La esperanza de ser santos… si puedes soñarlo, puedes logarlo

esperanza2Aquí van algunas ideas sueltas para mantener “la esperanza de ser santos”:

  • Esta es la voluntad de Dios: que sean santos (1 Thes 4,3). El deseo divino de nuestra santidad es eterno, no se muda. Hoy como ayer. Esta convicción es firme asiento de nuestra esperanza: Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos (Eph 1,4). Y si nos ha elegido, nos da los medios.
  • El tiempo que llevamos sirviendo al Señor, a pesar de nuestras miserias, es en sí mismo confirmación de la permanencia de la elección divina y de nuestro deseo de corresponder: Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están aquí conmigo(Mt 15,32).
  • Hemos de fomentar la esperanza de llegar a buen término. Y teniendo a la vista la llamada de Dios a ser santos, fortalecer el ánimo y luchar con optimismo: quien comenzó en vosotros la buena obra la llevará a feliz término (Phil 1,6).

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Necesitas un buen examen de conciencia diario

1387054860774-paisajes-hermososAunque un poco larga aquí os dejo con esta entrada sobre el examen de conciencia, tomada del Diccionario de san Josemaría, por si a alguien le pueda servir; a mi, al menos, me ha venido muy bien. Suerte!

En el ámbito de la conversión interior a Dios, el examen de conciencia suele ser considerado bajo dos aspectos, muy relacionados entre sí: como parte de la preparación -individuación diligente de los pecados cometidos- para recibir con fruto el sacramento de la Penitencia (cfr. CCE, n. 1454), y en cuanto práctica ascética necesaria para el progreso en la vida espiritual. Nos ceñimos al segundo aspecto, cuya finalidad queda bien centrada en estas palabras de san Josemaría, que ponen en conexión la llamada y el seguimiento de Cristo con la necesidad de examinar el corazón en el amor de Dios: “Los primeros Apóstoles, cuando el Señor los llamó, estaban junto a la barca vieja y junto a las redes rotas, remendándolas. El Señor les dijo que le siguieran; y ellos, «statim» -inmediatamente, «relictis ómnibus» -abandonando todas las cosas, ¡todo!, le siguieron… Y sucede algunas veces que nosotros -que deseamos imitarles- no acabamos de abandonar todo, y nos queda un apego en el corazón, un error en nuestra vida, que no queremos cortar, para ofrecérselo al Señor. -¿Harás el examen de tu corazón bien a fondo? -No ha de quedar nada ahí, que no sea de Él; si no, no le amamos bien, ni tú ni yo” (F, 356). En esta última frase queda reflejado el punto hacia el que se dirigen todas las consideraciones que hace san Josemaría sobre el examen de conciencia: la necesidad para el cristiano de crecer siempre en el amor a Dios y de evitar todo aquello que pueda ser un obstáculo a ese amor. Seguir leyendo “Necesitas un buen examen de conciencia diario”

No me olvides que a veces hace falta tener al lado caras sonrientes

alegria

No me olvides que a veces hace falta tener al lado caras sonrientes. Surco, 57.

“Tenía un amor a Dios gigantesco, arrollador…”

Dentro de unos días se celebrarán misas por la fiesta de san Josemaría en torno al 265 de junio y me ha parecido muy interesante como el beato Álvaro del Portillo, que convivió con san Josemaría muchos años, cuenta en este vídeo cuál era la virtud más característica de san Josemaría: un amor a Dios gigantesco, arrollador…

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La vida interior consiste en comenzar y recomenzar

humildad de comenzar y recomenzar

Por experiencia personal os consta —y me lo habéis oído repetir con frecuencia, para prevenir desánimos— que la vida interior consiste en comenzar y recomenzar cada día; y advertís en vuestro corazón, como yo en el mío, que necesitamos luchar con continuidad. (Amigos de Dios, 13.)

No le has maltratado físicamente. Pero le has ignorado tantas veces; le has mirado con indiferencia, como a un extraño.—¿Te parece poco?

indiferenciaNo le has maltratado físicamente… Pero le has ignorado tantas veces; le has mirado con indiferencia, como a un extraño. —¿Te parece poco? Surco, 245.

¿Te ríes porque te digo que tienes “vocación matrimonial”?

 ¿Te ríes porque te digo que tienes «vocación matrimonial»?

—Pues la tienes: así, vocación.

Encomiéndate a San Rafael, para que te conduzca castamente hasta el fin del camino, como a Tobías. (Camino · Punto 27)

 En la Sagrada Escritura se narra la historia del joven Tobías. Su padre era un hombre piadoso que confiaba en Dios y se había quedado ciego. Creyendo que estaba próxima su muerte le pidió que fuera a cobrar una deuda a un poblado lejano.

El joven Tobías, deseando cumplir cuanto antes la petición de su padre, buscó un guía, y encontró a otro joven, llamado Rafael ,que estaba dispuesto a acompañarle en su viaje. Ambos emprendieron el camino. Durante el viaje Rafael aconsejó a Tobías que guardase ciertas sustancias de un pescado para curar la ceguera de su padre. Después, le propuso conocer a Sara: una mujer piadosa, buena y hermosa. Tobías se enamoró de ella y pidió a sus padres que le dejaran contraer matrimonio. Sus padres accedieron. Rafael, mientras tanto, fue a cobrar la deuda pendiente.

Cuando regresaron a casa del padre de Tobías, siguiendo el consejo de Rafael, Tobías aplicó el ungüento en los ojos de su padre, que recuperó la vista. El joven Rafael les reveló en ese momento quien era realmente: “Yo soy el ángel Rafael, uno de los siete que asistimos delante del Señor” (Tob. 12, 15). Toda la familia dió gracias a Dios por haberlos socorrido en sus necesidades.