Amor a la Iglesia: Omnes cum Petro ad lesum per Mariam!

iglesiaLa importancia de tener conciencia de pertenencia a la Iglesia: Un niño chino acude al catecismo de la misión, ignorante de que el sacerdote ha sido detenido. Unos agentes comunistas le salen al paso y le preguntan: —¿A dónde vas?—A la catequesis. —Ya no hay catequesis. —Entonces voy a ver al sacerdote. —Ya no hay sacerdote. —Entonces voy a la Iglesia. —Ya no hay Iglesia. Y el niño chino contesta: —Yo estoy bautizado… Yo soy la Iglesia. Aquel chico había aprovechado bien las clases de la catequesis. También nosotros podemos decir muchas veces: ¡Yo soy la Iglesia!… y los demás han de ver a Cristo en mí.

La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo.

1) Misión del Espíritu Santo: sentido de pertenencia, porque en la Iglesia por el bautismo nos hacemos Hijos de Dios, “no tiene Dios por Padre, quien no tiene a la Iglesia por Madre”(Tertuliano).

  • La Iglesia como lugar de salvación: El que creyere y se bautizare, se salvará; pero el que no creyere, será condenado (Mc 16,16).
  • La Iglesia como la acción del Esp. Santo en la Historia: Sacramento universal de Salvación…

2) Misión de Cristo. Porque Dios Padre ha puesto todas las cosas bajo los pies de Cristo y le ha constituido cabeza de toda la Iglesia, que es su cuerpo; en Él está la plenitud de quien llena todo en todas las cosas (Ef 1,22‑23).

  • La Iglesia es Cuerpo Místico de Cristo. La Iglesia, lugar del encuentro con Cristo y del desarrollo de la vida cristiana. (Anécdota: “voy al encuentro de mi amor…“). “El pan que partimos, ¿no es la comunión con el cuerpo de Cristo? Puesto que sólo hay un pan, todos formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan” afirma en (1 Cor 10,16ss). Para Pablo, si Cristo nos da su cuerpo (en la mentalidad semita el cuerpo es el yo) es que se da a sí mismo. Comunión es fusión de existencias como en el alimento existe un proceso de asimilación igualmente mi yo es “asimilado” al mismo Jesús, hecho semejante a él: somos asimilados a este “pan”, haciéndonos un solo cuerpo. La eucaristía edifica la Iglesia así. Es el lugar del nacimiento continuo de la Iglesia. En la Eucaristía Jesús funda constantemente de nuevo la Iglesia.
  • Pero además está la unión esponsal de Cristo con su Iglesia. Una razón más para Amar a la Iglesia esposa como lo hace Cristo esposo… La Iglesia como “cuerpo de Cristo”implica la idea de relación esponsal. La teología eucarística es inseparable de la filosofía bíblica del amor. Si nos fijamos ya en Gen 2,24 se dice: “por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”. Una carne, una nueva única existencia. Lo dicho anteriormente sobre la eucaristía se hace ahora más claro en el lenguaje del amor. Esta idea esponsal de la eucaristía constituye el núcleo del concepto de Iglesia (esposa de Cristo) y de su definición mediante la fórmula “cuerpo de Cristo”. La Iglesia es cuerpo de Cristo a la manera en que la mujer con el marido es un solo cuerpo y una sola carne. Cristo y la Iglesia son un cuerpo en el sentido en que marido y mujer son una sola carne. (sentido del celibato apostólico)

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Necesitamos de la mortificación para lograr el dominio de sí

deporte.jpgEl deporte es para muchas personas una gran ayuda en la formación de su equilibrio. Es sabido que disminuye el estrés, apacigua las tensiones interiores y hace más fácil el dominio de sí, especialmente para moderar las pasiones. Por ejemplo, sirve para aliviar el nerviosismo o la angustia profesional. Hay un período de la vida en el que es recomendable dedicarse a una práctica deportiva de modo habitual, por ejemplo una vez o dos a la semana. Algunas personas van más allá, hasta profesar un verdadero culto al deporte. Al margen de unas exageraciones que llegan a considerar la afición colectiva al fútbol como una «peste emocional», o de otros ejercicios físicos propensos a las patologías, el sentido del esfuerzo e incluso del dolor físico forma parte del aprendizaje que proporciona el deporte.
La vida cristiana se puede comparar con el deporte. Seguir leyendo “Necesitamos de la mortificación para lograr el dominio de sí”

Una cosa es sentir, y otra consentir… Lo que no conviene de ningún modo es dialogar

sentiry consentir.jpg¿Cómo discernir lo que es pecado de lo que no lo es? En este tema hay que saber distinguir el sentir del consentir. Por ejemplo, cuando se dilata la pupila del ojo, se puede ver sin haberlo buscado: ha sido provocado automáticamente por una bajada en la intensidad luminosa del ambiente. Lo mismo ocurre con otros movimientos fisiológicos y con determinadas sensaciones. No hay pecado sin consentimiento, y por eso, las reacciones fisiológicas no tienen que turbar el espíritu. Si son provocadas por la tentación no hay que perder la paz, sino al contrario, vivirlas como una prueba que da la ocasión de demostrar el amor que se tiene a Dios. «Una cosa es sentir, y otra consentir. La tentación se puede rechazar fácilmente, con la ayuda de Dios. Lo que no conviene de ningún modo es dialogar» [18].
La tentación nos recuerda que necesitamos la ayuda de Dios, que «no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas» (1 Cor 10, 13); y aún más, nos demuestra que en la flaqueza es donde somos fuertes (cf. 2 Cor 12, 10). Por eso, el nerviosismo, la cólera o la angustia que pueden acompañar a una tentación, en el caso de una persona que trata de vivir su fe cristiana coherentemente, no deben inquietar sobremanera: puede tratarse de purificaciones que Dios permite para que nos acerquemos más a Él. Seguir leyendo “Una cosa es sentir, y otra consentir… Lo que no conviene de ningún modo es dialogar”

