Envejecer es un arte, y por eso requiere aprendizaje. En ello se pone a prueba toda la vida.

«Entiendo muy bien aquella exclamación
que san Pablo escribe a los de Corinto:
tempus breve est!, ¡qué breve es la duración
de nuestro paso por la tierra! Estas palabras,
para un cristiano coherente, suenan
en lo más íntimo de su corazón
como un reproche ante su falta de generosidad
y como una invitación constante a ser leal.
Verdaderamente es corto nuestro tiempo
para amar, para dar, para desagraviar».

San Josemaría Escrivá
Amigos de Dios, n. 39

Aprender a envejecer

Es una asignatura difícil. Esta plenitud no llega solo con el transcurso lineal del tiempo. En esta etapa, la vida es muy distinta, y para adaptarse es necesario, en primer lugar, reconocerlo. Quizá, ser humilde para reconocerlo. Asignatura que, por otra parte, no se puede elegir, y en la que tampoco se dan aprobados generales.

Envejecer es un arte, y por eso requiere aprendizaje. En ello se pone a prueba toda la vida.

La riqueza del ser humano vive en su alma. La vejez invita a mirar dentro de nosotros y descubrir allí el tesoro de la experiencia, de los recuerdos y de tantos conocimientos adquiridos.

Dormir mal, notar un extremo cansancio sin estar precisamente enfermo; padecer un centenar de malestares hasta el presente desconocidos y, ahora, intensamente sentidos, sin saber qué nos pasa ni a qué se deben. Además, estos males nos pueden parecer una injusticia, mientras que los demás los ven naturales.

Quizá sea un poco exagerado, pero físicamente las cosas pueden ser así y es conveniente admitir esta realidad para que no crezca una rebeldía contra la vida, la naturaleza o contra todos.

Como consecuencia de esos estados, en el plano emocional aparecen otras consecuencias: surgen inseguridades y temores; quizá también el afán de acumular cosas por si acaso son útiles en algún momento, como si de esta forma se pudieran evitar males y carencias inverosímiles. Se presenta la idea de haber aprovechado bien la vida, la amargura por lo que se ha hecho mal. La alternativa es, sin duda, la confianza en Dios rico en misericordia, el sencillo arrepentimiento de faltas y pecados y mirar adelante, donde nos espera un Padre Bueno; este es el camino hacia la paz.

Saber envejecer consiste en elaborar una estrategia que permita distinguir lo posible de lo imposible, combinar la abnegación con la esperanza, los proyectos con las acciones realmente asequibles. Y saber que puede llegar el momento en que ninguna de estas cosas se podrá llevar a cabo porque puede que fallen la inteligencia y el razonamiento. Entonces la perspectiva es dejarse ayudar, llevar, conducir. Cuando eras más joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando hayas envejecido, extenderás tus manos y otro te llevará a donde tú no quieras ir: la sabiduría de Jesús nos da la pauta para amoldarnos a la realidad.

Convivir pacíficamente con tan abundantes molestias requiere la madurez que proporcionan las virtudes que se han hecho vida propia; sin ellas, los últimos años de la vida se hacen más penosos de lo que son. En la vejez solo podemos aceptarnos si edificamos nuestra vida –lo que aún reste– sobre cimientos sólidos, es decir, si la edificamos en Dios, Él nos da luces para realizarlo.

Un conjunto de consejos prácticos nos podría ayudar a enfocar bien estas circunstancias:

  • Cuidar nuestra imagen exterior día a día. Que al vernos se alegren el espejo y los ojos de los demás.
  • No conviene encerrarse en casa ni en la habitación. Es muy bueno salir a la calle y al campo de paseo.
  • Hacer ejercicio físico, si se puede.
  • Evitar actitudes y gestos de viejo derrumbado: la cabeza gacha, la espalda encorvada, arrastrar los pies. Unas veces es evitable, otras, no. Hacer lo que se pueda, pero esforzarse.
  • No hablar de la edad para quejarse de los achaques.
  • Cultivar el optimismo sobre todas las cosas.
  • Tratar de ser útil a uno mismo y a los demás.
  • Trabajar con las manos y con la mente.
  • Mantener vivas y cordiales las relaciones humanas.
  • No pensar que todo tiempo pasado fue mejor. No pocas veces fue peor.

Son sugerencias que salen al paso de las tendencias más comunes y de las inseguridades y temores que surgen con la edad avanzada.

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Son las virtudes adquiridas y practicadas lo que permite que esta última etapa de vida en la tierra sea lo más serena y pacífica posible, a pesar de ser probablemente la más difícil de todas.

