Dios tampoco se deja ganar en generosidad!

Este mes de agosto estaré atendiendo convivencias, así que el blog quedará un poco bajo mínimos. Peo alguna entrada semanal saldrá. Saludos!!

San Josemaría, en el ecuador del Año Mariano por la familia

Mons. Javier Echevarría recuerda en este vídeo algunos consejos de san Josemaría para las familias, con ocasión del 26 de junio, 40 aniversario de la marcha al Cielo de san Josemaría.

Es muy importante que se desarrolle en todos los sitios una preocupación para que la familia tenga cada vez más importancia en la vida de la sociedad. Tendrá importancia en tanto en cuanto el marido y la mujer, y con ellos los hijos, se acerquen a Dios.

No se trata tanto de lo que tenemos, sino de cuanto podemos darnos

Hoy os traigo esta sugerente historia acerca de los fines y los medios en la vida. Quizás venga bien aquí recordar esta idea de Albert Einsten: “En mi opinión son características de nuestra época la perfección de medios y la confusión de fines”. En efecto, no pocas veces buscamos los medios como si fueran fines. Y es que no se trata tanto de los medios -de lo que tenemos-, sino de para qué los tenemos. En definitiva, se trata de descubrir en qué medida estamos dispuestos a darnos a los demás:

¿Por qué estamos obligados a la alegría?

alegriaSobre todo, tenemos que convencernos de que la alegría es una de las mayores obligaciones del cristiano.

¿Por qué estamos obligados a la alegría?

En primer lugar, es una obligación para con nuestro Creador, pues hemos sido creados para la alegría. Nos ha dado la facultad de alegrarnos, nos ha hecho criaturas alegres, y nuestra alegría debería ser el primer tributo que le debemos. Cuando alguien nos hace un regalo, lo primero que espera –incluso antes que nuestro agradecimiento-, es la alegría en nuestro rostro, es esta alegría lo que le hace sentirse verdaderamente pagado. En la alegría profunda hay siempre sinceridad, y por eso “Dios ama al que da con alegría” (2 Corintios 9,7). Seguir leyendo “¿Por qué estamos obligados a la alegría?”

Pero ¿de qué alegría estamos hablando?

161-alegriaLos cristianos necesitamos de la alegría más que nadie. La tristeza es mala para todos, pero para nosotros es nefasta.

No se trata de una alegría cualquiera. No es esa alegría que se confunde fácilmente con lo placentero. No negaremos que en el hombre se une cierta alegría a toda forma de placer, pero la alegría cristiana bien entendida es algo más que eso, es de otra naturaleza. Mientras el placer es de naturaleza sensorial, la verdadera alegría es de naturaleza espiritual. Mientras que el placer al ser de naturaleza sensorial, tiene su fuente en la sensación; la verdadera alegría procede de una apreciación de la inteligencia.

Todos hemos experimentado ese tipo de alegrías: no son sensibles, ni van acompañadas de placer y que solo vibran en la profundidad de nuestro espíritu: son las alegrías del pensamiento y de la contemplación, de la propia entrega y del sacrificio. De esta alegría es de la que hablamos aquí: de la alegría “cristiana”: del “gaudium cum pace”

La alegría “cristiana” es la más espiritual de las espirituales. Es una alegría profunda, más profunda que el dolor profundo, y sucede que solo habita en esa profundidad. Seguir leyendo “Pero ¿de qué alegría estamos hablando?”

La vocación es una nueva luz, un acontecimiento que nos da una nueva visión de la vida, y la llena de sentido.

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Cuenta Gorki la historia de un pensador ruso que pasaba por una etapa de cierta crisis interior y decidió ir a descansar unos días a un monasterio. Allí le asignaron una habitación que tenía en la puerta un pequeño letrero en el que estaba escrito su nombre. Por la noche, no lograba conciliar el sueño y decidió dar un paseo por el imponente claustro. A su vuelta, se encontró con que no había suficiente luz en el pasillo para leer el nombre que figuraba en la puerta de cada dormitorio.
Fue recorriendo el claustro y todas las puertas le parecían iguales. Por no despertar a los monjes, pasó la noche dando vueltas por el enorme y oscuro corredor. Con la primera luz del amanecer distinguió, al fin, cuál era la puerta de su habitación, por delante de la cual había pasado tantas veces, sin reconocerla.
Aquel hombre pensó que todo su deambular de aquella noche era una figura de lo que a los hombres nos sucede con frecuencia en nuestra vida. Pasamos muchas veces por delante de la puerta que conduce al camino que estamos llamados, pero nos falta luz para verlo.
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