Ellas pueden esperar (7.00 am)

Lunes, 27 agosto, 2012

Bueno, tras Empieza un nuevo día (6.30 am), continuamos con el horario matutino de nuestro amigo Leo J. Tresse, en su libro “Vasija de barro”.

Está abierta la puerta del convento. Al cerrarla tras de mí se oyen las siete. Esperan las Hermanas. Sí -pienso al subir las escaleras de la capilla-, las Hermanas están esperando; se pasan esperando gran parte de su vida, esperándonos a nosotras, los sacerdotes. Nos esperan por la mañana cuando vamos a darles la Sagrada Comunión, o a decirles la Misa. Nos esperan en la clase, abierto el catecismo y la lista de alumnos sobre la mesa. Nos esperan los días de Confesión; para el ensayo de los monaguillos, para leer los boletines, para ordenar las velas y para lavar los purificadores.

Al ponerme la sobrepelliz y la estola siento remordimiento por todos los preciosos minutos que he hecho perder a las Hermanas. Podrían contarse con los dedos de mis manos las veces que les hice esperar por causa justificada; pero se necesitaría una máquina calculadora para contar las que lo hice por negligencia o falta de previsión. Pocas horas se administran con tanta cautela, y ningún minuto se escatima tan afanosamente como estos empleados con las Hermanas. Sin embargo, si alguna vez deben esperar, si hay que alterarles el horario, entonces… “Bueno, a las Hermanas les da lo mismo”, y con esto todo queda arreglado. Leer el resto de esta entrada »

En el Antiguo Testamento hay auténticas joyas. Relatos que resultan verdaderamente ejemplares, como el de la amistad de Jonatán, un excelente joven, hijo del rey Saúl, y David. He sacado esta historia del breviario (una cosa que rezamos los curas). A ver que te parece.

El rey Saúl estaba enfurecido con su siervo David y ponía a todos contra él, como a un rival de su reino; llegó a asesinar a los sacerdotes, basándose en la sola sospecha de traición; inspeccionó los bosques, buscó por los valles, asedió con su ejército los montes y peñascos, todos se comprometen a vengar la indignación regia; sólo Jonatán, el único que podía tener algún motivo de envidia, juzgó que tenía que oponerse a su padre y ayudar a su amigo, aconsejarlo en tan gran adversidad y, prefiriendo la amistad al reino, le dice: Tú serás el rey, y yo seré tu segundo.

Y fíjate cómo el padre de este adolescente lo provocaba a envidia contra su amigo, agobiándolo con reproches, atemorizándolo con amenazas, recordándole que se vería despojado del reino y privado de los honores.  Leer el resto de esta entrada »

Me escribe Antonio Gonzalez y entre otras cosas me dice: “¿Sabes que miles de jóvenes buscan en Google información para hacerse monjas o sacerdotes? Aquí tienes una entrevista que me hicieron en TV, donde lo explico (son 5 minutos). Para más detalles sobre cómo llegaron 250 monjas por internet en 2010:

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El Papa celebró ayer sus 60 años como sacerdote con una emotiva ceremonia en el Vaticano. A continuación te transcribo un fragmento de la homilía que predicó en la solemnidad de san Pedro y san Pablo:

Queridos hermanos y hermanas,

«Non iam dicam servos, sed amicos» – «Ya no os llamo siervos, sino amigos» (cf. Jn 15,15). Sesenta años después de mi Ordenación sacerdotal, siento todavía resonar en mi interior estas palabras de Jesús, que nuestro gran Arzobispo, el Cardenal Faulhaber, con la voz ya un poco débil pero firme, nos dirigió a los nuevos sacerdotes al final de la ceremonia de Ordenación. Según las normas litúrgicas de aquel tiempo, esta aclamación significaba entonces conferir explícitamente a los nuevos sacerdotes el mandato de perdonar los pecados. «Ya no siervos, sino amigos»: yo sabía y sentía que, en ese momento, esta no era sólo una palabra «ceremonial», y era también algo más que una cita de la Sagrada Escritura. Era bien consciente: en este momento, Él mismo, el Señor, me la dice a mí de manera totalmente personal. En el Bautismo y la Confirmación, Él ya nos había atraído hacia sí, nos había acogido en la familia de Dios. Pero lo que sucedía en aquel momento era todavía algo más. Él me llama amigo…