La madurez no es el anuncio de un final total. La madurez es una cima desde la que se puede contemplar un paisaje incomparable. Desde aquel lugar, quizá un tanto estrecho, podremos decir: ¡Valía la pena!

Contemplar. Dar gracias. No dejarse llevar por el afán de disfrutar de las cosas un poco más todavía, porque esto se acaba; moderar el deseo de apurar lo que queda de vida; frenar la inquietud por llenar de bienes materiales un tiempo que pasa cada vez más deprisa. Asomarnos a la eternidad con paz, aunque este hecho cause un poco de vértigo. [F. F. Carvajal en Pasó haciendo el bien]

4 comentarios sobre “Envejecer es un arte, y por eso requiere aprendizaje. En ello se pone a prueba toda la vida.

  1. A continuación te presento 10 cosas que tienes que dejar de hacer para poder ser feliz de una buena vez y para siempre. ¿Cómo ser feliz? Debes soltar todo lo que te causa tristeza, dolor, estrés y sufrimiento. Libérate y date la oportunidad de ser feliz.

    1.- Deja de querer controlarlo todo.
    Esto es asfixiante. Si de verdad quieres ser feliz debes tratar de dejar querer controlarlo todo. Conozco personas que quieren tener el control de todo y, lo que hacen es amargarle la existencia a todo aquel le rodea y así mismo. Deja de controlar a tu pareja, a tus hermanos, a tu madre, a tu padre, a los eventos o situaciones, etc. No es justo. Entiendo que lo que no quieres es que el otro fracase. Quizá sientes que tienes la responsabilidad de velar para que no le suceda al otro lo que te sucedió a ti, pero… entiende que algunas personas aprenden de su propia experiencia, no de la de los demás. Da tu consejo y deja que el otro sea libre de elegir lo que cree que más le conviene. Deja a los demás ser como son, verás que serás feliz.

    2.- Deja de cargar con la responsabilidad de los demás
    Esto es muy importante, cada uno tiene que aportar su grano de arena. He visto personas que cogen todo para ellos solos, y cargan con todo el peso de la responsabilidad. Luego, las personas se hacen los locos y te dejan todo a ti: en el trabajo, en la casa, en la universidad, en el colegio, en la iglesia. Deja que cada quien aporte su parte, aunque esta sea pequeña. TU NO TIENES que cargar con los compromisos del otro. Coopera, pero no cargues con la responsabilidad ajena: tú debes ser feliz.

    3.- No siempre tienes la razón
    Sé que es difícil dar tu brazo a torcer. Es probable que los demás no quieran o no están en la capacidad de entender tu punto de vista. Pero… déjalo ir, no vale la pena imponerte y lastimar a los que te rodean. Es una situación demasiado estresante,¡déjalo ir!
    Discutir y violentarte quitará años a tu vida. Si te enojas demasiado, cálmate y espera que las aguas vuelvan a su curso. Si estás en lo correcto, Dios te dará la razón. Tú mereces ser feliz.

    4.-¿Por qué te preocupa ser aceptada?
    Para ser feliz, no finjas ser alguien que no eres sólo para lograr ser aceptada. ¿Qué sucederá cuando te quites la máscara y todos vean realmente cómo eres? No, debes ser tu misma, eso es lo que te hace especial. Le caerás bien a algunas, le caerás muy mal a otras: No te preocupes.
    Jesús nuestro Señor pasó exactamente por lo mismo… Deja que las personas te acepten tal y como eres, no te esfuerces y, por favor, para ser feliz no debes pretender ser alguien que en verdad no eres.

    5.-No te quejes tanto
    “Al mal tiempo, buena cara”, no sé quién lo dijo, pero de seguro que era bien sabio. Al ser humano les ocurren cosas malas todo el tiempo. Es aceptable que te quejes y sufras lo que te acontece, pero lo que no está bien es que vivas quejándote hasta de la más mínima cosa. No es fácil vivir con alguien que vive quejándose todo el tiempo de pequeñeces, cuando hay tanta gente sufriendo por cosas mayores. Cuando sientas la necesidad de quejarte, mira a tu alrededor, de seguro verás gente con problemas el triple de pesados que el tuyo y, quizá, hasta los veas felices.

    6.-Deja de dar tantas excusas
    Para ser feliz no las necesitas !suéltalas! Las excusas te limitan, te estancan y no te dejan vivir tu vida al máximo. Hoy vas a decir: Yo puedo, yo quiero y voy a salir adelante. Voy a terminar ese proyecto tan importante para mí y para mi familia y no lo voy a postergar más y, con la ayuda de Dios saldré a camino y seré feliz.

