La audacia de afrontar los retos diarios

Afrontar los retos diarios

Quizá la consideración de estos aspectos pueda llevar a pensar que la audacia es virtud para quienes, pocos o muchos, se vean capaces de afrontar grandes percances; y que al común de los mortales les basta con soportar resignadamente el acontecer diario.

Es un engaño y puede ser fruto de la mediocridad, la comodidad, la pereza o la mezquindad.

La vida, en sí, es una batalla diaria que tiene no pocos frentes. No existe lugar donde esconderse y nadie se libra de entrar en este combate: «vivir es enfrentarse con dificultades, sentir en el corazón alegrías y sinsabores; y en esa fragua el hombre puede adquirir fortaleza, paciencia, magnanimidad, serenidad». Seguir leyendo “La audacia de afrontar los retos diarios”

La existencia, en toda su imprevisibilidad, no es ningún caos, sino que está ordenada por la mano de Dios

Condiciones para que la audacia sea virtud

Se dan notables diferencias entre la actitud natural de los audaces y la virtud de la audacia como tal. La audacia temperamental puede desencadenar consecuencias desfavorables.

La audacia es virtud si va acompañada, entre otras, de estas disposiciones:

  • Valentía para soportar el peligro que entraña la vida, sin caer en la queja o en el resentimiento cuando se producen situaciones complicadas que entrañan más riesgos.
  • Aceptación del sufrimiento: sobrellevarlo, sin dejar que nos amilane ni nos conduzca a la rebeldía estéril.
  • Disposición a crecerse ante la dificultad y mantener la esperanza de mejorar precisamente a través de esa situación adversa.
  • Entender que «la existencia, en toda su imprevisibilidad, no es ningún caos, sino que está ordenada por la mano de Dios».
  • Saber que toda dificultad superada sirve para ser más fuerte.
  • Confianza en Dios: «Él me sostiene, es indestructible, aun cuando atraviese peligros, incluso la muerte».
  • Atreverse a escuchar y obedecer a Dios cuando solicita una decisión que transformará nuestra existencia por completo, como puede ser la entrega a Dios plena.

(F.F. Carvajal en Pasó haciendo el bien)

La primera audacia que debe ejercer quien es audaz es aceptarse a sí mismo

«No puedo dejar de acometer todo aquello que a mí me pareciere que cae bajo la jurisdicción de mis ejercicios; porque bien sé lo que es la valentía, que es una virtud que está puesta entre dos extremos viciosos, como son la cobardía y la temeridad». Miguel de Cervantes El Quijote, II, 17

Es audaz la persona que tiene el ánimo dispuesto para afrontar con esperanza y optimismo los riesgos que se presentan, con la confianza de poder vencerlos y superarlos.

Aunque es un rasgo que está relacionado con el carácter de la persona, la audacia es una gran virtud si se ejerce con realismo y sentido común; es decir, después de haber considerado el peligro y la dificultad, tal como reclama la virtud de la prudencia. Entonces se puede, y se debe, ser audaz en asuntos de la vida cotidiana: un giro en el negocio, la compra de una casa más amplia, un cambio de colegio para los hijos, marchar a trabajar a un nuevo país, etc. Seguir leyendo “La primera audacia que debe ejercer quien es audaz es aceptarse a sí mismo”

Lo importante es llegar a la «nueva patria» o «patria definitiva»

spainUna visión más alta de la «patria chica»

Existen actitudes contrarias y ajenas al sano amor a la patria: el «patrioterismo», que conlleva un desprecio hacia otros pueblos; y esa visión obcecada del propio pueblo que lleva a considerarlo el mejor de todos, sin ninguna objetividad.

Dos amigos visitaron las cataratas del Niágara; a uno de ellos se le veía emocionado contemplando aquella grandiosidad. Después de un silencio prolongado, el otro, sin más, dijo: «pues en mi pueblo hay un gallo que tiene una pata de palo». Esta enorme tontería es muestra de una visión tan pueblerina que nada tiene que ver con el amor a la patria chica.

Tradicionalmente se llama «nueva patria» o «patria definitiva» al Cielo, porque allí no hemos estado nunca y allí nos quedaremos para siempre. Lo importante es llegar: «nada podrá preocuparnos, si decidimos anclar el corazón en el deseo de la verdadera Patria: el Señor nos conducirá con su gracia, y empujará la barca con buen viento a tan claras riberas». [F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

La «madre patria»

En situaciones normales y en situaciones extremas

El amor a la patria es virtud natural cuando se plasma en actos concretos. Este afecto suele permanecer implícito o escondido, se mantiene guardado hasta el momento en que surge una circunstancia determinada que lo sitúa en primer plano. No solo cuando los equipos deportivos juegan en una competición importante; también cuando se está lejos, cuando se establecen comparaciones con las costumbres de otros países, o se cae en la cuenta del gran valor del arte y la cultura propios; entonces nos sentimos honrados por ello. Y lo mismo por los hechos gloriosos de los héroes nacionales. Seguir leyendo “La «madre patria»”