Al encuentro con la Cruz (y 3)

Jueves, 26 febrero, 2015

cargando-la-cruzTercera y última entrada de esta serie sobre la mortificación en la Cuaresma:

Especial importancia tiene la mortificación interior. Es decir, el control sobre la imaginación y la memoria, con el fin de alejar esos pensamientos y recuerdos inútiles, que impiden la presencia de Dios, y que tantas veces son fuente de tentaciones.

Y es que cuando se cede a esta forma de evasión -quizá en momentos de más cansancio, o de aridez espiritual o como compensación ante los pequeños fracasos de la vida diaria–, se va produciendo un deterioro de la unidad de vida: por un lado, un mundo interior -en el que la vanidad triunfa-, y por otro, la vida real, a veces dura, parca y austera… pero donde únicamente puede realizarse el proyecto de santidad personal. Leer el resto de esta entrada »

Sunset at Niagara Falls - Canada by Matteo PecchioliPara realizar sus milagros muchas veces el Señor pide la colaboración de los discípulos. Basta recordar, por ejemplo, lo que ocurre en la multiplicación de los panes o en la pesca milagrosa (cfr. Lc 9, 10 ss. y Lc 5, 1 ss.). 

Por eso podemos decir que el sentido apostólico de nuestra vida de cristianos corrientes es parte importante de esa pequeña colaboración que Cristo nos pide a cada uno, y que hemos de descubrir en nuestra oración personal y en sintonía con la dirección espiritual. 

Id y predicad el Evangelio a toda criatura (Mc 16, 15): “Todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío” (CCE, n. 863). Y cada uno, por su singularidad en talentos y de formas distintas de ser, tiene una manera diferente de colaborar. Efectivamente, la misión apostólica que cada uno tiene, cualquiera que sea, es importante, como lo es un pequeño tornillo para la entera maquinaria (cfr. Camino, n. 830). La labor apostólica de cada uno irá al paso de Dios si cada uno cuida su parcela apostólica pensando en el todo, con visión universal y sintiendo en esa labor que realiza todo el peso de la Iglesia. (Maroma que soporta pesos fuertes aunque está hecha de hilos en sí débiles) Leer el resto de esta entrada »

4407444_largeDios, cuya plenitud sobreabundante es fecundidad por encima de toda medida, creó a Adán a su imagen, a la imagen del Hijo único que por sí solo agota la fecundidad divina y eterna… Pues bien, para realizar este misterio, el hombre -a imagen de Dios-, al transmitir la vida comunica al curso del tiempo su propia imagen, sobreviviendo así -la imagen del Hijo- en las generaciones.

En el fondo de las edades resuena sin cesar el llamamiento de Dios: «¡Creced y multiplicaos!», y la criatura va llenando la tierra. Leer el resto de esta entrada »

Amar de lejos es fácil

Viernes, 20 junio, 2014

80En la obra del escritor ruso Dostoyevski: “Los hermanos Karamazof”, el autor presenta una discusión entre el escéptico Iván y el bueno de Aliosha sobre temas religiosos. En un momento de la discusión Iván mantiene que es imposible el amor verdadero: al prójimo -piensa- no se le puede amar. Y cuando dice “prójimo”, se refiere al prójimo cercano, al que vemos y tocamos casi a diario, o sin casi. “Se puede amar de lejos -concluye-, pero de cerca, no”.

Para fundamentar sus convicciones recurre al ejemplo del hombre santo, que se entrega al prójimo, pero cuando surge lo desagradable -prosigue Iván- no tiene más remedio que hacer un esfuerzo ficticio, como imponiéndose a sí mismo un sacrificio: “¡Se puede amar al hombre invisible, repito; mas apenas aparece éste, desaparece el amor!”

La dificultad que se plantea el pobre Iván es común en aquellos que no distinguen el amor del sentimiento. No son lo mismo. Es precisamente en el sacrificio, en el vencimiento, donde se pone a prueba el auténtico amor; precisamente ahí es donde se distingue el amor del sentimentalismo.

El amor, al igual que la santidad, está tejido de luchas secretas, que sólo Dios y nosotros conocemos, y que tienen lugar en el interior del corazón. Amar es una maravillosa mezcla de sacrificios silenciosos, de gozos inefables, de momentos oscuros y de luces íntimas indescriptibles… Así es la vida de los santos y la de esos miles de hombres y mujeres que cada día se esfuerzan por mantener encendido el fuego de su amor. Se trata de un modo de vida que la percibe, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

boatLlevo varios días sin escribir en el blog. Y es que ante las necesidades y peticiones ajenas tenemos dos opciones: hacernos los fuertes y encerrarnos en nuestro castillo para disfrutar de nuestra vida, o rendirnos y abrir las manos para dejar que se lo lleven todo. Si se quiere ser feliz la opción correcta es la segunda. Por que quienes se defienden de las necesidades y peticiones de los demás se condenan a vivir en un egoísmo triste y ansioso. Por el contrario quienes se rinden ante los demás, terminan descubriendo que se han llenado de más Amor de Dios.

A quien te pida, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.

Imposible decirlo más claro.

Aquí te dejo con esta divertida anécdota que relatan los viejos cronicones ortodoxos: Leer el resto de esta entrada »

“Unsung Hero”

Domingo, 27 abril, 2014

Otro ejemplo de buena propaganda. Un comercial edificante que muestra cómo ser generoso puede que no sirva para hacerse rico o  famoso, pero puede proporcionar una felicidad y amor  que ni la fama ni el dinero pueden comprar. 

“Tendrán respeto a mi hijo”

Viernes, 21 marzo, 2014

385Siempre me detengo, -comenta J-Fernando Rey- cuando leo la parábola, en esa frase del buen padre: Tendrán respeto a mi hijo. ¡Pobre Dios!

Enviaste, Padre celestial, a tu Hijo al mundo. Tendrán respeto a mi hijo… Debería haber sucedido. Los hombres deberían haber caído de rodillas ante el Verbo encarnado. Tendrían que haber entregado sus vidas en las manos de tu Unigénito, y haberlo colmado de honores como sólo a Dios se debe honrar. Ante su mirada misericordiosa, deberían haber hecho penitencia de sus pecados, para encontrar el perdón.

Tendrán respeto a mi hijo… Sin embargo, mira, Padre celestial, lo que hicieron con tu Hijo: míralo despreciado en Belén y dado a luz entre animales, míralo humillado por sus parientes y vecinos en Nazaret, míralo abofeteado y escupido en el Sanedrín, míralo desollado a latigazos y coronado de espinas en el Pretorio, míralo clavado a la Cruz en el Calvario.

Tendrán respeto a mi hijo… Míralo hoy, abandonado en tantos sagrarios que pasan el día solos sin nadie que los visite. Mira, Padre bueno, el respeto que hemos tenido a tu Hijo.

Y tú, lector, haz un propósito tras leer estas líneas: acércate a la iglesia, y regálale, al menos, una hermosa genuflexión.

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