Mes de mayo, mes de María

Miércoles, 16 mayo, 2007

He encontrado este vídeo en el que un sacerdote amigo, D. Antonio Orozco, nos habla de la Virgen María y explica -en estos 10 minutos- porqué el mes de mayo es el mes de María y nos anima a tratarla especialmente en estos días.

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Pablo: ¡Vaya chasco!

Miércoles, 16 mayo, 2007

Un miércoles más, aquí va de nuevo la meditación.

Hech 17, 15-22. 18, 1; Sal 148; Jn 16, 12-15

 

Según los exegetas estudiosos de san Pablo, fue, técnicamente hablando, el mejor y más cuidado de sus discursos. El escenario -el areópago de Atenas- lo requería. No iba a predicar ante gente sencilla, sino ante los “creadores de opinión” de su época… y había que estar a su altura.

Comenzó el discurso con halagos: “veo que sois casi nimios en lo que toca a religión”. Después ahuyentó los miedos: “Fijándome en vuestros monumentos sagrados, me encontré un altar con esta inscripción: “Al Dios desconocido.” Pues eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo”. Es decir: “no temáis; no vengo a destruir vuestras creencias, sino a enriquecerlas”. Por si no fuera bastante “jabón”, citó a uno de sus venerados poetas. Y, tras haberse ganado al “respetable”, les anunció a Jesús resucitado.

El resultado de esta obra de arte de la oratoria: la indiferencia. No hay nada peor; ni los pitos y las protestas, ni los insultos, ni la rebeldía. Si al hablar de Jesucristo se revuelven contra ti, al menos con ello prueban que tus palabras han llegado hondo y que su alma ha sido tocada como por un dardo ardiente. Pero si les parece una especie de “broma“, si te dicen, como a Pablo: “de eso te oiremos hablar en otra ocasión”, es que ni siquiera te han tomado en serio. Para ellos eres un charlatán más que les ha entretenido un rato esa tarde. Tal fue el efecto que causó el más preparado de los discursos de Pablo: desinterés.

¿Por qué? Repasemos el discurso… A ver, a ver… Efectivamente. Por primera y única vez en su vida, Pablo ni tan siquiera había mencionado la Cruz en ningún momento del discurso. Quizás le pareció “inoportuna“, un estorbo si quería quedar bien con aquellos griegos o quizás pensó que aún no estaban preparados para algo “tan fuerte“. Y, para no desentonar, ideo un discurso más acorde con su mentalidad, trató de inventar un cristianismo “sin cruz”, eso si, solo como primer paso de un “diálogo”. El chasco, ya lo hemos visto, fue increíble. Pablo se dio perfecta cuenta, y decidió que en adelante ya no renegaría nunca más del corazón de su fe. En adelante, la Cruz será el eje, el centro, y el único motivo de toda su predicación: “¡Dios me libre de gloriarme si no es la Cruz de nuestro Señor Jesucristo!” (Gál 6, 14).

Y así lo hizo y por ello fue apedreado, azotado, encarcelado, difamado, llevado y traído como un criminal de acá para allá… Pero no se volvieron a reír de él. La Cruz incita al amor o al odio, incluso a la ironía… pero nunca deja a la gente indiferente contemplar ese gran sacrificio de Amor hecho por nosotros en la Cruz. Mírala despacio con frecuencia, no la tengas miedo… Es fuente de Vida, de Paz…

A quienes hacen hoy el cómodo discurso del Areópago que los lleven a la tele para que se burlen de ellos mientras los cubren de fama. Pero, seamos francos, a estos “apóstoles de salón y bambalinas”, tan “resultones” y tan poco problemáticos, nadie los toma en serio. Dan qué hablar a los aburguesados y pueden anestesiar las conciencias de los tontos… poco más.

Que la Reina de los Apóstoles nos infunda la sensatez y el valor necesarios. Lo nuestro no es ser populares; solo se nos pide que redimamos el mundo…

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