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Sigo con esta serie de vídeos tan interesantes. De forma breve y convincente se exponen con sencillez argumentos profundos. Mis felicitaciones a los creadores de esta página:

¿Qué sentido tiene el celibato sacerdotal? What is the point of Priestly Celibacy? de catequesisarguments
SUBTITLES AVAILABLE. Clic on the “CC” icon.
¿Por qué no pueden casarse los sacerdotes? ¿Qué sentido tiene?
Serie de Arguments – http://www.arguments.es

 

Y aquí va este vídeo muy bonito sobre el sacerdote que me envía el Padre Miguel Angel. La verdad es que me ha emocionado un poco por su sencillez:

Me acaban de enviar la carta que ayer 18 de octubre ha dirigido Benedicto XVI a los seminaristas y me ha parecido tan interesante que te la trascribo:

En diciembre de 1944, cuando me llamaron al servicio militar, el comandante de la compañía nos preguntó a cada uno qué queríamos ser en el futuro. Respondí que quería ser sacerdote católico. El subteniente replicó: Entonces tiene usted que buscarse otra cosa. En la nueva Alemania ya no hay necesidad de curas. Yo sabía que esta “nueva Alemania” estaba llegando a su fin y, que después de las devastaciones tan enormes que aquella locura había traído al País, habría más que nunca necesidad de sacerdotes. Hoy la situación es completamente distinta. Pero también ahora hay mucha gente que, de una u otra forma, piensa que el sacerdocio católico no es una “profesión” con futuro, sino que pertenece más bien al pasado. Vosotros, queridos amigos, habéis decidido entrar en el seminario y, por tanto, os habéis puesto en camino hacia el ministerio sacerdotal en la Iglesia católica, en contra de estas objeciones y opiniones. Habéis hecho bien. Porque los hombres, también en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, seguirán teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal, para aprender con Él y por medio de Él la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una humanidad verdadera. Donde el hombre ya no percibe a Dios, la vida se queda vacía; todo es insuficiente. El hombre busca después refugio en el alcohol o en la violencia, que cada vez amenaza más a la juventud. Dios está vivo. Nos ha creado y, por tanto, nos conoce a todos. Es tan grande que tiene tiempo para nuestras pequeñas cosas: “Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados”. Dios está vivo, y necesita hombres que vivan para Él y que lo lleven a los demás. Sí, tiene sentido ser sacerdote: el mundo, mientras exista, necesita sacerdotes y pastores, hoy, mañana y siempre.

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Hoy, 4 de agosto, es san Juan María Vianney, más conocido como el santo cura de Ars. De hecho hemos terminado en junio el Año sacerdotal en honor al 150 aniversario de su muerte. Y aunque este post está dedicado al próximo domingo XIX, vamos a pedir hoy también por los sacerdotes,  para que no le clavemos de nuevo en la Cruz, para que clavándonos nosotros, El no reciba esas heridas. Vamos a ayudarnos también con la oración. Hace poco leí de un santo que veía al mundo como una boca sedienta de santidad, de gracia de Dios. El Señor se sirve de los sacerdotes para llevar a muchos a la fuente de las aguas. Por eso tu y yo lucharemos por ser un poco mejores estos días.

Mi confianza son tus promesas Señor; y tu has dicho: no os dejaré huérfanos (Jn 14,18), no os dejaré solos. Y el próximo domingo repetirá la escritura:

“No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino”… “Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.”

