La vocación matrimonial de esta pareja casada hace cinco meses: “Los esposos deben ser valientes”

Lo que comenzó como un casual encuentro en un retiro espiritual del Fabio Rossini en Roma, terminó provocando una chispa que hizo que Irene y Domenico decidieran casarse.

Uno de los temas del sínodo es la vocación y matrimonio es la más común entre la gente joven. Aun así, las cifras han descendido. Por ejemplo, en Italia, desde 2009 hasta 2014, el número de nuevos matrimonios se redujo un 18%. En el norte del país, por cada 1.000 personas, se celebra sólo una boda religiosa al año.

2 comentarios sobre “La vocación matrimonial de esta pareja casada hace cinco meses: “Los esposos deben ser valientes”

  1. Demos gracias a Dios por haber sido elegidos para defender y luchar por este hermoso y sagrado sacramento

    Ser defensores valientes del matrimonio
    ¡Nunca permitamos que llegue a nosotros el desaliento y nos atribule para no seguir la misión que Dios nos ha confiado de defender el sacramento del matrimonio y la unidad de la familia!

    Por: Luce Bustillo-Schott | Fuente: Catholic.net

    Dios nos ha expresado que su voluntad es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Que Jesús es el camino, la verdad y la vida. Sobre el matrimonio fue muy explícito diciendo no al divorcio y que quien se case con alguien divorciado está cometiendo adulterio.

    De ahí podemos inferir que si un matrimonio tiene dificultades, lo que nos corresponde es trabajar intensamente para restaurarlos en el amor a Dios y entre los cónyuges.

    Si los esposos desean ajustarse a la voluntad de Dios, su vocación es buscar la santidad a través del sacramento, para que el día que tengan que darle cuentas a Él, puedan mostrar cómo han trabajado por el cónyuge y la relación y así ambos puedan participar del Reino de los cielos, dando un testimonio coherente a los hijos y a la sociedad, del amor a Dios y entre ellos.

    Nunca, nunca dejemos de luchar… ¡Nunca permitamos que llegue a nosotros el desaliento y nos atribule para no seguir la misión que Dios nos ha confiado de defender el sacramento del matrimonio y la unidad de la familia!

    Así como hay un solo Dios, un solo Señor, una sola Iglesia, así los esposos, cuando recibimos la bendición de Dios, nos transformamos en una unidad, al hacernos un solo cuerpo, una sola carne, según Sus promesas de ser uno, hasta que la muerte nos separe.No permitamos que las corrientes del mundo nos engañen justificando el egoísmo de buscar la aparente felicidad con otra persona, construyendo esa relación sobre el dolor del cónyuge e hijos abandonados. La única y verdadera felicidad solo se logra en la unidad con Cristo y en cumplir Sus mandamientos y sacramentos.

    La unicidad e indisolubilidad matrimoniales son mandato directo de Cristo, son Palabra de Dios, y apartarse de ellas es desobedecer la voluntad divina. Al desobedecer al Señor entramos en pecado y nos alejamos de Dios.

    Muchos matrimonios se separan por relaciones extramaritales que pueden evitarse buscando la ayuda de la gracia. La ruptura proviene de la fragilidad humana y de la resistencia a la gracia, pero cuando esa debilidad se convierte en repetida, en hábito de vida consciente y auto justificado, estamos convirtiendo el pecado en vicio. El adulterio cuando se establece haciéndose estable u oficial es más grave, aleja de Dios, nos lleva a vivir en tinieblas.

    Lo que nos inspira a defender el sacramento en esta lucha incansable, es la salvación de las almas y es lo que el mundo hoy no entiende aceptando cualquier nueva relación por una felicidad pasajera sin pensar en la salvación eterna.

    Danos, Señor, la gracia de perseverar en la defensa del sacramento del matrimonio a quienes has elegido para dar a conocer al mundo la indisolubilidad, la grandeza, la profundidad y la sacralidad que tiene quien lo recibe por primera vez, siendo un vínculo imposible de romper, pues no hay poder humano que separe lo que Tú has unido en los esposos, cuando han recibido Tu bendición.

