segunda es la de los deberes, la de las exigencias que nos imponen los seres y las realidades que nos rodean. Bienes y deberes son dos voces de la naturaleza que condicionan el comportamiento del hombre. Veamos brevemente en las dos siguientes entradas estas dos llamadas .

En defensa de la conversación, por Cherry Tuttle

518hlv1ilgl-_sx327_bo1204203200_Sherry Turtle, En defensa de la conversación, Ático de los libros, 2017. Turkle, profesora del MIT, ya publicó en 2011 un bestseller académico, Alone Together (Solo en compañía), y ahora vuelve al mismo tema con un volumen más divulgativo, pero de casi 500 páginas, dirigido a resaltar lo que constituye, a mi juicio, uno de los cinco o seis problemas más importantes de nuestro tiempo: la paulatina pérdida de la conversación. Esta desaparición en cantidad y calidad tiene, según Turkle, una causa clara que es necesario reconocer para salvar la empatía y comprensión mutuas: se trata de las pantallas. Seguir leyendo “En defensa de la conversación, por Cherry Tuttle”

Lo propio del hombre es la libertad; y lo propio del animal es lo instintivo

castidad-libertadSeguimos con el libro de J. L. Lorda, Moral. El arte de vivir.

En el capítulo anterior hemos desarrollado la idea de que la moral es simplemente el arte de vivir como un hombre. Y hemos visto la importancia que tiene la libertad. Lo propio del hombre es ser libre.

  • Es la diferencia más clara con los animales. No le diferencia de los animales nada importante de su cuerpo: ni la dentadura, ni su habilidad para correr, ni su vista. En algunos aspectos está mejor dotado y en otros peor. Aventaja a muchos animales en que tiene manos, un instrumento fantástico; y un agudísimo sentido del equilibrio que le permite caminar erguido. En cambio, tiene peor olfato y vista, está menos dotado para la carrera y peor defendido en cuanto a uñas y dientes que la mayor parte de los mamíferos superiores.

Pero todo esto no es tan importante. Lo que verdaderamente le distingue es su libertad. El hombre es dueño de sí; hace lo que quiere; obra después de deliberar con su inteligencia; es dueño de sus actos; no está gobernado por sus instintos. Es verdad que puede dejarse llevar por los instintos y en algún momento ser dominado por ellos, como el que, ante una situación peligrosa, se deja llevar del pánico, pero ordinariamente se gobierna con la inteligencia y decide libremente su conducta. Seguir leyendo “Lo propio del hombre es la libertad; y lo propio del animal es lo instintivo”

¿Cómo saber lo que es digno del hombre? ¿Cómo aprender a vivir como debe vivir un hombre?

26_09_2007_0408321001190753945_jedzer¿Cómo saber lo que es digno del hombre? ¿Cómo aprender a vivir como debe vivir un hombre?

  • El primer paso es, desde luego, tener afición a las acciones bellas: admirar e imitar lo que es bonito. Éste es el primer paso: desear una vida llena de belleza. El amor a la belleza, a la dignidad de la vida humana, da un sentido moral. Pero es limitado. El sentido natural de lo que es bueno o malo –la estética moral– da orientaciones muy claras para las situaciones extremas, pero no cubre todo el campo del comportamiento humano. 
    • Si la situación es complicada o intervienen muchos factores puede plantear dudas. No es raro; lo mismo sucede en otros ámbitos de la experiencia humana. Algunos alimentos atraen instintivamente por su aspecto y olor, mientras que otros producen repugnancia. Pero, en muchos casos, ni el aspecto ni el olor nos sugieren nada; y en algunos casos nos engañan (basta pensar en el olor nauseabundo de la coliflor, que es, sin embargo, un excelente alimento).
    • Si sabemos lo que es comestible y lo que es nocivo, lo debemos a la experiencia que nos han transmitido. ¿Qué papel desarrolla en esto la cultura?….

La cultura almacena y transmite la experiencia de los que han vivido antes que nosotros. Por ella recibimos muchos saberes y conocimientos que solos no hubiéramos adquirido. Sería terrible si cada ser humano tuviera que descubrir todo él solo: en materia alimenticia sólo podríamos equivocarnos una vez; la primera seta venenosa nos llevaría a la tumba. Afortunadamente, podemos servirnos de la experiencia que ha sido acumulada y transmitida por nuestra cultura, sobre las setas comestibles. Seguir leyendo “¿Cómo saber lo que es digno del hombre? ¿Cómo aprender a vivir como debe vivir un hombre?”

La moral es como la “estética del espíritu”; el buen gusto en lo referente al comportamiento humano

1387054860774-paisajes-hermososSeguimos con la entrada de ayer.

El saber moral es difícil y delicado. Aunque es un saber difícil, hay modos de orientarse sobre lo que es bueno o malo. Vamos a verlo brevemente a continuación.

La naturaleza responde bien a lo que le conviene y responde mal a lo que no le conviene. Es lógico y puede servir para detectar lo que es bueno y lo que es malo. Esto sucede en todos los campos, aunque no de la misma manera. El que come un alimento que no le conviene, lo notará; incluso lo podremos percibir externamente: veremos su mala cara, sus espasmos o quizás le veremos revolcarse por el suelo. Las equivocaciones o los aciertos en el plano físico se notan físicamente: nos sentimos mal o bien según el alimento sea apropiado o no.

El campo de la moral es un poco distinto. Los errores y los aciertos en el uso de la libertad no se pueden sentir físicamente; pero se perciben de alguna manera. Por eso decimos que uno se siente bien cuando obra bien y que se siente mal cuando obra mal. Seguir leyendo “La moral es como la “estética del espíritu”; el buen gusto en lo referente al comportamiento humano”