¿Y hay mayor alegría que la del que, sabiéndose pobre y débil, se sabe también hijo de Dios?

herida y bendicion.jpgDios es nuestro origen y nuestro fin. Nos invita a cosas más grandes que nosotros. Pero la herida que ese desafío conlleva cuando no estamos a la altura abre, por así decir, una apertura a la gracia divina y a los demás. Todo hombre, toda mujer, es vulnerable. Somos vulnerables, sí, pero ¡somos capaces!: «Possumus» (Mt 20, 22), ¡podemos!, dijeron Santiago y Juan al Señor. Y de hecho fueron capaces de beber su cáliz, manteniendo la fidelidad a su amor. Nos toca aceptar y asumir nuestra dependencia, con la fuerza del amor que recibimos y que damos. Así maduramos, así se construye nuestro equilibrio: con el sufrimiento que nos engrandece. Alguna vez no queremos de verdad el bien, o no podemos practicarlo, o no somos capaces de amar a fondo, por ejemplo en el matrimonio, y no comprendemos siempre la razón: «en cada alma hay un fondo delicado, en el que solo Dios puede penetrar». Es hora de apoyarse en la filiación divina: «Sentirse barro, recompuesto con lañas, es fuente continua de alegría; significa reconocerse poca cosa delante de Dios: niño, hijo. ¿Y hay mayor alegría que la del que, sabiéndose pobre y débil, se sabe también hijo de Dios?». Es hora de dar gracias, de reconocer el don de Dios que es el Espíritu Santo. Es hora de descubrir que dar gracias, cultivar una disposición de gratitud y ver el buen lado de las cosas es fuente de creatividad y de enriquecimiento personal en la capacidad de decisión y en aspectos tan variados como los cognoscitivos, especulativos, relacionales, físicos o psicológicos. Es hora de hacer fructificar nuestros talentos (cf. Mt 25, 14-30), que nos han sido dados, no prestados: Dios nos da el acto de dar.
Un gran enriquecimiento personal, desde esta perspectiva, está en el saber valorar a los más vulnerables y a los que son frágiles. San Josemaría afirma que «las madres de la tierra miran con mayor predilección al hijo más débil, al más enfermo, al más corto, al pobre lisiado…». Y descubre la presencia de Jesús en los pequeños: «–Niño. –Enfermo. –Al escribir estas palabras, ¿no sentís la tentación de ponerlas con mayúscula? Es que, para un alma enamorada, los niños y los enfermos son Él». (G. Derville en Amor y desamor)

11 comentarios en “¿Y hay mayor alegría que la del que, sabiéndose pobre y débil, se sabe también hijo de Dios?

  1. Hola …En esta vida hay dos clases de personas las racionales y las que son como yo las emocionales las que usamos el corazón en todo por eso sufrimos más. A mí no me vale solo con la teología. Para querer a Dios necesito sentirlo saber que está como él padre quiere a su hijo.quiro que éste cuando hace falta.Que te abran las puertas cuando vuelves despues de mucho tiempo que no pide explicaciones que no te pide que te arrodilles para pedirle perdón no le hace falta te perdona sin pedírselo te acepta y te quiere….La vida vale la pena vivirla te encuentras con gente que merece la pena.Aveces mos cansamos de darmos a los demás. .Me entregado dos veces en mi vida una a Dios y otra al dejar a mí movio de tres años y queriamos hacer una vida en común para cuidar a mi padre que El m pidio que remunciara para que le cuidara en su enfermedad tenía cancer.para mí fue. La entrega más dura y la única que volveria hacer cumplí. mi promesa hasta él final. dos años hasta que cerro los ojos ……huvo otro novios otras parejas pero minguno como el primero. Los padres dan la vida por sus hijos y los hijos dan la vida por los padres.Por eso estoy enfadada con Dios Se que DRafael y mi amiga. dicen que uno mo se puede enfadar con Dios yo creo que si los hijos se enfadann con sus padres y aveces Dios deberia estar y no está que padre abandona a sus hijos cuando le llama que padte no está cuándo su hijo llora……Los buenos hijos estamos. Adios

  2. Hola a todos ….Se que en esta vida hay gente que a sufrido y sufre más que yo seguro que cada uno tendria una historia que contar …Lo que cuenta es la manera en que cada uno lo afronte que las enfermedades.y las contrariedades son ley de vida por eso si crees en Dios unete más a El no le dejes a mi siempre me a impresionado ver a la gente que cree en Dios la paz y la alegria con la que viven gente con graves enfernedades como luchan todos los dias por superarlas..con una sonrisa a mi la fe lla me patinaba de antes asique con golpecito más deje de creer ….Soy joven y sé que me queda mucho por pasar que depende de mí como voy a querer afrontarla Con Dios o sin El,no es fácil. porque en en el momento que te apartas de El tanto tiempo como yo lo e hecho, despues cuesta más creer . Haces las cosas a fuerza de voluntad te agota y el alma se divide en dos la que quiere creer y la otra generalmente siempre gana la parte más cómoda .Mo sé porque ahora y no antes desde hoy le voy a pedir a Dios un poquito de fe …….volvera aparecer la hija rebelde la que duda la que pone todo entredicho la que lo cuestiona todo sé que Dios cuenta con eso si tengo paciencia y pasito a paso quien sabe…Y cómo lei en un comentario de un blog “yo no prometo nada”. Gracias a todos por todo. adios

