¿Cuánto tarda una persona en enamorarse?

Sinttulo6-19He tardado menos de medio minuto en leer la escena. Nadie tardaría más. Pero, ¿cuánto tiempo duró realmente?

– ¿No eres tú el rey de los judíos? Pues sálvate a ti y a nosotros. – ¿Ni siquiera temes a Dios, tú que estás en el mismo suplicio? Y nosotros con razón, porque lo hemos merecido con nuestros hechos. Pero éste nada malo ha hecho.

Le bastó mirarlo. Al comprobar la paz de su rostro, la majestad en esos ojos llenos de escarnio, y su aceptación del sufrimiento, se dio cuenta –no supo cómo– de que era un hombre inocente, quizás el único hombre inocente. Se sintió sucio; nunca hasta entonces había sido consciente de la ponzoña de sus crímenes. Pero, ante la pureza de aquel hombre, se vio a sí mismo como era. Se arrepintió, confesó sus faltas, y proclamó la santidad de quien estaba crucificado a su lado. ¿Qué le faltaba? Sólo esto:

– Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu reino.

– Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Total: ¿media hora? Lo que tarda uno en enamorarse cuando los ojos miran despacio la bondad y hermosura del Crucifijo.

¿Cuánto tiempo necesitas para morir de Amor? ¡Abre los ojos!

Autor: José-Fernando Rey Ballesteros

Dios nunca se equivoca: La historia de un rey incrédulo

CGurEXCUcAAmMP3Cuentan que hace mucho tiempo había un rey que no creía en la bondad de Dios, aunque tenía un consejero piadoso, que ante circunstancias adversas siempre decía: “¡Qué bien! ¡Qué bueno es Dios! Él nunca se equivoca”. Cuando el rey le preguntaba la razón, el súbdito le contestaba: “Rey mío, no se desanime ante ningún mal, porque todo lo que Dios hace es perfecto. Él nunca se equivoca”.
Un día el rey salió a cazar junto con su súbdito. Sucedió que un león los atacó. El súbdito consiguió matar al animal, pero no pudo evitar que su Majestad saliera herido perdiendo un dedo de la mano derecha. El consejero le recordó al rey: “¡Qué bien! ¡Qué bueno es Dios! Él nunca se equivoca”. El rey, furioso por lo ocurrido, y sin mostrarle agradecimiento por salvarle la vida, le dijo: “¿Acaso Dios es bueno? Si lo fuera yo no hubiera sido atacado y no hubiera perdido mi dedo”. El buen consejero le respondió: “Rey mío, a pesar de todas estas cosas solamente puedo decirle que Dios es bueno y que quizá perder un dedo sea para su bien, pues todo lo que hace Dios es perfecto, ¡Él nunca se equivoca!” El rey se indignó con la respuesta de su siervo y mandó que lo metieran en la cárcel.

El rey volvió a salir de cacería, pero ahora fue atacado por una tribu de hombres salvajes de una tribu de caníbales que vivían en la selva. Estos indios eran temidos por todos, pues se sabía que hacían sacrificios humanos para sus dioses y luego se comían a sus víctimas. Así fue que inmediatamente después de capturar al rey, comenzaron a preparar, llenos de júbilo, el ritual del sacrificio. Pusieron al rey amarrado en un altar de piedra. Se acercó el sacerdote caníbal y se dispuso a abrirle su pecho para sacar su corazón. Pero en eso observó las manos del rey y vio que a una mano le faltaba un dedo y furioso exclamó: “¡Este hombre no puede ser sacrificado, pues está defectuoso! Le falta un dedo de la mano y no podemos ofrecer a los dioses algo imperfecto”. Fue así que tuvieron que dejarlo libre, pues no les servía para el sacrificio.

El rey volvió al palacio pálido después de haber estado a punto de morir. Aliviado del susto mandó liberar a su consejero y pidió que se lo trajeran a su presencia. Al verlo, lo abrazó afectuosamente diciéndole: “¡Querido amigo! Ahora comprendo que Dios fue bueno conmigo. Has de saber que escapé porque no tenía uno de mis dedos. Te devuelvo tu libertad y te restituyo en tu cargo. Solo me queda una duda en mi corazón. Si Dios es tan bueno, por qué permitió que estuvieses preso, tú que tanto confías en Él y lo defendiste”. El siervo sonrió y le dijo: “Rey mío, si yo hubiera estado libre te habría acompañado en esa cacería. Y al ver que usted estaba incompleto, seguramente me habrían sacrificado en su lugar, ya que a mí no me falta ningún dedo. Por lo tanto debe acordarse y repetirse siempre: “¡Qué bien! ¡Qué bueno es Dios! Él nunca se equivoca”.

