Ayer sábado, 32 nuevos sacerdotes

Ayer sábado, 32 nuevos sacerdotes del Opus Dei fueron ordenados en la basílica de san Eugenio. Juan Carlos, de Ecuador; Jeff, de Estados Unidos; Paulo, de Brasil; José Enrique, de España; Javier, de Chile, y James, de Kenia,  que en este vídeo cuentan cómo ven su futuro servicio a Dios. !Enhorabuena!

«Sin sacerdotes no hay Iglesia, no hay laicado, no hay testigos… no es posible la renovación de la humanidad»

slider-4-cropped1.jpg1Me ha dejado pensando este buen artículo que me ha enviado Rosa…

(Iglesia Actualidad) En su catequesis ante los jóvenes, el titular de la archidiócesis de Valencia, Card. D. Antonio Cañizares Llovera, expresó el sábado 2 de mayo, ante cientos de jóvenes en la vigilia de oración mensual en la Basílica de la Virgen, aseguró que «sin sacerdotes no es posible la renovación de la humanidad», algo que urge dado que «el mundo está envejecido, no porque la media de edad suba, sino porque estamos haciendo un mundo viejo, de pecado, de división, de egoísmo, en el que no cuenta la persona». Seguir leyendo “«Sin sacerdotes no hay Iglesia, no hay laicado, no hay testigos… no es posible la renovación de la humanidad»”

¡Sí: amar al Papa y a la Jerarquía, y mucho!

iglesiaPorque el Papa hace las veces de Cristo en la tierra: es su Vicario. Por que es para los cristianos la tangible presencia de Jesús, el «dulce Cristo en la tierra», como lo llamaba santa Catalina de Siena. Esto es lo que mueve a quererlo. Aprendamos a amarlo –con obras: oración y mortificación– de una manera particular. Este amor se manifiesta en determinados momentos: cuando realiza un viaje apostólico, en la enfermedad, cuando arrecian los ataques de los enemigos de la Iglesia, cuando por cualquier circunstancia nos encontramos más cerca de su persona.

El amor a la Iglesia se muestra también en el aprecio y en la oración por los Obispos y por los sacerdotes, en los que tanto confía el Señor y de quienes depende en buena parte la santidad de los fieles que les están encomendados: Seguir leyendo “¡Sí: amar al Papa y a la Jerarquía, y mucho!”

Ellas pueden esperar (7.00 am)

Bueno, tras Empieza un nuevo día (6.30 am), continuamos con el horario matutino de nuestro amigo Leo J. Tresse, en su libro “Vasija de barro”.

Está abierta la puerta del convento. Al cerrarla tras de mí se oyen las siete. Esperan las Hermanas. Sí -pienso al subir las escaleras de la capilla-, las Hermanas están esperando; se pasan esperando gran parte de su vida, esperándonos a nosotras, los sacerdotes. Nos esperan por la mañana cuando vamos a darles la Sagrada Comunión, o a decirles la Misa. Nos esperan en la clase, abierto el catecismo y la lista de alumnos sobre la mesa. Nos esperan los días de Confesión; para el ensayo de los monaguillos, para leer los boletines, para ordenar las velas y para lavar los purificadores.

Al ponerme la sobrepelliz y la estola siento remordimiento por todos los preciosos minutos que he hecho perder a las Hermanas. Podrían contarse con los dedos de mis manos las veces que les hice esperar por causa justificada; pero se necesitaría una máquina calculadora para contar las que lo hice por negligencia o falta de previsión. Pocas horas se administran con tanta cautela, y ningún minuto se escatima tan afanosamente como estos empleados con las Hermanas. Sin embargo, si alguna vez deben esperar, si hay que alterarles el horario, entonces… “Bueno, a las Hermanas les da lo mismo”, y con esto todo queda arreglado. Seguir leyendo “Ellas pueden esperar (7.00 am)”

La amistad verdadera es perfecta y constante

En el Antiguo Testamento hay auténticas joyas. Relatos que resultan verdaderamente ejemplares, como el de la amistad de Jonatán, un excelente joven, hijo del rey Saúl, y David. He sacado esta historia del breviario (una cosa que rezamos los curas). A ver que te parece.

El rey Saúl estaba enfurecido con su siervo David y ponía a todos contra él, como a un rival de su reino; llegó a asesinar a los sacerdotes, basándose en la sola sospecha de traición; inspeccionó los bosques, buscó por los valles, asedió con su ejército los montes y peñascos, todos se comprometen a vengar la indignación regia; sólo Jonatán, el único que podía tener algún motivo de envidia, juzgó que tenía que oponerse a su padre y ayudar a su amigo, aconsejarlo en tan gran adversidad y, prefiriendo la amistad al reino, le dice: Tú serás el rey, y yo seré tu segundo.

Y fíjate cómo el padre de este adolescente lo provocaba a envidia contra su amigo, agobiándolo con reproches, atemorizándolo con amenazas, recordándole que se vería despojado del reino y privado de los honores.  Seguir leyendo “La amistad verdadera es perfecta y constante”

¿Sabes que miles de jóvenes buscan en Google información para hacerse monjas o sacerdotes?

Me escribe Antonio Gonzalez y entre otras cosas me dice: “¿Sabes que miles de jóvenes buscan en Google información para hacerse monjas o sacerdotes? Aquí tienes una entrevista que me hicieron en TV, donde lo explico (son 5 minutos). Para más detalles sobre cómo llegaron 250 monjas por internet en 2010:

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Benedicto XVI: «Ya no os llamo siervos, sino amigos»

El Papa celebró ayer sus 60 años como sacerdote con una emotiva ceremonia en el Vaticano. A continuación te transcribo un fragmento de la homilía que predicó en la solemnidad de san Pedro y san Pablo:

Queridos hermanos y hermanas,

«Non iam dicam servos, sed amicos» – «Ya no os llamo siervos, sino amigos» (cf. Jn 15,15). Sesenta años después de mi Ordenación sacerdotal, siento todavía resonar en mi interior estas palabras de Jesús, que nuestro gran Arzobispo, el Cardenal Faulhaber, con la voz ya un poco débil pero firme, nos dirigió a los nuevos sacerdotes al final de la ceremonia de Ordenación. Según las normas litúrgicas de aquel tiempo, esta aclamación significaba entonces conferir explícitamente a los nuevos sacerdotes el mandato de perdonar los pecados. «Ya no siervos, sino amigos»: yo sabía y sentía que, en ese momento, esta no era sólo una palabra «ceremonial», y era también algo más que una cita de la Sagrada Escritura. Era bien consciente: en este momento, Él mismo, el Señor, me la dice a mí de manera totalmente personal. En el Bautismo y la Confirmación, Él ya nos había atraído hacia sí, nos había acogido en la familia de Dios. Pero lo que sucedía en aquel momento era todavía algo más. Él me llama amigo…

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