    1. Isabel, me ha gustado mucho tu escrito y mas tus buenas intenciones de pedir a Dios un poquito de fe. Sería estupendo que lo hicieras con paz y sin agobiarte . El Señor lo está esperando para regalarte muchas bendiciones. Ponte “momentos” en que lo recuerdes, al salir de casa, al pasar por una iglesia, antes de comer, cuando te vayas a la cama. Y ponte como meta un día. Al día siguiente también será solo por un día. Y si no te acuerdas no te lo reproches y vuelve a empezar. Por mi parte yo le diré entre otras cosas Señor, te alabo y te bendigo por este nuevo día que me permites vivir. Quiero pedirte, por esta persona que me lee y quiere pasar un momento de reflexión contigo, dale la fuerza y el ánimo que requiere para alcanzar todos sus proyectos. Dale la fortaleza para enfrentar cualquier panorama adverso y poder transformarlos en bendiciones.

      Pon de tu parte y confía en el Señor

      Se dice que el tiempo cambia las cosas, pero en realidad tienes que cambiarlas tú, pon de tu parte y confía en el Señor. Sabemos que no es sencillo, pero debemos mantener la alegría en medio de la angustia.

      La diferencia entre las personas felices y las tristes no es la ausencia de problemas sino las distintas actitudes con que los afrontan. Revisa tu vida y date cuenta si las actitudes que están teniendo son coherentes con lo que deseas alcanzar. Ten en cuenta que a veces las cosas no salen como deseamos, y con eso está Dios diciendo que tiene mejores planes para nosotros. Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no debes temer.

      Te invito a no tenerle miedo a tus problemas. Confía en Dios. Su poder no defrauda. Aférrate a Él con fuerza, y seguirás encontrando más fuerzas para seguir hacia adelante.

      ¡Avanza sin temor! Que nadie arruine tus sueños, que los comentarios de desprecios de los otros no te detengan nunca. Quiero animarte a que no dejes de creer, hoy quiero recordarte que tenemos a un Dios que cumple sus palabras y sus promesas. ¡Ánimo!

      Hoy, Dios quiere ver en ti, la fe que tienes para creer que Él mejorará tu panorama y que pintará un mejor cuadro en tu vida.

  3. Cuando miramos a los demás con afecto, muchas veces advertiremos que podemos ayudarles con un consejo de amigo; les diremos con confianza lo que otros quizá también han visto pero no han tenido la lealtad de comentarles. Solo ese fundamento, la caridad, hace que la corrección o la crítica sea verdaderamente útil y constructiva: “cuando hayas de corregir, hazlo con caridad, en el momento oportuno, sin humillar…, y con ánimo de aprender y de mejorar tú mismo en lo que corrijas”.

    La clave de nuestra capacidad de hacer cambiar a los demás está en cierta manera ligada a nuestra capacidad de cambiarnos a nosotros mismos. Cuando se sabe lo que cuesta mejorar, lo difícil que resulta y, al tiempo, lo importante y liberador que es, entonces es más fácil observar a los demás con cierta objetividad y ayudarles realmente. El que sabe decirse las cosas claras a sí mismo, sabe cómo y cuándo decírselas a los demás, y es capaz también de escucharlas con buena disposición.

    Saber recibir y aceptar la crítica es prueba de grandeza espiritual y de profunda sabiduría: “Quien ama la instrucción, ama el saber, y quien odia la corrección es un estúpido”. Sin embargo, aceptar lo que nos dicen los demás no supone vivir siempre pendientes de la crítica en nuestra vida profesional o social, bailando al son de lo que se diga o se deje de decir sobre lo que hacemos o somos, porque esa preocupación acabaría siendo patológica. A veces, el que hace bien las cosas puede ser bastante criticado: lo censuran quizá los que no hacen nada, porque ven su vida y su trabajo como una acusación; o los que obran de modo contrario, porque lo consideran un enemigo; o a veces también los que hacen las mismas o parecidas cosas, porque se ponen celosos. No faltan casos así, en los que hay que hacerse “perdonar” por los que apenas hacen nada y por los que no conciben que se pueda hacer nada bueno sin contar con ellos. En esos casos, como aconsejaba san Josemaría, “hemos de saber callar, rezar, trabajar, sonreír… y esperar. No deis importancia a esas insensateces: quered de veras a todas esas almas. Caritas mea cum omnibus vobis in Christo Iesu!”

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