Aunque la carne se vista de seda, carne se queda…

mirada turbia.jpgEl arte y su falsificación

Hay una pureza de la mirada que depende en primer lugar de la intención, pero que también está relacionada con lo que se ofrece a la vista. El auténtico arte, por la correspondencia de la belleza con la bondad, no ofende a la mirada y lleva a Dios. Entonces, la obra eleva al artista y le hace mejor. Existe una «desnudez casta» cuando el genio del artista sabe representar la nobleza del alma y del cuerpo. Es algo parecido a un buen vaso de vino: resulta excelente para todos, salvo para quien padece de alcoholismo. En definitiva, casi todo depende de la pureza de la mirada. «Omnia munda mundis»: «Todo es puro para los puros; en cambio, para los contaminados e incrédulos no existe nada puro», escribe san Pablo a Tito (Tt 1, 15). Seguir leyendo “Aunque la carne se vista de seda, carne se queda…”

Gloria y servidumbre de Internet

usuarios_esclavos_internet_07.jpgLa gran fuerza de atracción de Internet, y en particular de las imágenes (fotografías y vídeos) que ofrece la red, junto con un relativo anonimato de acceso, reclama una cierta prudencia que actúe como protección de la propia libertad. El dominio de sí es especialmente necesario en el mundo digital. Es un hecho comprobado que la red informática, que en sí es una herramienta magnífica, crea fácilmente adicción y, como las drogas, provoca dependencias psíquicas. En este caso, puede llegar a absorber al usuario de manera vertiginosa, y en cierto modo a hundirlo, aunque inadvertidamente: las personas se hacen prisioneras y desgraciadas al mismo tiempo. Más allá del prudente empleo de filtros y de determinadas medidas relativas a los lugares y los momentos elegidos para consultar Internet, es obvio que lo esencial en este ámbito es la «estructura» interior que hace al hombre maestro de sí mismo y la disposición que depende de una identidad personal bien afirmada. La actitud interior y las ayudas exteriores permiten estar prevenido y ser disciplinado, prudente y celoso de la propia salud psicológica y espiritual. Lo sensato es navegar en Internet con una meta concreta, en el ámbito del propio trabajo o de otro horizonte honrado: evitar la navegación sin rumbo, al capricho del viento, dispuestos a visitar cualquier «isla del tesoro» que se nos pueda presentar.
Internet, que da felizmente una voz a quienes no tienen medios, es también un ámbito de crecimiento en la templanza. Seguir leyendo “Gloria y servidumbre de Internet”

Mirar con mirada limpia, noble y respetuosa, una mirada que no se apropia de lo que pertenece al otro y, en última instancia, a Dios

mirada-limpia2La vista es un don que permite admirar la belleza de la creación y de las obras humanas, pero la ventana de los ojos debe ser objeto de vigilancia. Evitar las ocasiones de pecar, huir de ellas si se presentan, es la actitud fundamental de lo que suele denominarse guardar la vista. Con evidente realismo, el Antiguo Testamento aconseja a los hombres: «No andes curioseando por las calles de la ciudad, ni vagabundees por sus lugares solitarios. Aparta tus ojos de una mujer hermosa, y no mires la belleza que no es tuya. Muchos se perdieron por la belleza de una mujer, de ella brota un amor que quema como fuego» (Si 9, 7-8). Cristo enseña que la mirada impura provoca el adulterio del corazón: «Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón. Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y tíralo» (Mt 5, 28-29). La vista enturbia con gran facilidad al alma, aunque no sea siempre de inmediato. ¿No afirma Pascal que la causa del amor es un «no sé qué» y que sus efectos son aterradores? Y para ilustrar su afirmación, añade: «Si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, hubiera cambiado toda la faz de la tierra».

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Dar limosna de un modo auténtico no solo alivia en lo material, sino que alza e ilumina el espíritu del pobre

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El fin de todo amor es el bien del ser amado; el fin del amor a Dios, su honor y su gloria; el del amor al prójimo, el bien espiritual y temporal de los hombres y, a través de él, el honor y la gloria de Dios. Debes amar al prójimo por amor a Dios. El amor al prójimo te impone numerosas obligaciones, cuyo objetivo es lograr el bienestar y la felicidad de los demás. Tu primer deber consiste en prestarles ayuda material siempre que te sea posible. Jesús ha dicho: «Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber… estaba desnudo y me vestisteis». Se trata de una ayuda solo corporal, pero no por ello menos necesaria… Las principales obras de misericordia corporales son dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, visitar a los encarcelados, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos y enterrar a los muertos.

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