Visitar a los enfermos

visitar enfermos
Visitar a los enfermos: quizás la obra de misericordia más sencilla y asequible pare este Año de la misericordia.

Un niño le pregunta a su madre:
– Mama, ¿puedo ir al hospital a ver a un amigo? El está enfermo!
– Claro, pero ¿qué tiene?
El hijo, con la cabeza gacha, dice:
– Un tumor en el cerebro
La madre, furiosa, dice: ¿Y quieres ir allá para qué? ¿para verlo morir?
El niño se aleja y desaparece. Horas más tarde, vuelve rojo de tanto llorar, diciendo:
– ¡Oh madre, es horrible, el murió delante de mí!
La madre, molesta:
– ¿Y ahora? ¿Estás feliz? ¿tenías que ver esa escena?
Una ultima lagrima cae de los ojos del niño y acompañada de una sonrisa, dice:
– ¡Mucho! llegue a tiempo para verlo sonreír y oírle decir: Yo sabía que vendrías.

Mateo 25:36  estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

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«Si el Señor no lo perdonase todo, el mundo no existiría»

lars_van_de_goor_natureSeguimos con el libro del Papa “El nombre de Dios es misericordia“. Esta vez se trata de un suceso que se quedó fuertemente gravado en su memoria:

Recuerdo muy bien este episodio, que se me quedó grabado en la memoria. Me parece que aún la veo. Era una mujer mayor, pequeñita, menuda, vestida completamente de negro, como se ve en algunos pueblos del sur de Italia, en Galicia o en Portugal. Hacía poco que me había convertido en obispo auxiliar de Buenos Aires y se celebraba una gran misa para los enfermos en presencia de la estatua de la Virgen de Fátima. Estaba allí para confesar. Hacia el final de la misa me levanté porque debía marcharme, pues tenía una confirmación que administrar. En ese momento, llegó aquella mujer, anciana y humilde. Me dirigí a ella llamándola abuela, como acostumbramos a hacer en Argentina. «Abuela, ¿quiere confesarse?» «Sí», me respondió. Y yo, que estaba a punto de marcharme, le dije: «Pero si usted no ha pecado…». Su respuesta llegó rápida y puntual: «Todos hemos pecado». «Pero quizá el Señor no la perdone…», repliqué yo. Y ella: «El Señor lo perdona todo». «Pero ¿usted cómo lo sabe?» «Si el Señor no lo perdonase todo —fue su respuesta—, el mundo no existiría

Un ejemplo de la fe de los sencillos, que tienen ciencia infusa aunque jamás hayan estudiado teología. Durante ese primer ángelus dije, para que me entendieran, que mi respuesta había sido: «¡Pero usted ha estudiado en la Gregoriana!». En realidad, la auténtica respuesta fue: «¡Pero usted ha estudiado con Royo Marín!». Una referencia al padre dominicano Antonio Royo Marín, autor de un famoso volumen de teología moral. Me impresionaron las palabras de aquella mujer: sin la misericordia, sin el perdón de Dios, el mundo no existiría, no podría existir. Como confesor, incluso cuando me he encontrado ante una puerta cerrada, siempre he buscado una fisura, una grieta, para abrir esa puerta y poder dar el perdón, la misericordia.

—— Seguir leyendo “«Si el Señor no lo perdonase todo, el mundo no existiría»”

La misericordia de la que habla el papa Francisco

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Seguimos con el libro del Papa “El nombre de Dios es misericordia“. Esta vez después de tratar con detenimiento la escena en la que el Señor perdona a la mujer sorprendida en adulterio encontramos este pasaje:

Así pues, concluía Francisco:

«Jesús perdona. Pero aquí hay algo más que el perdón. Porque como confesor Jesús va más allá de la Ley». De hecho, «la Ley decía que ella tenía que ser castigada». Por otro lado, Jesús «era puro y hubiera podido ser el primero en lanzar la piedra». Pero Cristo «va más allá». «No le dice: “El adulterio no es pecado”, pero no la condena con la Ley». Precisamente, éste es «el misterio de la misericordia de Jesús».

Jesús, para «ser misericordioso», va más allá de «la Ley que ordenaba la lapidación». Hasta el punto de que le dice a la mujer que se vaya en paz. «La misericordia —explicaba en aquel sermón matutino el obispo de Roma— es algo difícil de entender: no borra los pecados», pues para borrar los pecados «está el perdón de Dios». Pero «la misericordia es la manera con que Dios perdona». Pues «Jesús podía decir: “¡Yo te perdono, vete!”. Como le dijo a aquel paralítico: “¡Tus pecados están perdonados!”». En esta situación, «Jesús va más allá y aconseja a la mujer que no peque más. Y aquí se ve la actitud misericordiosa de Jesús: defiende al pecador de los enemigos, defiende al pecador de una condena justa».

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¡Las he hecho muy gordas!

el nombre de dios es misericordia.jpgYa hemos hablado en el blog del libro del Papa “El nombre de Dios es Misericordia“. Algunos comentarios y anécdotas del libro los iré poniendo a lo largo de este año de la misericordia. Empezamos con este comentario en el que se invita a la confesión en referencia a la escena evangélica de la mujer adultera:

Francisco reprodujo a este respecto una conversación con un hombre que, al oír que se le hablaba de este modo de la misericordia, respondió: «¡Oh, padre, si usted conociera mi vida, no me hablaría así! ¡Las he hecho muy gordas!». Ésta fue la respuesta: «¡Mejor! ¡Ve a ver a Jesús: a Él le gusta que le cuentes estas cosas! Él las olvida, Él tiene una capacidad especial para olvidarse de las cosas. Se olvida, te besa, te abraza y solamente te dice: “Ni siquiera yo te condeno; vete y, de ahora en adelante, no peques más”. Tan sólo te da ese consejo. Un mes después, estamos igual… Volvemos a ver al Señor. El Señor jamás se cansa de perdonar: ¡jamás! Somos nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón. Entonces debemos pedir la gracia de no cansarnos de pedir perdón, pues Él jamás se cansa de perdonar».