Hace falta valor para resistir, con la gracia, a la inclinación al pecado

Church_of_St_Peter_in_Gallicantu_-_Jerusalem-_Israel-0.jpgHay un lugar en Jerusalén llamado «Gallicanto» donde, en la liturgia de la Palabra, se recuerda habitualmente la traición de Pedro. Hasta este sitio conducen, aún hoy, las escaleras del antiguo camino romano que utilizó Jesús para desplazarse desde el Huerto de los Olivos al palacio del Sumo Sacerdote, donde se produjo el interrogatorio y el escándalo: «Se ha declarado Hijo de Dios». Pedro está fuera, cerca del fuego. Por tres veces afirma no conocer a Jesús a pesar de que, según una criada, su acento galileo le traiciona. Allí pude celebrar en 2007 el sacrificio eucarístico. Amplia casulla roja. De repente, durante la elevación, el canto de un gallo. En cada uno de nosotros duerme un Pedro. De nuevo ofrecemos al Padre la sangre de Cristo para que lave nuestros pecados en su amor. Casulla escarlata, porque Pedro será mártir: Pedro, que se conoce mal, triste y somnoliento; impulsivo –¡guarda esa espada inútil!–; renegado; llanto de contrición; roca de una fidelidad probada por el amor de Cristo; hierro incandescente que se transforma en llama por el fuego divino.
La aceptación de sí y el conocimiento de la grandeza y de la miseria personal conducen a una auténtica lucha contra uno mismo. Hace falta valor para resistir, con la gracia de Cristo, a la inclinación al pecado, «El atleta no consigue el triunfo si no ha competido reglamentariamente», dice san Pablo (2 Tim 2, 5), hablando del esfuerzo en el deporte. El valor es precisamente esta energía moral que nace del corazón: fuerza para resistir y ardor para emprender. Energía siempre necesaria, pues no solo el fin es arduo, sino que nunca se alcanza definitivamente: la conquista de la castidad requiere una renovación constante. El papel esencial de la gracia divina y de la mediación de la Virgen no se debe olvidar como cuadro esencial y permanente realidad, aunque se trate ahora solo del valor personal, y no de la primacía de Dios. (G. Derville en “Amor y desamor”)

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9 comentarios en “Hace falta valor para resistir, con la gracia, a la inclinación al pecado

  1. Otro punto de apoyo puede ser San José, que aceptó una vida de amor incondicional, respeto y de castidad junto a la Virgen María. A menudo, si somos hombres casados, reflexionar sobre la sumisión de San José ante las circunstancias de su matrimonio, su constante entrega al papel de defensor de la unidad familiar, pero desde una humilde, callada y abnegada posición, es digna de elogiar. Quizá el pueda ayudarnos en el camino e ilustrarnos acerca del amor casto. Simplemente es una reflexión que me hago a veces. San José ayúdame a ser un buen hijo de Dios, un buen esposo, un buen padre y un buen trabajador.
    Un abrazo a tod@s y, en especial al Padre Rafael y a Rosa.

  2. Joaquín ¡Que alegría tan grandísima. Todos los días sigo pidiendo por “tus cosas”. Te he echado mucho en falta en el blog, espero que ahora retomes tus estupendos comentarios que tanto me han ayudado y seguirán ayudando. Gracias por volver. Un abrazo.

    1. Gracias Rosa, por todo. También yo me alegro de volver a esta fuente y manantial espiritual, que nos ayuda en nuestro divagar. También me alegro de reencontrarme con vosotros y vuestras enseñanzas. La vida siempre se complica, pero también ofrece huecos para rebuscar entre tesoros como este. De todos modos, aunque aparezca y desaparezca como los Ojos del Guadiana, no os olvido en mis oraciones.

  3. Hablando de la virtud de la sinceridad, San Josemaría distinguía siempre tres aspectos inseparables; la sinceridad, tal y como la concebía, no se identifica con la veracidad, con decir siempre la verdad, sino que, para ser veraces, se requiere una sinceridad más personal, más radical: la sinceridad con Dios y la sinceridad con uno mismo

    El Fundador del Opus Dei vivió y enseñó una espiritualidad laical, un modo de vivir el Evangelio válido para personas que, incorporadas a Cristo por el Bautismo, buscan la unión con Dios, la santidad, en la vida ordinaria, en la vida propia de cualquier persona que vive de su trabajo.