    Que sigamos con fe y paciencia, con la esperanza de las promesas Tuyas dadas a los esposos, y así poder ser restaurados. Daremos entonces testimonio de que lo que es imposible para el hombre, es posible para Ti, y Tú nos darás a saborear de los segundos vinos, los mejores, desde las tinajas llenas de tu gracia.

    Demos gracias a Dios por haber sido elegidos para defender y luchar por este hermoso y sagrado sacramento, de ser parte de Su plan para la salvación de muchas almas, especialmente la de nuestros esposos y nuestros hijos.

    Pidamos a Dios aumente nuestra fe y fortalezca nuestro espíritu, para seguir aún contra corriente, y glorificarlo con testimonios de amor, verdad y justicia de muchos matrimonios unidos nuevamente y tener hogares luminosos que han podido saber esperar en medio del dolor, las angustias, las tormentas, sabiendo que Él siempre es fiel y tiene la última palabra.

    Que nuestra Madre María interceda por nosotros para que nos ayude a decir SÍ, entre estos hombres y mujeres valientes que han decidido defender el sacramento del matrimonio. Que nos dé la gracia de la paciencia y perseverancia con la misma humildad de ella, aceptando la misión que Dios le asignó, con fe y confianza.

    “Todos nuestros sacrificios son como un río subterráneo: no lo vemos porque corre por debajo de la tierra, pero por arriba los árboles crecen y dan frutos. La indisolubilidad es como el canal unido al corazón de Cristo Esposo con los dos cónyuges y es nuestro deber rezar para que Dios haga fluir su gracia hacia el otro, lejos física y afectivamente, pero aún unido en el espíritu de Dios mismo”

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  2. En la Misa celebrada en la Catedral en el marco del IV Congreso Nacional de la Familia, el sábado 29 de octubre, el Cardenal Daniel Sturla aseguró que la familia cristiana “sorteará los nuevos escollos que se presentan” porque responde a “la verdad sobre el hombre, a esa verdad anclada en la Palabra de Dios que nos viene del Evangelio de Jesucristo” y, por tanto, “no envejece, se renueva”. “Eso no quiere decir que desconozcamos la realidad, pero no dejamos que la realidad nos devore”, subrayó el Arzobispo de Montevideo. El Cardenal señaló que pese a los peligros y dificultades que afronta la familia “no perdemos la alegría de la fe” porque “el futuro está en nosotros, el futuro es de Dios”.

    “Las ideologías pasan, parecen fuertes, irresistibles, pero después de un determinado periodo se consumen”, dijo el Arzobispo aludiendo a la ideología de género. “En cambio el Evangelio es verdadero, y por tanto, nunca se consume”, acotó. El Evangelio “aparece en toda su novedad para responder a las necesidades del corazón y de la razón humana, que puede caminar en esta verdad y encontrarse en ella”. “Hay una nueva primavera del Cristianismo”, aseveró con vehemencia el Cardenal Sturla.

    Texto de la Homilía del Cardenal Daniel Sturla en la Misa del IV Congreso Nacional de la Familia

    Qué bueno encontrarnos acá como Iglesia que peregrina en el Uruguay, juntos con los obispos de esta provincia eclesiástica y todos ustedes representantes de las familias de todas las diócesis de nuestro país. Nosotros esta mañana hemos aprendido muchas cosas. Miren qué bonita esa película que nos mostró Monseñor Jaime, más allá de lo emotivo y trágico. O también lo que escuchamos acerca del perdón que es siempre un tema de actualidad en nuestra vida, porque siempre andamos necesitados de perdonar o pedir perdón. También el hecho que hayamos hablado de la muerte con tanta naturalidad, y cómo prepararnos y al mismo tiempo preparar a los hermanos que están en esa situación sabiendo nosotros que también un día tendremos que vivirlo. Y después el clima hermoso que vivimos impulsados por la oración de esa familia de la diócesis de Minas, que era un canto a la vida verlos allí, una alabanza al Señor.