    7.-Deja de criticar
    No somos iguales, si fuera lo contrario, ¿este mundo sería sumamente aburrido? Pero… Sí, existe algo que compartimos todos: el deseo de ser felices.
    Deja al otro vivir su vida para que puedas tener tiempo de vivir la tuya.
    Jesús dijo a sus discípulos: “No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados”.
    ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Déjame sacar la paja de tu ojo”, tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano”.
    Si vas a criticar hazlo adoptando una actitud responsable, no dañina, sino más bien constructiva y llena de amor. Debes primero conocerte y también comprender al otro. La crítica dañina agrandará las diferencias entre tú y tu prójimo,¡te impedirá ser feliz!.

    8.-No te resistas a los cambios
    Los cambios son buenos. Nos ayudan a permanecer en movimiento. Los cambios mejoran nuestra vida y la de los demás. Dios sabe por qué pasan las cosas. ¿No te ha pasado que te cambian algo de repente y luego las cosas te salen mejor? Sé feliz y acepta el cambio… No te resistas, sigue la corriente.
    Señor, haz conmigo lo que quieras, porque sé que siempre haces lo que consideras mejor para mí.

    9.- Deja ir el pasado
    Para ser feliz es necesario que dejes ir el pasado, no es nada fácil. Sobre todo si nuestro pasado fue mejor que nuestro presente. Pero, debes reconocer que el pasado ya pasó y solo te queda vivir el presente. Ten en cuenta que ahora en el presente puedes realizar cosas que te enorgullezcan y te hagan aceptar y ver tu pasado de forma positiva. No te quedes en el ayer lamentándote. Vive el presente y no pienses que tu futuro será aterrador. ¡Es ahora o nunca!

    10.-No te apegues a nada
    El hecho de que no seas apegada a una cosa, no quiere decir que no lo aprecias o no lo ames. Cuando sientes apego a alguna cosa quiere decir que tienes miedo de perderla. Nada es para siempre, lo que si es para siempre es el amor infinito de nuestro Padre Celestial. El amor y el miedo no coexisten, debes romper este lazo para que llegues a ser una persona: tolerante, pacifica, amable, empática, amorosa. Es algo difícil de explicar, pero te conviertes en alguien que acepta con amor todo lo que le acontece.

    ASI LLEGAREMOS A ENVEJECER, PARECIENDO JÓVENES.

    Esperamos que estos consejos te ayuden a ser feliz, de una buena vez y para siempre.

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  2. “El error más grande de la vida es el estar constantemente pensando que usted hará uno.” Anónimo

    ¿Estas desesperado(a) por que nada te sale bien?

    Es probable que te encuentres en una situación desesperante con tu cónyuge, puede ser que sea con tus hijos o cualquier otra relación, como puede ser un problema financiero o laboral. Otras pueden estar desesperadas porque necesitan tomar una decisión y no hallan que hacer, están cansadas de luchar, de intentar, lo han hecho todo, pero nada que salen del pozo y sienten que cada día como que se hunden mas.

    La verdad que estar en el pozo no es bueno, allí todo es oscuridad y solo se respira angustia, miedo y muerte.

    Salir del pozo requiere paciencia y espera en Dios, creo que un ejemplo muy reciente es el caso de los 33 mineros en Chile, que en medio de las dificultades desarrollaron paciencia y no se dejaron vencer. Recuerda las palabras del Salmista:

    “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová” (Salmo 40:1-3).

    Salir del pozo requiere que te conviertas en protagonista y dejes de ser víctima. Tú has sido llamado a ser el protagonista de tu vida, el protagonista espera en Dios pacientemente antes de actuar, el protagonista no es pasivo, el protagonista ve la vida con optimismo y se convierte en el gerente de su vida, él es proactivo.

    Hay un cuento de la tradición judía que nos ilustra si somos ¿Protagonistas o Víctimas?

    “Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal rebuznó por horas mientras el campesino trataba de buscar la forma de ayudarle pero finalmente decidió que el burro ya estaba viejo y el pozo necesitaba ser tapado con urgencia, así que echando tierra podría solucionar los dos problemas a la vez.? Con ese fin pidió ayuda a sus vecinos.

    Cada uno tomó una pala y empezaron a echar tierra al interior del pozo. El burro al notar lo que se le venía encima empezó a rebuznar con más fuerza pero después de un rato se aquietó. La gente no lo veía y pensaba que habría quedado enterrado pero lo que realmente sucedía era que el burro estaba ocupándose de sacudirse la tierra que le arrojaban con cada palada.