    La condición indispensable para llevar a la práctica dicho espíritu, lo que se requiere para que un laico pueda encamar la doctrina de Jesucristo es que sea muy humano o, dicho en términos más precisos, que posea las virtudes humanas: “En este mundo, muchos no tratan a Dios; son criaturas que quizá no han tenido ocasión de escuchar la palabra divina o que la han olvidado. Pero sus disposiciones son humanamente sinceras, leales, compasivas, honradas. Y yo me atrevo a afirmar que quien reúne esas condiciones está a punto de ser generoso con Dios, porque las virtudes humanas componen el fundamento de las sobrenaturales”.

    Esta doctrina tiene un fundamento profundo, sobre todo porque las virtudes son el medio por el que la naturaleza humana se perfecciona intrínsecamente y se hace apta para alcanzar el fin propio de la persona. Además es tradicional en la teología católica la afirmación de que “la gracia no destruye la naturaleza sino que la perfecciona”, porque el pecado original, en contra de la doctrina protestante, no ha corrompido al hombre, aunque sí le ha dejado una profunda herida; pero san Josemaría da un argumento teológico muy convincente para defenderla: quienes desprecian o no valoran lo humano en la vida cristiana parecen “desconocer la hondura de la Encamación de Cristo, ignorar que el Verbo se hizo carne, hombre, y habitó en medio de nosotros (Ioh. 1,14)”. Cristo no asumió una naturaleza corrompida, su Humanidad era santísima, no una humanidad infranatural, sin huella de pecado aunque pasible. Si la naturaleza humana de Jesús hubiera sido distinta de la nuestra, no nos hubiera redimido del modo en que lo hizo, ni nos hubiera dado ejemplo de vida, porque ningún hombre hubiera sido capaz de imitarle.

    El hombre, elevado al orden sobrenatural, caído y redimido, sin dejar por eso de poseer una naturaleza humana, no puede ya vivir en “estado natural” sino que “se vive vida divina, luchando para agradar a Dios; o se vive vida animal, más o menos humanamente ilustrada”, es decir, o se vive como hijo de Dios o se comporta de un modo infrahumano. Esto significa que su fin es Dios y que, por consiguiente, debe perfeccionarse continuamente.

    Las virtudes humanas, en cuanto que son el modo como la persona se perfecciona, son, pues, requisitos para llegar a ser “otro Cristo” o, como le gustaba repetir al santo, “ipse Christus”. Porque así, elevado “naturalmente”, puede el hombre conocer y amar a Dios, y puede la gracia actuar eficazmente. El espíritu laical del Fundador del Opus Dei defiende, por tanto, que Dios no construye la vida sobrenatural al margen o de espaldas a la naturaleza, porque lo elevado al orden sobrenatural es lo natural, de modo que sin la base de lo natural, no puede existir lo sobrenatural. La vida sobrenatural no se yuxtapone a la natural; en ese caso el hombre debería llevar una doble vida, sino que la asume y la sobrenaturaliza. Por eso denunciaba como falsa “cierta mentalidad laicista y otras maneras de pensar que podríamos llamar pietistas”, porque “coinciden en no considerar al cristiano como hombre entero y pleno. Para los primeros, las exigencias del Evangelio sofocarían las cualidades humanas; para los otros, la naturaleza caída pondría en peligro la pureza de la fe”.

    Esto no significa olvidar la realidad del pecado original, sino al contrario. El pecado de origen no ha corrompido la naturaleza, pero ha oscurecido la inteligencia y ha debilitado la voluntad; por eso el hombre debe adquirir las virtudes humanas, ya que sin ellas la gracia encontraría una dificultad para superar la inclinación al mal. Las solas fuerzas humanas no son suficientes, hace falta además la gracia de Dios, pero al hombre le corresponde rectificar continuamente sus malas inclinaciones, dirigirlas hacia su dirección original, buscar el bien, aunque ahora esta búsqueda sea ardua. “Es verdad que no basta esa capacidad personal: nadie se salva sin la gracia de Cristo. Pero si el individuo conserva y cultiva un principio de rectitud, Dios le allanará el camino; y podrá ser santo porque ha sabido vivir como hombre de bien”.

  4. Hola a todos….hoy me he quemado !!y duele!! No es mucho .Creo que sobrevire Si se acaba pronto el invierno. …..Preg:¿por qué la religión judia no cree en Jesús. ?

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