    Todo esto nos llena de qué… de esperanza. Y nosotros podríamos decir que eso nos toca, y a la familia principalmente, en este país que ya tiene más de cien años de ley de divorcio, este país donde se aprobó el aborto y la ley de matrimonio igualitario, y donde tenemos que estar peleando para que la ideología de género no nos termine siendo impuesta. Y me gusta citar al Papa Benedicto XVI, que en un reportaje que le hicieron y donde le planteaban que hay tantas cosas en el mundo que funcionan mal, hay tantas cosas que no marchan, le preguntaron cuál era su esperanza. Y él dio tres respuestas. Pero la segunda de las tres respuestas fue la siguiente: “la razón de mi esperanza consiste en que en el Evangelio de Jesucristo la fe en Cristo es simplemente la Verdad”. Miren la respuesta: es simplemente la Verdad. Y continúa, “Y la Verdad no envejece, tal vez se puede olvidar por algún tiempo o es posible encontrar otras cosas. Se puede dejar de lado, pero la Verdad como tal no desaparece”.

    Las ideologías tienen un tiempo determinado, también esta que ahora nos invade, la ideología de género pasará, está de moda. En otro tiempo fue el Marxismo. “Las ideologías pasan, parecen fuertes, irresistibles, pero después de un determinado periodo se consumen. Pierden su fuerza porque carecen de una realidad profunda. Son partículas de la verdad pero al final se consumen. En cambio el Evangelio es verdadero, y por tanto, nunca se consume. En todos los periodos de la Historia aparece en nuevas dimensiones, aparece en toda su novedad para responder a las necesidades del corazón y de la razón humana, que puede caminar en esta verdad y encontrarse en ella. Y así por esta razón estoy convencido que hay una nueva primavera del Cristianismo”.

    Y bueno… cuando uno ve estas realidades de las familias cristianas que se reúnen, nos podemos preguntar por qué la familia cristiana sorteará los nuevos escollos que se presentan. Y la respuesta es: porque la familia cristiana responde a la verdad sobre el hombre, a esa verdad anclada en la Palabra de Dios que nos viene del Evangelio de Jesucristo. Y por tanto la familia cristiana no envejece, se renueva. Eso no quiere decir que desconozcamos la realidad, pero no dejamos que la realidad nos devore. Estamos bien con los pies en la tierra y sabremos enfrentar las dificultades y los peligros, pero no perdemos la alegría de la fe. Porque el futuro está en nosotros, el futuro es de Dios. Entonces podemos decir hoy, como decía la Carta de San Pablo a los Colosenses: “Háganlo todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él”. Dando gracias, haciendo eucaristía.

    Eso es lo que hacemos nosotros en este día, como la Sagrada Familia, que hoy la lectura del Evangelio nos presenta ese momento de dificultad, de crisis, de angustia, se había perdido el Hijo. El custodio San José, llamado custodio del Redentor y el Redentor se le había escapado. Momento difícil y sin embargo ante este misterio de la Sagrada Familia escuchamos las palabras del Niño Jesús: “No saben que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre”. En la Casa del Padre. No saben que mi vida es hacer la voluntad del Padre, dice Jesús. Y regresaron a Nazaret nos dice la Escritura. Nosotros regresaremos a nuestras casas y familias, ojalá renovados en la esperanza, estimulados por todo lo vivido y aprendido. Pero sobre todo renovados en la fe, que es la fuente de nuestra alegría y esperanza; Cristo es la Verdad. El Evangelio, es decir la buena noticia de la familia, tal como lo anuncia la Iglesia, es la verdad y la verdad termina abriéndose paso en medio de las ideologías que un día son unas y otro día son otras. Nosotros iluminamos, con nuestro testimonio de fe y esperanza, a toda la sociedad uruguaya.

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