La lámpara encendida indica a quien se prepara para pasar la noche velando en espera de alguien. El padre Cantalamessa recoge en un Himno de la perla que se remonta a la literatura de Oriente Medio del siglo I o II d.C. y que se nos ha transmitido por el apócrifo Hechos de Tomás, la historia de un joven príncipe enviado por su padre de Oriente (Mesopotamia) a Egipto para recuperar una determinada perla que ha caído en manos de un cruel dragón que la custodia en su cueva. Llegado al lugar, el joven se deja descaminar; se sacia de un alimento se le habían preparado con engaño los habitantes del sitio y que le hace caer en un profundo e inacabable sueño. El padre, alarmado por el prolongamiento de la espera y por el silencio, envía, como mensajera, un águila que lleva una carta escrita de su puño y letra. Cuando el águila sobrevuela al joven, la carta del padre se transforma en un grito que dice: «¡Despiértate, acuérdate de quién eres, recuerda qué has ido a hacer a Egipto y adónde debes regresar!». El príncipe se despierta, recupera el conocimiento, lucha y vence al dragón y, con la perla reconquistada, vuelve al reino donde se ha preparado para él un gran banquete.

Y explica el significado religioso de la parábola. El joven príncipe es el hombre enviado de Oriente a Egipto, esto es, por Dios al mundo; la perla preciosa es su alma inmortal prisionera del pecado y de satanás. Él se deja engañar por los placeres del mundo y se hunde en un tipo de letargo, o sea, en el olvido de sí, de Dios, de su destino eterno, de todo. Le despierta, en este caos, no el beso de un príncipe o de una princesa, sino el grito de un mensajero celestial. Para los cristianos este mensajero enviado por el Padre es Cristo, que grita al hombre, como hace en el Evangelio de hoy, que se despierte, que esté alerta, que recuerde para qué está en el mundo. El grito del Himno de la perla se encuentra casi tal cual en la carta a los Efesios: «Despiértate tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo» (Ef 5, 14).

La exhortación: «¡Estad preparados!» recuerda más bien esa actitud de estar alerta, listos, preparados… Significa «estar en orden». Para el propietario de un restaurante o para un comerciante estar preparado no quiere decir vivir y trabajar en permanente estado de ansiedad, como si de un momento a otro pudiera haber una inspección. Significa no tener necesidad de preocuparse del tema porque normalmente se tienen los registros en regla y no se practican por principio fraudes alimentarios. Lo mismo en el plano espiritual. Estar preparados significa vivir de manera que no hay que preocuparse por la muerte. Se cuenta que a la pregunta: «¿Qué harías si supieras que dentro de poco vas a morir?», dirigida a quemarropa a San Luis Gonzaga mientras jugaba con sus compañeros, el santo respondió: «¡Seguiría jugando!». La receta para disfrutar de la misma tranquilidad es vivir en gracia de Dios, sin pendencias graves con Dios o con los hermanos.

¿Quieres ser santo? haz lo que debes y está en lo que haces… Repetía san Josemaría con gran sentido común. Vamos tu y yo a pedirle hoy a santa María: ¡Madre: ayúdanos a vivir como tu Hijo quiere!

Ayer, miércoles 30 de junio, Benedicto XVI su habitual audiencia general la ha dedicado esta vez a a la figura de un sacerdote santo: Giuseppe Cafasso. Una idea que dijo al final animaba a los sacerdotes a dedicar más tiempo al confesonario:

Murió el 23 de junio de 1860, tras una vida ofrecida totalmente al Señor y consumada por el prójimo. Mi Predecesor, el venerable siervo de Dios papa Pío XII, el 9 de abril de 9 1948, lo proclamó patrono de las cárceles italianas y, con la Exhortación apostólica Menti nostrae, el 23 de septiembre de 1950, lo propuso como modelo a los sacerdotes comprometidos en la confesión y en la dirección espiritual.

Queridos hermanos y hermanas, que san Giuseppe Cafasso sea una llamada para todos a intensificar el camino hacia la perfección de la vida cristiana, la santidad; en particular, recuerde a los sacerdotes la importancia de dedicar tiempo al Sacramento de la Reconciliación y a la dirección espiritual, y a todos la atención que debemos tener hacia los más necesitados. Nos ayude la intercesión de la Beata Virgen María, de la que san Giuseppe Cafasso era devotísimo y que llamaba “nuestra querida Madre, nuestro consuelo, nuestra esperanza”.

Cfr. Para leer el texto completo de la audiencia: Leer el resto de esta entrada »

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