Cuando Dios nos llame…

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Cuando Dios nos llame, no nos juzgará por las obras de los demás, sino por las nuestras. Tampoco va a pedirnos, ese día, un informe de ventas. No nos juzgará por el número de personas que nos hayan hecho caso, sino por el empeño que hayamos puesto en extender su Reino. Son dos cosas distintas.

   Al entrar en una casa, saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros. Cuando anuncies a Jesucristo, no andes demasiado pendiente de los frutos. Mira que el propio Señor, después de predicar incansablemente durante tres años, murió sin apenas discípulos. ¿Acaso fue culpa suya? Sabes que no. La culpa de nuestra falta de correspondencia a la gracia es toda nuestra.

   Tú anuncia generosamente a Jesucristo, aunque te devuelvan desplantes y humillaciones. Recuerda que el Señor no te preguntará si te han hecho caso. Tan sólo te preguntará si lo has anunciado. Y si, en lugar de presentarte ante Él con un informe de ventas, te presentas con una colección de bofetadas y escupitajos… ¡Bendito tú, siervo bueno y fiel, porque así se presentó el Señor ante su Padre!

Autor: José-Fernando Rey Ballesteros

Acerca de la “conversión”

The Conversion of Saul, by CaravaggioEn el lenguaje teológico cristiano el término conversión (del latín convertere) expresa un proceso rico y múltiple que va desde la incredulidad a la fe; desde el estado de pecado al de reconciliación; desde el distanciamiento espiritual a un renovado fervor; etc. La historia del cristianismo está llena de ejemplos y relatos de conversión; el que describe san Agustín en sus Confesiones es un clásico.

La conversión significa, ante todo, “dar la espalda” al pecado para volverse de nuevo a Dios. El Evangelio desde el comienzo presenta la lucha contra el pecado como una exigencia indispensable para poder seguir al Maestro. Y, siguiendo la propia enseñanza del Señor, es inseparable de la fe en la misericordia paterna de Dios, y de la decisión de tomar voluntariamente la propia cruz. Supone, pues, un cambio de la mente y del corazón (metanoia), un abandono de las falsas seguridades personales y la aceptación del don divino que invita a seguir y a servir plenamente a Cristo con un amor fiel.

Por eso mismo, si es sincera, la conversión del cristiano como rechazo del pecado se traduce en manifestaciones externas: un cambio de actitudes y comportamientos.

¿Te animas?

Una petición y una caricia

604La escena es del Evangelio de hoy. Cientos de personas rodean al Maestro y escuchan su Palabra. De repente, uno de ellos ve acercarse a un leproso, y da la voz de alarma. Según la Ley de Moisés, quien entraba en contacto físico con un enfermo de lepra quedaba impuro. Temerosos de tocarle, todos se retiran, asombrados de la osadía del enfermo. Se hace silencio… Aquel hombre se aproxima a Jesús, acortando peligrosamente las distancias. Jesús estña quieto y mantiene clavada en él una cariñosísima mirada. Se acerca aún más el leproso y entonces dice aquellas maravillosas palabras: “Si quieres, puedes limpiarme”…

La petición

Estrictamente hablando no es una petición sino un acto sublime de fe. La petición desde luego está presente: Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas”… Ahí está toda esa carne repugnante, arrodillada a los pies del Maestro; su actitud es un grito silencioso de súplica: “Mírame, Señor, ¿no te doy lástima?”. Seguir leyendo “Una petición y una caricia”

422Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré (Mt 11, 28). Y, en otro lugar: El que tenga sed, que venga a mí y beba (Jn 7, 37). Y también: El que venga a mí no tendrá hambre (Jn 6, 35). Más adelante: Al que venga a mí no lo echaré fuera (Jn 6, 37). Y hoy:

    Y no queréis venir a mí para tener vida.

¿Aún no lo entiendes? Jesús no es un personaje célebre o un hombre ejemplar a quien se contempla desde lejos y se aprueba o se rechaza. No es alguien a quien se aplaude o por quien se vierten unas lágrimas desde la cómoda distancia del espectador medianamente implicado.

