El sendero de la tristeza esconde muchas trampas

La tristeza se opone a la alegría y a la felicidad. Aunque en ocasiones reclama sus derechos, ella es uno de los enemigos del hombre.

El sendero de la tristeza esconde muchas trampas. Conviene reconocer que no es buen camino. Al fin, este sentimiento aísla, empequeñece, nubla la visión de la realidad. Impide las buenas relaciones con los demás y las hace superficiales, porque al triste no le interesan de verdad los otros, bastante tiene con lo suyo, dice.

La Sagrada Escritura insiste en la necesidad de rechazar la tristeza: anímate y alegra tu corazón y echa lejos de ti la congoja, porque a muchos mató la tristeza; y no hay utilidad en ella.

«Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero, si los hombres las sienten demasiado (tristes), se vuelven bestias; vuestra merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas de Rocinante, y avive y despierte, y muéstrese como los caballeros andantes. ¿Qué diablos es esto? ¿Qué decaimiento es este? ¿Estamos aquí o en Francia?». Estas son las razones de Sancho; desde su sabiduría increpa a don Quijote, que cabalga ensimismado porque los encantadores han convertido a Dulcinea en una aldeana.

La tristeza desmedida es una enfermedad del alma. Santo Tomás proporciona tres consejos para desechar la tristeza: bañarse, rezar y hablar con los amigos. La experiencia nos dice que el filósofo tiene razón. Y el conocimiento nos manifiesta también que la dedicación plena a una tarea en la que se activan nuestras mejores facultades es beneficiosa, levanta el ánimo y nos hace florecer. Los artistas pueden certificar que esto es así.

Hace años, en algunos trenes aparecía este aviso: «Es peligroso asomarse al exterior». No es conveniente sacar la cabeza por la ventanilla de un tren. Algo así ocurre con la tristeza: es peligroso asomarse, no es bueno acunarse en la tristeza, dejar que se apodere de nuestro interior, alimentarla. Debemos reaccionar contra la tristeza utilizando todos los medios posibles, sin dejar uno.

«Siempre que el hombre equivoca su ruta, busca el amor y se detiene en el placer, busca el placer y se encuentra el vacío. (…) Mientras la tristeza resulte al corazón inhóspita, hay un cable tendido hasta Dios. Existe, sin embargo, otra tristeza, que es la peor, la que más víctimas causa, esa tristeza tibia que promete una secreta dulzura a quien se decida a cultivarla». (F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

Estar alegres y rechazar la tristeza constituye un deber

Captura de pantalla 2017-04-03 a las 12.44.56 p.m..pngUna triple obligación… Estar alegres y rechazar la tristeza constituye un deber. Primero, hacia Dios, porque existe y ha querido que existamos, nos ama con locura y nos ha concedido multitud de bienes y dones, la mayoría desconocidos para nosotros. También nos ha rodeado de una naturaleza magnífica de la que disfrutamos. Permanecer en la tristeza ante estos tesoros recibidos significa ingratitud, incluso desprecio: “guardaos de entristecer al Espíritu Santo de Dios, en el que habéis sido sellados para el día de la redención”. Dios ama nuestra alegría y no es amigo de las tristezas, por eso el reino de los cielos es la felicidad sin fin. Seguir leyendo “Estar alegres y rechazar la tristeza constituye un deber”

De la envidia a la tristeza solo hay un paso

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De la envidia a la tristeza solo hay un paso… Un camino tortuoso y plagado de espinas es la envidia. Quien se interna por un sendero así tiene asegurada la infelicidad. La inquina por el bien ajeno provoca sentimientos malignos que arrastran al rencor. El corazón rencoroso nunca está alegre; le invade una tristeza que a veces se convierte en rabia, otras veces, en autocompasión malsana y puede conducir a la venganza. (F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

Hay placeres que llevan al hastío y a la tristeza

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Hay placeres que llevan al vacío… Satisfacen por el momento, son a veces incluso de larga duración; pero conducen al hastío y a la tristeza. Es así porque los humanos estamos hechos para fines más grandes, para afrontar retos, superar dificultades: cuando nos enfangamos en placeres insanos, se cierran esos horizontes y abren paso a la tristeza y el cansancio de vivir.

Existen placeres saludables en los que hallamos valiosos beneficios que ayudan a vivir. (F. F. Carvajal en “Pasó haciendo el bien”)

La alegría del hogar es el recurso imprescindible para afrontar el dolor y la contrariedad

featimg-after-birthLa alegría familiar se construye, no surge por sí sola. Y los materiales de esta construcción smúltiples, como ocurre con todo edificio.

«Al pensar en los hogares cristianos, me gusta imaginarlos luminosos y alegres, como fue el de la Sagrada Familia… Esa es la gran luz que ilumina nuestras vidas y que, entre las dificultades y miserias personales, nos impulsa a proseguir adelante animosos. Cada hogar cristiano debería ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se percibiera un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida» (san Josemaría).

Cuando los padres son buenos, el clima que se respira en la casa permite el crecimiento saludable de los hijos: aprenden sin darse cuenta un estilo de vida positivo y optimista. Seguir leyendo “La alegría del hogar es el recurso imprescindible para afrontar el dolor y la contrariedad”

Hay tristezas que son, sencillamente, absurdas

Captura de pantalla 2017-04-03 a las 12.18.40 p.m..pngHay tristezas que son, sencillamente, absurdas…. Las que proceden de la vanidad, del orgullo, no tienen fundamento real. Por estos senderos crecen malas hierbas, enredos virtuales que nada tienen que ver con la verdad.

Porque la vanidad, el amor propio y el orgullo crean fantasías acerca de uno mismo y de los demás. Quien se cree mejor que nadie se equivoca, y esto a pesar de que es bueno pensar bien de nosotros mismos, reconocer que hacemos bien muchas cosas, que somos muy valiosos para esto o para aquello, porque esto no es vanidad. El error empieza con las comparaciones y con los juicios peyorativos sobre los demás. Seguir leyendo “Hay tristezas que son, sencillamente, absurdas”