Dulce secuestro (II)

Permíteme que continuemos en el lugar donde ayer lo dejamos. Todas las ovejas del Buen Pastor escuchan su voz. Pero –demos ahora un paso más, a la luz de la palabra, y con ayuda de Aristóteles–, no todas las que escuchan su voz son ovejas suyas. No te hagas un lío, que la lógica aristotélica […]

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