Jesús es la fuente de Vida eterna abierta en lo alto de una Cruz. Uno no se queda mirando a la fuente, ni la aplaude. Es preciso acercarse a Jesús crucificado, abrazarlo fuertemente, pegar los labios a la llaga de su costado, empapar la vida y el corazón en sus dolores, en su plegaria, en su ofrenda… A distancia puede uno convertirse en admirador de Cristo, no en cristiano. ¿Para qué quiere una fuente un club de fans? Quiere que bebamos.

Contradicción

en ti confio padreMi Cristo, yo quisiera amarte como me amas, quisiera amarte una infinitud de lo que tú me amas, quisiera amarte más que a mis debilidades, ser más tuyo que del mundo, desearte a ti más …, estar contigo 24 horas, empaparme de ti a cada momento, mantenerme en oración continua, y estar a la altura de mi llamado y de quien me llama.

Pero no puedo, trato y trato para solo sentir la dulce angustia del que anhela la santidad, la amarga pero gratificante lucha del que quiere seguirte, la gran miseria que despliega el derroche de tu misericordia.

¿Qué merito tengo? ¿Qué merito podré tener? Solo tu gracia me sostiene, y lo poco que tengo te lo entrego, te lo entrego como está. Un corazón herido, humillado, dividido, una voluntad anémica, un amor incompleto, una carne débil…, un espíritu  quebrantado y un alma necesitada de tu perdón, amor y misericordia y unos ojos que no pueden ver tu gracia por encima de mis debilidades. Seguir leyendo “Contradicción”

Receta para la santidad

a través de la oscuridad viene la luz“Receta para la santidad: Gracia infinita + voluntad a la medida”

La Gracia es lo primero de todo y antes que todo. Es eterna, inamovible, fuente y principal ingrediente de la santidad.
La falta de voluntad no deja a la gracia echar raíces y el exceso de voluntad quita la confianza en la gracia y la pone el ser carente e inmanente.
Quien no se declara inútil ante la misión de ser santo no puede dejar la gracia operar… (Moises, Jeremias, etc)
Quien no se compromete con todo lo que tiene, no permite a la gracia dar frutos de conversión en él. “Dios no suscita deseos imposibles” (cfr. Santa Teresita de Jesus)
El problema es que esta receta se elabora de modo artesanal y las medida de voluntad no están definidas. Cada día hay que repetir la receta y cada día hay que buscar la cantidad justa de voluntad para ese momento
Síntomas de falta de voluntad: corazón duro, niveles altos de egoísmo surgen dándole un sabor amargo al plato
Síntomas del exceso de voluntad: cansancio, desesperación, agonía por el trabajo infructuoso… dándole un sabor de ahumado a la receta
El problema es que no encuentro el toque, me la he pasado entre ahumado y amargo, encontrar ese toque es el verdadero arte del santo
Caminar tres días sin parar, solo para llegar  a sentir la suave brisa
Cuando siento la angustia de si alcanzaré la santidad me ahumé, pero cuando no medito al respecto me amargué
Solo espero que para cuando zarpe a la casa del Padre, haber ya descifrado la cantidad exacta de voluntad… Mucho tiempo para equivocarse, poco para acertar.

Autor: Lo que sigue es de nuestro colaborador Carlixto Diego Juliao Vásquez

Poner en marcha el “motor del alma”

Imagínate a un grupo de personas intentado cada una mover su automóvil a base de empujones. Haciendo un esfuerzo terrible con el que apenas consiguen desplazar el vehículo unos metros, y, además en cuanto dejan de empujar, el automóvil se para. Bastará un día entero empujando para que abandonen tan propósito, pues tanto sus fuerzas como su paciencia llegarán al límite: “Lo he intentado pero no he podido”… “Es muy difícil, yo diría que imposible”… “¡Nada, que no ha habido manera!”.

Así me imagino que van las personas que intentan llevar su Cruz, la de cada día, “a base de empujar con fuerza, a pulso”, sin rezar, sin sacramentos, sin vida interior… Quieren ser generosos sin rezar, quieren vencer rencores y perdonar sin implorar la ayuda divina, quieren vivir conforme a su conciencia sin leer el evangelio ni formarse… Y claro, así no hay manera:  “Lo he intentado pero no he podido”… “Es muy difícil, yo diría que imposible”… “¡Nada, que no ha habido manera!”. Seguir leyendo “Poner en marcha el “motor del alma””