—-

La anécdota se las trae ¿verdad? Por eso hemos de pensar que todas las cosas si vienen de la mano de mi Padre Dios, hemos de saberlas encajar en el marco de nuestra santidad, de nuestro bien y del bien de los demás… No en vano nos dice San Pablo: “Pues sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios” (Rom 8,28)

Tiene algo de misterioso el “abrirse” del alma


abrir-las-puertas-del-almaTiene algo de misterioso el “abrirse” del alma: 

“Se abre el alma a quien se quiere, al amigo íntimo, al hermano. Y se abre el alma, para recibir, cuando menos, interés, comprensión, afecto”. (Javier Echevarría en “Getsemaní”, pg. 72)

Dar consejo al que lo necesite. Una gran obra de misericordia. Pero para lograr un diálogo sincero, un importante elemento requerido y algo olvidado es la confianza total en el que escucha, y  que presupone en éste: total lealtad y discreción absoluta. Generalmente también es necesario un periodo más o menos largo de trato y conocimiento mutuo que puede ir creciendo escalonadamente. Conforme crece la intimidad en el trato y se percibe la sinceridad e interés en el que escucha es más fácil abrirse y pedir consejo. Por eso, otro elemento clave es la perseverancia en el trato, de una manera u otra (cartas, citas, paseos, llamadas…). Seguir leyendo “Tiene algo de misterioso el “abrirse” del alma”

Carácter · Punto 24

24 Tienes ambiciones:… de saber…, de acaudillar…, de ser audaz. 
Bueno. Bien. 
—Pero… por Cristo, 
por Amor.

Ilustra el clima de este punto el testimonio de un universitario de la Academia DYA, Fernando Alonso-Martínez:

«Nos hablaba de trabajo, de estudio, de Amor de Dios. De que era bueno que fuéramos ambiciosos, muy ambiciosos, mucho, pero… ¡por Cristo!, y dicho esto con mucha energía, casi como un grito enérgico, con esa forma peculiar de decir. Es curioso que casi no recuerdo otras palabras suyas con esa claridad, pero se quedaron grabadas ahí».

Seguir leyendo “Carácter · Punto 24”

Castidad: el hombre interior

Seguimos con el libro “Amor y desamor. La pureza liberadora” de Guillaume Derville. El autor continua su reflexión sobre el sentido profundo e interior de la castidad.

otoñoEl hombre es un ser de deseos que aspira a la felicidad. Los mandamientos marcan el camino que nos conduce a ese fin. La exacta comprensión de estos mandamientos permite ver en ellos, más que unas reglas arbitrarias, una exigencia de amor inscrita en el corazón del ser humano. Lo que Cristo proclama es una moral viva, ya que, como explica san Juan Pablo II, «el ethos [sentido moral] nos hace entrar en la profundidad de la norma en sí misma y simultáneamente descender al interior del hombre-sujeto de la moral. Para llegar hasta allí no basta quedarse “en la superficie” de las acciones humanas, es necesario penetrar en el interior» [9]. Así, continúa, «además del mandamiento “no cometerás adulterio”, el Decálogo tiene también otro mandamiento: “no desearás la mujer del… prójimo”. En el Sermón de la Montaña, Cristo vincula, en cierto sentido, el uno con el otro: “todo el que mira a una mujer para desearla ya ha cometido adulterio en su corazón”. No se trata tanto de distinguir el alcance de aquellos dos mandamientos del Decálogo, cuanto de poner de relieve la dimensión de la acción interior, a la que se refieren también las palabras: “no cometerás adulterio”» [10]. San Juan Pablo II revela que la casuística del Antiguo Testamento trataba de mantener la prohibición del adulterio, aunque abría la puerta a la posibilidad de escapatorias legales. Seguir leyendo “Castidad: el hombre interior”

Un Padrenuestro dialogado

Muy sugerente y en clave de humor. Aquí va este padrenuestro dialogado: