Merkel, Benedicto XVI y Europa

Sábado, 5 mayo, 2007

“Con un discurso cargado de fundamentos éticos, la canciller alemana Angela Merkel -como Presidenta de turno de la UE- pretendió dar impulso a la desanimada Europa durante la firma solemne de la Declaración de Berlín, hace ahora un mes, con ocasión del 50º aniversario del Tratado de Roma. Merkel aludió claramente en su discurso al importante mensaje que el Papa Benedicto XVI había lanzado la víspera (24 de marzo), (…) se refirió expresamente, con la naturalidad de lo que es verdadero, a las raíces cristianas de Europa: “La libertad -dijo- es la principal fuerza del ser humano, y el ser humano está en el centro de nuestra acción. Su dignidad es inviolable. Y yo añadiría que esa concepción del hombre proviene, a mi entender, también de las raíces judeocristianas de Europa.”.” Así comienza un artículo del blog de Juan Ignacio Yarza publicado en www.arguments, el 25 de abril de 2007, con el que introducimos este discurso de Benedicto XVI:

“En estos años se ha sentido cada vez más la necesidad de establecer un sano equilibrio entre la dimensión económica y la social, a través de políticas capaces de producir riqueza y de incrementar la competitividad, pero sin descuidar las legítimas expectativas de los pobres y los marginados. Por desgracia, desde el punto de vista demográfico, se debe constatar que Europa parece haber emprendido un camino que la podría llevar a despedirse de la historia. Eso, además de poner en peligro el crecimiento económico, también puede causar enormes dificultades a la cohesión social y, sobre todo, favorecer un peligroso individualismo, al que no le importan las consecuencias para el futuro.

Casi se podría pensar que el continente europeo de hecho está perdiendo la confianza en su propio porvenir. Además, por lo que atañe, por ejemplo, al respeto del medio ambiente o al ordenado acceso a los recursos y a las inversiones energéticas, se fomenta poco la solidaridad, no sólo en el ámbito internacional sino también en el estrictamente nacional. No todos comparten el proceso mismo de unificación europea, por la impresión generalizada de que varios “capítulos” del proyecto europeo han sido “escritos” sin tener debidamente en cuenta las expectativas de los ciudadanos.

De todo ello se sigue claramente que no se puede pensar en edificar una auténtica “casa común” europea descuidando la identidad propia de los pueblos de nuestro continente. En efecto, se trata de una identidad histórica, cultural y moral, antes que geográfica, económica o política; una identidad constituida por un conjunto de valores universales, que el cristianismo ha contribuido a forjar, desempeñando así un papel no sólo histórico, sino también fundacional con respecto a Europa.

Esos valores, que constituyen el alma del continente, en la Europa del tercer milenio deben seguir actuando como “fermento” de civilización. En efecto, si llegaran a faltar, ¿cómo podría el “viejo” continente continuar desempeñando la función de “levadura” para el mundo entero? Si, con ocasión del 50° aniversario de los Tratados de Roma, los Gobiernos de la Unión desean “acercarse” a sus ciudadanos, ¿cómo podrían excluir un elemento esencial de la identidad europea como es el cristianismo, con el que una amplia mayoría de ellos sigue identificándose?

El discurso íntegro del Papa es el siguiente: Leer el resto de esta entrada »

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