    Al poco tiempo, para sorpresa de todos, empezaron a verse las orejas del asno que, apoyándose en la tierra que se sacudía y caía al suelo, estaba logrando elevarse. Cuando llegó a la altura de la boca del pozo, dando un salto, salió corriendo alegremente dejando boquiabiertos a sus supuestos enterradores.”

    ¿Qué podemos aprender de este cuento?

    Hay algunas cosas que podemos aprender, en algunos momentos de nuestra vida, podemos tener la sensación de que hemos caído en un pozo muy profundo. Todas nuestras expectativas por el suelo, los momentos que vivimos son de mucha tensión, no vemos la luz del sol brillar, todo parece oscuridad y en vez de recibir ayuda lo que recibo de la gente que me rodea es juicio, critica, rechazo y oposición, todos quieren enterrarme vivo o viva.

    Podemos aprender de este burro, que a pesar de todos los problemas que se le venían encima al rato se aquietó y comenzó a elegir lo que le convenía hacer. No se dejó llevar por pensamientos negativos, tampoco se enganchó en las criticas o juicios que le hicieron, no quedó pensando en el pasado, en todo lo bueno que había hecho y que ahora con eso le pagaban, no se quedó quieto preso de la tristeza y el dolor, el desengaño que se había llevado de su amo, el no adoptó la posición de pobrecito yo, el dejo de ser víctima de las circunstancias y asumió responsabilidad por sus miedos, controló sus emociones y no esperó a que los demás lo hicieran feliz.

    El burro se convirtió en protagonista, cada vez que le echaban tierra se sacudía fuertemente hasta que pudo salir del pozo. El transformó el problema en una bendición. Podemos salir del pozo de la desesperación o del lodo cenagoso si nos convertimos en gerentes de nuestra vida. Todos deseamos correr alegremente por la vida, sin estrés, sin angustia, sin presiones, llenos de paz y gozo.

    Quiero dejar contigo dos cosas que te ayudarán a vivir la vida al máximo:

    1. Entrega a Dios tus expectativas de que otras personas, lugares y cosas te proporcionen felicidad y plenitud duraderas. Solo Dios puede darte vida, gozo y paz. La Biblia enseña que El que pide recibe. Es inmaduro pensar que alguien o alguna cosa terrenal pueda brindarnos plenitud y felicidad duradera. Dios es la fuente de la vida; las personas y las cosas son adicionales. Tu eliges como quieres vivir.

    2. Ten en cuenta que todo lo negativo que nos sucede puede ser transformado en algo positivo. Como al burro de nuestro cuento, la vida nos tira a veces, todo tipo de tierra. Si lo interpretas como un problema y te bloqueas sintiéndote víctima de la situación, esa tierra puede acabar aplastándote, pero si lo contemplas como un desafío, te ubicarás en la perspectiva de protagonista, encontrarás la forma de sacudirte esa tierra y la usarás para dar un paso hacia arriba. Así, cualquier situación se transformará en una oportunidad para lograr un nivel más elevado de conciencia.

    No temas pensando que vas a cometer errores, hoy es el mejor momento para descubrir el poder interior que hay en ti, tú puedes sobreponerte a las adversidades de la vida, solo enfócate a donde quieres llegar y no en tus miedos, espera en Dios y El pondrá en tus labios una canción de alegría.

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  3. VIVIR EN PAZ

    Isaac vivió entre los filisteos, los cuales demostraron ser vecinos intratables. Él se había vuelto tan poderoso y rico que ellos le temían y le pidieron que se fuera de su territorio. Puesto que era mucho más poderoso que ellos, Isaac pudo haber rehusado. Sin embargo, accedió y se mudó a un valle cercano adonde su padre Abraham había cavado unos pozos años antes.

    Los filisteos habían obstruido los pozos después de la muerte de Abraham. Cada vez que Isaac abría uno de nuevo, ellos decían que les pertenecía, a pesar de que no lo estaban usando.

    Sencillamente eran contenciosos. Pero Isaac prosiguió avanzando hasta que entró en área donde los filisteos no protestaron por su derecho al agua.

    Yo he encontrado gente así. Cuando mi hermana y yo éramos pequeñas y jugábamos a la pelota, teníamos que tener mucho cuidado con los lanzamientos, porque el vecino confiscaba todas las pelotas que llegaban a su patio.

    Es difícil que a uno le caigan bien personas como esas, pero Jesús hasta llegó a decir que debemos amarlas, orar por ellas y ser buenas con ellas. Puede que no sea fácil, y esas personas intratables podrían no cambiar. Sin embargo, según Romanos 12:18, aún así debemos hacer todo lo posible por vivir en paz con todo el mundo.

    Romanos 12:18
    Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos.

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